El castillo de Zafra, soberbio escenario de Juego de Tronos en Guadalajara

¿Quién hubiera imaginado que una de las localizaciones más extraordinarias de Juego de Tronos tendría lugar en la fría y solitaria Sierra de Caldereros de Guadalajara? ¿Y que el castillo de Zafra se convertiría en un icono soberbio de toda esta historia? Situado en un lugar absolutamente despoblado, de inviernos siberianos y silencios ventosos, el considerado entre los castillos más hermosos y desconocidos de cuantos existen en España atrajo al equipo de la famosa serie de la HBO para trabajar en importantes escenas de la sexta temporada. Sin duda no es de extrañar que les llamara tanto la atención tanto la fortaleza como este entorno situado en el extremo oriental de la provincia de Guadalajara, a pocos kilómetros de territorio aragonés. Lo raro es que tanta gente de este país no supiera de su existencia antes.

Castillo de Zafra (Guadalajara). Es la Torre de la Alegría de Juego de Tronos

Dentro de una ruta por el corazón del Señorío de Molina en la que visitamos Molina de Aragón o el Barranco de la Hoz, nos desplazamos hasta el castillo de Zafra para disfrutar a solas de un increíble escenario capaz de trasladarnos a la Edad Media y que corresponde en la ficción a la Torre de la Alegría de Juego de TronosLeer artículo completo ➜

Rumbo a Benín y Togo, las raíces africanas de la religión vudú

Ya tengo el equipaje preparado. El pasaporte se ocupa de proteger la cartilla de vacunaciones. La cámara de fotos con todas sus baterías cargadas y tantas tarjetas de memoria que me daría para todo un año. Salgo con la ilusión comparable a quien realiza su primer viaje. Porque África es, sencillamente, otra cosa. Porque esta vez el rumbo tomado me llevará a dos pequeños países subsaharianos clavados en el occidente del gran continente negro. Benín y Togo. Togo y Benín. Una pareja cuyos nombres inspiran reinos olvidados, tribus que conservan sus tradiciones ancestrales, el poso del vudú en tradiciones y danzas ininteligibles que traspasan la propia conciencia, el apego a la naturaleza, a lo que emerge de la tierra, ese recuerdo omnipresente hacia los antecesores. Viajo, y en buena compañía, en busca de las raíces de una religión que traspasó el Atlántico hasta tocar a América. Porque en aquellos barcos de oscuridad, podredumbre y miedo que se dirigían a las plantaciones, iba a bordo una semilla muy poderosa cuyo fruto está hoy más presente y arraigado que nunca.

Mujer en un mercado de África occidental (Rumbo a Togo y Benín)

Está a punto de arrancar (ya cuento las horas para aterrizar) un viaje a Benín y Togo con un buen amigo y de la mano de anfitrión de lujo que nos introducirá a escenarios que jamás hubiésemos podido imaginar. Él será la llave que nos abrirá las puertas de lugares asombrosos, de los poblados y, por supuesto, de sus ceremonias.  Leer artículo completo ➜

Un verano en Groenlandia

Las noches de verano en Groenlandia invitan a ponerse el antifaz para dormir porque la luz no llega apagarse del todo en esos cielos rasos acostumbrados a la luz de las auroras boreales, las cuales empiezan a tocar las ventanas ya a finales del mes de agosto. El calor del saco sirve en estos casos para amortiguar los rigores de un frescor estival del todo insuficiente para mantener la nieve y que permite disfrutar por unas semanas de las verdes y floridas praderas junto al fiordo. Razón que explica que cuando los primeros vikingos liderados por el gran Erik el Rojo llegaron a esta parte del mundo y fundaron en el año 985 la primera colonia en la aldea de Brattahlíð (ahora llamada Qassiarsuk), denominaran Grønland (que significa país verde) a un inmenso territorio que navega entre el Atlántico y el Ártico. Aún no conocían el durísimo invierno groenlandés y vieron en el estío una buena oportunidad de iniciar una nueva vida. Quienes amamos los viajes y, sobre todo, los relacionados con la naturaleza en su faceta más salvaje, el verano es la ocasión idónea que nos permite conocer un poco mejor y transitar por ese gran planeta polar llamado Groenlandia.

