Los reflejos azules de Samarkanda II

Cuenta la Leyenda que una de las muchas esposas de Tamerlán, Bibi Khanum, quiso hacer un gran regalo a su marido mientras éste se encontraba en una de sus largas campañas militares, y mandó construir en Samarkanda la Mezquita más grande y ornamentada que jamás hubiesen visto sus ojos. Los mejores artesanos trabajaron en hacerla realmente hermosa, empleándose incluso zafiros y turquesas para engalanar tan magna obra. Pero cuando estaba a punto de terminarse, el arquitecto de la Mezquita, que se había enamorado de la mujer del conquistador, le pidió a ésta que si quería ver culminado su gran regalo debía darle al menos un beso. Ella, al principio, se negó y le ofreció la mujer que quisiera en Samarkanda, pero él no aceptó a ninguna otra que no fuera ella. Finalmente, ya que estaba próximo el regreso de Tamerlán, Bibi Khanum dijo sí a la proposición del arquitecto y le besó, aunque no inocentemente. Ambos se besaron con una pasión incontenible, tanto que él le mordió en los labios dejándole una pequeña marca. Cuando poco después volvió Tamerlán de la guerra y vio a la que era su mujer favorita del harén, se entusiasmó con el regalo que le había preparado, pero astuto de él, se dio cuenta de que la señal que tenía en los labios se la había hecho otro hombre. Sin decir nada, subió con ella a uno de los minaretes con la excusa de observar las estrellas juntos. Y fue ahí donde Amir Timur, Tamerlán, perpetró su venganza, empujándola desde las alturas para acabar con su vida. Hoy la Mezquita lleva el nombre de Bibi Khanum y aún su enorme cúpula azul turquesa llora la muerte de la infortunada esposa.

La de Bibi Khanum es una de las muchas Leyendas e historias que recorren los rincones de Samarkanda más allá de la Plaza del Registán. En este post vamos a comprobar cómo la más emblemática de las ciudades de Asia Central es poseedora de tesoros grandiosos esparcidos dentro de su dibujo soviético. Shah-i-Zinda, el Mausoleo Gur-e Amir o la propia Mezquita en la que Tamerlán sufrió su traición, son los ejemplos de que además del Registán (del que ya hablamos), Samarkanda tiene lugares magníficos donde la Ruta de la Seda vuelve a revivir con todo su fulgor. Leer artículo completo ➜

Los reflejos azules de Samarkanda I

No tiene mar pero es azul. Las olas son las curvas de las cúpulas que brillan en el horizonte de la ciudad con mayor esplendor de la Ruta de la Seda. Susurrar Samarkanda es homenajear al más mítico y hermoso de los nombres que un lugar puede poseer. El camino de los viajeros siempre se detiene aquí, en el Universo del conquistador Tamerlán, en la encrucijada de culturas, de saberes, de lenguas venidas de aquí y de allá… Las corrientes de Oriente y Occidente confluyen en una ciudad mecida por la seda y las palabras de los más grandes. Cuando Alejandro Magno la vio por primera vez dijo: «Todo lo que había oído sobre Samarkanda es verdad, excepto que es mas hermosa de lo que había imaginado». Y eso que aún no existía el Registán, ni Bibi Khanum, ni Gur-e-Amir ni tantas joyas timúridas que resplandecen robándole protagonismo al mismo cielo.

Samarkanda no es sólo un lugar físico. Representa como ninguna la migración del saber a todos los confines del mundo. Hubo un momento en que todas las ideas confluían en ella, en su Plaza…el Registán. Superviviente de mil y una contiendas, siempre resguardó sus tesoros incluso de la sovietización express a la que fue sometida, al igual que tuvieron que hacer otras en Uzbekistán. Nadie osó robarle al mundo el alma aún nómada que se posa en los azulejos turquesas que consiguen hipnotizarte con sus destellos. Samarkanda es Leyenda. Y no tiene mar, pero es azul… Leer artículo completo ➜