Un viaje a la Segunda Guerra Mundial

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Viaje a la Segunda Guerra Mundial

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Suena Lili Marleen en una vieja radio de madera convertida en la única luz de un salón desordenado. Sólo la voz lánguida de Marlene Dietrich es capaz de detener el silencio dentro de un abismo de cuatro paredes. Se repite una y otra vez, aunque no hay nadie sentado escuchándola. En la calle tampoco hay transeúntes, ni tiendas de flores, ni se aprecia el olor de la panadería que horneaba pan y pasteles antes de cada amanecer. No veo sonrisas dibujadas en las caras de los niños porque ya no están. La desolación forma parte de esa pesadilla sin final, de esa visión del túnel de la muerte sin una sola luz a la que salir corriendo. No hay huída posible, y tiemblan los recuerdos de los supervivientes convertidos en un collage de imágenes en blanco y negro para quienes ni siquiera habíamos estado allí. Porque no hace falta haber nacido en la primera mitad del Siglo XX para sentirnos todos víctimas de la II Guerra Mundial. Por eso os pido que hoy me acompañéis a un viaje al pasado para poner nuestros pies y caminar a través de cinco rincones significativos dentro de la  contienda más mortífera que jamás ha existido.

Vamos a hacer un viaje a la II Guerra Mundial en cinco pasos, visitando lugares en los que todavía es perceptible el aroma del horror. Allá donde Lili Marleen se escuchaba con mucho miedo y lágrimas en los ojos.

No eran pocas las opciones que tenía para seleccionar, ya que todavía después de casi siete décadas es realmente fácil encontrarse vestigios del conflicto en muchos países, sobre todo europeos. Son muchos los recuerdos que nos quedan de la crudeza de ese monstruo de infinitas cabezas que comprende la madre de todas las guerras. Aquí van aquellos que he podido ver con mis propios ojos y me han impactado emocionalmente.

CAMPO DE CONCENTRACIÓN Y EXTERMINIO AUSCHWITZ – BIRKENAU (POLONIA)

Sin duda lo más significativo y doloroso que se recuerda de la II Guerra Mundial son esas máquinas efectivas de matar seres humanos llamadas Campos de Concentración. El nazismo dispuso sus trampas mortíferas en casi toda Europa y nombres como Auschwitz, Treblinka, Mauthausen o Dachau aún estremecen sólo con pronunciarlos. Millones deP1040358 personas no pudieron escapar a las garras del holocausto en estos campos en los que vivieron en condiciones infrahumanas y fueron asesinados en masa. Quizás el más popular, por su capacidad aniquiladora y sus números siniestros, fue Auschwitz-Birkenau, campo que agrupa dos complejos prácticamente unidos el uno con el otro (Auschwitz I y Auschwitz II-Birkenau) situados en la localidad polaca de Oświęcim, a 60 kilómetros al sureste de Cracovia. Así como había innumerables campos de trabajo y de concentración en la Europa invadida, el de Auschwitz tenía la misión de exterminar y hacer desaparecer a los considerados indeseables por el III Reich. Es decir, judíos, gitanos, eslavos, homosexuales o disidentes con la política nazi. Familias enteras fueron trasladadas en los vagones de la muerte, viajando como ganado durante horas o días enteros, sin importar que hubiera niños o ancianos que no fueran capaces de resistir el trayecto. A su llegada les esperaba el horror más extremo…

Aún pervive lo primero que veían los infortunados presos cuando entraban al campo. Letras de hierro forjadas P1040296sostienen una frase alemana que resultaba tan cínica como cruel e incierta: ARBEIT MACHT FREI, que significa “El trabajo os hará libres”. Una gran mentira, ya que ya desde los propios andenes se separaba a los débiles de los más aptos para el trabajo. Los primeros, después de quitarles todas sus pertenencias, iban directos a unas duchas que en vez de agua expulsaban Zyklon B, un gas venenoso que podía matar a más de cincuenta personas a la vez en cuestión de segundos. Después sus cuerpos eran arrojados a hornos crematorios, que es lo que hacía que en kilómetros a la redonda tanto de día como de noche se percibiera un olor a carne quemada. Y los segundos trabajarían sin descanso hasta que las fuerzas les abandonaran, enfermaran o un soldado nazi les pegara un tiro. O lo que era peor, que participaran en experimentos médicos para comprobar cuánto dolor puede soportar un ser humano en condiciones extremas.

