Camarero… una de arañas!!!!

Poneros en situación. Imaginad que vais al bar de toda la vida con vuestros amigos a tomar unas cervecitas y compartir unas tapas. Pero que en vez de encargar unas patatas bravas, unos pimientitos de Padrón o unos pinchos de tortilla se os ocurre pedir al camarero que os sirva una buena ración de arañas fritas con un puntito de ajo y sal. Eso podría significar dos cosas, o que estáis muy mal de la cabeza o que tenéis que cambiar de bar de inmediato. Aunque no habría que llegar a tal extremo si nos fuéramos muy lejos, a uno de esos lugares remotos del sudeste asiático en los que tan repugnante extravagancia pasa por ser algo rutinario. Porque en Kampong Cham, una provincia de Camboya, y más concretamente en el pueblo de Skuon, no hay aperitivo, comida o desayuno más demandado que el de una buena fuente de grandes arañas bien pasadas por la freidora.

Arañas fritas en Camboya

Estas delicias arácnidas son indudablemente el plato más típico y que más ingresos genera a los camboyanos que residen en dicha localidad y alrededores. Se paga al peso más que por cualquier otro artrópodo que puedan recolectar, pero está justificado por ese «plus de peligrosidad» que tiene atrapar todo animal venenoso. Por fortuna, cuando se convierten en alimento, sus efectos tóxicos son inexistentes y, por tanto, no deberían causar problema alguno. Aunque somos muchos los que pensamos que tan suculento manjar debe, cuanto menos, tener una digestión complicada.  Leer artículo completo ➜

Crónica de un viaje a Camboya y Singapur: Capítulo cuarto

23 de marzo: PHNOM PENH, UNA PERLA QUE VUELVE A RELUCIR

Durante mucho tiempo a la capital de Camboya se la conoció como «La Perla de Asia». Dicha denominación fue P1120861retirada de todo uso cuando los Jemeres Rojos la transformaron en una ciudad fantasmagórica y triste, cubriendo de negro cualquier brillo que pudiera tener. Afortunadamente todos sus fantasmas fueron abandonando paulatinamente los distritos, calles y rincones hasta llegar a hoy donde parece que esta perla aún no ciega con su fulgor, pero que cada día, cada hora, cada minuto centellea para recordar al mundo que es capaz de resurgir de sus cenizas. Normalmente muchos viajeros prescinden de ella en sus itinerarios o le otorgan una mera función de escala para ir a Siem Reap o regresar de la ciudad más próxima a los fantásticos Templos de Angkor. Pero Phnom Penh, la capital que emergió de una colina sagrada a los pies del Tonlé Sap, tiene muchos motivos para ser un punto fuerte más de Camboya. Más allá de su etapa de infausto recuerdo posee grandes atractivos para quedarse y disfrutar de su rutina para nada ennegrecida.

El día anterior había visitado las huellas de uno de los mayores Genocidios de toda la Historia de la Humanidad junto al esplendor de un pasado no tan lejano como parece en la que fueron capaces de levantar los Palacios y Templos más suntuosos. Durante esta jornada de martes haría un recorrido variado que tocaría lugares sacros como Wat Phnom, el lugar donde nació esta ciudad tras una bella historia, Wat Ounalom, que es el baluarte del Budismo en Camboya, Mercados tradicionales donde uno se encuentra «de todo» por muy extraño que pueda parecer, para finalmente ver caer el Sol en una pequeña barca de madera surcando el Río Mekong y observar otros modos de vida en la orilla opuesta a la ciudad.

En este post pretendo dar a los futuros viajeros a Camboya más motivos para no pasar Phnom Penh por alto. Poderosas razones que estoy desgranando poco a poco entre el capítulo anterior y este que ahora comienza. Y es que le pese a quien le pese, la perla vuelve a relucir…

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