La ruta de los templarios en el centro de Portugal

Los templarios no desaparecieron de la noche a la mañana tras la contundente bula papal que promulgaba su extinción en 1314 o la ejecución en la hoguera del último Gran Maestre, Jacques de Molay, frente a la catedral de Notre-Dame en París. Los pasos de la institución fueron dispersados o, más bien, diluidos bajo la creación de nuevas órdenes o sumando presencia en otras ya existentes. En Portugal la Orden del Temple, esencial en la reconquista de las posiciones musulmanas en el reino, así como en su consolidación, vio garantizada su continuidad y protección bajo el manto del Rey Don Dinis, quien mandó crear la Orden de Cristo en 1319 y, de ese modo, legitimar las posesiones y privilegios de los caballeros. Su vínculo a la corona marcó los designios portugueses de los siglos sucesivos y bajo la enseña de la cruz de esta orden militar se alcanzaron innumerables descubrimientos en América, Asia y África. Las huellas de los templarios en Portugal, o de la posterior Orden de Cristo, continúa latente en el conocido como pentágono defensivo en el corazón del país con tres castillos y dos monasterios que gozaron de un papel fundamental en la historia lusa.

Castillo de Almourol (Castillo erigido por los templarios en Portugal)

Recientemente tuve la ocasión de enlazar rincones dentro de una ruta tras los pasos de los templarios en el centro de Portugal. Entre los distritos de Leiria y Santarém pude de visitar su sede principal en Tomar, el fabuloso castillo de Almourol en una isla sobre el Tajo, la hermosísima ciudad fortificada de Óbidos, así como los monasterios de Batalha y Alcobaça, prodigios del gótico y Patrimonio de la Humanidad donde la cruz de la Orden de Cristo aparece tallada en claustros que dejan boquiabiertos a los visitantes. Un recorrido monumental, cultural y religioso que corresponde a uno de los viajes históricos más apasionantes que se me ocurren en PortugalLeer artículo completo ➜

Consuegra, maravilla rural y quijotesca en el corazón de La Mancha

No se me ocurre un elemento arquitectónico más quijotesco que un molino de viento, ¿verdad?. Pues la toledana Consuegra tiene una docena. De hecho, encabeza por número y galones la ruta de los molinos de La Mancha. Aunque también tiene un poco del Cid Campeador, puesto que en su castillo Diego Rodriguez, su único hijo varón enviado por el mismo para defenderlo, se convirtió en la víctima con más galones de la batalla contra los Almorávides del año 1097. El Cerro Calderico, sobre el cual se erigen los molinos de viento así como el castillo medieval, ha contemplado amaneceres carpetanos, romanos, visigodos, árabes, castellanos e incluso la inquina de las tropas napoleónicas, quienes intentaron sin éxito arrebatar las huellas de su glorioso pasado. Hoy día para muchos es una parada obligada en múltiples recorridos por tierras manchegas. Y es que, sin duda, hay mucho que ver en Consuegra, la cual conserva todos los ingredientes para ser considerada una auténtica maravilla rural, un regalo para quien llega hasta ella.

Consuegra, maravilla rural en la provincia de Toledo. ¿Qué ver en Consuegra?

Transitar por sus calles estrechas y perseguir a los gigantes de Don Quijote, emocionarse con la evocadora llanura manchega, acudir a su afamado festival medieval, saborear un buen asado en unas cuevas o probar las delicias gourmet del primer gastromolino de España son algunas de las muchas razones que existen para visitar Consuegra y no escatimar una sola sonrisa de satisfacción.  Leer artículo completo ➜

5 maneras de vivir la naturaleza en el Parque Natural Tajo Internacional

El río Tajo estrecha la mano de dos países como España y Portugal justo en su travesía más silvestre, indómita e impredecible. Lo que sucede entonces en la frontera líquida de dos importantes territorios históricos tiene como testigos de excepción a los buitres negros, los alimoches, los ciervos y las esquivas cigüeñas negras. Porque cuando este gran río empieza a despedirse de Cáceres para saludar a la Beira Baixa portuguesa, los muchos secretos de la que fuera proclamada Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 2016 aportan instantes verdaderamente gloriosos. Sólo aptos para auténticos amantes de la naturaleza, cazadores de escenas únicas como el silencio interrumpido por la berrea del ciervo o las aves planeando sobre sus cabezas. Un sinfín de actos conmovedores como el mero hecho de contemplar la transformación del paisaje en cada estación del año o un cielo estrellado sobre el bosque mediterráneo. El Parque Natural Tajo Internacional es el último refugio transfronterizo y, para muchos, una gran esperanza.

