Viajar a Svalbard en un crucero polar

Es curioso comprobar cómo cuando vas navegando por alguno de los fiordos o canales de Svalbard y el barco empieza a sortear icebergs, la temperatura desciende de manera radical. Sientes que, de repente, has pasado directamente del estante de la fruta que hay en la nevera al cajón del congelador. El único sonido que eres capaz de percibir es el del crujido del hielo, un hielo tan azul que permanecen atrapados en el tiempo miles de pedacitos del cielo que lo ilumina más arriba, y que la única manera de librarse de su largo cautiverio será cuando éste se derrita para fusionarse con el mar. Al fondo los picos nevados de las montañas se la juegan entre imponentes y kilométricas lenguas glaciares que desembocan en el océano. Te percatas enseguida de unas huellas que se hunden en el permafrost. Y no tienes dudas. Por allí acaba de pasar nada menos que un oso polar.

Morsas en Svalbard (Crucero polar)

Viajar a Svalbard en crucero polar, en un auténtico barco de expedición, es hacerlo a uno de los últimos confines del Ártico más puro. Significa ponerte en la piel por uno momento de los grandes exploradores polares, pero siendo tus ojos los que miran y se conmueven ante un horizonte helado e inconmensurable. 

Svalbard, el trono del Rey del Ártico

El archipiélago de Svalbard, remoto territorio noruego que se confunde con los dominios del Polo Norte es tantas cosas a la vez que resulta tremendamente difícil compartir una sola definición. Las islas con más osos polares que personas, los últimos confines terrenales bañados por el Ártico, la dicotomía entre la infinita noche invernal con meses enteros sin decirle adiós al sol. Para los primeros balleneros holandeses que arribaron a sus costas a finales del siglo XVI se trataba de un territorio inhóspito poblado por monstruos de pelaje blanco. Para los grandes exploradores polares, todo un desierto de montañas, nieve y hielo donde todo estaba por descubrir. Y para los soviéticos y no pocas naciones europeas una mina inmensa e inagotable de recursos naturales.

Paisaje de Svalbard (vista desde un barco de crucero polar)

¿Y qué significado tiene Svalbard para los viajeros y viajeras de hoy? Es algo así como el sueño de olvidarse por un tiempo del mundo conocido y dejarse llevar por una diamante en bruto cuyos paisajes corrompen la propia conciencia. La oportunidad de contemplar con sus propios ojos una colección maravillosa de fauna ártica en su hábitat natural. Sin pantallas de televisión de por medio, ni locución de documentales de la hora de la siesta. Ni Youtube, Instagram o blogs como éste. Quienes se aventuran en Svalbard son, en realidad, protagonistas de su propio documental. Los mismos que persiguen un largo sendero de huellas de animales polares y les late el corazón a mil por hora cuando de repente surge de la nada la gran escena de naturaleza salvaje que llevan esperando toda la vida.

Osos polares en Svalbard

¿Cómo viajar a Svalbard? Maneras de plantearse un gran viaje

Los pocos visitantes que aterrizan en el diminuto aeropuerto de Longyearbyen disponen de diversas opciones para su viaje. Quienes llegan en invierno buscan vivir la larga noche polar, dirigir su mirada al cielo para contemplar la danza de las auroras boreales, caminar con raquetas por la nieve o experimentar una hilarante travesía en trineo de perros, el medio de transporte más genuino en destinos de este tipo. Siempre con la ciudad de Longyearbyen como base así como punto de partida y de retorno cada día.

Mapa de situación de Svalbard

Cuando el invierno se aleja y llegan los meses primaverales y estivales las propuestas se amplían. A través de excursiones de media jornada o jornada completa es posible aumentar el radio de actuación. Se puede seguir yendo en trineo, pero además practicar kayak, llevar a cabo caminatas de rastreo o rutas de ida y vuelta a las ciudades soviéticas y surrealistas de Pyramiden o Barentsburg (la primera completamente abandonada).

Imagen de Pyramiden en Svalbard

A finales de mayo y primeros de junio, cuando el hielo devuelve la capacidad de navegar el fiordo, vuelve a aumentar el radio de actuación. Tanto en Spitsbergen, la isla principal, como en otras islas e islotes del archipiélago. Y de ahí que el barco se convierta en un gran aliado. Hay escasas pero interesantes expediciones por esa Svalbard sin humanos pero con múltiples posibilidades de avistar focas, morsas y tantear a la suerte para admirar al gran rey del Ártico, el único ocupante posible del gran trono de hielo… el oso polar.

