El instante viajero XXII: Amanecer entre grullas en Gallocanta

Grullas al amanecer en la Laguna de Gallocanta

Llegar todavía de noche, con la luna como testigo, pisando con cierta torpeza un campo helado para buscar un rincón donde cobijarme de un frío que cala los huesos y eriza la piel es sólo la previa a uno de los mayores espectáculos que la naturaleza regala cada invierno, aunque siga siendo desconocido para muchos. En un mirador cualquiera a la laguna de Gallocanta, entre las comarcas de Campo de Daroca y del Jiloca, la linde donde se hermanan Zaragoza y Teruel, todo comienza con una sucesión constante de sonidos que recuerdan a los de las trompetas en un festival de jazz. Son las grullas que, a miles y aún refugiadas en sus dormideros acuáticos se preparan para marchar a alimentarse a los campos aledaños o a proseguir con su viaje a latitudes más meridionales en busca de unas condiciones meteorológicas más favorables que las que les aportan los inviernos nórdicos al otro lado del mar Báltico. Cuando las primeras luces del sol se ocupan de dibujan los moldes de los montes aledaños se apelotonan estas estilizadas aves para iniciar su despegue en bandada. Y, como si el alba fuera el silbato definitivo de una carrera, abandonan su cobijo lacustre aleteando y formando tantas filas que da la sensación de que el cielo se convierte en una sucesión de autopistas de viento construidas por el plumaje y la silueta estilizada de unas aves que hacen miles de kilómetros cada invierno y deciden año tras año que Gallocanta es una parada indiscutible para ellas.  Leer artículo completo ➜

Tras las huellas del lince ibérico en la Sierra de Andújar

Ni el leopardo de las nieves, ni el tigre de Bengala, ni tan siquiera el siberiano. Realmente el lince ibérico se trata de una de las especies de felino más amenazadas de todo el planeta. Las medidas conservacionistas durante la última década lo sacaron del limbo de su inminente extinción, aunque muchos expertos aseguran que su final es cuestión de tiempo. Incluso las buenas cifras de los últimos años en cuanto a población siguen atisbando una difícil situación para la vida en estado salvaje de este pequeño y hermosísimo depredador convertido en el emblema mayúsculo de la fauna de la Península Ibérica. Pero, ¿dónde se encuentra realmente el felino de las orejas pinceladas? ¿Dónde se puede ver el lince ibérico en libertad o, al menos, rastrear sus huellas? La respuesta nos lleva, sobre todo a Andalucía, tanto al Parque Nacional de Doñana como al Parque Natural Sierra de Andújar, aunque también se reconocen poblaciones de menor tamaño en el Valle de Alcudia, ya en Ciudad Real, o itinerando en los Montes de Toledo. Algunos miembros vagan como fantasmas buscando fortuna en buena parte del país y sólo las fotos de trampeo los delatan, pero si existe una posibilidad más o menos certera de poder observar a este animal, hay plantearse buscarlo bien en Doñana o, como fue mi caso, en la Sierra de Andújar. Y es que en los parajes jienenses se dan las condiciones ideales para que se pueda declarar a esta porción de Sierra Morena como el auténtico territorio del lince ibérico.

Sierra de Andújar (Dónde ver al lince ibérico)

Antes de planear mi estadía en la Sierra de Andújar me hubiera conformado con toparme con unas huellas del depredador de pelaje moteado. O incluso con escuchar el maullido de una hembra en pleno celo invernal. Siempre di por hecho que la misión sería un quiero y no puedo, un imposible o más bien una ensoñación. Pero cuando se juntan los ingredientes más adecuados con el dónde, el cómo, el cuándo y el con quién, puede dar la casualidad de que aparezca la suerte para cocinarlos todos a la vez y, cuando menos te lo esperes, salte la sorpresa. O en este caso, una preciosa familia de linces jugueteando en unas rocas.  Leer artículo completo ➜

Érase una vez en India la aldea de El Libro de la Selva

Érase una vez en India la aldea de los hombres, el lugar donde Mowgli regresara después de ser criado en la naturaleza por una manada de lobos y aprender a comunicarse con los animales. La historia de El Libro de la Selva está presente en los tupidos bosques del sur de Madhya Pradesh, con Kanha y Bandhavgarh, así como Pench, como máximos exponentes con los que contextualizar esta recopilación de cuentos que publicara en 1894 el británico Rudyard Kipling y después fuera llevada al cine por Disney en 1967. El temible Shere Kahn, el gran tigre de Bengala, y su descendencia siguen dejándose ver ocasionalmente en la espesura del que siempre fue su territorio. Y algunos pueblos que no han cambiado nada en siglos sobreviven a las puertas de la jungla. Como aquella aldea sin nombre que encontramos al borde de Kanha en la que el azar nos detuvo para contemplar cómo la vida sigue igual en una de las zonas rurales más auténticas y sorprendentes de toda India .

