Snorkeling en la Playa de Las Canteras (Las Palmas de Gran Canaria)

Confieso que la primera vez que me dijeron que en la Playa de Las Canteras, la más emblemática de Las Palmas de Gran Canaria, se podía practicar muy buen snorkeling junto a la orilla, no me lo terminé de creer del todo. ¿Pero cómo va a haber tanta vida marina en una playa urbana? – me preguntaba. Sin duda, reaccioné como un auténtico iluso porque cuando metí la cabeza bajo el agua, nada más ponerme las aletas y las gafas de bucear, me di cuenta que lo que me habían contado era una verdad incluso por debajo de la realidad. Aquel fabuloso paisaje marino no tenía que envidiar a muchos otros que había podido disfrutar en Asia o Caribe. Era como si, de repente, me hubiese metido en un acuario. Un acuario en el que, por supuesto, no tenía demasiadas ganas de salir.

Haciendo snorkeling en la Playa de Las Canteras (Las Palmas de Gran Canaria)

Perdí la cuenta de la enorme diversidad de peces que pude ver, algunos de muy vivos colores, y el tiempo voló en aquel aleteo como si una hora y media se hubiese convertido en apenas un minuto. No me quedó otra que reconocer, y lo hago con gusto, que en la Playa de Las Canteras hice un snorkeling de categoría, de lo mejor que he podido disfrutar en las costas españolas.  Leer artículo completo ➜

La ruta de Amanece que no es poco (Pueblos y escenarios de la película en la Sierra del Segura)

En 1988 el rodaje de “Amanece que no es poco”, dirigida por el albaceteño José Luis Cuerda, removió los cimientos del humor con una pátina tan surrealista y genialmente absurda que terminó convirtiéndose en una película de culto. Aquel pueblo inventado de misa diaria, en el que llueve arroz de Calasparra, se hace flashback a petición del alcalde, los borrachos se desdoblan y los hortelanos bajan al bancal cantando madrigales, existe realmente. Pero este municipio de mucha cultura, de unas peculiaridades de gran valor y de un folklore muy variado es, en realidad uno y trino. Me explico. En realidad la película se grabó en tres pueblos de la Sierra del Segura en Albacete, concretamente en Aýna, Liétor y Molinicos. Localidades de la conocida como Suiza manchega que nos muestra el corazón más verde y montañoso de la provincia, muy lejos de los tópicos sobre la provincia con los que tanto se ha cebado la ignorancia.

En la taberna de Amanece que no es poco

Hoy día es posible perseguir las huellas y escenarios de la película que entran en lo que se viene a llamar “Ruta de Amanece que no es poco” en la Sierra del Segura. Y pasear a través de callejuelas de tan pintorescos pueblos albaceteños en los que uno puede venir a hablar de Dostoievski, del libre albedrío o hacer una oda a una calabaza sin que nadie se inmute lo más mínimo.  Leer artículo completo ➜

La cripta de las momias de Liétor en el convento de los Carmelitas Descalzos

En la localidad albaceteña de Liétor, en el corazón de la Sierra del Segura, se mantuvo oculto durante cientos de años el secreto que escondía el viejo convento de los Carmelitas Descalzos. Abandonado a su suerte tras la desamortización de Mendizábal de los bienes eclesiásticos y, ya sin monjes que lo habitaran desde 1835, nadie se había percatado de la existencia de varias sepulturas bajo el altar de la iglesia hasta que entraron unos niños de manera casual por una abertura externa y se encontraron que los cuerpos allí yacentes se habían conservado casi íntegros. Las condiciones de la cripta habían sido las causantes de que no quedaran meros huesos apilados sino auténticas momias, con su gesto incorrupto, los ropajes casi intactos o las manos en posición de rezo sosteniendo cruces de madera. Acababan de descubrir la cripta de las momias de Liétor, un espacio fúnebre en el que durante el siglo XVIII habían sido enterrados frailes y otros personajes que habían pagado para contar con el privilegio de ser sepultados debajo del altar.