Cuando las tropas aliadas estaban a pocos kilómetros del Campo de Exterminio, los nazis incendiaron parte de Auschwitz (sobre todo las cámaras de gas y los hornos) para intentar no dejar pruebas de un genocidio superlativo. Pero fue imposible que no se supiera lo que allí ocurrió durante los años en los que el campo estuvo comandado por seres sanguinarios como Rudolf Hoess, ya que cuando los soldados americanos, rusos, franceses o ingleses llegaron hasta allí se encontraron miles de cadáveres arrojados en fosas comunes y muchos supervivientes desnutridos y debilitados junto a las vallas electrificadas que ya deseaban su muerte inmediata.

Auschwitz, como lugar más significativo del Holocausto, se quiso conservar intacto para que jamás se olvidara lo que allí sucedió. Fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, no por las razones habituales con las que se nombra a los monumentos de nuestro Planeta, sino para asegurar de forma férrea su mantenimiento. Cada año lo visitan millones de personas de forma gratuita (sólo es con coste si se quieren contratar guías que expliquen cada uno de los rincones del campo), dada su cercanía, además, a un lugar tan turístico como Cracovia. Cuando visité Auschwitz en el verano de 2007 junto a dos buenos amigos se quedó conmigo para todo el día una sensación muy amarga porque es una experiencia realmente dura… pero realmente necesaria.

P1040328En Auschwitz I los edificios son de ladrillo y en su interior nos cuentan de forma ordenada todo lo que fue sucediendo durante el tiempo en que estuvo funcionando. Allí también hubo prisiones, pero fue donde estuvieron las oficinas y viviendas de oficiales y soldados nazis, por lo que no encontramos todavía los barracones propiamente dichos que tantas veces hemos visto atestados de gente en fotos y películas. Hay salas que muestran apiladas muletas y piernas ortopédicas, gafas, zapatos, maletas y kilos y más kilos de pelo humano que se utilizaba para realizar tejidos. Es un Museo de los horrores bastante explícito en el que hace falta bastante aguante para no derramar alguna lágrima ni tener un dolor desagradable en el estómago. Sala a sala, pasillo a pasillo, la Historia del Campo de Exterminio y de sus pobres ocupantes se refleja en paredes, vitrinas, polvorientos trajes de rayas y objetos significativos como latas de gas Zyklon B.

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Como he comentado anteriormente Auschwitz I yAuschwitz II-Birkenau están separados (hay un autobús que une ambos en apenas 5 minutos, ya que a pie es un “buen paseo”). Birkenau es una explanada que conserva hileras de barracones en los que se puede entrar y percibir incluso el olor del hacinamiento en sus duros camastrones. Personalmente me pareció la parte más dura para visitar porque contiene las siluetas de escenas que aún transmiten el dolor allí sufrido. Es algo muy perceptible en Auschwitz-Birkenau, la energía negativa que golpea como el viento y pesa como una losa.

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Los edificios rotos donde quemaban a la gente se pierden en un oscuro bosque con lagunas aún más oscuras debido a las toneladas de cenizas humanas arrojadas durante varios años. Tanto tiempo después el agua continúa siendo negra, como la Historia de este Campo de Exterminio.  Uno mire donde mire se va hacia una espinosa alambrada, a un barracón roído y maloliente, a una garita hueca sin soldados, o a un horizonte de vías de tren retorcidas por el miedo. Es, como he dicho, una experiencia dura… durísima, pero que se tiene que vivir por dos razones: Comprender qué sucedió y no olvidar de lo que el ser humano es capaz de hacerse a sí mismo.

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NOTA PRÁCTICA DE CÓMO LLEGAR DESDE CRACOVIA A AUSCHWITZ: Salen autobuses desde Estación Regional de buses de Cracovia (18 calle Bosacka) casi cada hora y a un precio asequible de 26 Zloty (aprox 6´5€) que incluye la ida y la vuelta. La duración del viaje es de hora y media aproximadamente.

