Crónica de un viaje a Camboya y Singapur: Capítulo segundo

21 de marzo de 2010: VIAJE A LA JUNGLA TROPICAL Y URBANA DE SINGAPUR

Se suele identificar siempre a Singapur con muchas cosas como sus rascacielos, las calles abarrotadas, los templos de distintas religiones, los pubs y discotecas más fashion, las tiendas de marca, los food center, el visitadísimo Merlion Park y las luces nocturnas de los Teatros de la Bahía. Son más o menos las señas de identidad de una ciudad grandiosa que para seguir creciendo no tiene más remedio que robarle espacio al mar. Pero nadie o muy pocos recuerdan que la Isla de Singapur fue hasta hace un siglo una isla cubierta de vegetación propia de climas tropicales húmedos. Un P1120543bosque en toda regla con una destacada variedad de flora y fauna. Había, por ejemplo, una amplísima población de tigres que tenían atemorizados a los locales que vivían en las áreas costeras y no se atrevían a adentrarse en las espesura. A pesar de ser una isla separada de la península malaya por el Estrecho de Johor, la representación de animales, árboles y plantas de las áreas más tropicales Sudeste asiático era más que evidente. Un arca de Noé viviente que se ocuparon de vaciar los británicos a su llegada cartucho a cartucho, disparo a disparo. Y así fue muriendo lentamente este mar verde de raíces bien arraigadas hasta eliminar de la lista a decenas de especies que habitaban la isla. De hecho el último tigre fue abatido en 1902 en las proximidades del Raffles Hotel. A partir de ahí surgió algo bien distinto, un conglomerado urbano que invadió cielo, mar y bosque con todos esos elementos que enumeraba en las primeras líneas de este capítulo. Singapur desde entonces es otra cosa. Pero, ¿queda algo de todo aquello que fue?

La respuesta es que sí. Aún resta en el centro de la isla un resquicio de biodiversidad que ha sobrevivido al tiempo y a la especulación. Son 163 hectáreas en torno a una colina tapizadas de puro bosque primario del que se asegura que hay más especies de árboles y plantas que en toda Norteamérica. Obviamente ya no hay tigres, pero sí que hay rastro de algún leopardo revoltoso que no se resigna a desaparecer. La Reserva Natural de Bukit Timah, que significa en lengua malaya «Colina de estaño», representa al último guerrero que habita la Isla de Singapur desde hace millones y millones de años. Y ese viaje a la selva aún es posible. No es demasiado conocido para los turistas, pero sí para los singapurenses que quieren huir del stress y el olor a asfalto. A tan sólo 10 kilómetros del bullicio reside la paz, el silencio importunado por los chillidos de los macacos y el aleteo de los pájaros e insectos que se esconden del sol. No es el Amazonas, pero sí la única oportunidad de desprenderse del ruido de una ciudad y sentir por un instante que estás en una selva húmeda donde no hace tanto nadie se atrevía a pasar.

Mis planes del día pasaban, por tanto, por conocer, sin solución de continuidad, dos facetas de Singapur. Su pequeñísima «jungla vegetal» de Bukit Timah, y regresar a la «jungla urbana» de Orchard Road, el paraíso de las compras más exclusivas, para terminar la jornada en el Barrio Chino «más chino» del mundo. Al fin y al cabo Singapur es todo eso y mucho más. Leer artículo completo ➜

Crónica de un viaje a Camboya y Singapur: Capítulo primero

18 de marzo de 2010: DEL TRABAJO AL AVIÓN SIN SOLUCIÓN DE CONTINUIDAD

Ya estaba otra vez en faena. La misma rutina de siempre cuando me marcho de viaje y me toca trabajar ese día. El equipaje debajo de la mesa, los nervios encima de ella y mis compañeros asistiendo en directo a las últimas horas, los últimos preparativos y las últimas dudas. Realmente es muy complicado concentrarse para el trabajo diario cuando uno va a tomar dos aviones por la tarde, el primero a Londres y el segundo nada menos que a Singapur. Sumando las horas de los dos vuelos me salían quince horas, que ya era tiempo. Ciertamente ya estaba más allí que aquí, pero en realidad entre la duración del vuelo y el constante transpasar de husos horarios no me vería en Singapur hasta la tarde del viernes 19, día de San José y del Padre.

