Jaipur, la ciudad rosa del Rajastán

Rajastán es otro mundo dentro de ese enorme e increíble país llamado India. Posee algunas de las ciudades más atractivas y fotogénicas del país, desiertos que parecen eternos y una idiosincrasia propia que convierte a este Estado en algo peculiar. La ciudad Jaipur suele utilizarse como puerta de entrada al Rajastán y constituye uno de los primeros pasos que suelen dar los viajeros que visitan India por primera vez. Y, sin duda, es un buen comienzo porque Jaipur tiene un poco de todo por lo que uno se decanta a descubrir el país. La ciudad rosa, que de esa manera se la conoce popularmente, enamora rincón a rincón, siempre que se supere el efecto caótico que a algunos viajeros les agarra desprevenidos.

Palacio de los vientos de Jaipur (India)

¿Qué ver en Jaipur? ¿Cuáles son esos lugares que no nos podemos perder de la capital rajastaní? Os propongo salir a conocerla juntos dando un breve paseo y descubriendo rincones que merecen la pena.  Leer artículo completo ➜

India 2009: Crónica de un viaje iniciático (Capítulo 2)

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11 DE ABRIL: AMBER A LOMOS DE UN ELEFANTE, LOS CENOTAFIOS REALES Y EL TEMPLO DE LOS MONOS

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Leyendo el titular de este día uno puede pensar que estoy hablando de una de esas muchas novelas de aventura que narran las hazañas de intrépidos exploradores, de Willy Fogg o del Indiana Jones de turno. Nada más «próximo» a la realidad. En India no es complicado sentirse un «Héroe de Leyenda» (HdS dixit) si se exprimen las posibilidades casi ilimitadas que ofrece al viajero y que, por muy peliculeras que parezcan, son verdaderas y exóticas a partes iguales.

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India 2009: Crónica de un viaje iniciático (Capítulo 1)

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9 DE ABRIL: UN DÍA EN LAS NUBES (Esto parece que empieza)

Se terminaron las conjeturas, las dudas, los temores, las gestiones de última hora. La fase siempre enriquecedora del pre-viaje puso su final durante la madrugada del 8 al 9 de abril donde sólo debía esperar que llegara la hora para marchar. Mi primer vuelo del día, Madrid-Ámsterdam (KLM) estaba previsto para las seis de la mañana, por lo que debía estar en el Aeropuerto aproximadamente dos horas antes para facturar. Eso nos lleva a las cuatro. Las calles aún sin poner y yo con un sueño que no me tenía en pie.

Barajas estaba realmente solitario, irreconocible. Aburrida espera, impaciencia por subirme al avión y poder dormir al menos un rato antes de llegar a Schiphol, el Aeropuerto Internacional de Ámsterdam, mi escala.

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