Crónicas de un viaje a Bulgaria y Macedonia 1: Absolut Sofia

6 de noviembre: GOOD NIGHT SOFIA

La tarde-noche del sábado fue testigo de nuestra llegada a Sofia. Las calles de la capital de Bulgaria nos recibieron en silencio. Nuestros pasos sobre el empedrado de una carretera por la que únicamente circulaban taxis y viejos tranvías marcaban un improvisada ruta a pie por lo para nosotros era un mundo nuevo, un puzzle desordenado en el que bastarían unas horas para ir encajando piezas. Siempre que llego a una ciudad nueva para mí tengo tengo la impresión de que me va a costar hacerme con ella, de que quizás en esta ocasión no va a ser demasiado fácil abrir cada una de las puertas a los distintos espacios, a las calles de extraños nombres y a los monumentos más destacados. Esa sensación de incertidumbre y a la vez pasión por descubrir un lugar en el que nunca he estado se convierte en un reto. Pero poco a poco, paso a paso, van apareciendo piezas y más piezas hasta que de repente creo darme cuenta que más o menos he logrado hacerme con la ciudad. Sofia, por fortuna, nos dejó ver sus cartas muy pronto.

Teníamos un par de días para transitar por esta ciudad de corte clásico decimonónico con rasgos imperecederos de los tiempos no tan lejanos del comunismo, que custodian joyas bizantinas u otomanas ancladas en el pasado. En Sofia el grave canto de un sacerdote ortodoxo traspasa el humo de más de mil velas en una iglesia cualquiera, mientras allá afuera todo huele a cambio, a una constante e inevitable apertura a la Europa actual. Leer artículo completo ➜