Afortunadamente se pasó rápida mi estancia en la oficina y cuando me quise dar cuenta ya estaba en la gigantesca e inabarcable Terminal 4 del Aeropuerto de Madrid-Barajas. Buscar el stand de la compañía (British Airways), facturar el equipaje, pasar los odiosos controles de seguridad (fuera cinturón, móviles, líquidos y portátil para que la maquinita termine pitando igual), recorrer los kilométricos pasillos de la T-4, ir a la Puerta de Embarque, embarcar y…para adentro. Rutina dentro de la rutina para la primera etapa de este viaje. Ir a Londres fue pan comido. Me puse en el netbook la película de «Los Gritos del Silencio» (Título original: The Killing Fields) para irme empapando de la Historia más cruel e inhumana de Camboya, y en un abrir y cerrar de ojos ya estaba en el Gran Centro Comercial de Heathrow. Ya, ya sé que es un aeropuerto pero si no fuera por los aviones en la pista hubiera pensado que estaba en la planta tres de Harrods y que me iba encontrar de cara con Mohammed Al Fayed y hasta con Santa Claus. Eso sí que es un negocio y lo demás son tonterías…

Aproveché a cambiar euros por dólares, que en iba a ser la moneda de la que más iba a tirar durante el viaje, y a cenar un poco de sushi a cinco libras la caja. Estaba loco ya por desaparecer de Heathrow y que fueran los focos asiáticos los que dieran luz a mis días. Sin olvidarme de que iba directo al verano, algo que después del invierno más frío y crudo de mi vida era de agradecer.

Leer artículo completo ➜

Crónica de un viaje a Camboya y Singapur: Introducción y Guía práctica

Comentaba antes de embarcarme en este viaje que Asia era un destino que había logrado embrujarme, que siempre permanecería grabado a fuego en mi corazón por muchos motivos. En este caso incluso se ha querido quedar conmigo en mi casa incluso unos días después del regreso. Aunque en esta ocasión ha sido en forma de fiebre o de a saber qué virus que me ha dejado realmente baldado hasta el día de hoy en que parece que soy capaz de juntar letras con un mínimo sentido. Son esas otras cosas que tiene el viajar, caer enfermo y nublar las imágenes durante un período de tiempo concreto. Afortunadamente todo fue muy al final y no afectó para nada ni a la planificación ni a los objetivos que me había enmarcado previamente. Es otra anécdota más, otra forma de vivir las cosas, que no siempre van de cara al 100%. Pero viajar es eso y hay que estar siempre abierto a los contratiempos que surgen como brazos taponándote el camino. Para eso estamos nosotros, para poder quitar todos esos obstáculos y observar con luz clara los senderos que se suceden delante de nosotros. Y regresar y deciros sinceramente: Amigos, ha sido fabuloso.

Porque esta aventura vivida en Camboya y Singapur ha sido fabulosa, ilusionante, divertida, apasionada y electrizante. Hacía exactamente un año que no me marchaba solo y dos en que no lo hacía durante tanto tiempo. En esta ocasión he vivido 18 jornadas realmente intensas en las que he vuelto a sentir la plenitud y la satisfacción de contemplar algunos de los más grandes tesoros que guarda nuestro Planeta, de corresponder miradas puras y sinceras, de gastar mis suelas en parajes sin igual y de poder tener compañía tanto física como virtual bajo un penetrante Sol oriental.

Es momento pues de que me acompañéis de nuevo en este recorrido, de que os atéis fuerte las botas y de que nos volvamos a adentrar a los hasta hace poco impenetrables Templos de Angkor, de que busquemos juntos un bote que remonte el Río Mekong, y de que nos perdamos en la jungla urbana de Singapur. Hoy empezaremos de forma más suave, con un capítulo introductorio en el que se especifica qué lugares componen este puzzle, cómo llegué hasta ellos, cuáles fueron las moradas de descanso, así como una serie de consejos prácticos que pueden ser útiles para recomponer esta aventura de forma previa a los relatos que se irán sucediendo a lo largo de las próximas semanas. Leer artículo completo ➜

Recién llegado de Camboya y Singapur «con los brazos de la fiebre»

Ya estoy de vuelta. La aventura por tierras de Camboya y Singapur ha puesto su rúbrica hace tan solo unas horas. Ahora se confunden en mi cabeza sensaciones contradictorias. Por una parte me embarga la nostalgia de los lugares y las personas que me han atrapado definitivamente, ese hechizo asiático del que ya os he hablado en alguna ocasión. Y por otra la alegría de estar aqui de nuevo, ver a la gente a la que quiero y poder disfrutar de una hermosa primavera en Espana.

El jet lag azota mi cabeza y mi visión y creo que de un momento a otro se va a detener un tuk tuk delante de mí o se me van a cruzar por delante un grupo de monjes budistas cubriéndose del Sol con sus clásicos parasoles naranjas a juego con sus túnicas. Es complejo este contraste tanto cuando se va como cuando se viene.

Pero lo peor ahora mismo es que no parece remitir esta fiebre que me acompaña en los últimos días y que me tiene hecho un muñeco de trapo. La verdad que no sé cómo he llegado hasta aquí. Pero vaya, un poco de descanso, que es lo que me ha faltado, me hará recuperarme pronto.