Aldea de Madhya Pradesh en India

Un pueblo anónimo disfrazado de blanco y azul salió a nuestro encuentro una tarde cualquiera. Y aquella podía ser la aldea de los hombres que imaginara Kipling porque tenía todos los ingredientes para ser su escenario.  Leer artículo completo ➜

De tortugas marinas y otros milagros

Deseo con todas mis fuerzas que algún día nos demos cuenta de que la mera existencia de una sola tortuga marina es un milagro. Para haber nacido han tenido que darse una serie de patrones que, todos juntos, hacen de su vida una extraña casualidad o, más bien, una bendita excepción. Por lo pronto su madre rompió el cascarón y se dirigió al océano con cierto éxito. Y ojo, no resulta tan fácil como parece. El instinto le llevó a tomar una sola dirección, el mar. Además sin tiempo alguno que perder. Ni importando el oleaje convirtiendo la orilla en un barullo. De hecho no todos sus hermanos pudieron lograr llegar a la meta (la primera de muchas), dado que por la playa suelen merodear aves y alimañas a las que les encanta el sabor de la tortuga y, de tan pequeñas que son, resultan presa fácil para depredadores de cualquier tamaño. Pero lo consiguió, pasó la primera prueba.

Cría de tortuga marina en Praia Grande (Isla de Príncipe, Santo Tomé y Príncipe)
Tortuga marina recién salida del cascarón en una playa de Santo Tomé y Príncipe.

Después aprendió ella sola a transitar por los océanos, haciendo miles de kilómetros, volviéndose cada vez más fuerte y más grande. Salvaguardándose de sus enemigos. El fondo marino, así como la superficie, está repleto de ellos. Aunque, sobre todo, fue el rastro del ser humano el que se lo puso más difícil. Que si redes de arrastre que se llevan todo lo que pillan y las atrapan o mutilan, bolsas del supermercado que las pobres tortugas confunden con medusas y con las que se envenenan, microplásticos que las asfixian, las pajitas de los refrescos convertidas en auténticas armas de destrucción masiva en los océanos. Y todo durante una larga travesía que durante años le llevó a crecer y crecer desplazándose mucho más allá de los siete mares de los que hablan las leyendas de piratas, porque son bastantes más en realidad.  Leer artículo completo ➜

Tras las huellas del leopardo en Botswana

No cabe duda de que uno de los depredadores más escurridizos y complicados de ver en cualquier safari que se precie es el leopardo. Durante nuestro último viaje en Botswana hicimos diversos rastreos para dar con tan elegante felino y observarlo en su estado natural. Si bien es cierto que el leopardo requiere de una dedicación especial y una buena pizca de suerte, la recompensa de mirar esos ojos brillantes y tener la posibilidad de fotografiarlo merece mucho la pena. Su mera presencia es uno de los trofeos más preciados de quienes coleccionan esos momentos increíbles que proporciona de la naturaleza, y no cabezas disecadas de animal como algunos desaprensivos cazadores. Basta con contemplar su silueta durante unos segundos para valorar que has tenido delante a uno de los seres más hermosos de la vida salvaje.

Leopardo en Moremi (Botswana)

En Botswana vivimos alguna que otra clase maestra de rastreo del leopardo digna de añadir a los ingredientes que resultan necesarios para hacer un buen safari. Leer artículo completo ➜

2 minutos en el Kruger

El Parque Nacional Kruger es el lugar de naturaleza con mayor número de visitas en Sudáfrica. De hecho se trata uno de los rincones más recomendables de África para irse de safari y ver fauna en libertad. La gran densidad de animales con la que podemos encontrarnos es tan abrumadora que cuesta asimilar todo lo que está aconteciendo a nuestro alrededor. El ronroneo de los leones o el barrito de los elefantes se convierten en la banda sonora original de un largo viaje a la denominación de origen de un planeta todavía salvaje. De ese modo la mejor aventura que se puede tener en el Kruger es dejar que todo suceda sin más, ser testigos privilegiados de la presencia de los actores esenciales que permiten que el ciclo de la vida continúe rodando.

