Un viaje a Botswana contado en 13 momentazos

Ha pasado muy poco tiempo para no dejar de escuchar en mi cabeza los rugidos nocturnos que acostumbran a hacer los leones, los aullidos agudos e inquietantes de las hienas o el sonido de tambor que provocan las orejas del elefante cuando la mueven Viajar a Botswana en un safari móvil pernoctando en el interior de los parques y siendo partícipes de un intenso rastreo de huellas, señales y ruidos nos ha llevado a una especie de Edén en el que los animales corren en libertad y el adjetivo salvaje se convierte en el más bello de los epítetos. Encomendándonos a la Madre Tierra, a una pizca de la experiencia de otros viajes de naturaleza y, por supuesto, a la suerte, hemos tenido la ocasión de ver y fotografiar animales por encima de nuestras posibilidades. Tras haber realizado no pocos safaris en mi vida, puedo decir sin equivocarme que lo que ha sucedido estos días en Botswana ha sido tan grandioso que todas mis expectativas han sido superadas. Y eso que era mi regreso al país. Lo que quiere decir que debo eliminar cuanto antes de mi vocabulario esa frase que asegura que segundas partes nunca fueron buenas. Porque no es así.

Leona fotografiada en un safari en Botswana

Con mi cuaderno de notas aún caliente me gustaría comenzar contando a ráfagas de emoción cómo ha sido este viaje a Botswana. Y para abrir boca, he pensado en hacerlo a través de trece momentazos comentados de manera cronológica. Escenas increíbles que parecen haber pasado de la pantalla de televisión con un documental de animales de fondo a la memoria de una cámara de fotos que todavía arrastra polvo procedente de los senderos más inescrutables del África australLeer artículo completo ➜