Crucero polar en Svalbard

Precisamente me voy a centrar en estas travesías de varios días en embarcaciones donde la aventura comienza mucho antes de partir. La manera de contemplar una Svalbard absolutamente salvaje, radiante y en todo su esplendor. Y lo haré a través de una serie de razones por las que viajar en barco a Svalbard (crucero polar) se ha convertido en una de las formas más atractivas de mirar a la cara al Ártico.

¿POR QUÉ VIAJAR A SVALBARD EN CRUCERO POLAR?

1. Rastreo efectivo de fauna ártica (más posibilidades de ver animales)

En Svalbard destaca la presencia de numerosas especies animales que habitan los territorios bañados por el Oceano Glacial Ártico. Mamíferos como el oso polar, las morsas, cinco tipos diferentes de focas (sobre todo la barbuda y la ocelada), zorros árticos e incluso un reno enano y endémico que sólo puede verse en este archipiélago de Noruega.

Morsas en Svalbard

También hay hasta doce tipos de cetáceos como, por ejemplo, la gran ballena azul, la jorobada, la Minke (más fácil de encontrar), la Fin Whale y las escurridizas belugas. Por haber se ha constatado la presencia recurrente (aunque en latitudes más septentrionales) del narval, ese curiosísimo “unicornio de mar” del que tanto hablaron en sus escritos los navegantes de antaño.

En cuanto a aves, decir que hay más de doscientas especies. Charranes árticos, frailecillos, alcas, araos o la “cotizada” por ornitólogos y fotógrafos de naturaleza, la hermosa gaviota marfil, son algunos de los pájaros con los que podremos encontrarnos.

Svalbard es un paraíso para las aves marinas

Ni que decir tiene que en barco, recorriendo la costa (y mediante la zodiak o rutas a pie en los distintos desembarcos que se hacen), se tienen muchas más posibilidades de ver animales que si nos quedamos en Longyearbyen y alrededores. De ahí que los cruceros polares sean el medio predilecto de amantes de la naturaleza y la fotografía en este rincón del Ártico.

Zodiak en Svalbard

2. La manera más eficaz de avistar osos polares

Esto va relacionado por completo con el apartado anterior. Y más cuando los osos polares cada vez tienden a alejarse lo máximo posible de Longyearbyen y las latitudes más bajas del archipiélago de Svalbard. ¿La razón? Es un relato muy sencillo. Foca quiere hielo para instalarse y sentirse segura. Oso come foca. Hielo en verano se deshace (y con el calentamiento global antes, quedándose postergado al norte). Oso busca hielo porque allí está su alimento favorito.. Y sube a latitudes cada vez más elevadas para encontrar comida. Fácil, ¿verdad?

La foca barbuda es la comida favorita del oso polar

De ahí que una ruta por el litoral de las islas en la que se viaje lo más al norte posible multiplique las posibilidades de encontrar y fotografiar al oso polar. Por supuesto también están en el interior. Incluso muy próximos a Longyearbyen o Pyramiden. Pero encontrárselos allí es realmente difícil. Toda una suerte.

Oso polar en Svalbard

Desde un barco surcando el mar de hielo o bordeando la costa se pueden seguir las huellas o rastros del animal. Hace falta un buen rastreo, unos prismáticos potentes y en un crucero polar de una semana o más días alrededor de Spitsbergen o las otras islas, aumentan las probabilidades de éxito. Aunque no existe garantía de avistamientos, ni mucho menos. Esto no se trata de un zoológico y se depende mucho de las condiciones meteorológicas (si hay niebla, malo), de la atención y pericia de los rastreadores y, por supuesto, de la suerte. Se visita la casa del oso polar, pero no significa que vaya a salir a recibirnos…