Alimoches en el Parque Natural Tajo Internacional

Hay, por supuesto, maneras estupendas de vivir y apreciar la naturaleza en el Parque Natural Tajo Internacional. Porque sus muchas localizaciones de interés cuentan, a su vez, con múltiples actividades posibles. Desde caminar al ras de la ribera rayana a navegarla, pasando por esperar pacientemente sobre unos riscos con la cámara de fotos preparada para capturar la esencia de este parque, que no es otra que la vida natural saliendo al encuentro del visitante.  Leer artículo completo ➜

Heidelberg, la última estirpe del romanticismo en Alemania

Las orillas del río Neckar regalan en Heidelberg una de las postales más admiradas por los adalides del romanticismo alemán. Joseph von Eichendorff o Clemens Brentano, la versión germana de los Bécquer, Zorrilla y compañía, huyeron del perfeccionismo neoclásico para abanderar un apego a lo medieval, a despreciar el orden y el rigor racional a través de una decepción disfrazada de melancolía. Amantes de las ruinas, la naturaleza y la niebla, hallaron en Heidelberg la ciudad ideal para plasmar su eterna nostalgia y dar pábulo a sus poesías y novelas. Las vistas del castillo desde el puente antiguo o desde el «camino de los filósofos» acercan a los viajeros de ayer y hoy uno de los escenarios más románticos (en ambos sentidos del término) de Alemania. El medievo que ya fue da paso a la alegría de una ciudad universitaria que acoge a todos por igual en su casco viejo y les recuerda que como ella hay pocas o ninguna.

Castillo de Heidelberg (Alemania)

A día de hoy visitar Heidelberg es una de las mejores cosas que nos han podido pasar en Alemania. Hay tanto que ver y hacer en esta joya de Baden-Wurtemberg, pero a su vez es tan fácil de recorrer en pasos cortos, que propongo romper todos los mapas y descubrirla dejándose llevar.  Leer artículo completo ➜

10 razones para viajar a la Costa Brava

Hay cuestiones a las que cuesta contestar, quizás porque no se quiera o no se tenga demasiado claro qué decir. Pero a la pregunta de por qué viajar a la Costa Brava, ya sea en verano o en cualquier época del año, las respuestas caen solas unas con otras. Su patrimonio histórico, su rica gastronomía, una cantidad ingente de playas formidables, sus festivales y, sobre todo, representar como ninguna la esencia misma del Mediterráneo que cantó Serrat al mundo, son algunas de ellas. Por Calella de Palafrugell, los caminos de ronda, un suculento aperitivo en Cadaqués, la escultura milenaria de Asclepio sobre las ruinas de Ampurias y un brindis al mar en Cap de Creus con la caída del sol. Ventanas entreabiertas y romances en los que interviene la brisa, noches de pasión, carcajadas de Dalí. La tierra del eterno verano capaz de involucrarse de lleno en la felicidad de quien llega hasta ella.

Una ventana entreabierta en Calella de Palafrugell (Costa Brava, Girona)

Muchas son las razones para viajar a la Costa Brava. Tantas que lo realmente complicado es no terminar este artículo sin sucumbir a la tentación de buscar días libres en el calendario.  Leer artículo completo ➜

Por los campos de lavanda en Brihuega (¿Dónde, cómo y cuándo ver la floración?)

Pocos hubiesen imaginado hace no demasiado tiempo que, apenas a una hora de Madrid, en la localidad de Brihuega (Guadalajara), existiera una gran superficie de campos de lavanda capaz de convertir a esta parte de la comarca de La Alcarria en un pedacito de La Provenza. El color morado se encarga de teñir unos paisajes bucólicos e inspiradores en cuanto la floración se hace presente bien entrado el mes de julio. Es entonces el momento de percibir el aroma de la lavanda, el espliego o los lavandines (la hibridación de ambos vegetales) y, por tanto, dejarse llevar por angostos carriles de tierra perfumada. Los campos de lavanda en Brihuega, insigne jardín alcarreño, se ponen de gala en esta época del año, atrayendo la presencia de un buen número entusiastas de la fotografía, parejas romanticonas y amantes de las puestas de sol más sublimes.