Campamento Fletanes en Qaleraliq (Verano en Groenlandia)

Cada día en el sur de Groenlandia deparaba momentos extraordinarios. A la pregunta de – ¿Qué hacemos hoy? – sobrevolaban numerosas respuestas, a cada cual mejor. Como caminar con crampones en un glaciar, navegar por un fiordo repleto de icebergs, acercarnos a un grupo de renos salvajes, dejarnos llevar en un kayak o saber a qué huele la carne de foca en un mercado inuit en el que parecen estar demasiado acostumbrados a los turistas.  Leer artículo completo ➜

Los mejores momentos del regreso a Santo Tomé y Príncipe

Hay algo aún mejor que contemplar el paraíso por primera vez. Y eso sólo es REGRESAR AL PARAÍSO. Pasar del impacto original sin apenas masticar a saborear lentamente las cosas, a digerir los recuerdos a través de nuevas certezas y, por supuesto, continuar aprendiendo de ese lugar donde fuiste inmensamente feliz. Eso es lo que ha significado para mí volver a viajar a Santo Tomé y Príncipe. Un año más tarde de encontrar y escudriñar uno de los rincones más espectaculares y desconocidos de África, he tenido la oportunidad de recorrer de nuevo el archipiélago, pero además con una compañía excelente que le ha añadido el máximo colorido posible. Y es que pude por fin cumplir el sueño de realizar mi primer viaje de autor y llevar de la mano a un grupo de gente que profesa verdadera pasión por los viajes y, sobre todo, excelentes personas, que confiaron en mí para mostrarles más allá de la pantalla de un ordenador o de un teléfono todo eso que conté hace ya algún tiempo sobre Santo Tomé y Príncipe. El edén isleño donde tienen cabida profundas selvas, playas vírgenes, sonrisas infinitas y restos decadentes de su largo pasado colonial nos estaba esperando con su pose más radiante.

El primer grupo de españoles que viajó a Santo Tomé y Príncipe en un viaje de autor (Al fondo el Pico Cao Grande)

Durante este segundo viaje a Santo Tomé y Príncipe junto a un grupo excepcional he podido profundizar más en estas deliciosas islas de chocolate situadas en el Golfo de Guinea. Pero, sobre todo, deleitarme con sus miradas primerizas, de cómo se iban enamorando poco a poco de un destino que, sin saberlo, ya les ha marcado de por vida. Porque nunca basta con tocar el paraíso con la yema de los dedos. Este país ya se quedará en su nuestro corazón para siempre. Y sabremos en qué pensar cuando alguien nos esté hablando sobre el paraíso de sus sueños. Porque qué nosotros, en cierto modo, ya estuvimos en él…   Leer artículo completo ➜

Un paseo por Irlanda del Norte (8 imprescindibles que ver en Irlanda del Norte)

Cuánto me gusta y me inspira el aroma a hierba mojada. Qué sugerente me parece caminar por una calle a la que le ha golpeado la lluvia, con finura pero con insistencia, o admirar un castillo al que la niebla se ha empeñado en engullir sin, tan siquiera, pedir permiso. Y lo hermoso que resulta asomarse a un acantilado de cuya frontera el único responsable es el océano. Con un panorama de rocas pedregosas y oscuras osando perturbar un oleaje furibundo. Horizonte de islotes anónimos nacidos por un antiquísimo vertido de lava donde tan sólo las aves marinas son capaces de mediar. ¡Vaya, no me doy cuenta y ya estoy de nuevo viajando con los ojos cerrados! ¿Por qué será que la imaginación me ha traído algunas de esas estampas que pude disfrutar en una ocasión en Irlanda del Norte? ¿Quizás es porque estamos en la víspera de San Patricio y el color verde me ha cegado con tréboles de tres hojas? Me da que esto debe ser obra de un Leprechaun, ese duendecillo travieso con sombrero de copa alta que se ha sentado junto a mi mesa y me está recordando el paseo que dimos juntos en Irlanda del Norte buscando escenarios de la serie Juego de Tronos, los mejores ángulos para disfrutar de la Calzada del Gigante, las huellas del Titanic en Belfast y un sinfín de perspectivas de vértigo en uno de esos territorios que convierten una escapada en algo grande.