Osos polares, el gran objetivo de un crucero polar en Svalbard

3. Introducirse en tierras (y mares salvajes)

Una vez se deja atrás Longyearbyen y se empieza a abandonar el Isfjorden termina el mundo de los humanos. Adiós cobertura móvil, adiós internet, adiós a toda clase de comunicación con el exterior. Sólo queda sobrepasar algunos de los rincones de naturaleza más salvajes e inhóspitos del planeta. Navegar alrededor del archipiélago de Svalbard, penetrar en sus fiordos y admirar sus muchos glaciares es un tipo de viaje que podría comparar sin equivocación a lo que se realiza en la Antártida. Sin pingüinos, por supuesto, pero con la presencia del oso polar, la morsa de colmillos afilados y con la suerte de no tener que atravesar el movido Mar de Drake (necesario para llegar a Antártida y donde se marean hasta los más acostumbrados a los oleajes fuertes). Esa es otra parte positiva de este viaje, que se navega por aguas quietas, fiordos y zonas con mucho hielo, por lo que la posibilidad de marearse en un barco de crucero polar (no así en velero, donde hay más movimiento) es tan mínima como inexistente.

Témpanos de hielo en Svalbard

Pasar varios días apartados en uno de los mejores santuarios de naturaleza del Ártico sin encontrarse con nadie, quizás algún bote pesquero en determinadas zonas de Spitsbergen, ir más allá de donde alcanzan muchos mapas, es una experiencia realmente única. Representa una manera genial de sentir tu propia insignificancia ante lo que hay ahí fuera.

4. Contemplar paisajes sublimes

Al poder hacer tantos kilómetros (o millas náuticas) se puede tener una visión más completa de Svalbard que si sólo se utiliza Longyearbyen como base a la que regresar cada noche. Grandiosos glaciares como el Mónaco, al norte de la isla superior, acantilados cuyos muros protegen a colonias de aves marinas como alcas, araos o frailecillos y a los que viene a curiosear el zorro ártico, los picos puntiagudos de muchas montañas así como decenas de islotes rocosos en los que se adivinan formas diversas, son parte de un collage de paisajes extraordinarios.

Paisaje de Svalbard

5. Navegar el gran mar de hielo

En la búsqueda del oso polar en ocasiones hay que atravesar un enorme mar de hielo cuya única frontera es el mismísimo Polo Norte. A esa altura, donde las focas y otros animales marinos tras su sustento, las posibilidades de avistamiento de osos polares es aún mayor que en tierra. Precisamente ese mar de hielo es lo que andan buscando los reyes del Ártico para desplazarse y hallar alimento con el que subsistir.

Atravesando el mar de hielo en un crucero polar en Svalbard

A veces, desde la embarcación, da la sensación de que uno se encuentra en un desierto blanquecino. Sin arena pero de color blanco y congelado por completo, con un sonido crujiente e hipnótico que se torna en banda sonora original de una de las mejores películas que algunos consideramos hemos visto jamás.

6. Un sol de medianoche que dura varios meses

Una travesía en la que las 24 horas del día hay luz solar. En Svalbard el famoso sol de medianoche, que en Cabo Norte (también Noruega) acaricia el horizonte sin llegar a ponerse, está siempre encima. Bien alto e iluminando los paisajes del archipiélago igual a las dos de la madrugada que a las doce del mediodía. En esta zona del mundo el sol no se oculta desde finales de abril hasta casi septiembre. Por lo que para aquellos que no se cansen de los bellos paisajes y de rastrear mamíferos o aves durante el viaje, hay todas las horas posibles para ello.

Paisaje de Svalbard

7. Excursiones en zodiak y a pie

Hay quien piensa que viajar en un crucero polar por Svalbard supone no bajar del barco en una semana. Para nada. Salvo que las condiciones meteorológicas lo impidan, diariamente la tripulación propone excursiones en zodiak para acceder a aquellos sitios donde sea necesario. Y, por supuesto, para hacer también caminatas en tierra firme. A veces por los pastos rodeados de renos enanos, siguiendo un largo camino de huellas de oso, visitando los restos arqueológicos de antiguas bases balleneras holandesas e incluso si hay nieve, utilizando raquetas para disfrutar de experiencias invernales en pleno verano. Cada día hay propuestas para todos los gustos (a veces enfocadas a las aves, otras sólo a paisaje, a caminar – nada exigente -).

Durante los cruceros polares se ofrecen salidas en zodiak

Al principio de viaje dan a cada pasajero unas botas de goma de su número para estas travesías. Y resultan bien útiles.

