Tras la senda del oso pardo en Asturias. ¡Vuelven los viajes de autor!

Tras varios meses de hibernación forzosa debido a la crisis del coronavirus parece que empezamos a ver la luz. Poco a poco y sin relajarnos, eso sí, ya que nos jugamos demasiado. Muchos proyectos por entonces quedaron relegados en el tiempo esperando un mejor momento. Pero vuelve a hablarse de turismo, de dejar nuestras casas desde un estricto confinamiento para conectarnos de nuevo con el exterior al que tanto hemos añorado. Y van surgiendo planes, poco a poco. De ahí que me gustaría dar la noticia de que regresan los viajes de autor con los que poder, nuevamente, descubrir destinos singulares con amantes de los viajes quienes además leen este veterano blog, El rincón de Sele. Y nada de virtualidad, compartiendo en vivo lugares, esencias, aromas y sabores, soltando la adrenalina que sólo permiten las grandes vivencias. Y, dada las circunstancias, ¿por qué no volver a emprender este camino juntos por medio de una escapada corta por España? ¿Y si además es a través de una de las mejores experiencias de naturaleza posibles? Te estoy preguntando si quieres venirte conmigo a seguir la senda del oso cantábrico en Asturias, el hogar preferido de estos grandes animales.

Oso pardo cantábrico

La propuesta es sencilla. El Parque Natural de Somiedo es el entorno idóneo para la observación del oso pardo cantábrico. Por lo que entre el 25 y el 27 de septiembre hemos previsto conformar un pequeño grupo para conocer este paraíso montañoso y bajo la premisa de avistar junto a expertos locales, buenos conocedores de la zona, la especie más majestuosa de la fauna ibérica. O, al menos, intentarlo.  Leer artículo completo ➜

Vídeo de nuestra experiencia con los osos en Alaska

Una de las razones por la que nos animamos a emprender una aventura en Alaska a bordo de una autocaravana era tener la posibilidad de ver y fotografiar osos salvajes en libertad. En pocos lugares del mundo hay una densidad semejante de osos pardos y a principios de verano, cuando los salmones están preparando su última remontada al río en el que nacieron con el objeto de desovar, los osos bajan de las montañas para alimentarse lo suficiente y así soportar un largo invierno de hibernación. En Lake Clark National Park, al norte de Katmai, estos grandes grizzlies de costa, bajan desde principios de junio a la playa para desenterrar moluscos y así hacer más llevadera la espera de los primeros salmones de la temporada. Y allí fue precisamente donde aterrizamos con una pequeña avioneta, en una lengua de arena con marea baja, para poder salir al encuentro de un buen número de osos y vivir nuestra mejor experiencia en Alaska.

Oso en Lake Clark (Alaska)

Durante varias horas pudimos acercarnos a una decena osos aproximadamente para poderlos filmar a una distancia tan mínima como inusual. Algunos con sus crías, otros enormes machos solitarios. Pero todos ellos con un mismo fin, la supervivencia. Al respecto nos gustaría mostraros un vídeo resumen de lo sucedido aquel día. Os aseguro que os va a encantar…  Leer artículo completo ➜

Las experiencias y viajes más asombrosos donde ver animales salvajes en libertad

Algunas de las sensaciones y emociones más bellas en el mundo de los viajes pasa por poder observar una escena de fauna en su hábitat natural. Esos instantes en que eres testigo en vivo y en directo de algo que durante años habías estado presenciando en documentales bajo el filtro de una pantalla justifican por completo todo el esfuerzo requerido para llegar hasta ellos. La primera vez que se escucha rugir un león en la sabana africana nunca se olvida. O contemplar a un oso pardo cazar salmones en un río de Alaska. Y qué decir de los osos polares y las morsas en los hielos del Ártico o cuando se busca la mirada de un jaguar oculta bajo el espesor de la selva y eres plenamente consciente de que cuando te adentras en su territorio, él en realidad te está mirando a ti. Así es, ver animales salvajes deslizarse con sigilo en sus propios dominios te permite percibir tu propia insignificancia ante la naturaleza que nos rodea y, a su vez, desear con mayor firmeza un planeta donde la mayor justicia sería dejar que todo siguiera su curso.

