Un vídeo homenaje al Transmongoliano

Ocurrió en el verano de 2005. Catorce amigos del barrio nos juntamos para hacer un apasionante recorrido en tren desde Berlín hasta la ciudad china de Shanghai. Eminentemente seguimos la ruta del Transmongoliano para cruzar Rusia, Mongolia y China. De este viaje siempre he considerado que ha sido sido una de las mejores experiencias que he tenido en mi vida. Y no sólo por todo lo que pude ver sino también por las personas con las que tuve el placer de compartirlo. Esto es algo que ya he comentado en el relato Transiberiano 2005 donde hace tiempo resumí esta aventura. O incluso en una amena y larga entrevista radiofónica en Radio Gáldar.

Hoy, por tanto, no voy a hablaros de los visados, de los trenes o de las muchas anécdotas que generó este viaje. Hoy os voy a presentar un vídeo de aproximadamente seis minutos que elaboró mi amigo Jesulen como un pequeño collage de imágenes y vivencias casi cinco años después de nuestro regreso. Es un vídeo divertido, gamberro y que es capaz de arrancar más de una sonrisa. Me llegó hace tiempo pero aún no lo había incluido al Rincón de Sele. Es momento ahora de mostraros un pequeño homenaje al más asombroso recorrido terrestre que se puede hacer hoy en día. Y sobre todo un gran homenaje a todos los que pudimos disfrutarlo y que lo llevamos grabado en la memoria desde entonces.

 

El vídeo comienza en el instante en que tuvimos la mala suerte de despistarnos en Xi´an y perder un tren. Después hace un repaso fotográfico con música y termina con unas escenas en el Desierto del Gobi bastante divertidas y consecuentes con lo bien que lo estábamos pasando en esos instantes. Mejor no os cuento más y lo véis directamente, ¿no?

 

 

Agradezco que Jesulen tuviera el detalle y el tiempo de hacer este montaje. Realmente sé lo que significó todo aquello y esta ha sido una forma espléndida de volver atrás al que probablemente fuera el mejor mes de mi vida.

Menudo viaje…

Transiberiano 2005

Si hay un viaje que supuso un antes y un después a mi voraz ansia de conocer mundo, éste es el denominado Transiberiano que llevé a cabo junto a mis amigos del barrio en el verano de 2005. Y no sólo cambió mi ambición viajera sino que influyó en mi forma de mirar las cosas, de establecer objetivos y de saber marcar el camino a una temporada que no había sido fácil. Quizá por inesperado, por las fantásticas personas con las que lo hice, por el momento de mi vida en que me encontraba y por ser un recorrido tan excitante como llamativo, puedo decir que fue el viaje de mi vida. Superarlo supone una dificultad casi extrema, aunque por supuesto, no cesaré en mi empeño de sentirme igual de feliz, igual de vivo… Me abrió los ojos y desde entonces no los he vuelto a cerrar.

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