Crónicas de un viaje a Indonesia 3: Borobudur y Dieng Plateau

7 de julio: BOROBUDUR O EL CAMINO A LA VERDAD; DIENG O LA CHIMENEA DE AZUFRE

Para mí un lugar GRANDIOSO con mayúsculas, es aquel que logra arrebatarme el habla, elevar mi ritmo cardíaco, ponerme la carne de gallina e incluso los ojos vidriosos. Que cuando lo tengo delante el sosiego se convierte en una conmoción casi incontrolable y el mero hecho de llegar hasta allí justifica todos los esfuerzos empleados para hacerlo. El sentido de viajar se impulsa gracias a la belleza del mundo, capaz de regalar momentos de incuestionable emoción. Pero no son tantos los lugares GRANDIOSOS con mayúsculas. Sólo unos pocos, en función de cada persona, logran transmitir esa sensación de felicidad no contenida y vulnerabilidad ante un empequeñecimiento progresivo del «Yo» para ser tan sólo una pieza ínfima de un puzzle casi infinito. Y eso es algo que vi nítidamente reflejado en Borobudur.

Porque Borobudur logró emocionarme como pocos. El monumento budista más grande del mundo, levantado sobre una colina del centro de Java hace más de un milenio,  contiene todos los elementos que lo elevan a las cotas más altas de la Belleza y la Pureza, del Arte visto como la representación de lo intangible, de una idea que muestra cómo llegar al último estado de la perfección, cómo alcanzar el Nirvana.

Aquel 7 de julio de 2010 anduvimos por el Camino a la Verdad última, viajamos a través de distintas etapas del Ser Humano cinceladas delicadamente en la piedra por los artesanos celestiales. Borobudur, donde estuvimos desde primera hora de la mañana, dio paso después a otro lugar de Java más remoto situado en las alturas, Dieng Plateau, donde la Tierra late a ritmo de volcán y de fumarolas con un humo continuo y agua hirviente buscando la superficie. Leer artículo completo ➜