Campos de lavanda en Brihuega (Guadalajara)

El propio pueblo de Brihuega, que bien merece ser conocido en cualquier época del año, se acicala con los colores de de esta flor decorando calles, plazas y escaparates, montando mercados de carácter provenzal y organizando un Festival de la lavanda en los días previos a la siega. Dado que la floración de los campos de lavanda en Brihuega tiene una vida corta, me gustaría mostrarte dónde, cómo y cuándo exactamente se puede ver este espectáculo que la naturaleza ofrece en la siempre apetecible provincia de Guadalajara.  Leer artículo completo ➜

10 imprescindibles que ver en Marsella (Breve guía para una escapada)

La ciudad más antigua de Francia ha sido, es y será uno de los puertos clave para comprender las rutas marítimas en el Mediterráneo. Mucho antes incluso de que los romanos llamaran a éste Mare Nostrum la vieja Masalia griega se erigía como un importante núcleo comercial que no detendría su expansión. Hoy Marsella, sólo superada por París en cuanto a número de habitantes en tierras francesas, se sigue abriendo al mundo desde su vieux port a Notre-Dame de La Garde constituyéndose como una escapada urbana repleta de propuestas apetecibles para toda clase de perfiles viajeros. Y que, además, no da su espalda a un entorno natural sorprendente cargado de idílicas playas protegidas por afilados acantilados como sucede en el macizo (y Parque Nacional) de Les Calanques. Cobijarse en las fachadas provenzales del inimitable barrio de Le Panier, entender la cultura mediterránea en sus museos, probar buenos pescados en el puerto, trasladarse al medievo en la abadía de San Víctor, recorrer la ciudad en bicicleta, buscar el mejor atardecer sobre en la hierba del Palais du Pharo, navegar e ir de calas son algunas de las muchas cosas que se pueden hacer en Marsella, la capital de la región Provenza-Alpes-Costa Azul.

El Fuerte de Saint Jean y el nuevo MUCEM son dos imprescindibles que ver en Marsella

Si no conoces todavía la ciudad que enarbola el himno de Francia, te invito a que descubras lo mejor que ver en Marsella (o que hacer en ella) a través de una serie de pistas que pueden dar pie a una escapada más que recomendable (o incluso para una escala de crucero). Incluso si ya ha estado te aseguro, que si las sigues, no vas a poder evitar que Manresa te fascine tanto como a mí.  Leer artículo completo ➜

Miradores de Venecia: ¿Dónde están las mejores vistas de la ciudad de los canales?

Venecia se paseó con la pluma de Marco Polo como principio y fin de sus grandes viajes. Tintoretto se dejó la vida adornándola como si fuese su propia capilla. Giacomo Casanova la utilizó como hogar de sus muchos flirteos. Y Canaletto nos la dibujó a todo color para convertirla en inmortal. Pero son los viajeros de hoy día quienes cuentan con la gran la suerte de disfrutar de la ciudad de los canales a través de la búsqueda de rincones que les dejen perplejos. Y los hay muchos, casi a cada paso. Pero, ¿dónde se encuentran realmente las mejores vistas de Venecia? ¿Cuáles son esos miradores venecianos en los cuales poder deleitarse de panorámicas sublimes?

Scala Contarini del Bovolo. ¿Las mejores vistas de Venecia?

Tras viajar a Venecia por segunda vez os traemos varios miradores de Venecia desde los que contemplar la ciudad con las perspectivas mejor intencionadas. Una recopilación de lugares en los que asomarse y fotografiar uno de esos paisajes urbanos que se quedan con todas tus palabras.  Leer artículo completo ➜

Aix-en-Provence, el lienzo de Cézanne en la Provenza

Se empeñaba el genio Paul Cézanne en asegurar que si bien un museo como el Louvre debía ser el libro en el que muchos pintores aprendían a leer, no parecía de recibo contentarse con retener las fórmulas de sus predecesores sino que era necesario salir de él para estudiar la hermosa naturaleza. Esa era la obsesión del posimpresionista que decidió dar un paso más para saltar antes que nadie al siglo XX y ser, sin saberlo, el padre de nuevos maestros. La naturaleza, la luz transformada en color y ésta en el medio idóneo para lograr la perspectiva de las obras. Pero su Louvre particular, su inspiración, estaría en la ciudad de la Provenza que le vería nacer. Allí donde el arte se respira en cada fachada, en cada callejón, abrazada por un entorno bucólico y verde con la montaña de Sainte-Victoire imponiéndose en la campiña. Sólo Aix-en-Provence podía ser lienzo y a la vez caballete de una de las grandes figuras del arte. Tenía, sin lugar a dudas, mucho de donde beber en esta ciudad encantadora situada apenas a unos minutos de Marsella y que representa como pocas la verdadera esencia provenzal.