Durante algo más de dos semanas he ido conectándome con bastante asiduidad y contandoos prácticamente en tiempo real las experiencias que he ido viviendo en este viaje. Y ha sido espectacular sentir vuestro apoyo y vuestra presencia en todo momento y en toda circunstancia. Os he sentido muy cerca. En el fondo he descubierto las maravillas de Angkor a vuestro lado y he navegado por el Mekong con vuestro impulso. Más de cien mensajes y decenas de correos eléctronicos avalan este sentimiento de gratitud. Me habéis ayudado a soportar la carga de la mochila y a superar los momentos menos brillantes con los que tambien cuenta un viaje.

Mientras me recupero de la fiebre y de este batiburrillo mental necesito algo de tiempo para reorganizar todo el material (mas de 1000 fotos y un sinfín de vídeos). Dentro de muy poco, apenas unos días, publicaré una completa Introducción y Guía práctica que resuma en que ha consistido este viaje, los objetivos cumplidos y aquellos aspectos básicos para los viajeros que deseen preparar una aventura tanto en Camboya como en Singapur. Como siempre trataré de cumplir con esa premisa con la que el Rincón de Sele se identifica plenamente, narrar mis experiencias por el mundo y poder servir de ayuda al viajero independiente que aboga por información práctica, actualizada y lo mas útil posible.

A pesar de los 39 grados que marca el termómetro que me acabo de poner tengo que decir que he regresado encantado, he regresado feliz. Han sido tantos los momentos que se han ido añadiendo a un arrugado mapa del Sudeste Asiático que me costaria quedarme con uno. Pero muy pronto recorreremos Camboya y Singapur de nuevo, de forma mas sosegada y deteniéndonos el tiempo que haga falta frente a las ninfas que decoran los muros de Angkor Wat o frente a una solitaria Isla en mitad del Mekong donde sobreviven los ultimos delfines de Irrawady. Nos subiremos en otra ocasión a lomos de un elefante para perdernos completamente en una selva cerrada o contemplaremos los impresionantes rascacielos de Singapur, la Nueva York asiática. A bordo de un tuk tuk, de una motocicleta o como sea. Acabo de regresar, pero tengo la sensación de que este viaje no ha hecho más que comenzar.

Hasta pronto!

Sele

Planes, preparativos y expectativas del viaje a Camboya y Singapur

* Fecha de inicio del viaje: 18 de marzo de 2010
* Fecha de fin del viaje: 4 de abril de 2010
* Países incluídos en la ruta: Camboya y Singapur (Sudeste Asiático)
* Alistados al viaje: Sele
* Medios de transporte a utilizar: Avión, autobús, rickshaw, lancha y alguno más quizás

Asia engancha. Esa es una de las cosas más claras que tengo en mi vida. Da igual que hayas ido al norte o al sur, al este o al oeste, o que sea el continente más grande del Planeta. Creo que la primera vez que tus pies se posan en Asia respiras un veneno que se queda en la sangre para siempre y que ejerce influjos tan extraños como irremediables. Te ata, te obsesiona, te apasiona y, sobre todo, te imanta para regresar cuantas veces sea necesario. Y nunca será sufiente.

Será su gente, amable, hospitalaria, con un punto de ingenuidad enternecedor, y que sabe cómo acoger al extranjero. O serán sus paisajes variados y enigmáticos, de limpias aguas, frondosa jungla o incluso de duro y solitario desierto. Quizás sus construcciones buscando siempre el horizonte de la armonía y la pureza. O quien sabe si su deliciosa gastronomía… En realidad creo que es un compendio de todas esas cosas.

El embrujo asiático me invadió ya hace unos años. Y creo que fue esencial para que nuevamente me decantara por adentrarme a un país que siempre me tuvo hechizado: Camboya. La sola imagen de los templos enigmáticos de Angkor atrapados en la espesa jungla era suficiente para cumplir uno de mis más fuertes anhelos. Leyendo sobre este país de agitada historia, tanto antigua como reciente, me convencí a mí mismo para traspasar las fronteras del Imperio Jemer y conocer además otros recovecos que aún no han sido batidos por las hordas del turismo. La base de conexión en el Sudeste asiático para este viaje la conforma la Ciudad-Estado de Singapur, símbolo del nuevo capitalismo que se respira en el Continente. La versión exótica de Nueva York en el Lejano Oriente es una amalgama de culturas venidas de India, China, Malasia o Filipinas y que está creciendo mucho más allá de su pequeño espacio isleño.

Son, por tanto, Camboya y Singapur los países que protagonizarán este viaje que tiene su inicio hoy jueves 18 de marzo y que pondrá su rúbrica el domingo 4 de abril. En total dieciocho días en los que sentiré de nuevo los efectos de ese veneno tan potente llamado Asia. Una aventura en solitario en la que he volcado muchas esperanzas. Leer artículo completo ➜