Guía práctica del viaje a Indonesia

Que Indonesia se ha convertido por méritos propios en uno de mis países preferidos es un hecho. Sin duda está entre los países más completos de todos en los que he estado hasta ahora, dado que es capaz de aglutinar todas y cada una de las exigencias que un viajero de la más diversa índole podría tener. Intentaría definir Indonesia con un sinfín de sustantivos y adjetivos con los que terminaría quedándome corto. Selvas, historia, arrecifes de coral, templos, tropical, tribus, arrozales, volcanes, biodiversidad, buceo, trekking o fiestas son los primeros que me vienen a la cabeza. Variopinto y auténtico como pocos, confín de los siete mares y de viejas leyendas de dragones y otras bestias aladas, selva virgen y hogar de etnias casi inaccesibles que imploran su pertenencia a la misma Madre Naturaleza. Al igual que los orangutanes, las panteras o los tigres, que se resignan a ser un mero recuerdo pintado en un lienzo.

Orangután de Borneo (Indonesia)

A lo largo de tres semanas pudimos viajar por Java, Borneo, Bali, Flores y otras islas del archipiélago de Nusa Tenggara como Rinca, Komodo e incluso otras que no son más que una gota de agua en el Océano. Y ahí precisamente quiero que regresemos todos juntos cuanto antes. Es mi intención que podamos revivir nuestra aventura en Indonesia por medio de una guía práctica así como de detalladas crónicas, siempre salpicadas con numerosas imágenes tanto fotográficas como videográficas que pondremos a vuestra disposición. Trataremos de hacer más cortos los miles y miles de kilómetros que nos separan de este paraíso para poder conocerlo mucho mejor y saber qué ver o hacer en Indonesia. Como siempre la intención primera y última de esta recopilación de consejos y relatos busca ayudar a otras almas viajeras que tengan pensado viajar hasta allí más pronto que tarde.

Os animo, por tanto, a que abráis bien los ojos y dejéis sitio en vuestra maleta de sueños a los simpáticos orangutanes, a las noches de eterna sinfonía de Borneo, a las estatuas de Buda cuya mirada se pierde más allá del volcán, a los tejados de paja y bambú de las chozas de los Ngadas, a las afiladas garras de un dragón tan real como la vida misma o a los maravillosos campos de arroz que reverdecen aún más si cabe el paisaje de miles y miles de islas. Muchas veces digo que «Viajar es invertir en vida». Y vida es precisamente lo que Indonesia nos ofrece en su tarro de las esencias.

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Crónicas de un viaje a Indonesia 11: Los dragones de Komodo

ESPECIAL SOBRE LOS DRAGONES DE KOMODO

Antes de verte sabe perfectamente dónde estás. Aunque se encuentre  a varios kilómetros de tí puede olerte, seguir tus pasos, sentir tu miedo. Conoce cómo eres y tiene calculado el tiempo exacto que necesitaría para inmovilizarte, capturarte y comerte vivo. Primero comenzaría desgarrando tus extremidades con el objeto de impedir que pudieras escapar. Ya cuando te tuviera en el suelo, paralizado por el miedo y dolorido por las mordeduras, trataría de saborearte lentamente. Si estuviera solo él te auguraría una muerte lenta y quizás tardarías varios minutos en perder la consciencia antes de de que empezara a digerirte. En el caso de ser varios los que quisieran compartir el botín podrías darte por satisfecho porque tu agonía no sería demasiado larga, ya que entre todos te habrían descuartizado en segundos para asegurarse su parte. Al terminar se marcharían a un lugar apartado con sombra para reposar la comida sintiéndose orgullosos de no haber fallado y haber dejado claro que no hay depredador más fuerte y temido en su Isla. Pongamos que hablo de Dragones y que existen más allá de nuestra imaginación…

Los lugareños conocen a esta especie como Ora, los investigadores como Varanus Komodoensis, su nombre científico. Pero el apelativo que gente utiliza más para denominar a esta criatura es el de Dragón de Komodo. Cualquiera que sea su nombre su presencia es absolutamente real dentro de una serie de islas remotas de Indonesia pertenecientes a la vertiente Oceánica de la Línea trazada por Alfred Russell Wallace en el Siglo XIX. El considerado como el mayor reptil del Planeta habita únicamente las Islas de Komodo, Rinca, Padar y una pequeña parte de la costa occidental de Flores. Sus cerca de tres metros de longitud, sus colmillos afilados, sus fuertes garras y su lengua bífida son algunos rasgos de su temible estampa.