Taller de Cézanne en Aix-en-Provence (Francia)

Hoy Aix-en-Provence es parada y fonda de todo viaje a la Provenza que se precie. Con un casco histórico encantador y cuidado, mercados callejeros, ese soplo de vida que provocan sus cafés y terrazas a rebosar encalles, plazas y jardines o algunos de los mejores museos de arte de toda Francia es, al igual que su peculiar catedral, una composición desenfadada de estilos que encajan perfectamente en las expectativas del espectador. No hace falta ser Cézanne para darse cuenta de lo mucho que hay que ver en Aix-en-Provence y su prodigioso entorno antes de proseguir la ruta y seguir empapándose de la luz en la que se inspiraron no pocos artistas.  Leer artículo completo ➜

Un paseo por Nimes, la ciudad más romana de Francia

No sería en absoluto arriesgado asegurar que Nimes se trata de la ciudad más romana de Francia (seguida muy cerca de Arlés, eso sí). Mucha culpa tiene para ello que la antiguamente conocida como Nemausus mantenga tanto el anfiteatro como el templo en el mejor estado de conservación posible, así como numerosos restos con más de 2000 años de antigüedad. Pero Nimes va mucho más allá de su pasado romano, en realidad. La ciudad occitana dibuja en un entramado urbano pequeño, coqueto y manejable, la metáfora perfecta de la buena vida y costumbres de la cultura mediterránea. Entre recios e imponentes monumentos teje una red de callejuelas estrechas que se desahogan en gruesos bulevares y frondosos jardines garantes de un cada vez más valioso anonimato ciudadano. Aquí gusta el terraceo, ir de tapas y se vive con fervor la afición por la tauromaquia. Lo mismo da incluso Picasso que José Tomás. Se escucha hablar el castellano en calles y cafés con cierta soltura y el sonido de las guitarras viaja por los balcones en las largas noches de feria. Porque, en efecto, a esta ciudad le va la marcha.

Maison Carrée, uno de los lugares imprescindibles que ver en Nimes (Francia)

Puente de Occitania con una Provenza que le queda muy próxima, se condimenta con un poquito de Roma, otro poco de España, una buena pizca de Francia y mucho de la cultura del Mediterráneo. El resultado, un plato delicioso e ideal para saborear en una y mil escapadas al sudeste francés. El resto de los ingredientes vienen en forma de ideas a continuación, donde trataré de narrar como pueda, tras dos viajes diferentes a esta ciudad, diez lugares que ver en Nimes y que para mí son indiscutibles. Lo mejor para aprovechar un viaje a esa ciudad que tiene por escudo un cocodrilo encadenado a una palmera y que unta brandada de bacalao para el aperitivo.  Leer artículo completo ➜

Los pueblos más bonitos que ver en el Alentejo (Portugal)

Desconozco si es por cómo la luz es capaz de tintar sus extensos dominios, desde la dehesa hasta el océano, o por cómo el tiempo ha ennoblecido las calles desgastadas de paredes blancas, y en ocasiones también azules, dotándolas con la pátina del encanto. O quizás por la nostalgia que imprimen los rincones auténticos, casi paralizados en la misma hoja del calendario. Sus pueblos amurallados, sus castillos de frontera, los reflejos matutinos del río Guadiana y el Lago Alqueva, el dorado de playas desiertas, ese porco a la alentejana que sabe a gloria y el recuerdo a los que no están ya en estrambóticas capillas levantadas con sus propios huesos. Por eso, y mucho más, no me canso de regresar una y otra vez a la región del Alentejo que, para mí, representa mejor que ninguna la esencia misma de Portugal.

Calle de Monsaraz (Alentejo, Portugal)

El Alentejo y el turismo rural forman un magnífico equipo. Si bien su capital, Évora, es un auténtica belleza, son, en realidad, sus pueblos quienes gozan de un merecido protagonismo. Sobre ellos precisamente trata el artículo de hoy, de mostrar una selección (completamente subjetiva, como siempre) de los que para mí son los pueblos más bonitos que ver en el Alentejo, tanto de interior como de costa, y así fundamentar las claves para modelar un viaje apasionante de varios días por la región portuguesa.  Leer artículo completo ➜