Crónicas de un viaje a Indonesia 4: Orangutanes en Borneo

CAPÍTULO ESPECIAL SOBRE NUESTRA EXPERIENCIA EN BORNEO JUNTO A LOS ORANGUTANES

Creo que sé de la existencia de Borneo casi desde que tengo uso de razón. Siempre he asociado a esta isla con grandísimas aventuras de exploradores que lograron internarse en sus profundas selvas en búsqueda de tesoros y riquezas, encontrándose con fieras de afilados colmillos y tribus que cortaban sin reparo las cabezas de sus enemigos, quienes recibían a sus nuevos invitados apuntándoles con sus arcos o con sus cerbatanas de dardos impregnados en veneno mortal. Para mí era un punto en un mapa en medio del mar al que sólo podían acceder los viajeros más grandes y valientes, capaces de enfrentarse a un reto diferente a cada minuto, un lugar exótico y desconocido salvo por unos pocos. Más adelante profundicé sobre Borneo y aprendí que sus selvas poseían una biodiversidad en la que cabían las especies más variopintas, muchas de las cuales sólo vivían en la isla y en ningún lugar del mundo más. Detrás de esa maraña boscosa casi impenetrable se ocultan panteras, elefantes pigmeos, osos malayos, gigantescos cocodrilos, pitones y, por supuesto, orangutanes.

Cuando planteé este viaje a Indonesia regresé a todas estas ensoñaciones infantiles e incluí, como era de recibo, a Borneo en P1150394la hoja de ruta. La provincia indonesia de Kalimantan, que ocupa dos terceras partes de la isla, no podía quedarse atrás. Preparamos, entonces, una breve pero intensa aventura en Tanjung Puting, una zona selvática irrigada por los ríos Kumai y Sekonyer en la cual sobreviven algunos de los últimos ejemplares de orangután existentes en el mundo. Estos grandes simios únicamente habitan parte de Borneo y del Norte de Sumatra, estando destinados, si nadie lo impide, a una extinción no demasiado lejana. Una de nuestras mayores ilusiones era, sin duda alguna, poder estar cerca de ellos y poder disfrutar observándolos caminar, trepar a los árboles, comer, proteger a sus crías, etc… En resumen, poder verlos vivir en paz. Ellos se habían convertido en una razón de ser para nuestro viaje. Y de hecho terminarían regalándonos uno de los momentos más maravillosos e inolvidables de nuestras vidas.

Fueron tres días de plenitud abordo de una embarcación (klotok) con la que surcamos las arterias fluviales de Tanjung Puting, a la vista no sólo de los simpáticos orangutanes sino también de monos narigudos, macacos, varanos nadadores y un sinfín de animales que nos ofrecieron sus cánticos cada noche. En este relato pretendo contaros nuestra magnífica experiencia en este pedacito de selva virgen de esa Borneo exótica y que aún me hace soñar. Pero en esta ocasión pretendo primen las imágenes a las palabras. Porque poco puedo contar yo que no os cuente la mirada tierna de un orangután recién nacido. Es por ello que este se va a convertir de pleno derecho en la crónica con más fotografías y vídeos de todas las existentes en elrincondesele.com hasta el momento. Serán unos simples apuntes escritos los que adornen las imágenes congeladas de un vivencia que nos ha marcado profundamente. Ya no hay remedio. Nuestro corazón se quedó en Borneo. Leer artículo completo ➜

Crónica de un viaje a Camboya y Singapur: Final en Mondulkiri

31 de marzo: TREKKING EN ELEFANTE POR LA SELVA DE MONDULKIRI

Es apasionante entrar en la selva y perderse en la frondosidad de una vegetación infinita que esconde el origen mismo de la vida. Dentro de ella se plasma la verdadera esencia del mundo, la Naturaleza virgen, de la cual todos y cada uno de nosotros procedemos. Los bosques de Mondulkiri abrazan esta idea albergando todavía especies animales tales como tigres, osos o leopardos, que se ocultan tras la espesura y ya apenas se dejan ver. En realidad deben ser muy pocos los que quedan, y quienes los siguen están convencidos de que estos tratan de aferrarse a la vida como pueden, y por ello huyen a lo más profundo de su mundo para no saber nunca más del hombre, causante de todos sus males. Nadie conoce mejor estos bosques que los Pnong, que desde tiempos ancestrales han confraternizado con la Naturaleza, la cual además les proporcionó un amigo fiel para toda la vida, el elefante.

Entonces, ¿qué mejor manera de penetrar la selva de Mondulkiri que hacerlo con quienes mejor la conocen y a lomos de un elefante? Esa fue precisamente la aventura que tuve la oportunidad de vivir, gozar e incluso en algunos momentos maldecir. Porque un viaje tiene mucho de todo eso, de bendito y de maldito, me tocó probar ambos elixires en un sendero de ida y vuelta al interior de la Naturaleza más pura de Camboya. He aquí pues un espisodio inolvidable de una historia que iba llegando a su final. Leer artículo completo ➜