Paisaje de Irlanda del Norte (Qué ver en Irlanda del Norte)

¿Qué ver en Irlanda del Norte? ¿Cuáles son esos imprescindibles para hacer durante un viaje al plató real de Invernalia? Os propongo, en esta ocasión, dar un breve paseo conmigo (y con el Leprechaun) para contaros esos lugares que deberíais tener en cuenta si en algún momento tenéis pensado viajar a Irlanda del Norte. No importa cuándo porque cualquier época del año es buena para descubrir las esencias de la Irlanda más septentrional. Incluso aunque seáis como yo y no os guste la cerveza. Aunque, eso sí, no lo digáis muy alto.  Leer artículo completo ➜

Así son los paisajes que nos esperan en la Expedición Kamchatka

Ya va quedando menos para la Expedición Kamchatka. En menos de cuatro meses, concretamente el próximo 9 de agosto de 2019, arranca uno de esos viajes que prometen dejarnos sin palabras. Nos espera el extremo oriental de Siberia, un último confín en tierras rusas donde los auténticos reyes, o mejor dicho zares, son sus majestades los volcanes. Y es que pocos lugares del mundo concentran tal densidad de conos volcánicos, con nada menos que treinta considerados activos. Si a eso le sumamos su aislamiento y la vida salvaje que se despliega en esta península (con decenas de miles de osos) que tiene que ver más con Alaska de lo que cualquiera hubiéramos imaginado, es imposible no sentir la emoción ante todos los grandes momentos que están por suceder. Aún quedan algunas plazas disponibles para unirse a esta aventura. Dos semanas trepidantes para descubrir uno de los rincones más remotos e indómitos de nuestro planeta. Para esos indecisos e indecisas que aún están dándole vueltas a ser miembros de esta expedición única me gustaría compartir un vídeo de Alexander Pavlov con imágenes grabadas con drone en Kamchatka que resulten, cuanto menos, convincentes.

Si ves el vídeo, aunque sea una sola vez, realmente queda muy poco por decir. Hay trenes que pasan una vez en la vida y yo ya me he subido a uno con destino… KAMCHATKA. Pero queda sitio para que tú también te subas… Leer artículo completo ➜

Los placeres de viajar a Noruega en invierno

Siempre he pensado que Noruega es un destino que merece la pena todo el año. Y, aunque la cantidad de horas de luz hacen tremendamente atractivos a la primavera y el verano, debo reconocer que me apasiona sobremanera viajar a Noruega en invierno. Porque cuando permanece cubierta con un grueso manto de nieve da la sensación de que los paisajes, los tejados y los instantes se tornan en pura magia. Quizás se pueda explicar por esas reconstituyentes chimeneas en una idílica cabaña de madera o porque cuanto más arriba nos desplacemos surge en los cielos el suave caminar de las auroras boreales.

