Saltando en paracaídas en Empuriabrava

Miro una vez más la lista de “cosas que hacer sí o sí en esta vida” y aparece en los primeros puestos una frase marcada fuertemente sobre el cuaderno de notas, como si las letras hubiesen sido repasadas con el bolígrafo en varias ocasiones. Esta inequívoca señal de conceder importancia a algo refleja tan sólo tres palabras en mayúsculas: TIRARME EN PARACAÍDAS. Experimentar la sensación de caer desde una altura considerable siempre lo había considerado un reto al que tenía que ir muy concienciado. Podía ser lo más cerca que iba a estar de ese sueño que tenemos desde pequeños, que es volar. Porque cuando uno da un salto y vive en sus carnes la caída libre se encuentra muy cerca del cielo, a expensas del viento que mece el planeo de las aves y de esa pregunta eterna de si se abrirá el paracaídas cuando debe. Una mezcla de ilusión y temor al mismo tiempo, pero al fín y al cabo algo que desde dentro se desea con fuerza. Cuando tuve la posibilidad de realizarlo en Ampuriabrava (Empuriabrava en catalán), una de las mejores zonas del mundo para realizar esta actividad y que se encuentra en la comarca del Alto Ampurdán (provincia de Gerona), no me lo pensé dos veces. Sin comerlo ni beberlo me ví subido a una avioneta junto a mis compañeros blogueros con los que estaba viviendo la #Catalunyaexperience, un blogtrip montado por Minube para saborear las mieles que las tierras catalanas dispensan al viajero. La puerta se abrió y casi en cuclillas me fui acercando al borde junto al monitor con el que iba a dar el salto en tándem. La razón se aferraba a las barras del avión, al último suspiro en lugar seguro. La tensión recorría todo mi cuerpo, aunque dejaba el corazón libre para vivir lo que tenía delante, una caída a 4000 metros de altura en los cielos ampurdaneses, la sensación más parecida a volar…

Saltando en Tándem con Skydive Empuriabrava

¿Que si tuve miedo? ¿Que qué sentí al abrirse la puerta de la avioneta? ¿Cuánto duró la caída? ¿Dónde lo hice? Preguntas con respuesta y lo que no debe faltar en una experiencia como esta… el vídeo en el que se ve todo el proceso de un Salto en Tándem como este. No todos los días se tira uno en paracaídas…

SALTANDO DESDE UNA AVIONETA: UNA #CATALUNYAEXPERIENCE MADE IN AMPURDÁN

Durante varios días he estado recorriendo Cataluña en compañía de otros amigos blogueros. Barcelona, la Comarca del Solsonés, La Garrotxa y sus pueblos, Cadaqués, la casa de Dalí en Portlligat, Sitges… y, por supuesto, la zona de Ampuriabrava… considerada como una de las mejores para dar un salto en paracaídas. La posibilidad de que tanto los compañeros bloggers como yo nos tiráramos estaba ahí desde el principio. Mejor tomar la decisión rápido y en caliente, no fuésemos a arrepentirnos después.

La suerte estaba echada… La gente que organiza allí este tipo de cosas, Skydive Empuriabrava, nos esperaba en el aeródromo de Ampuriabrava (Alto Ampurdán) un domingo a las diez de la mañana. Al final entre esperar nuestro turno, una breve instrucción con nuestros monitores y un sinfín de nervios (más los días previos que el día en cuestión), la cosa se prolongó hasta casi el mediodía. Ver las avionetas despegar y soltar puntitos pequeños desde el cielo no sé si sirvió de terapia para ver que no debíamos pasar miedo o todo lo contrario.

Escuchamos con atención los consejos de nuestros monitores. Obviamente iba uno con cada persona que se quería lanzar, además de quien grabara todo el vídeo del salto de forma individualizada. Brazos cruzados al tirarnos, extenderlos cuando ellos nos lo indicaran dando un golpecito en el hombro, volverlos a cruzar cuando se desplegara el paracaídas, llevar las piernas flexionadas hacia atrás y entre las suyas… o recogerlas en el momento del aterrizaje, que confieso era lo que más me preocupaba. Pero sobre todo el mejor consejo era vivirlo, respirar la experiencia, sentirse flotar en la cama más confortable que existe… el viento.

Llegó la avioneta, fue subiendo lentamente a los cielos ampurdaneses dejando ver el Cabo de Rosas, el mar, los canales de Ampuriabrava… y exactamente a 4000 metros abriría su puerta lateral y transparente para que uno por uno fuésemos cayendo. Lo mejor que yo, que la tensión me comía por dentro, estaba colocado en primera posición para el salto… Los segundos clave fueron cuando las puertas se abrieron y me ví prácticamente a medio camino entre el avión y el cielo. No tengo porqué mentir, fueron instantes en los que me pregunté qué demonios estaba haciendo allí arriba… Quien diga que no siente nervios la primera vez que se va a tirar desde un avión miente como un bellaco.

Pero ya no había nada que hacer, estaba a expensas de un mínimo movimiento que nos dejase caer a los dos, a mi monitor y a mí. Y un testigo, el cámara, que captaría estos momentos para recordarlos siempre. Y de repente….

EL VÍDEO DEL SALTO EN TÁNDEM

Pero, ¿qué hago relatando todo esto? ¡¡No podéis perder ni un minuto más en leerme!! Os dejo por fín el vídeo en el que viene el salto por completo… Juzgad vosotros mismos.