Sele fotografiando una tortuga gigante de Galápagos

Hay algunos viajes o destinos en el mundo donde eres tú quien realiza tu propio documental de fauna. ¿Cuáles son las mejores experiencias o esos encuentros únicos donde ver animales salvajes en libertad? A continuación te propongo un rastreo o safari a través las aventuras más asombrosas donde el mundo, bajo el amparo de la Madre Naturaleza, se encarga de mostrar increíbles escenas, no siempre hermosas, de la vida animal.  Leer artículo completo ➜

La noche de las tortugas en Praia Inhame (Santo Tomé y Príncipe)

Las playas paradisíacas de Santo Tomé y Príncipe durante los meses de octubre a febrero, aunque sobre todo en diciembre, son una larga alfombra roja para las tortugas marinas que acuden a ejercer la propia supervivencia de su especie. Es decir, vienen a desovar al mismo sitio donde nacieron años atrás. Su misión, poner tantos huevos como les sea posible y enterrarlos en un hoyo que con cierta meticulosidad logran escavar en la arena utilizando unas aletas más acostumbradas a las corrientes oceánicas que a labores terrestres. Si logran esquivar las muchas amenazas de una solitaria noche cerniéndose sobre ellas y marchar de nuevo al agua, habrán logrado su propósito. Sólo faltaría que el nido quede a salvo para que alrededor de un par de meses después, de aquellos huevos salgan raudas al mar decenas de pequeñas tortugas guiadas por su propio instinto natural. Pero eso sus madres jamás lo sabrán. Tras una noche de trance y un esfuerzo titánico, se sabrán recompensadas por el mero hecho de haber sobrevivido al desove. Algo que, por desgracia, no siempre sucede.

Tortuga marina en pleno desove en Santo Tomé y Príncipe

En una noche cualquiera del mes de diciembre nos hallábamos en el lugar idóneo y en el momento más oportuno. Al sur de la isla grande de Santo Tomé, en concreto en Praia Inhame, aguardábamos en la arena de la playa que se alinearan los astros y poder asistir al desove de las tortugas, uno de los motivos del viaje que estábamos llevando a cabo en Santo Tomé y Príncipe. Antes de que pudiéramos imaginarlo estábamos siendo testigos de uno de los mayores espectáculos que la naturaleza es capaz de ofrecer.  Leer artículo completo ➜

Lago Kuril, visita al Imperio del oso pardo en Rusia

Al sur de la Península de Kamchatka, en el extremo oriental de Rusia, el conocido como Lago Kuril inunda buena parte de una caldera volcánica. Una más de los muchos alegatos a la vulcanología que se han producido en la región a lo largo de la Historia. Y es que, en realidad, el lugar es resultado de múltiples erupciones explosivas que durante miles de años dieron forma unos paisajes singulares y salvajes, despojados cualquier tipo de asentamiento humanos a muchos kilómetros a la redonda. De hecho, se llega a este paraje no utilizando carreteras o pistas impracticables, como en otras zonas del indómito territorio ruso. Para alcanzar el Lago Kuril son necesarios los viejos helicópteros militares reconvertidos para otros usos a los que se suben hoy día naturalistas, fotógrafos y algunos viajeros en busca de experiencias únicas. Quien acude a este rincón de Kamchatka viene a presenciar y capturar uno de los grandes fenómenos de la naturaleza que se repite verano tras verano, la llegada de millones de salmones que finalizan aquí su largo viaje para desovar. O, más bien, lo hace tras su consecuencia. Es decir, la aparición de una cantidad ingente de osos que ponen fin a su hibernación y a su dieta para hincharse a comer su pescado favorito. Aquello, de repente, se convierte en el poderoso Imperio del oso pardo en Rusia, y con muchas papeletas entre los mayores del planeta. Y, por tanto, uno de los hitos más deseados por quienes ansiamos ver a estos grandes animales en su estado salvaje.

Oso pardo en el Lago Kuril (Kamchatka, Rusia)

Cuando planificamos la Expedición Kamchatka no pudimos ni quisimos obviar la posibilidad de ir a ver a los osos en acción, así como poder fotografiarlos en un número difícil de superar y a una distancia ridícula de nuestras cámaras. Nos subimos a un helicóptero Mi-8, como los que se usaban durante la Guerra Fría con el objeto de viajar al Lago Kuril. A partir de entonces cualquier expectativa, cualquier cosa que hubiésemos leído u oído al respecto, se quedó muy por debajo de una asombrosa realidad.  Leer artículo completo ➜