Caminando por la nieve. Un clásico de viajar a Noruega en invierno

La presencia de las luces del norte, una travesía en trineo de perros en Laponia o la posibilidad de dormir en un hotel de hielo son algunos de los placeres que se vuelven posibles cuando realizas un viaje a Noruega en invierno. A continuación podéis ver algunas ideas para sacarle partido a uno de esos destinos del mundo en los que se puede disfrutar (y mucho) del frío.  Leer artículo completo ➜

Ruta por las maravillas de Campo de Calatrava (Ciudad Real)

Siempre que puedas, dame carreteras secundarias por las que vagar sin rumbo. Las autopistas son demasiado aburridas, demasiado previsibles. Me apasiona viajar en coche y perderme por los vericuetos del interior de España para buscar la sorpresa, disfrutar de ciertos escenarios costumbristas que aún permanecen vivos (y no sólo en los recuerdos de los largos trayectos de infancia), tomar desvíos improvisados y aprender sobre lo mucho que esconden ciertos destinos. Para eso reconozco que La Mancha siempre me ha parecido un filón, por lo que su llanura, que no es eterna puesto que la región también goza de montañas y estupendos humedales, se ha convertido en uno de mis destinos predilectos para escapadas, a menudo solitarias, donde el kilometraje sumado es lo de menos. Últimamente estoy muy volcado con Ciudad Real, una provincia que merece muchos más capítulos de los que obtiene en los medios de comunicación turísticos. Siempre que puedo, repito. No hace demasiado pude llevar a cabo un recorrido apenas planificado en la comarca histórica y ciudadrealeña de Campo de Calatrava que me hizo recordar las palabras de la poetisa francesa Anne Hébert quien aseguraba que no había que preguntarse a dónde llevan las carreteras, sino que es por el trayecto por lo que se emprende el viaje. Llámalo Ítaca, llámalo “un lugar de La Mancha”, pero ahí está dibujada la clave de quienes viajan por pura pasión y terminan encontrando lo que no sabían que estaban buscando.

Grullas en las Tablas de Daimiel (Ciudad Real)

Hoy me gustaría compartir una ruta medio improvisada a través de algunas de las maravillas que pude ver en Campo de Calatrava, así como en lugares aledaños la comarca. Y, como es debido, utilizando esas kilométricas y solitarias carreteras secundarias que se pierden en el horizonte manchego donde suceden lagunas volcánicas, formidables castillos medievales que sirvieron de lanza y escudo a la Orden de Calatrava, la cual da nombre a la comarca. O la hermosa plaza porticada de Almagro, una de las construcciones prehistóricas más inverosímiles de la Península Ibérica como es Motilla del Azuer o ese humedal de humedales conocido como las Tablas de Daimiel convertido en refugio de miles de aves acuáticas.   Leer artículo completo ➜

Charlas sobre Kamchatka en Madrid y Barcelona. ¡Vente!

Hace algunas semanas anuncié las fechas e itinerario de la Expedición Kamchatka 2019 que tendrá lugar el próximo mes de agosto. La respuesta fue inmediata y en los primeros días se agotaron la mitad de las plazas disponibles para formar parte de un viaje a uno de los destinos más salvajes y espectaculares del planeta. El oriente de Siberia, o para otros conocido como “la Alaska rusa”, nos está esperando con su naturaleza radiante, esa amalgama incomparable de volcanes activos y la sensación entusiasta de caminar por este territorio indómito donde los osos y otras especies campan a sus anchas en un paisaje modelado por los caprichos de la naturaleza. Vamos a ascender a cráteres, atisbar fumarolas y también glaciares, caminar por bosques petrificados y salir a la búsqueda del gran oso pardo en la época a la que acude en masa a los ríos y lagos para pescar salmones. En definitiva, vamos a vivir una aventura única en la vida.

