El instante viajero XVIII: Amanecer extraterrestre en Uyuni

Amanecer en el Salar de Uyuni (Bolivia)

Aquella mañana no es que hiciera frío. Más bien parecía que el mundo entero estuviese hibernando a casi cuatro mil metros de altura. Con el cielo aún oscuro un viento más gélido imposible se ocupaba de segar la poca piel que no habíamos sido prudentes de mantener a cubierto. Nunca había deseado con tantas ganas la llegada del amanecer. Pero la motivación que teníamos por delante justificaba de manera sobrada aquella espera que se hacía eterna. Porque en el instante en que comenzaron a asomarse las primeras luces del alba, del invierno pasamos a un verano de ánimos, de palpitaciones incontrolables. El paisaje que teníamos frente a nosotros correspondía a lo que nos habían contado del Salar de Uyuni, el desierto blanco de Bolivia, que a esas horas teñía sus siluetas con tonalidades fucsias, azules y violetas las cuales se mecían sinuosas en un gran horizonte de agua, cielo y salLeer artículo completo ➜

Postales del Salar de Uyuni, el desierto blanco de Bolivia

Recuerdo que entramos aún siendo de noche en el Salar de Uyuni, considerado el mayor desierto de sal del mundo y a más altura. Tres días atravesando el Altiplano boliviano desde la frontera de Chile habían sido el mejor preludio para lo que estaba por llegar. Si de Atacama decía que no era de este mundo, las primeras luces de la mañana me demostrarían que aún se podía llegar más lejos en la composición irreal e imposible del paisaje de Uyuni. Montones de sal apilados se reflejaban bajo un suelo húmedo que nos servía de espejo, el horizonte se expandía hasta el infinito mientras un frío agudo se clavaba como un afilado punzón en todo aquella parte del cuerpo que no tuviéramos bien a cubierto. Pero los diez grados bajo cero de aquellos instantes eran apenas un soplo en comparación con el espectáculo que se cernía sobre nuestras narices. ¿Acaso nos sumergíamos en algo que no existía más que en la imaginación de un loco? Mi cabeza daba vueltas entre la realidad y la ilusión mientras caminaba por aquel suelo blanco mojado que reflejaba los colores del amanecer… y de los sueños.

Salar de Uyuni (Bolivia)

En el Salar de Uyuni sólo hay espacio para le emoción, la lágrima fácil y la marea de sensaciones. Se puede volar, convertirse en una gota de agua, quedarse con la mente en blanco y volverse absolutamente loco tratando de atrapar la esencia del vasto desierto blanco. Creo haber traido un pedacito de este Paraíso de somnolientos y chiflados, pero sólo podría haceróslo llegar por medio de imágenes o postales que hablan por sí mismas. Leer artículo completo ➜