Tajo Internacional, el último refugio transfronterizo

De los más de mil kilómetros que recorre río Tajo antes de fenecer en Lisboa son los cincuenta que separan Alcántara y Cedillo los que sirven de barrera natural entre dos países como España y Portugal. Si uno mira los mapas, existe la sensación de que el suroeste de la provincia de Cáceres olisquea con su nariz afilada los bosques mediterráneos y dehesas portuguesas. En este tramo de frontera tan privilegiado el Tajo vive su recorrido más abrupto, solitario y salvaje también el más insólito. Bien lo saben las cigüeñas negras, los buitres, alimoches y águilas que encuentran un refugio seguro en los riscos de pizarra y el mejor altar en sus cielos luminosos y limpios que secundan el curso fluvial. Desde 2016 el proclamado Parque Natural Tajo Internacional es, además, Reserva de la biosfera por la UNESCO, pero es su carácter transfronterizo el bendito culpable de proporcionar al visitante un viaje apasionante y menos concurrido de lo que cabría imaginar. Quien acude a este destino indómito no lo hace sólo para acudir en busca de paisajes hilarantes, sino además para saborear una fusión extraordinaria de elementos y matices históricos, monumentales, culturales e incluso culinarios que merecen todo el reconocimiento.

Paisaje del Parque Natural Tajo Internacional, el primer parque transfronterizo de Europa

¿Por qué viajar al Parque Natural Tajo Internacional? ¿Qué tiene entre manos la ribera salvaje y rayana del río más largo de la Península Ibérica entre Extremadura y Portugal? Un viaje por completo improvisado me llevó a desvelar las claves del último refugio transfronterizo y sonreír ante la frontera líquida que no separa sino une a dos países hermanos.  Leer artículo completo ➜