VARSOVIA, LA MUERTE DE UNA CIUDAD (POLONIA)

Uno de los objetivos de Hitler fue aniquilar a los polacos y destruir por completo su capital, Varsovia. Si no lo consiguió fue por poco, ya que al finalizar la II Guerra Mundial de la ciudad quedó en pie tan sólo un 20% de sus edificios. Monumentos, bibliotecas, palacios y construcciones nobles de una ciudad realmente bella no sobrevivieron al golpeo incesante de bombas y disparos que removieron incluso la tierra. La imagen de la desolación en una Varsovia reventada dio la vuelta al mundo. A mí siempre me llega el recuerdo de la película de Roman Polanski, El Pianista, en la que el músico Władek Szpilman interpretado magistralmente por Adrien Brody, camina por una calle de Varsovia totalmente rota por la Guerra. De hecho el día antes de viajar al este de Europa en el que Polonia formaba parte de la ruta ( hicimos Cracovia-Auschwitz-Varsovia-Gdansk) vi por enésima vez la que es una de mis películas preferidas.

Varsovia es otro de los símbolos de la barbarie del nazismo invasor. Y por tres motivos:

+ Ser prácticamente destruida en su totalidad, siendo destacable un ensañamiento brutal que buscaba hacerla desaparecer.

+ Haber tenido el gueto judío más grande y, probablemente, el más célebre de todos los que se instauraron en urbes europeas.

+ Haberse levantado de su propia muerte. Como Ave Fénix a lo largo de las décadas posteriores a la II Guerra Mundial fue restaurando sus calles muy poco a poco del modo original hasta volver a ser una ciudad preciosa.

Cuando viajé a Polonia una de las grandes sorpresas me las llevé precisamente en Varsovia. Todo el mundo me hablaba de Cracovia, la estrella polaca, pero nadie me contó que la capital tenía un encanto especial. Fue tan profundo y minucioso el trabajo que se hizo para devolverla su esplendor, que al ver todos esos edificios de colores, sus estatuas, su alegría en la calle, me entusiasmó haber tenido la oportunidad de conocerla.

P1040467No es complicado aún encontrar restros de metralla en muchos sitios e ir siguiendo la estela de la II Guerra Mundial. Pero por ejemplo, ¿qué queda del gueto de Varsovia? Fue un espacio en el que confinaron a cientos de miles de judíos separándolos de su ciudad habitual por un muro y haciéndoles vivir hacinados dentro de un horror. De cómo era el gueto no quedan más que fotografías en blanco y negro. Pero recuerdo que entrando a un patio de vecinos (tal cual os lo cuento) pudimos ver una parte del muro del gueto de 3 metros de altura y no más de diez metros de lado a lado. Son pedacitos de historia trágica que uno se encuentra en un barrio que apenas tiene alguna que otra placa conmemorativa y de la que hay que tirar de mapa para ir buscando los límites de un gueto que fue peor que una jaula para criminales.

Hay múltiples estatuas a lo largo y ancho de la ciudad, siendo una de las más destacadas la del Levantamiento del Gueto de Varsovia. Igualmente hay un museo de este tema (Museo de la Insurrección de Varsovia) bastante recomendable en Ulica Grzybowska 79, cuya visita es gratuita y que cuenta paso por paso el alzamiento de los judíos del gueto.

Otro de esos lugares sumamente horribles es la Prisión Pawiak (Ulica Dzielna 24/26), que aunque nació en la época de los zares, fue utilizada por el régimen nazi para detener, torturar y asesinar in situ a un número aproximado de 37000 polacos. Los demás que pasaron por Pawiak y no fueron asesinados allí mismo tampoco tuvieron mucha mejor suerte, ya que fueron deportados a los campos de concentración y de exterminio. Hoy es un memorial en el que se observan perfectamente los restos de esta prisión que también supone al visitante un trago amargo, pero que hace una vez más que no se olvide la Historia de las víctimas que vieron perder aquí tanto sus vidas como las de su familia (Entrada gratuita).

