El Sáhara más inédito en el Egipto de los desiertos

Desierto Líbico (cerca de Peter & Paul, Egipto)

Cuando la Expedición Kamal fue recibida a los pies de las pirámides se puso el punto y final a una de las grandes aventuras de mi vida en el Sáhara más desconocido. Este viaje al Gilf Kebir y a Jebel Uweinat, entre otros, me mostró lo más puro, salvaje y auténtico de un desierto fascinante y a la vez remoto. La inaccesibilidad y lejanía con respecto al Valle del Nilo hace que las expediciones aquí sigan teniendo el aroma nostálgico de los exploradores de los siglos XIX y principios del XX con Hassanein, el Príncipe Kamal o László Almásy como máximos exponentes, puesto que supieron amar el desierto como a su propia vida y metro a metro nos lo contaron con suma destreza. Seguir sus pasos y penetrar en lo más hondo del Desierto Líbico durante dos largas semanas con un operativo que no se llevaba a cabo desde la II Guerra Mundial me ha enseñado muchas lecciones, y no sólo de geografía o arqueología junto a los mejores, sino también a saber formar una familia comprometida y unida que se gestó en la que probablemente sea la región más árida y extrema del Planeta. Leer artículo completo ➜

Comienza en Egipto la Expedición Kamal: Rumbo al Sáhara desconocido

Uno sueña desde pequeño con vivir cosas así. Después de semanas de incertidumbre, papeleos y libros manoseados me embarco en una aventura fabulosa al Desierto Occidental de Egipto. Partiré al mítico y poco accesible Desierto Líbico, siguiendo las huellas del Príncipe Kamal el Din, que en los años veinte renunció a reinar su país para dedicarse a explorar lugares insólitos, descubriendo y poniéndole nombre a la Meseta de Gilf Kebir. Justo donde poco después el aventurero László Almásy, más conocido por «El Paciente inglés» hallaría unas cuevas rupestres con dibujos de nadadores que demostrarían que hace miles de años el Sáhara no fue un desierto. Aquella fue parte de su ansiada búsqueda del Oasis de Zerzura del que había una Leyenda antiquísima, y que se encontraría anclado en esa meseta pedregosa ahora bañada por un mar de dunas. El propio Almásy, cuyo mecenas había sido el Príncipe Kamal, dedicaría un coqueto monumento conmemorativo en la propia Gilf Kebir a la muerte de éste hace algo más de ochenta años.

Expedición Kamal

Será un viaje que no haré solo, ya que estaré bien acompañado de arqueólogos, geólogos, científicos y demás aventureros que formarán parte de una expedición inédita que busca iluminar los pasos de Kamal, Almásy y muchos otros personajes que se abrieron paso en este rincón inhóspito, solitario y hermoso al mismo tiempo. Leer artículo completo ➜