Una de las momias de Liétor sosteniendo una cruz de madera

Ya hacía mucho tiempo había oído hablar de las momias de Liétor, así que cuando tuve oportunidad de visitar este pueblo mientras estaba de ruta con el coche por la Sierra del Segura y Alcaraz, pedí entrar a la cripta y poderla ver con mis propios ojos.  Leer artículo completo ➜

Estos son mis 15 países preferidos en el mundo para viajar

Siempre hay una pregunta que me persigue allá donde voy: ¿Cuál es tu país o países preferidos en el mundo para viajar? Mientras he podido la he ido dando esquinazo, incluso pronunciando nombres al azar para salir del paso. Con mayor o menor fortuna he tratado de escapar de dar una respuesta como de la peste. Vengo a sentir lo mismo a si tuviera que responder a si quiero más a papá o a mamá. ¡Si es que todos me gustan mucho y a todos volvería una y otra vez! ¿Qué necesidad de elegir entonces? Hasta hoy. Mientras observo cómo nieva por la ventana y doy vueltas al mapamundi toqueteo con la yema de los dedos esos países que me traen recuerdos imborrables, lugares a los que guardo un especial cariño y una necesidad inmensa de perderme por ellos de nuevo.

Templo del Lago Bratan (Bali, Indonesia)

Hoy me comprometo a confesar mis quince países preferidos. Pero guárdame el secreto y no se lo digas a nadie. Preferiría que esto quedara entre tú y yo.  Leer artículo completo ➜

De visita por Las Palmas de Gran Canaria (Qué ver y hacer en la ciudad)

La primera ciudad fundada por la Corona de Castilla fuera del continente europeo (1478) recibió el nombre de El Real de las Palmas. La llegada a América estaba cada vez más próxima. A un costado del barranco del Guiniguada, en el actual barrio histórico de Vegueta, nació una urbe a todo color que contó como huésped a Cristóbal Colón y las sus carabelas en el verano de 1492, desde donde zarpó dispuesto a cambiar el rumbo de la Historia. Hoy día es precisamente esta ciudad, Las Palmas de Gran Canaria, la que ostenta la capacidad de capaz de cambiar el rumbo del visitante, con sus brazos siempre abiertos y la fórmula perfecta para atraerle a su causa. Un agradable casco viejo colonial que sirvió de prueba de fuego a los postreros valores arquitectónicos implantados en el Nuevo Mundo, la brisa del Atlántico enriqueciendo un clima privilegiado los doce meses del año, una extensa playa urbana como Las Canteras donde la vida marina se desenvuelve con naturalidad a tan sólo unos centímetros de la orilla. Y un no parar de acontecimientos culturales y deportivos que, con todo lo anterior, convierten a Las Palmas de Gran Canaria en un destino ideal para escapar de la rutina y dejarse llevar por el latido de este afortunado rincón del archipiélago.

Casa Museo de Colón en la Plaza del Pilar Nuevo (Un imprescindible que ver en Las Palmas de Gran Canaria)

La patria chica de Don Benito Pérez Galdós me permitió sumarme al deleite de descubrir la ciudad como quien lee una novela. Y así supe, con la práctica y pasando las páginas, que hay mucho que ver en Las Palmas de Gran Canaria. Que, además del estereotipo del sol y playa, ofrece razones de peso para querer sacarle su mejor jugo. ¿Me acompañas a conocer la ciudad a través de sus imprescindibles? Veamos por dónde empezar… Leer artículo completo ➜

El castillo de Gormaz, la mayor fortaleza califal en Europa

Entre los siglos X y XI, cuando el río Duero ejercía de difícil frontera entre musulmanes y cristianos, las luchas se sucedían en uno y otro bando. La tan ansiada Reconquista de la Península Ibérica para serle devuelta a la cristiandad pasaba por un hecho o, más bien por un lugar. El castillo de Gormaz, bajo el poder califal y considerado como la fortaleza más grande y poderosa de la Europa medieval, debía ser derrotado. Quien se hiciera con este enclave vital (situado en el interior de la actual provincia de Soria) daría el paso más importante durante los siete siglos de reconquista. Desde lo alto de una colina, protegido por un perímetro amurallado de más de un kilómetro, las huestes árabes vigilaron aquella tierra de nadie que todos ansiaban controlar hasta que se decantó la balanza en el año 1060. Sería bajo el reinado de Fernando I de León cuando la guerra se puso cuesta abajo para los cristianos. Destaca la insigne figura de El Cid Campeador como Señor del castillo dos décadas más tarde. Sin Gormaz ni un califa tan guerrero como Almanzor, hacerse con la totalidad de la península era cuestión de tiempo.