Nunca creí que fuera a tener tan cerca no uno sino varios dragones de Komodo. Viajamos en un barco de pescadores hasta su guarida con objeto de observar sus movimientos y retratarlos, algo que garantizara que jamás olvidaríamos que los vimos con nuestros propios ojos. Aunque en ocasiones mi mente me impida creer que todo aquello fue de verdad. En este post, el último de una larga serie con la que he tratado de narrar nuestras andanzas por Indonesia, conoceremos mucho mejor este animal de tintes mitológicos. No se me ocurre mejor broche para cerrar estas Crónicas… Leer artículo completo ➜

Crónicas de un viaje a Indonesia 10: Los Ngadas de Flores

 

18 de julio: NOS ADENTRAMOS EN LOS POBLADOS TRADICIONALES NGADAS

Uno de los mayores tesoros de la Isla de Flores se mide en valores eminentemente antropológicos. Porque aún es posible visitar poblados tribales en los que tanto la forma como el fondo tratan de ser impermeables a los influjos de la Globalización y los Tiempos modernos. Muchos de los Ngadas que decidieron no irse a vivir a ciudades como Bajawa aún conservan muchas de sus tradiciones en el interior de pequeñas aldeas en las que existe concepción de tribu y se puede percibir toda una serie de particularidades que los definen como Pueblo. Las chozas de paja y bambú, los altares a los ancestros, los amuletos y reliquias colgando de los quicios de unas puertas que nunca se cierran, los ikats de abstractos diseños, los monumentos funerarios o los terraplenes donde se realizan los sacrificios en sangrientos rituales se mezclan con las sonrisas auténticas tanto de niños como de ancianos que aún se sorprenden de los forasteros que penetran en sus dominios.

Acometer una ruta a hermosas aldeas Ngada como Bela, Luba, Bena y Wogo, a la sombra del Volcán Inerie, supuso sumergirnos en lo más remoto y elemental del Ser Humano. Al fin y al cabo viajar es penetrar en la mirada de los demás, conocer sus maneras de vivir y darnos cuenta que en realidad lo que estamos haciendo es aprender de nosotros mismos. Leer artículo completo ➜

Crónicas de un viaje a Indonesia 9: Flores y el Kelimutu

16 de julio: DE BALI A FLORES HAY ALGO MÁS QUE LA LÍNEA DE WALLACE

El galés Alfred Russell Wallace se dio cuenta a mediados del Siglo XIX de que en el Archipiélago malayo (Malasia e Indonesia) había entre islas relativamente cercanas unas diferencias radicales en lo que a orografía y sobre todo, fauna y flora se refería. Entonces plasmó una línea imaginaria que dividía islas a izquierda y derecha de Borneo, Sulawesi y Lombok, y estipuló que en el lado occidental (Java, Sumatra, Bali, etc…) la vegetación y las especies animales eran puramente asiáticas mientras que en el lado oriental (Komodo, Flores, Papúa, Timor, etc …) lo eran más propias de Oceanía. La conocida como Línea de Wallace forma parte de una teoría comunmente aceptada en la que se separa biogeográficamente Eurasia de Australasia. Es una frontera natural, nunca política, debida probablemente a una fosa submarina que pudo ser una barrera impenetrable para especies animales y vegetales autóctonas que evolucionaron por separado. Así Komodo, Flores o Papúa tienen muchas más similitudes a Australia que a la propia isla indonesia de Java. De ese modo cuando uno traspasa esta línea, en realidad está cruzando geográfica y biológicamente Asia y Oceanía.

La Isla de Flores, bautizada así por los portugueses que atracaron sus barcos en ella a principios del Siglo XVI, es un claro ejemplo de este «factor Wallace», de pertenecer a un mundo aparte de lo que habíamos visto durante el viaje. La orografía, las lenguas autóctonas, las creencias, las etnias y razas, las construcciones, las tradiciones e incluso la flora y la fauna son diferencias más que evidentes que nos hicieron comprender que iniciábamos una nueva etapa en nuestra aventura por Indonesia que poco o nada tenía que ver con las anteriores en Java, Borneo y, sobre todo, Bali. Flores, que recorreríamos en coche desde Maumere hasta Labuanbajo, antes de utilizarla como lanzadera marítima a las míticas islas de Komodo o Rinca, se nos mostraría exultantemente bella y en absoluto explotada por el turismo de masas. Su autenticidad no pasó desapercibida para nosotros, que tratamos de implicarnos al máximo para conocer más profundamente unos cambios que denotan que hay de por medio «algo más que la línea de Wallace».

La «Fase de Flores» estaba completamente huérfana de preparación alguna por nuestra parte. No llevábamos planificados los transportes o visitas ni, por supuesto, reservados los alojamientos donde pasar la noche. Teníamos conocimiento de los días con que contábamos, con ciertos lugares que queríamos ir a ver y que en cuanto pusiéramos los pies en la pista del Aeropuerto de Maumere debíamos buscarnos la vida para irnos moviendo en dirección oeste para llegar a las costas occidentales de la Gran Isla. De cómo saliera todo dependíamos absolutamente de la suerte, de lo que Flores estuviese dispuesto a ofrecernos. Que iba a ser mucho, aunque nadie dijo que fuera a ser fácil. Leer artículo completo ➜