Una postal del mausoleo Shāh Chérāgh de Shiraz

Hay lugares que emocionan no sólo por su monumentalidad sino por la energía que poseen. En Irán estamos encontrando numerosos rincones que nos han dado para regresar varias veces, sentarnos en una esquina y simplemente quedarnos observando cómo la vida pasa por ellos. En un país con la religiosidad tan marcada es obvio que en mezquitas y madrasas suntuosamente decoradas hallemos esas dosis tan cargadas de fervor pero a la vez de paz y normalidad. Basta con acercarse, no temer abrir las puertas y entrar a conocer lo diferente, la manera que tienen los pueblos de vivir sus creencias. En Shiraz, antigua capital persa, fuimos atraídos como un imán (y lo digo por el sentido más magnético de la palabra) al mausoleo que contiene las tumbas de dos hijos de Mūsā al-Kādhim, séptimo imán de los musulmanes chiíes (esta vez el sentido de la palabra deja de ser metálico para volverse puramente religioso). Es allí donde obtuvimos otro de esos momentos congelados que nos llevó varias horas obtener.

Mausoleo Shah-e-Cheragh (Shiraz, Irán)

Y es que en lugares como este de Shiraz el alma se encoje con el colorido de los azulejos, las curvas de las cúpulas, esas estalactitas de piedra llamadas mucarnas desprendiéndose de las puertas y, sobre todo, con la devoción religiosa de la gente. Aunque es cierto que en el interior no pueden entrar los «no musulmanes», no hemos tenido ningún problema en hacerlo sino que, todo lo contrario, nos han permitido conocer esta maravilla en todo su esplendor sabiendo que éramos extranjeros. Tan especial nos pareció el mausoleo que regresamos durante la noche del viernes para ver cómo había multitud de familias disfrutando su fiesta sin dejar de sonreir. La espiritualidad la viven todos juntos y, aunque me sigue costando ver los chadors cubriendo de una oscuridad fantasmal la piel de muchas mujeres, no puedo hacer más contemplar en silencio una tradición que espero cambie algún día en favor de una mayor libertad en Irán. En un país con una gente tan maravillosa y hospitalaria lo contrario sería una necedad. Cuando se capta la calidez sincera de los persas es imposible no querer lo mejor para ellos y no prendarse de una tierra que hace de un viaje el mejor espectáculo del mundo.

Hoy es el día que llevaba años esperando. Si nada se tuerce iremos a Persépolis tomando la nave del tiempo para retroceder miles de años y conocer de lleno a los Aqueménidas que dotaron de inmortalidad a la Antigua Persia. Se puede decir que la civilización encontró en ésta una de sus muchas cunas. Ilusionado como un niño me despido hasta una próxima postal…

Sele

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10 comentarios en “Una postal del mausoleo Shāh Chérāgh de Shiraz

  1. Ole, ole, y ole, así se habla!!! Veo que Irán te está cautivando como lo hizo conmigo allá por 2001… Y éste fue uno de los «rincones» que más me gustaron 🙂 un abrazo y a seguir disfrutando!!!

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