Puerta califal en el Castillo de Gormaz (Soria)

Hoy día las ruinas de la mayor fortaleza califal jamás construida en territorio europeo son la sombra de un pasado de asedios y batallas cruentas. Solitario, olvidado de su propia fama y bajo un sol impenitente restregándose sobre la meseta soriana, el castillo de Gormaz se limita a mirar con sus arcos de herradura como ojos esos campos de Castilla a los que nos llevara la poesía del gran Machado. Su carácter humilde contrasta con su papel en la Historia de España y son los viajeros quienes, extraordinariamente asombrados, devuelven el orgullo a este lugar con piropos y suspiros.  Leer artículo completo ➜

Lo mejor de un viaje a Svalbard en barco: En busca de los osos polares

Toda la vida soñando con un instante y ahí lo teníamos delante de nuestras narices. La proa de nuestra embarcación con la que estábamos haciendo un gran viaje a Svalbard, capaz de avanzar por el hielo como quien rasga una hoja de papel con las tijeras, se había convertido en el mejor punto de observación posible. El mar congelado reflejaba la hilera de huellas que precedieron la escena que teníamos al frente. Una pareja de osos polares, macho y hembra, correteaban sin respiro, se tiraban al agua y, se restregaban en la nieve, ajenos a nuestra presencia. Aquel cortejo tardío entre los grandes depredadores blancos no resulta nada fácil de ver en junio, pero la naturaleza es caprichosa y todo lo que se había resistido en las largas jornadas de navegación bajo una luz perpetua, nos lo regaló en uno de los últimos episodios que discurrieron en el asombroso estrecho de Hinlopen. Así es el Ártico. Así es un viaje de expedición en Svalbard, el lejano archipiélago noruego que coquetea con el Polo Norte incluso más allá del paralelo 80.

Oso polar en Svalbard

Mi cabeza no deja de dar vueltas y más vueltas a aquella aventura. Cierro los ojos y creo seguir sintiendo frío en las manos. Contemplo con nitidez los mejores momentos de un viaje en barco por Svalbard en busca de los grandes osos polares. Como aquella sucesión de glaciares y fiordos, la sensación incomparable e indescriptible de navegar por un mar solidificado y agrietado en color blanco. El eco de aquellas aves marinas que se contaban por decenas de miles en un acantilado de ciencia ficción o las morsas arrastrándose por el suelo y clavando sus colmillos en la arena. Incluso sin el esquivo oso polar, os aseguro que esta aventura ártica me hubiera seguido pareciendo memorable. Leer artículo completo ➜

El instante viajero XXI: La sonrisa del Tíbet

Tibetano haciendo la kora alrededor del Jokhang en Lhasa (Tíbet)

Apenas llevábamos unas horas en Lhasa y estábamos literalmente enganchados a la capital del Tíbet. Por la mañana, bastante temprano, acudimos al templo Jokhang, considerado por los tibetanos como el más sagrado. El humo del incienso perfumaba un ambiente diferente al que no lograba enrarecer ni tan siquiera la gran presencia policial que habíamos visto en los alrededores. Pero lo que resultaba impactante era, sobre todo, el color de la fe de quienes hacían la kora alrededor de este edificio religioso, es decir, rodeaban caminando o incluso arrastrándose por el suelo el mismo una y otra vez en sentido de las agujas del reloj y rezando como si en ello les fuera la vida. Pronto comprendimos que en realidad así lo era. La fe de los tibetanos es la fuerza que les ayuda a resistir, a no doblarse ante la adversidad. No sólo se trata de budismo, sino de una forma de levantarse por la mañana y mirarle a la vida a la cara. En realidad cuentan con la herramienta capaz de desenredar cualquier contratiempo, de desarmar al mayor ejército y colorear cualquier página en blanco y negro. Me refiero a la sonrisa. Y no puedo evitar recordar el gesto maravilloso de un peregrino que nos encontramos cuando estábamos a punto de entrar al Jokhang. Su rostro contagiaba el corazón del emblemático barrio tibetano de Barkhor de inocencia, pureza, amabilidad y, por qué no decirlo, felicidad. Veo imposible obtener un mejor recibimiento que aquel para quienes poníamos nuestros pies en Lhasa por primera vez. El retrato de este personaje anónimo fue la carta de invitación que necesitábamos para sentir que, de forma inevitable, siempre seguiríamos viajando por el mundo pero jamás nos marcharíamos del todo de ese lugar llamado TíbetLeer artículo completo ➜

