Comienza en Egipto la Expedición Kamal: Rumbo al Sáhara desconocido

Uno sueña desde pequeño con vivir cosas así. Después de semanas de incertidumbre, papeleos y libros manoseados me embarco en una aventura fabulosa al Desierto Occidental de Egipto. Partiré al mítico y poco accesible Desierto Líbico, siguiendo las huellas del Príncipe Kamal el Din, que en los años veinte renunció a reinar su país para dedicarse a explorar lugares insólitos, descubriendo y poniéndole nombre a la Meseta de Gilf Kebir. Justo donde poco después el aventurero László Almásy, más conocido por «El Paciente inglés» hallaría unas cuevas rupestres con dibujos de nadadores que demostrarían que hace miles de años el Sáhara no fue un desierto. Aquella fue parte de su ansiada búsqueda del Oasis de Zerzura del que había una Leyenda antiquísima, y que se encontraría anclado en esa meseta pedregosa ahora bañada por un mar de dunas. El propio Almásy, cuyo mecenas había sido el Príncipe Kamal, dedicaría un coqueto monumento conmemorativo en la propia Gilf Kebir a la muerte de éste hace algo más de ochenta años.

Expedición Kamal

Será un viaje que no haré solo, ya que estaré bien acompañado de arqueólogos, geólogos, científicos y demás aventureros que formarán parte de una expedición inédita que busca iluminar los pasos de Kamal, Almásy y muchos otros personajes que se abrieron paso en este rincón inhóspito, solitario y hermoso al mismo tiempo. Leer artículo completo ➜

Sur de Túnez: Entre Oasis y Desiertos (Parte 2 de 2)

2 de enero de 2010: RUMBO AL DESIERTO ROJO

Después de una nochevieja bizarra y un año nuevo en los oasis de montaña teníamos por delante un día bastante completo. El objetivo máximo era llegar al mar de dunas de Ksar Ghilane, donde el desierto del Sáhara se vuelve rojo e infinito. Pero antes traspasaríamos Chott El Djerid, el lago salado más grande del continente africano, y ejerceríamos de Tuaregs en Douz montando en camello. Cuatro jinetes en una divertida e intensa aventura desértica en los parajes más impresionantes del país. El Sur de Túnez nos estaba deparando un viaje fantástico en un 2010 que recién había comenzado a andar. Y este día, sin duda, fue el más completo de todos.
A las 7:30 de la mañana habíamos abandonado nuestra base de operaciones de Tozeur. El cielo, despejado a más no poder, nos vio partir de la ciudad del palmeral utilizando la carretera a Kebili. No harían falta más que quince minutos para entrar de lleno en el extraordinario Lago Salado, un lugar «de otro planeta»…

Leer artículo completo ➜