Bebé elefante en el Parque Kruger de Sudáfrica

Me gustaría que vieseis todo lo que pueden dar de sí dos minutos en el Kruger. Y es que bastan sólo 120 segundos de vídeo que tuve la ocasión de grabar en el parque sudafricano por antonomasia para comprender por qué merece la pena seguir viviendo esta gran aventura.  Leer artículo completo ➜

Lo mejor de un viaje a Svalbard en barco: En busca de los osos polares

Toda la vida soñando con un instante y ahí lo teníamos delante de nuestras narices. La proa de nuestra embarcación con la que estábamos haciendo un gran viaje a Svalbard, capaz de avanzar por el hielo como quien rasga una hoja de papel con las tijeras, se había convertido en el mejor punto de observación posible. El mar congelado reflejaba la hilera de huellas que precedieron la escena que teníamos al frente. Una pareja de osos polares, macho y hembra, correteaban sin respiro, se tiraban al agua y, se restregaban en la nieve, ajenos a nuestra presencia. Aquel cortejo tardío entre los grandes depredadores blancos no resulta nada fácil de ver en junio, pero la naturaleza es caprichosa y todo lo que se había resistido en las largas jornadas de navegación bajo una luz perpetua, nos lo regaló en uno de los últimos episodios que discurrieron en el asombroso estrecho de Hinlopen. Así es el Ártico. Así es un viaje de expedición en Svalbard, el lejano archipiélago noruego que coquetea con el Polo Norte incluso más allá del paralelo 80.

Oso polar en Svalbard

Mi cabeza no deja de dar vueltas y más vueltas a aquella aventura. Cierro los ojos y creo seguir sintiendo frío en las manos. Contemplo con nitidez los mejores momentos de un viaje en barco por Svalbard en busca de los grandes osos polares. Como aquella sucesión de glaciares y fiordos, la sensación incomparable e indescriptible de navegar por un mar solidificado y agrietado en color blanco. El eco de aquellas aves marinas que se contaban por decenas de miles en un acantilado de ciencia ficción o las morsas arrastrándose por el suelo y clavando sus colmillos en la arena. Incluso sin el esquivo oso polar, os aseguro que esta aventura ártica me hubiera seguido pareciendo memorable. Leer artículo completo ➜

Rumbo a Svalbard: Misión oso polar

Hacía muchísimo tiempo que no iniciaba un viaje con tantos nervios. Es como si, de un plumazo, se hubiesen borrado de mi memoria las incontables ocasiones en las que he agarrado el equipaje para marchar al aeropuerto porque un nuevo destino me estaba esperando. Siento, al igual que en los primeros viajes, una tensión temblorosa, la ilusión inocente del aprendiz que nada sabe y todo quiere. La aventura a la que estoy a punto de embarcarme, y que realmente nació hace ya demasiados sueños, es la causante de todas estas emociones de primerizo. Hoy me marcho de viaje al archipiélago de Svalbard, un conjunto de islas noruegas allá bien arriba en el Ártico, rozando las banquisas de hielo del Polo Norte y que se definen en una frase de gran contundencia: “Un lugar habitado por más osos polares que seres humanos”. En este aspecto se basa lo que he venido a llamar “Misión oso polar”. Y es que, probablemente nunca, pueda estar tan cerca del mayor depredador terrestre de nuestro planeta.