Guía de lugares increíbles que ver en el norte de Islandia

Hace algunos años, durante mi primer viaje a Islandia, pude hacer la ruta circular en coche siguiendo la mítica Ring Road. Mientras el sur me recibió con un tiempo fantástico y una luz idónea para tomar fotografías, en el norte de Islandia sobrevino un crudísimo temporal de viento y nieve que me obligó escapar y no a recorrerlo en condiciones. Estuve delante de saltos de agua que sólo era capaz de escuchar y no ver, a pesar de tenerlos a escasa distancia. Y desde entonces se me quedó una espinita clavada que tenía que sacar como fuera. De ese modo nació un nuevo viaje centrado exclusivamente en el norte de Islandia, aunque después continuaría con el coche en los Fiordos del oeste así como por Snaefellsnes. Bordeé el Lago Myvatn, un auténtico compendio de vulcanología y ornitología en un mismo lugar. Avisté ballenas en las costas de Húsavík, me asomé a voluminosas cascadas como Dettifoss o Goðafoss, bordeé la península de los Trolls y me bañé en la mejor piscina infinity colgada de un fiordo. Un roadtrip entre fumarolas, campos de lava y encantadores pueblecitos junto al mar. Una aventura en solitario que por fin pude ver culminada con éxito.

Paisaje del norte de Islandia

Hay tal cantidad de lugares increíbles que ver en el norte de Islandia y que formaron parte de mi itinerario que he decidido reunirlos todos (junto a alguno que se me quedó en el tintero) de modo que pueda servir de ayuda a otros viajeros que estén planificando una ruta en coche por el país y deseen conocer algunos de esos sitios que no se deberían perderLeer artículo completo ➜

La Costa de las ballenas en Sudáfrica a vista de avioneta

A poco más de una hora al este de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, nos adentramos en una serie de bahías, playas y acantilados en los que la naturaleza se mide en ballenas, tiburones blancos, pingüinos y leones marinos. Desde Betty´s Bay y a lo largo de casi 200 kilómetros de ruta nace Cape Whale Coast, la Costa de las ballenas, por ser uno de los mejores lugares del mundo para ver a la ballena franca austral. Hermanus o Gansbaai son sus ciudades principales, esta última además base para entrar en una jaula desde la que observar al gran tiburón blanco. El resto es absolutamente salvaje, con playas de gran oleaje, las cuevas en las que vivían los aborígenes sudafricanos de Walker Bay y una colección de flora endémica inusual en la reserva de Grootbos. Esta parte del país, sin duda entre mis favoritas, posee una belleza arrebatadora salpicada por el océano cuyas olas se rompen en un sendero panorámico sin igual el que conviene detenerse. Durante nuestro viaje a Sudáfrica no sólo pudimos vivir en tierra todas estas maravillas, sino también contemplarlas desde el aire abordo de una pequeña avioneta de cuatro plazas con la que sobrevolamos la Costa de las ballenas.

Walker Bay (Costa de las Ballenas, Sudáfrica)

Precisamente de aquella experiencia en avioneta, desde la cual incluso pudimos distinguir la silueta de grandes tiburones blancos, guardo en mi memoria (y en vídeo) uno de los momentos más excitantes y adrenalíticos de todo el viaje. ¡Abróchense los cinturones, que vamos a volar por la Costa de las ballenas y nos esperan rachas de viento!

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Rumbo a Svalbard: Misión oso polar

Hacía muchísimo tiempo que no iniciaba un viaje con tantos nervios. Es como si, de un plumazo, se hubiesen borrado de mi memoria las incontables ocasiones en las que he agarrado el equipaje para marchar al aeropuerto porque un nuevo destino me estaba esperando. Siento, al igual que en los primeros viajes, una tensión temblorosa, la ilusión inocente del aprendiz que nada sabe y todo quiere. La aventura a la que estoy a punto de embarcarme, y que realmente nació hace ya demasiados sueños, es la causante de todas estas emociones de primerizo. Hoy me marcho de viaje al archipiélago de Svalbard, un conjunto de islas noruegas allá bien arriba en el Ártico, rozando las banquisas de hielo del Polo Norte y que se definen en una frase de gran contundencia: “Un lugar habitado por más osos polares que seres humanos”. En este aspecto se basa lo que he venido a llamar “Misión oso polar”. Y es que, probablemente nunca, pueda estar tan cerca del mayor depredador terrestre de nuestro planeta.

Me voy de viaje a Svalbard

Arranca hoy el viaje de mis sueños. Aquel en el que veo ballenas, focas y morsas con un telón de fondo de glaciares, icebergs y montañas escarpadas. Los silencios sonoros del Ártico, a casi un millar kilómetros del Cabo Norte, se suben a un barco de expedición donde seguir y contemplar la estela de los osos polares y demás fauna que se balancea entre los paralelos 78 y 80.  Leer artículo completo ➜