Salto en paracaídas en Empuriabrava (by Sele) from Sele on Vimeo.

SENSACIONES EN CAÍDA LIBRE

Ahora que supongo ya habréis visto el vídeo lo mejor será comentar lo que se siente desde allí arriba. Vaya, ¡qué difícil es a veces encontrar las palabras correctas! Porque hay cosas que las explica la propia vivencia sobre uno mismo. Como si todo fuese contado en un idioma que no tuviera nada que ver con el lenguaje sino con la piel de gallina, el cosquilleo en el estómago y las ganas de gritar libertad.

La palabra que veo más adecuada a todo esto es volar. O quizás flotar, ni yo mismo me pongo de acuerdo con mis pensamientos. A lo mejor es que los dos verbos están relacionados en parte, que hay un poquito de ambos en una caída libre.

Lo que sí creo estar seguro es que la sensación que se tiene no es de caerse estrepitosamente sino de batirse en duelo con el viento que te empuja hasta hacerte levantar. Como si un chorro de aire fuerte te propulsase hacia arriba y no te permitiese tocar el suelo… No caes como un muñeco de trapo, o al menos eso crees. La tierra queda tan lejana que ni los más de 200 km/hora que alcanza tu cuerpo sirve para verla más cerca.

Fueron exactamente 55 segundos de caída libre, de los 4000 metros a los 1500. Un santiamén… un visto y no visto. Y entre medias brazos estirados, fingir que se nada en el mismo cielo, gritar como un desesperado, y disfrutarlo. Porque absolutamente toda la tensión que tenía acumulada en la avioneta y, sobre todo, antes de subirme a ella, se esfumó para gozar de esos segundos que pasan más rápido que uno mismo.

Tres toquecitos sobre los hombros significan cruzar los brazos nuevamente que va a a salir el paracaídas. Segundos de incertidumbre y repentinamente un tirón que te hace volar hacia arriba y dejar de ser una piedra en plena lucha con el viento. Pasas de pájaro a cohete, y casi sin darse cuenta. Todo sucede muy rápido, demasiado rápido.

Dos criaturas remontan el cielo para propulsarse de nuevo hacia el suelo, que sí se empieza a ver mucho más próximo. El paracaídas baja la velocidad pero no significa que se planee con él. La sensación de estar descendiendo es incluso mayor que cuando no se ha desplegado y juegas con el viento.

De pronto recuerdo mi temor principal, el aterrizaje. Pero por fortuna éste fue mucho más ligero de lo que me esperaba. De hecho aterrizamos levemente como si una hoja de papel se resistiese a tocar tierra. Todo había pasado ya. De las nubes a la hierba del aeródromo, y mis amigos cayendo uno tras otro a pocos metros. El subidón de adrenalina se mantenía en sus caras. Mi procesión la llevaba dentro, buscaba recordar todas las escenas, asimilar lo vivido. Esa es la parte más compleja de todas y por la que tengo la sensación de que quiero volverlo a hacer…

Volver a volar, retarme con el viento, no tener los pies en la tierra… ¡Sentir!

Sele

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* Este viernes iniciaré un viaje de tres días por la provincia de Albacete junto a otros bloggers viajeros. Lo iré narrando en las redes sociales Twitter y Facebook como en otras ocasiones. El hashtag del viaje será #ABexperience

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18 comentarios en “Saltando en paracaídas en Empuriabrava

  1. Ahora si que te envidio… Siempre he querido hacerlo. He saltado desde algún puente y desde aquel día no me lo quito de la cabeza. Por unas cosas o por otras lo voy dejando… pero ahora me he puesto a ver los cursos jejejeje… a ver que es lo que acabo haciendo.

    Un abrazo!!

  2. Compañero saltador, ¡menuda experiencia! La verdad es que lo mejor fue que tu saltaras el primero ¿te imaginas lo que hubiera sido estar al fondo viendo como cae uno…y otro…y otro…?

    Se nota que lo disfrutaste y se que si puedes, repites. Estoy seguro que quien te lea perderá los nervios y se planteará eso que buscamos en nuestros lectores, la pregunta del “¿Y por qué no lo hago yo también?”.

    Un abrazo y nos vemos…en Albacete.

    J

  3. Me encanta, Sele!!

    Una pasada de experiencia, y lo has contado tan bien…! Si ya tenía claro que quería probar esta aventura, ahora leyendo tu post lo tengo mucho más!! Deseando estoy de tener la oportunidad…

    Un saludo y espero coincidir contigo pronto!!

  4. Joder sólo de verlo da miedito Sele… jajaja! Pero me encantaría probarlo, a ver si algún día me animo porque tiene que ser una pasada. Además hacerlo como tú viendo el mar tiene que ser un plus, aún más espectacular :D.
    Un abrazo!

  5. Es espectacular la sensación, verdad? sobretodo los primeros segundos cuando el paracaidas todavía no està abierto.
    Ahora, que estoy por Argentina, tengo pendiente el vuelo en parapente

  6. Menuda experiencia, me parto con la pose del vídeo, parece que te estás dando el último abrazo antes de lo inevitable xDDD

    Un abrazo!!! 😀

  7. Yo me tiré hace una década y lo encontré alucinante sobretodo el descenso en picado a 200 por hora. Luego con el paracaidas dando vueltas me mareé!!! 😀

    Lo que más me impactó fue la sensación de respirar aire helado. Fui en abril y a 4.000 metros mucha calor no debía hacer…

    Saludos

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