Crónicas de un viaje a Sri Lanka (3): Sigiriya y la senda de los elefantes

La diversidad cultural, natural y de ocio en Sri Lanka es asombrosa. Para muestra todo lo vivido en un sólo día de P1190981intensidad brutal. Temprano, antes de que el Sol nos estrangulara con sus rayos, ascendimos la Roca de Sigiriya, quizás el baluarte monumental más poderoso del país que, aprovechando su espigada forma nacida de una erupción volcánica, sirvió de palacio, fortaleza e incluso monasterio, al que se podía por unas escaleras flanqueadas por grandes garras de pieda que subían hasta las fauces de un león gigante. En ningún modo es algo fantástico e irreal sino una verdad que se puede palpar y saborear en esta lengua rocosa y vertical rodeada de selva, la cual asegura un «vértigo» emocional al viajero que gozará desentrañando algunos de sus enigmas. Sigiriya, cuyo nombre viene a decir «la Roca del León», nos hizo sudar y suspirar al mismo tiempo mientras nos veíamos inmersos en una película de aventuras al más puro Indiana Jones.

Pero en Sigiriya no acabó la cosa. Porque en apenas unas horas nos encontrábamos subidos sin montura alguna sobreP1200070 el lomo de un elefante que nos llevó a atravesar lentamente un humedal en compañía de las garzas y otras aves en busca de comida. Y como no debió bastarnos, nos subimos a un jeep para observar de cerca manadas de elefantes y búfalos salvajes en mitad de un territorio boscoso tan verde como exhuberante. Decenas de paquidermos protagonizaron un safari apasionante dentro de una red de senderos de barro que sólo se puede hacer de forma segura con un vehículo tracción a las cuatro ruedas. La Naturaleza más vibrante salió de sus escondrijos para mostrarse sin complejos y reivindicar una de las facetas más agradecidas de un país en el que los límites no parecen existir.

Esa dualidad entre un patrimonio cultural-natural tan rico es el secreto mejor guardado de Sri Lanka. ¿Cómo puede dar tanto de sí una sola isla casi inapreciable en los atlas y mapamundis?

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Crónica de un viaje a Camboya y Singapur: Final en Mondulkiri

31 de marzo: TREKKING EN ELEFANTE POR LA SELVA DE MONDULKIRI

Es apasionante entrar en la selva y perderse en la frondosidad de una vegetación infinita que esconde el origen mismo de la vida. Dentro de ella se plasma la verdadera esencia del mundo, la Naturaleza virgen, de la cual todos y cada uno de nosotros procedemos. Los bosques de Mondulkiri abrazan esta idea albergando todavía especies animales tales como tigres, osos o leopardos, que se ocultan tras la espesura y ya apenas se dejan ver. En realidad deben ser muy pocos los que quedan, y quienes los siguen están convencidos de que estos tratan de aferrarse a la vida como pueden, y por ello huyen a lo más profundo de su mundo para no saber nunca más del hombre, causante de todos sus males. Nadie conoce mejor estos bosques que los Pnong, que desde tiempos ancestrales han confraternizado con la Naturaleza, la cual además les proporcionó un amigo fiel para toda la vida, el elefante.

Entonces, ¿qué mejor manera de penetrar la selva de Mondulkiri que hacerlo con quienes mejor la conocen y a lomos de un elefante? Esa fue precisamente la aventura que tuve la oportunidad de vivir, gozar e incluso en algunos momentos maldecir. Porque un viaje tiene mucho de todo eso, de bendito y de maldito, me tocó probar ambos elixires en un sendero de ida y vuelta al interior de la Naturaleza más pura de Camboya. He aquí pues un espisodio inolvidable de una historia que iba llegando a su final. Leer artículo completo ➜

India 2009: Crónica de un viaje iniciático (Capítulo 2)

Cabecera Viaje India por ti.

11 DE ABRIL: AMBER A LOMOS DE UN ELEFANTE, LOS CENOTAFIOS REALES Y EL TEMPLO DE LOS MONOS

P1050357 por ti.

Leyendo el titular de este día uno puede pensar que estoy hablando de una de esas muchas novelas de aventura que narran las hazañas de intrépidos exploradores, de Willy Fogg o del Indiana Jones de turno. Nada más «próximo» a la realidad. En India no es complicado sentirse un «Héroe de Leyenda» (HdS dixit) si se exprimen las posibilidades casi ilimitadas que ofrece al viajero y que, por muy peliculeras que parezcan, son verdaderas y exóticas a partes iguales.

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