El instante viajero XXII: Amanecer entre grullas en Gallocanta

Grullas al amanecer en la Laguna de Gallocanta

Llegar todavía de noche, con la luna como testigo, pisando con cierta torpeza un campo helado para buscar un rincón donde cobijarme de un frío que cala los huesos y eriza la piel es sólo la previa a uno de los mayores espectáculos que la naturaleza regala cada invierno, aunque siga siendo desconocido para muchos. En un mirador cualquiera a la laguna de Gallocanta, entre las comarcas de Campo de Daroca y del Jiloca, la linde donde se hermanan Zaragoza y Teruel, todo comienza con una sucesión constante de sonidos que recuerdan a los de las trompetas en un festival de jazz. Son las grullas que, a miles y aún refugiadas en sus dormideros acuáticos se preparan para marchar a alimentarse a los campos aledaños o a proseguir con su viaje a latitudes más meridionales en busca de unas condiciones meteorológicas más favorables que las que les aportan los inviernos nórdicos al otro lado del mar Báltico. Cuando las primeras luces del sol se ocupan de dibujan los moldes de los montes aledaños se apelotonan estas estilizadas aves para iniciar su despegue en bandada. Y, como si el alba fuera el silbato definitivo de una carrera, abandonan su cobijo lacustre aleteando y formando tantas filas que da la sensación de que el cielo se convierte en una sucesión de autopistas de viento construidas por el plumaje y la silueta estilizada de unas aves que hacen miles de kilómetros cada invierno y deciden año tras año que Gallocanta es una parada indiscutible para ellas.  Leer artículo completo ➜

Tras las huellas del lince ibérico en la Sierra de Andújar

Ni el leopardo de las nieves, ni el tigre de Bengala, ni tan siquiera el siberiano. Realmente el lince ibérico se trata de una de las especies de felino más amenazadas de todo el planeta. Las medidas conservacionistas durante la última década lo sacaron del limbo de su inminente extinción, aunque muchos expertos aseguran que su final es cuestión de tiempo. Incluso las buenas cifras de los últimos años en cuanto a población siguen atisbando una difícil situación para la vida en estado salvaje de este pequeño y hermosísimo depredador convertido en el emblema mayúsculo de la fauna de la Península Ibérica. Pero, ¿dónde se encuentra realmente el felino de las orejas pinceladas? ¿Dónde se puede ver el lince ibérico en libertad o, al menos, rastrear sus huellas? La respuesta nos lleva, sobre todo a Andalucía, tanto al Parque Nacional de Doñana como al Parque Natural Sierra de Andújar, aunque también se reconocen poblaciones de menor tamaño en el Valle de Alcudia, ya en Ciudad Real, o itinerando en los Montes de Toledo. Algunos miembros vagan como fantasmas buscando fortuna en buena parte del país y sólo las fotos de trampeo los delatan, pero si existe una posibilidad más o menos certera de poder observar a este animal, hay plantearse buscarlo bien en Doñana o, como fue mi caso, en la Sierra de Andújar. Y es que en los parajes jienenses se dan las condiciones ideales para que se pueda declarar a esta porción de Sierra Morena como el auténtico territorio del lince ibérico.

Sierra de Andújar (Dónde ver al lince ibérico)

Antes de planear mi estadía en la Sierra de Andújar me hubiera conformado con toparme con unas huellas del depredador de pelaje moteado. O incluso con escuchar el maullido de una hembra en pleno celo invernal. Siempre di por hecho que la misión sería un quiero y no puedo, un imposible o más bien una ensoñación. Pero cuando se juntan los ingredientes más adecuados con el dónde, el cómo, el cuándo y el con quién, puede dar la casualidad de que aparezca la suerte para cocinarlos todos a la vez y, cuando menos te lo esperes, salte la sorpresa. O en este caso, una preciosa familia de linces jugueteando en unas rocas.  Leer artículo completo ➜

Érase una vez en India la aldea de El Libro de la Selva

Érase una vez en India la aldea de los hombres, el lugar donde Mowgli regresara después de ser criado en la naturaleza por una manada de lobos y aprender a comunicarse con los animales. La historia de El Libro de la Selva está presente en los tupidos bosques del sur de Madhya Pradesh, con Kanha y Bandhavgarh, así como Pench, como máximos exponentes con los que contextualizar esta recopilación de cuentos que publicara en 1894 el británico Rudyard Kipling y después fuera llevada al cine por Disney en 1967. El temible Shere Kahn, el gran tigre de Bengala, y su descendencia siguen dejándose ver ocasionalmente en la espesura del que siempre fue su territorio. Y algunos pueblos que no han cambiado nada en siglos sobreviven a las puertas de la jungla. Como aquella aldea sin nombre que encontramos al borde de Kanha en la que el azar nos detuvo para contemplar cómo la vida sigue igual en una de las zonas rurales más auténticas y sorprendentes de toda India .

