¡Submarino nuclear en la Bahía de Avacha! ¡Dejen paso!

Deseo compartir una anécdota un tanto surrealista acaecida hace apenas unas semanas durante la expedición que hicimos a la península de Kamchatka. Breve pero realmente curiosa, de las que no se presentan habitualmente en un viaje. Pero ya se sabe que en territorio ruso lo inusual se hace posible. Todo sucedió haciendo una ruta en barco por la Bahía de Avacha, el lugar escogido en el siglo XVIII por el explorador danés Vitus Bering para fundar una ciudad, Petropavlovsk, desde la cual salir a explorar tanto Alaska como las islas Aleutianas, las cuales ya se sabe formaron parte de la Rusia de los zares hasta que en 1867 la vendieron a los Estados Unidos en el que se considera uno de los negocios más desafortunados de la Historia. En cuanto se abandona la orilla de Petropavlovsk, la clásica ciudad soviética de bloques de hormigón carentes del más mínimo gusto, la cosa cambia y la naturaleza se abre paso por medio de acantilados de basalto, farallones de piedra emergiendo del agua, múltiples volcanes a la vista y la presencia de una cantidad de fauna tremenda. A escasos metros de la orilla se sucede el vuelo de los frailecillos, araos y cormoranes. Aparecen las focas, los leones marinos de Steller y, en ocasiones, incluso las ballenas y las orcas se dejan ver en uno de esos viajes en barco que merecen la pena llevarse a cabo.

Submarino nuclear ruso en la Bahía de Avacha (Kamchatka). De fondo el volcán Vilyuchinsky

Con el jet lag aún reflejado en nuestros rostros, teníamos por delante nuestro un día estupendo y soleado en Kamchatka, un abrir boca repleto de escenas naturales de gran belleza. Y veríamos un montón de animales. Lo que jamás hubiésemos esperado es lo que sobrevino casi al final de la travesía en la Bahía de Avacha. Algo que no se trataba precisamente de un frailecillo.  Leer artículo completo ➜

Querido anecdotario viajero IV

El Diccionario de la lengua española que elabora la Real Academia define anécdota como «relato breve de un hecho curioso que se hace como ilustración, ejemplo o entretenimiento». Esa es la idea precisamente de Querido anecdotario viajero, una sección dedicada a contar hechos curiosos o atípicos en relatos breves. Con el único objeto de servir de entretenimiento a los lectores y lectoras de este blog quienes venís en busca de historias relacionadas con los viajes.

Aldea Ngada en Flores (Indonesia)

Hoy viajaremos hasta Mozambique para pagar una mordida a unos policías borrachos, a una casa indonesia que olía a muerto (y resultaba que lo tenía), a la estepa mongola donde nuestros guías se lucieron con una mentira mayúscula, a Colombia donde tuve ocasión de probar hormigas y a una pedida de mano en una romántica ciudad europea.  Leer artículo completo ➜

Querido anecdotario viajero III

Querido anecdotario viajero. Hoy quiero dejar por escrito una historia sobre una deuda pendiente que contraje en un humilde templo chino, qué sucedió al instante de comprar un billete de avión a una remota isla de África, cuál ha sido la escena de naturaleza más increíble que he visto en toda mi vida o cómo un temporal de nieve me dejó tirado y solo en una carretera islandesa.

Leona comiendo a su presa

Tengo que reconocer que me encanta ponerme al día en esta sección de chascarrillos y curiosidades surgidas en pleno viaje porque me sirve para situarme en estos lugares con sólo cerrar los ojos o repicar con los dedos en el teclado del ordenador. Para que luego digan que lo de viajar se termina cuando llegas a casa…  Leer artículo completo ➜

Querido anecdotario viajero II

Hace poco que iniciamos la sección titulada Querido anecdotario viajero cuyo objeto es recordar algunos de esos sucesos curiosos o atípicos que he tenido la suerte (o bastantes veces la desgracia) de vivir por el mundo. Anécdotas nacidas en los muchos viajes realizados desde que me enfundara la mochila por primera vez y, desde entonces, no parara de hacerlo.

Vaca callejera en la India

Si os gustaron las anécdotas del primer capítulo, hoy os narraré cómo por poco no me pilla una guerra no prevista, cómo hay que mirar bien donde hacemos nuestras necesidades estando de viaje, algunos momentos de terror en un avión, el día que perdí el juicio (y la vergüenza) en un templo de la India o cómo fue el «inolvidable» primer día de playa con nuestro hijo.  Leer artículo completo ➜

Querido anecdotario viajero

No es raro en las conversaciones con amigos, conocidos (y no tan conocidos), que me lleguen casi siempre dos cuestiones concretas sobre los viajes que he tenido la suerte de realizar a lo largo de mi vida. Una de ellas es cuál o cuáles son mis países preferidos, algo de lo que ya me mojé lo suficiente hace unas semanas en este blog (aunque no estoy convencido si diría lo mismo si tengo que redactarlo hoy). La otra tiene que ver con esas anécdotas o curiosidades que me han sucedido estando de viaje. Buena parte de quienes hacen este tipo de preguntas os aseguro que buscan cosas escabrosas, cuanto más chungas mejor. Pero vaya, a día de hoy no he temido aún por mi vida, aunque sí he podido pasar cierto miedo, y no es intención decepcionar al personal ávido de sucesos truculentos contando alguna de estas historias más o menos peculiares.

Tren averiado en Sri Lanka

Más que de asuntos retorcidos o morbosos, hoy me gustaría estrenar nueva sección sección. Su título «Querido anecdotario viajero» y el objetivo, compartir con vosotros algunas anécdotas curiosas, unas más simpáticas y otras no tanto, que tienen que ver con lo que el mundo me ha mostrado hasta ahora y, sobre todo, con cómo me lo ha mostrado. Unas líneas sobre las que hay una buena historia detrás y que, algún día, quien sabe si tomando juntos un café en Madrid, un té a la menta en Marruecos o un chocolate en Groenlandia, conformen una buena ocasión de profundizar mientras conversamos de viajes.   Leer artículo completo ➜