Paisaje de Kamchatka

Roberto Carlos López Seixas y yo, quienes nos hemos lanzado a liderar esta expedición al último confín ruso, hablaremos de las particularidades de este viaje a Kamchatka en sendas charlas que tendrán lugar tanto en Madrid (12 de marzo) como en Barcelona (13 de marzo) en las tiendas de Pangea allí presentes. Y no tengas duda de que te estaremos esperando… a ti.  Leer artículo completo ➜

12 cosas que ver y hacer en Córdoba (Guía para primerizos)

Escribiría Luis de Góngora sobre su Córdoba natal que “nunca merezcan mis ausentes ojos ver tu muro, tus torres y tu río, tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!”. Los restos de este gran jugador del lenguaje, cuyos versos de filigrana y oro alcanzaron la cumbre de las letras españolas, reposan en una capilla de la Mezquita-Catedral, pasando desapercibidos y durmientes en esa foresta de más de un millar de columnas y trescientos sesenta y cinco arcos de herradura en dos colores. Córdoba está repleto de ilustres. Además de Góngora podemos hablar de Séneca, Maimónides, Averroes, Almanzor, el Duque de Rivas, Julio Romero de Torres y muchos otros que dieron lustre a la ciudad andaluza. Su esencia permanece, de una forma u otra, en ese laberinto que representa su hermosísima judería, en los cientos de patios floridos y perfumados tras recios portones, en el puente romano y las viejas murallas, de la puerta de Almodóvar a la cuesta del Bailío, en la algarabía de la Corredera y en el brindis surgido en sus mil tabernas típicas o en el aroma de los naranjos. Siempre con la mezquita como testigo, con la determinación de saberse uno de los edificios religiosos más maravillosos e impactantes de todo el mundo, donde el arte un día tocó techo y sus visitantes se sienten precisamente cómodos en esa cima.

Mezquita-catedral de Córdoba (Qué ver en Córdoba)

Resulta difícil no enamorarse de Córdoba, de no hacerla tuya aunque hayas nacido a cientos o miles de kilómetros. Recuerdo que, aún siendo adolescente, cuando recorrí la ciudad por primera vez y entré a la mezquita, pensé que no volvería a ver nada parecido, que aquello era insuperable y alcanzable por muy pocos lugares. Hoy, veinte años más tarde y con casi un centenar de países en la mochila de recuerdos, me reafirmo de aquello. Precisamente dedicada a personas como yo, de flechazo y enamoramiento fácil, he preparado una guía rápida para primerizos con lo mejor que ver y hacer en Córdoba en una escapada de dos o tres días días. Con todos esos lugares que nos llevan a los ojos ausentes de Góngora y a unos alrededores que bien merecen una visita.  Leer artículo completo ➜

10 lugares del mundo donde padecer el Síndrome de Stendhal

Hace 200 años Stendhal, uno de los mejores escritores que nos han dado las letras francesas, le hizo una visita a la ciudad italiana de Florencia. Cuando alcanzó la basílica de la Santa Croce, el autor de “Rojo y negro”, empezó a sufrir mareos acompañados de una cierta sensación de éxtasis y desequilibrio. Preocupado por su reacción, acudió al médico, pues deseaba conocer qué le había podido suceder. Un doctor le dijo que lo único de lo que padecía era de “sobredosis de belleza”. Nacía así el conocido como Síndrome de Stendhal, un cúmulo de sensaciones que a viajeros y viajeras, amantes del arte y de los lugares históricos, les puede llevar a tener un reflejo psicosomático y corporal, aunque normalmente positivo, tras una gran saturación de escenarios tan hermosos como fascinantes en un breve espacio de tiempo. Hoy esta expresión ha saltado de la psicología a los efectos contrastados que muchos rincones extraordinarios de nuestro planeta son capaces de inducir a quienes los visitan.

Palacio de Potala (Lhasa, Tíbet)

Si eres una de esas personas, entre las que me incluyo, que se emocionan cuando viajan a ciertos sitios dotados de grandiosidad y belleza, no te pierdas esta selección de 10 lugares del mundo donde “sufrir” el Síndrome de Stendhal y derramar alguna que otra lágrima. Monumentalidad y arte de la mano porque nunca está de más que, de vez en cuando, se exalte el encanto de lo sublime… lo irrepetible.  Leer artículo completo ➜