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Pero por fortuna Varsovia ya respira otros aires menos trágicos y es posible disfrutar de lugares encantadores como la Plaza del Mercado (Rynek Starego Miasta), que nada tiene que envidiar a la de otras ciudades europeas muy concurridas por el turismo. Varsovia se deja querer, y no sólo por su sufrido pasado, sino por la capacidad que tuvo para levantarse de su propia tumba…

LAS PLAYAS DEL DESEMBARCO DE NORMANDÍA (FRANCIA)

El día 6 de junio de 1944 se dio un paso esencial no sólo en la II Guerra Mundial sino en la Historia de la Humanidad. Sería el momento más decisivo de la contienda ya que marcaría ese punto de inflexión que catapultaría a las tropas aliadas y arrinconaría al Ejército alemán. El Día-D supuso el desembarco de norteamericanos, canadienses e ingleses a territorio francés para remontar desde suroeste europeo hasta llegar a sitiar a Hitler en su búnker de Berlín. Unos planes que parecían iban a efectuarse por el Paso de Calais pero que dieron un vuelco al escoger Normandía como punto de entrada de los aliados para tratar de vencer utilizando el factor sorpresa. Y funcionó, ya que un total de 7000 embarcaciones, 13.000 aviones y tres divisiones de paracaídistas arribaron a la costa normanda a lo largo de una jornada que vió perecer a miles de soldados de ambos bandos. Era la única solución posible, también la que mayor riesgo entrañaba, y es que a su llegada los nazis les esperaban en los búnkers creados al fondo de grotescos acantilados.

P1040817Un total de 80 kilómetros de litoral normando fue renombrado para el ataque en cinco largas playas de complejo acceso: Utah, Omaha, Sword, Gold y Juno. De todas ellas Omaha sería en la que se libraran las batallas más sangrientas y en las que más miembros del ejército alíado perecerían. Hoy en día casi ni se recuerdan los nombres originales de dichas playas porque todo ese tramo es un auténtico museo viviente de la II Guerra Mundial. Uno de los más explícitos es Pointe du Hoc, donde accedieron los primeros soldados norteamericanos (avanzadilla de rangers que escalaron el acantilado antes de que llegara toda la maquinaria venida desde Reino Unido) y donde se puede decir que comenzó la batalla. Hoy día se puede ver perfectamente desde lo alto del acantilado un terreno cubierto de búnkers, alambres de espino y suelo roto por las explosiones.

Entrar a todos esos búnkers y mirar hacia el mar te hace revivir la película de la mayor de las batallas. Las imágenes que se conservan de la aviación, los paracaidistas y los barcos llegando a tierras normandas son realmente espectaculares. Se calcula que durante los tres meses posteriores al desembarco, más de dos millones y medio de personas y medio millón de vehículos acorazados entraron a Francia para poner la balanza a favor de las tropas alíadas y derrocar el régimen nazi.

Hay esparcidos a lo largo y ancho del litoral normando numerosos museos que contienen artefactos, tanques e incluso embarcaciones originales. Un apasionado de la Historia bélica en general y la II Guerra Mundial en particular puede encontrar aquí la mayor colección de objetos y vehículos utilizados en el Desembarco de Normandía.

Ochenta kilómetros de costa es mucho para recorrer lentamente, pero sí se puede ir haciendo de forma tranquila en coche (nosotros alquilamos uno desde París para ver las Playas del Desembarco y el Mont Saint Michel) y deteniéndose en lugares esenciales en los que poder comprender cómo fue “el día más largo” y los meses sucesivos.

Muy cerca de Omaha Beach, campo a través, en la localidad de Colleville-sur-mer, se encuentra el mayor cementerio norteamericano construido fuera de los Estados Unidos. Más de diez mil cruces blancas perfectamente alineadas sobre una hierba repasada hasta el milímetro señalan los lugares de enterramiento de los soldados que no tuvieron la fortuna de regresar a su hogar. El Cementerio americano de Colleville-sur-mer, que muchos reconocerán por aparecer en el filme de Spielberg “Salvar al Soldado Ryan”, es de gestión estadounidense al 100%, como si fuese un pedacito de su territorio. La solemnidad y el silencio contrastan con el sonido de las bombas y los disparos que  llegó del otro lado del Canal de la Mancha aquel 6 de junio de 1944 para cambiar el sentido de la II Guerra Mundial.