8. En compañía de expertos de distintas disciplinas para comprender el Ártico

Una de las cosas que más me gustan de hacer una navegación polar en Svalbard es que, al igual que se suele hacer en la Antártida, a bordo se imparten conferencias y charlas de auténticas eminencias en disciplinas diversas y relacionadas con el territorio que se visita. Hay multitud de expertos entre la tripulación que dominan temas realmente interesantes, por lo que son usuales las reuniones con el pasaje que así lo desea para hablar sobre osos polares, geología, glaciares, calentamiento global, historia de los primeros exploradores que llegaron a las islas y un largo etcétera que varía en cada viaje.

Conferencia sobre los osos polares en Svalbard

Esos mismos expertos están en todo momento en el barco para ayudar a los pasajeros a entender el lugar que se está visitando y tener una visión mucho más amplia del mismo. Por poner un ejemplo particular, durante mi primer viaje a Svalbard en crucero polar el neerlandés Rinie van Meurs, uno de los mayores expertos mundiales en osos polares (con más de dos centenares de avistamientos en su haber) y autor de varios libros sobre el tema, nos daba charlas al respecto y nos invitaba a subir con él al puente de mando para rastrear con él al gran rey del Ártico. Todo un privilegio.

Sele en el puente de mando del barco con el que navegó por Svalbard

9. Una aventura bien confortable

Afortunadamente en los tiempos que corren no hay que lidiar con el hambre, la hipotermia, el escorbuto y la infinidad de penurias que pasaron exploradores polares de antaño como Admunsen o el malogrado Scott para poder contemplar las maravillas de un territorio que sobrepasa el paralelo 81. Las pocas navieras que tienen permiso para organizar este tipo de expediciones en Svalbard utilizan barcos bien equipados donde no falta la buena comida y la confortabilidad de unos camarotes (normalmente cuádruples, triples o dobles) cálidos, con espacio suficiente y, por supuesto, agua caliente.

Habitación cuádruple en el Hondius

La aventura que supone embarcarse en un crucero polar por Svalbard no está reñida con tener baño propio, dormir sobre un buen colchón, comer tres veces al día y hasta contar con un salón-bar donde tomarse una cerveza o un chocolate mientras se lee uno de los libros que posee la biblioteca del barco. Sin los estándares de los cruceros de lujo y con mucha menos gente (suelen tener capacidad para algo menos de doscientos pasajeros).

10. La emoción de la incertidumbre

Todo safari (y esto lo es en versión polar) se nutre de la emoción, la pasión y la incertidumbre de no saber qué va a suceder en las horas sucesivas. A veces los avistamientos duran unos pocos segundos, pero todo lo que rodea a esos momentos se quedará grabado a fuego como una gran experiencia. Porque, repito, Svalbard no es un zoo sino un territorio salvaje en el que no dejan de suceder cosas que la naturaleza decidirá si quiera o no que haya testigos. Pero con sapiencia y positividad se consigue más de lo que uno pueda imaginar. Y más en viajes de este tipo donde la ACTITUD PERSONAL resulta esencial.

Sele fotografiando en Svalbard

Recuerdo que en otro viaje que no tiene nada que ver con éste y que consistía en buscar al esquivo tigre de Bengala en India había a la salida del parque natural en cuestión un cartel con el rostro del felino con un letrero donde se podía leer lo siguiente: “Puede que no me hayas visto. Pero ten por seguro que yo sí te he visto a ti”.

¡Dentro vídeo!

Todo lo que acabo de contar se puede comprobar fielmente en un vídeo-resumen de apenas dos minutos con los mejores momentos de un viaje a Svalbard en modo “crucero polar” que selecciona imágenes de mi primer viaje a este territorio en 2018.

SVALBARD, UN SUEÑO QUE SE REPITE

Este 2020… vuelvo a Svalbard. Y no solo precisamente. Lo haré con un pequeño grupo en el que será una gran expedición polar para la que ya no quedan plazas, por cierto. Volaron enseguida.

JUNIO 2020

Oso polar en Svalbard

LAS PLAZAS PARA ESTE VIAJE SE HAN AGOTADO. Si quieres que te avise de futuros viajes de autor como éste u otros distintos contacta conmigo.

Pero, ¿y si no fuera el único viaje de 2020 en el que ver osos polares sea el objetivo? Estoy deseando contaros un bombazo de viaje que está a punto de ultimarse y en el que os espero. No será en un crucero de navegación polar. Ni tampoco en Svalbard.

Sele en Svalbard

Ahí queda eso…

¡Hasta pronto!

Sele

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