De ruta en Quetzaltenango, la Guatemala de sangre caliente

Quetzaltenango es de sangre caliente. No sólo porque su suelo esté en constante ebullición al encontrarse en una zona esencialmente volcánica, sino también por una rebeldía innata mantenida por las tres cuartas partes de población de origen indígena. Cuentan que éste fue era lugar de quetzales y de ahí deriva su nombre, aunque a los guatemaltecos les gusta llamarlo Xela derivando en quiché a Xelahú. Hoy en día, además de la segunda ciudad en importancia de Guatemala tras la capital, es el nombre de un Departamento o provincia en que viajar resulta una experiencia fabulosa, quizás por ser mucho más íntima e inédita. Y es que posee lugares nada masificados en los que la autenticidad y su carácter nativo te capturan a través de sensaciones no descritas en multitud de libros de viajes. Por eso precisamente recorrer Quetzaltenango es una continua sorpresa en la que siempre se parte con cierta ventaja.

Escena en el Mercado de Almolonga (Guatemala)

Enmarcado en el último viaje a Guatemala me aventuré a conocer algunos de los lugares que hay que ver en Quetzaltenango, en la amable y vaporosa Xela, donde el término «típico» tiene sólo una connotación local. A continuación describiré los movimientos de una ruta que quizás pueda servir a otros viajeros que deseen profundizar en ciertos rincones de Guatemala cargados de verdad.

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Paseo fotográfico por el mercado de Almolonga

Si tuviera que decantarme por el lugar que, con toda probabilidad, me impactó más de toda Guatemala diría que éste se trata del mercado de Almolonga. En el corazón de un pequeño pueblo de mayoría quiché situado en el Departamento de Quetzaltenango se levanta más temprano que el sol un mercado de hortalizas y frutas donde se venden los productos recolectados en esta parte del mundo. Un mundo cargado de infinidad escenas emocionales en las que el objetivo de la cámara no puede dar abasto para retratar el colorido y la verdad que se respira en los rostros y atuendos típicos de una población indígena viviendo su día a día. En Almolonga no hay trampa ni cartón, tan sólo el inmenso y apreciado valor de lo cotidiano.

Escena de madre e hijo en el mercado de Almolonga (Guatemala)

Y, como sobran las palabras, he pensado que sería mejor disfrutar juntos de un paseo fotográfico por el mercado de Almolonga y saborear instantes que no se han separado un minuto de mi memoria. Las personas, siendo ellas mismas, son las que mejor nos pueden contar de qué se trata el que personalmente se trata mi rincón preferido de Guatemala. Leer artículo completo ➜