P1040894 por ti.

DRESDE, TORMENTA DE BOMBAS SOBRE LA PERLA DEL RÍO ELBA (ALEMANIA)

Dresde (Dresden en alemán) es una ciudad sajona bañada por el Río Elba que siempre fue famosa por ser una perfecta representante tanto del Renacimiento como del barroco alemán. Desde febrero de 1945, cuando estaba a tiro de piedra la derrota de los nazis con una Berlín prácticamente rodeada, esta ciudad se hizo también célebre por por ser el foco de crudísimos bombardeos aéreos en tres días por parte de aviones británicos y estadounidenses. Se calificaron los ataques como una verdadera tormenta de bombas que fueron dirigidas contra una ciudad casi intacta al final de la Guerra, con un objetivo que se desconoce si fue estratégico o un duro castigo a las provocaciones nazis. Aunque como suele suceder en este tipo de cosas, fue la población civil la que sufrió las consecuencias.

Cuatro fueron las oleadas de bombarderos y cazas descargando sin piedad sobre la ciudad sajona. Se calcula que en torno a 40.000 toneladas de bombas fueron arrojadas entre el 13 y el 15 de febrero de 1945. Explosiones e incendios se ensañaron contra Dresde no importando en absoluto si se estaba actuando contra un cuartel militar, un hospital o un edificio de viviendas. Se calcula murió un mínimo de 30.000 personas, aunque se piensa que fueron muchas más. Por supuesto, no se salvó tampoco el Patrimonio Histórico-Artístico de una ciudad que había sido conocida como “La Florencia del Elba”. Monumentos únicos quedaron hechos cenizas o a punto del derrumbe.

Pero Dresde es otro ejemplo de lo que supone emerger de la nada. Recuperó lentamente su Patrimonio, bien restaurándolo o levantándolo de nuevo tal cual se hizó siglos atrás, mediante la utilización de los materiales y técnicas de entonces. Hoy sólo se observa que parte de sus muros aún están ennegrecidos por las llamas, pero se rehizo perfectamente para ser nuevamente “La Florencia del Elba”. Tanto que fue nombrada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, aunque polémicas aparte por la construcción de un puente donde no debía, le fue retirada dicha denominación, siendo el primer caso en que esto sucede.

Dresde posee, aún así, la que para mí es una de las mejores vistas panorámicas que se pueden obtener a orillas de un río. Si el viajero llega hasta ella sin conocer su Historia, probablemente no se de cuenta de que fue pasto de los bombarderos, pero como siempre me gusta decir, conviene documentarse de los destinos a visitar para conocer el “alma” además del cuerpo de un rincón del mundo.

La ciudad germana es hermosa, repartiendo sus encantos generosamente sobre los reflejos del Elba, y bien comunicada con la capital de la República Checa, Praga. Nosotros la incluimos casi a última hora dentro de un interrail por los Países del Este y dimos cuenta de la elegancia suprema de quien observo el infierno de cerca y supo aguantar el golpe para seguir viviendo.

Dresde merece mucho la pena. Recomiendo encarecidamente su visita.

HIROSHIMA, LA CIUDAD DONDE SE LANZÓ LA PRIMERA BOMBA ATÓMICA (JAPÓN)

Ocho horas, quince minutos y dicisiete segundos del seis de agosto de 1945. En la ciudad japonesa de Hiroshima se detuvieron todos los relojes cuando de las tripas del avión militar Enola Gay salió Little Boy, la primera bomba nuclear empleada en la Historia, la cual explosionó a 550 metros del suelo causando la muerte de  más de 150.000 personas e hiriendo gravemente a otras 300.000. Harry Truman, Presidente estadounidense en aquel tiempo, dio la orden más extrema que probablemente se haya ejecutado jamás, permitiendo, a sabiendas de las consecuencias que acarreaba el lanzamiento de la bomba atómica, una matanza tan indiscriminada como veloz de seres humanos cuya única culpa era estar allí en ese momento. A varios kilómetros a la redonda nada quedó en pie, convirtiéndose una ciudad bastante poblada en un auténtico solar. Se calcula que un 8% de los edificios de Hiroshima no se pulverizaron junto a los demás, auténticos milagros de una devastación nunca vista hasta entonces.