Aldea de Madhya Pradesh en India

Un pueblo anónimo disfrazado de blanco y azul salió a nuestro encuentro una tarde cualquiera. Y aquella podía ser la aldea de los hombres que imaginara Kipling porque tenía todos los ingredientes para ser su escenario.  Leer artículo completo ➜

De tortugas marinas y otros milagros

Deseo con todas mis fuerzas que algún día nos demos cuenta de que la mera existencia de una sola tortuga marina es un milagro. Para haber nacido han tenido que darse una serie de patrones que, todos juntos, hacen de su vida una extraña casualidad o, más bien, una bendita excepción. Por lo pronto su madre rompió el cascarón y se dirigió al océano con cierto éxito. Y ojo, no resulta tan fácil como parece. El instinto le llevó a tomar una sola dirección, el mar. Además sin tiempo alguno que perder. Ni importando el oleaje convirtiendo la orilla en un barullo. De hecho no todos sus hermanos pudieron lograr llegar a la meta (la primera de muchas), dado que por la playa suelen merodear aves y alimañas a las que les encanta el sabor de la tortuga y, de tan pequeñas que son, resultan presa fácil para depredadores de cualquier tamaño. Pero lo consiguió, pasó la primera prueba.

Cría de tortuga marina en Praia Grande (Isla de Príncipe, Santo Tomé y Príncipe)
Tortuga marina recién salida del cascarón en una playa de Santo Tomé y Príncipe.

Después aprendió ella sola a transitar por los océanos, haciendo miles de kilómetros, volviéndose cada vez más fuerte y más grande. Salvaguardándose de sus enemigos. El fondo marino, así como la superficie, está repleto de ellos. Aunque, sobre todo, fue el rastro del ser humano el que se lo puso más difícil. Que si redes de arrastre que se llevan todo lo que pillan y las atrapan o mutilan, bolsas del supermercado que las pobres tortugas confunden con medusas y con las que se envenenan, microplásticos que las asfixian, las pajitas de los refrescos convertidas en auténticas armas de destrucción masiva en los océanos. Y todo durante una larga travesía que durante años le llevó a crecer y crecer desplazándose mucho más allá de los siete mares de los que hablan las leyendas de piratas, porque son bastantes más en realidad.  Leer artículo completo ➜

Tras las huellas del leopardo en Botswana

No cabe duda de que uno de los depredadores más escurridizos y complicados de ver en cualquier safari que se precie es el leopardo. Durante nuestro último viaje en Botswana hicimos diversos rastreos para dar con tan elegante felino y observarlo en su estado natural. Si bien es cierto que el leopardo requiere de una dedicación especial y una buena pizca de suerte, la recompensa de mirar esos ojos brillantes y tener la posibilidad de fotografiarlo merece mucho la pena. Su mera presencia es uno de los trofeos más preciados de quienes coleccionan esos momentos increíbles que proporciona de la naturaleza, y no cabezas disecadas de animal como algunos desaprensivos cazadores. Basta con contemplar su silueta durante unos segundos para valorar que has tenido delante a uno de los seres más hermosos de la vida salvaje.

Leopardo en Moremi (Botswana)

En Botswana vivimos alguna que otra clase maestra de rastreo del leopardo digna de añadir a los ingredientes que resultan necesarios para hacer un buen safari. Leer artículo completo ➜

2 minutos en el Kruger

El Parque Nacional Kruger es el lugar de naturaleza con mayor número de visitas en Sudáfrica. De hecho se trata uno de los rincones más recomendables de África para irse de safari y ver fauna en libertad. La gran densidad de animales con la que podemos encontrarnos es tan abrumadora que cuesta asimilar todo lo que está aconteciendo a nuestro alrededor. El ronroneo de los leones o el barrito de los elefantes se convierten en la banda sonora original de un largo viaje a la denominación de origen de un planeta todavía salvaje. De ese modo la mejor aventura que se puede tener en el Kruger es dejar que todo suceda sin más, ser testigos privilegiados de la presencia de los actores esenciales que permiten que el ciclo de la vida continúe rodando.

Bebé elefante en el Parque Kruger de Sudáfrica

Me gustaría que vieseis todo lo que pueden dar de sí dos minutos en el Kruger. Y es que bastan sólo 120 segundos de vídeo que tuve la ocasión de grabar en el parque sudafricano por antonomasia para comprender por qué merece la pena seguir viviendo esta gran aventura.  Leer artículo completo ➜