Bailando con las ballenas en el Estrecho de Magallanes

Cuando se escucha por primera vez el soplo de una ballena puede parecer un sonido tosco y rugoso fuera del mar, o quizás, la más hermosa y genuina de las melodías que uno puede alcanzar a apreciar en su vida. Y si son tres, cuatro o incluso seis soplos los que se producen en un mismo instante, rompiendo la quietud de un agua mecida por islas tan vírgenes como inhóspitas, nace una canción irrepetible, tan llena de fuerza que jamás se retirará del todo de tu mente. Subirme al buque inglés M/N Forrest y navegar durante tres días por las corrientes más inaccesibles y solitarias del estrecho de Magallanes me regaló la experiencia de observar, e incluso participar, en el baile de las ballenas jorobadas que se aposentan en estas aguas en busca del alimento que les de la vida. Seguir sus pasos en popa o en proba, a babor o a estribor, o incluso en una pequeña zodiak, me permitió descubrir ese milagro de la naturaleza que se remonta a millones de años.

Aleta caudal de una ballena jorobada

La Expedición Fitz Roy, que nace en las aguas chilenas del Estrecho de Magallanes, suma la labor de investigación de quienes protegen el recién nombrado Parque Marino Francisco Coloane y, a su vez, ofrecen una experiencia única a un grupo reducido de pasajeros que se convierten, sin saberlo, en otro granito de arena que ayuda a que las ballenas sigan mostrando sus aletas y sus soplos en un rincón del que hace veinte años se les presumía haber desaparecido. Leer artículo completo ➜