Las radios japonesas, que tardaron en conocer con exactitud lo sucedido, narraron en los días sucesivos su particular Apocalipsis, pronunciando algunas frases que quedaron para la Historia: “Prácticamente todas las cosas vivas, humanos y animales, se quemaron hasta la muerte”.

Hiroshima fue literalmente vaporizada, pero la valentía y la fortaleza de los japoneses les hicieron aferrarse a un futuro en el que todavía había esperanza. Debían luchar con optimismo para no habitar el infierno y lograron derrotar el demonio de una bomba que no logró arrebatar el 100% de vida de una ciudad. Hiroshima, aunque parecía imposible, volvió a florecer, y seis décadas después se ha convertido en una ciudad moderna iluminada por los carteles de neón y alegre por saber a ciencia cierta que no hay nada que pueda acabar con ella.

P1120597La ciudad japonesa de Hiroshima cuenta también con su particular Zona Cero, el Parque de la Paz, repleta de símbolos levantados en honor a la memoria de las víctimas. Pero más que ninguna otra cosa, es la Genbaku dome (Cúpula de la bomba atómica), la representación en piedra de dos caras de la misma moneda: La destrucción y la resistencia ante el ataque nuclear. Apenas a unos metros del epicentro de la explosión, un edificio de 1915 que sirvió como Pabellón de Fomento de la industria de la ciudad, aguantó de pie milagrosamente. Este edificio fantasma, cuya cúpula se encuentra provista únicamente del forjado de hierros retorcidos, se decidió fuese lo único que se dejase tal cual quedó con la detonación para que nadie olvide lo que sucedido. Forma incluso parte de la lista del Patrimonio de la Humanidad.

Hace unos años, en las Crónicas del viaje a Japón donde recogí al detalle el día que visité Hiroshima escribí lo siguiente:

“Nunca su arquitecto, el checo Jan Letzel, podría haberse imaginado que lo que se proyectó en 1915 con motivo de Exposición Comercial de la Prefectura de Hiroshima terminara siendo la única ruina fantasmal y sombría que garantizara para siempre el recuerdo de la muerte de más de doscientos mil inocentes. Tampoco podría creer que la enorme cúpula mostrara sus hierros desnudos como si fuera la metáfora de un esqueleto que se resiste a convertirse en cenizas. La silueta de este edificio representa lo peor de nosotros mismos y a su vez nos advierte lo que nunca jamás se debería repetir.”

Este es el único recuerdo de piedra “vivo”, aunque son muchos los lugares construidos a posteriori en los que se puede conocer al detalle la Historia del lanzamiento de la Bomba Atómica. Considero imprescindible la visita al “Museo Conmemorativo de la Paz”, que recoge el antes, el durante y el después de la explosión nuclear. Es tremendamente duro. Muy explícito. Pero igualmente necesario para comprender que el 6 de agosto de 1944 el mundo vive amenazado por las armas de destrucción masiva que unos locos pueden activar con tan sólo pulsar un botón.

Hiroshima es Historia cruda de nuestro Planeta, pero gracias al tesón de los nipones, es una ciudad resucitada…

 

Las bombas atómicas caídas sobre Hiroshima y Nagasaki pusieron el punto y final a una II Guerra Mundial que arrasó millones de vidas en apenas seis años. El régimen nazi fue derrocado, pero el perro de la guerra sabe cambiarse rápidamente de dueño cuando más le interesa. Porque tiene que comer y seguir ladrando para que nunca nos olvidemos de él…

Cinco rincones marcados por la tragedia y también por la esperanza. Aunque son muchas más las cicatrices de la II Guerra Mundial porque nunca hubo tantos escenarios para una película de terror.

Sele

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39 Respuestas a “Viaje a la Segunda Guerra Mundial”

  • […] de Breitscheidplatz es uno de los pocos señuelos que quedan en Berlín que nos ayuda a hacer un viaje a la II Guerra Mundial. Oscura por las llamas, salvada in extremis del derrumbe, es toda ella un memorial que nos hace […]

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