Me voy de viaje a Svalbard

Arranca hoy el viaje de mis sueños. Aquel en el que veo ballenas, focas y morsas con un telón de fondo de glaciares, icebergs y montañas escarpadas. Los silencios sonoros del Ártico, a casi un millar kilómetros del Cabo Norte, se suben a un barco de expedición donde seguir y contemplar la estela de los osos polares y demás fauna que se balancea entre los paralelos 78 y 80.  Leer artículo completo ➜

Látrabjarg, el acantilado de los frailecillos en los Fiordos del Oeste (Islandia)

Siempre me he sentido atrapado emocionalmente por aquellos lugares considerados confines. Umbrales geográficos donde el término del latín Finis terrae alcanza todo su sentido. Durante mi último viaje al norte de Islandia indagué en solitario por la región de los Fiordos del Oeste, un territorio que fusiona el mar con las montañas mientras que permanece casi desconectado con el resto del país. Mi intención no era otra que arribar al extremo más occidental de Islandia, Látrabjarg, no por mero capricho, sino con el objeto de ver y fotografiar frailecillos en el que se considera uno de los mejores acantilados del país para hacerlo, con perdón de Dyrhólaey (en el sur), Borgarfjördur y las islas Vestman. Las horas que requiere llegar hasta este lugar, así como el estado de la carretera en su mayor parte de grava, sigue siendo hoy día una manera eficaz de disuadir a los visitantes. De ahí que no sea un rincón de Islandia demasiado concurrido, lo que ayuda bastante a disfrutar sobremanera de una gran experiencia que os aseguro va más allá de contar con la presencia de estos simpáticos pájaros voladores de picos coloreados a pincel, los cuales cuando vuelan dan la sensación de que fueran aviones con los motores escacharrados.

Frailecillo en Látrabjarg (Fiordos del oeste, Islandia)

Los acantilados de Látrabjarg, así como sus solitarias playas anaranjadas, convierten al límite más meridional de los Fiordos del Oeste en lo más parecido al lienzo de un genio impresionista de finales del XIX. Allí, embelesado por la mejor luz de Islandia, conviví con largas y silenciosas mañanas caminando por la arena, el viento revolviendo algunos libros de viajes que traje en la maleta e intensas tardes de fotografía en compañía de mis queridos frailecillos.  Leer artículo completo ➜

20 especies animales que ver y fotografiar en un safari en Botswana

Un destino ideal para amantes de los animales. De eso se trata Botswana, de un viaje a la naturaleza más auténtica, de la suerte de ser testigos del ciclo de la vida en los humedales del Delta del Okavango, en reservas como Moremi, en los canales de Savuti o en las orillas del río Chobe donde llega la mayor concentración de elefantes que se conoce en el Planeta Tierra. El país del sur de África, del que siempre digo me parece el mejor para hacer safaris de ensueño, recoge las huellas de un número ingente fauna que se deja observar y fotografiar en libertad. Pero, ¿cuáles son esas especies que podemos encontrar en Botswana?

León macho en Chobe (Botswana)

Hoy os propongo que nos subamos a un 4×4, agarremos la cámara, tomemos papel y lápiz y hagamos una selección de 20 especies animales que ver y fotografiar en un safari en Botswana. Se trata, en realidad, de un tipo de checklist que ir tachando en un viaje de estas características. Y es que las especies más impresionantes están ahí esperándonos. ¿Empezamos? Leer artículo completo ➜

Vídeo de nuestra experiencia con los osos en Alaska

Una de las razones por la que nos animamos a emprender una aventura en Alaska a bordo de una autocaravana era tener la posibilidad de ver y fotografiar osos salvajes en libertad. En pocos lugares del mundo hay una densidad semejante de osos pardos y a principios de verano, cuando los salmones están preparando su última remontada al río en el que nacieron con el objeto de desovar, los osos bajan de las montañas para alimentarse lo suficiente y así soportar un largo invierno de hibernación. En Lake Clark National Park, al norte de Katmai, estos grandes grizzlies de costa, bajan desde principios de junio a la playa para desenterrar moluscos y así hacer más llevadera la espera de los primeros salmones de la temporada. Y allí fue precisamente donde aterrizamos con una pequeña avioneta, en una lengua de arena con marea baja, para poder salir al encuentro de un buen número de osos y vivir nuestra mejor experiencia en Alaska.

Oso en Lake Clark (Alaska)

Durante varias horas pudimos acercarnos a una decena osos aproximadamente para poderlos filmar a una distancia tan mínima como inusual. Algunos con sus crías, otros enormes machos solitarios. Pero todos ellos con un mismo fin, la supervivencia. Al respecto nos gustaría mostraros un vídeo resumen de lo sucedido aquel día. Os aseguro que os va a encantar…  Leer artículo completo ➜