La tecnología que viene en aviones de pasajeros y aeropuertos

Hace tiempo que algunos que crecimos viendo las aventuras de Marty McFly dejamos de imaginar ese futuro lejano y que nunca llega de coches voladores y calzado deportivo que se abrocha solo. La aparición de internet se ha ocupado desde el principio de dibujar el futuro cada día. Y el corto y medio plazo se han vuelto la mar de interesantes. En lo que nos ocupa a nosotros, los viajes y el turismo, sobra decir que se han visto impactados enormemente por las nuevas tecnologías que nos afectan a la hora de reservar, de informarnos sobre un destino, de realizar trámites online que antes eran un engorro y de comunicarnos con los demás estando de viaje. No sé si somos o seremos capaces de asimilar todos los cambios que estamos teniendo en muy poco tiempo. Como poder compartir con tus amigos una foto tomada cinco segundos antes y en alta resolución desde la otra punta del planeta (incluso cuando sobrevuelas Zimbabwe), o tener una videoconferencia con tus padres sentados en el salón de casa mientras tú estás tomándote algo, por ejemplo, en una izakaya de Tokyo (y además gratis). O entrar a un avión sin haber necesitado imprimir un solo papel. No nos engañemos, no hace tanto que podemos hacer eso.

Robot Spencer en el aeropuerto de Ámsterdam-Schiphol

Recientemente estuve en un evento de innovación y tecnología aplicable a las compañías aéreas y espacios aeroportuarios y se pusieron sobre la mesa elementos como la realidad aumentada o virtual, la robótica, la biometría y los asientos inteligentes y configurables con un smartphone. Elementos de un futuro más inmediato de lo que nos podamos imaginar.  Leer artículo completo ➜

No me gustan los aeropuertos

No me gustan los aeropuertos. ¡Ya lo he dicho! Lo pienso desde siempre, y me da exactamente igual haber estado en incontables ocasiones y ser, al fin y al cabo, la lanzadera a casi todos mis viajes. Los considero un inevitable daño colateral dentro de cada aventura. Como la diarrea, el mal de altura, los taxistas timadores y quienes te enganchan del brazo para que veas el género de su tienda en cualquier zoco del mundo. Para mí un aeropuerto es como un café con mal sabor que se bebe en vaso de plástico y te lo cobran como el oro. Pero un café que hay que beberse por narices y con el que hay que llevarse bien porque sin él, muchas veces, no llega la recompensa final.

Hoy me he puesto el disfraz de gruñón y tengo intención de poner los puntos sobre las ies. Desenmascararé a los aeropuertos del mundo con las razones que hacen que no me lleve del todo bien con ellos. Nos miramos de reojo pero no nos hablamos. Porque sencillamente no siempre el roce hace el cariño. Leer artículo completo ➜