Crónicas de un viaje a Sri Lanka (2): El Buda de Aukana y las Cuevas de Dambulla

P1190855Serendip es el nombre que los árabes le dieron antiguamente a esa Isla del Índico llamada Sri Lanka. Cuando el cuento persa de “Los tres príncipes de Serendip”,  cayó en las manos del británico Horace Walpole, nacía una nueva palabra, hermosa en su pronunciación y más aún en su significado: Serendipia. Dicho cuento narra la historia de estos tres príncipes que siempre descubrían, por accidente o por sagacidad, cosas que no estaban buscando pero que les aportaban un nuevo conocimiento de mayor trascendencia que en lo que realidad requerían sus pesquisas. El término, por tanto, define a esas coincidencias no buscadas en las que se realizan descubrimientos inesperados. Serendipidad, sería entonces la capacidad del sujeto para encontrar soluciones a temas que ni si quiera se había planteado. A Newton, por ejemplo, se le cayó una manzana en la cabeza y fue absolutamente esencial para poder conocer la Ley de la Gravedad. No lo andaba buscando, pero era una persona con curiosidad que supo transformar la suerte o la casualidad en un nuevo descubrimiento.

Sri Lanka, hace justicia a su neologismo, dado que es pura “serendipia”. Día a día, minuto a minuto, el viajero realiza descubrimientos maravillosos que uno no se espera por mucho que haya podido leer o le hayan podido contar. Tomarle el pulso a la isla es un acto de curiosidad innata con un resultado siempre sorprendente que lleva a adentrarse en lugares fantásticos que parecen no ser reales sino recreaciones vivientes de un escenario sólo posible en los libros de aventuras. La búsqueda, el azar, la realidad… el tesoro como final feliz. Así es Sri Lanka, que posee momentos y rincones que en un viaje no tenemos más remedio que traducirlos como hallazgos increíbles.

La Serendipia viajera de este capítulo viene de la mano de un Buda gigante esculpido en una montaña solitaria (Aukana) y de una red de cuevas en la localidad de Dambulla en las que los monjes transformaron lo inhóspito en Arte hace más de dos mil años, creando un lugar mágico e irrepetible.  Dentro de una de estas cuevas dudé si lo que tenía frente a mí formaba parte de la realidad o si era un sueño del que no me quería despertar. Y lo mejor de todo es que aún no lo sé con certeza.

19 de abril: SERENDIPIA EN EL PARAÍSO DEL BUDISMO

A las siete en punto el bueno de Nimal nos esperaba fuera del Hotel Milano Tourist Rest. Unos huevos revueltos, pan con mantequilla y mermelada, además de la indispensable taza de té de cada mañana, nos había servido de sustento antes de dar el adiós definitivo a Anuradhapura. El cielo no mostraba ni rastro de nubes, aunque ya se sabe que una tormenta como la vivida el día anterior se podía formar en menos de lo que cantaba un gallo. Estábamos impacientes por tener delante una jornada apasionante, con una serie de objetivos marcados que agrandarían aún más si cabe el comienzo tan prometedor que estaba teniendo nuestro periplo por tierras cingalesas. La minivan arrancó y salimos dirección sur, donde se encontraban los próximos destinos subrayados en nuestra hoja de ruta.

HOJA DE RUTA DEL DÍA 19 DE ABRIL DE 2011

El recorrido planteado era totalmente asumible para un día sin excesivas apreturas o complicaciones. Queríamos ver, dedicándole el tiempo que hiciera falta, al Buda de Aukana y las cinco cuevas de Dambulla, antes de hospedarnos en Sigiriya, lo más cerca posible de la “Roca del león”. Lo que surgiera por el camino era bienvenido, pero teníamos muy claro que Aukana y, sobre todo, Dambulla, gozaban del protagonismo más indiscutible. Teníamos en cuenta que las previsiones meteorológicas para ese día vaticinaban tormenta por la tarde/noche y que habría que concentrar lo máximo posible hasta más o menos la hora de comer, en torno a las dos y media o tres de la tarde.

El mapa con la ruta que realizaríamos ese día es es el que podéis ver a continuación:

Las distancias y el tiempo empleado en los recorridos (en coche) quedan desglosados de la siguiente manera:

+ Anuradhapura –> Aukana: 50 kilómetros (Entre 1 hora y 1 hora y cuarto de viaje)

+ Aukana–> Dambulla: 40 kilómetros (Algo menos de 1 hora de viaje)

+ Dambulla–> Sigiriya: 20 kilómetros (Aproximadamente 30 minutos de viaje)

En transporte público (sobre todo bus) se pueden hacer estos recorridos, aunque para ello hay que tener en cuenta la limitación de horarios, lo que puede afectar en el tiempo a invertir en los lugares a visitar en cuestión. Si se tienen muchos días para dedicar a la isla es lo aconsejable para aminorar costes de forma importante. Yendo más ajustados se puede contratar un tuk tuk o taxi por un día para hacerlos por un horquilla que iría entre los 4000 y las 6000 Rupias (aprox 24-36 euros), aunque probablemente menos en temporada baja de turistas.

EL GRAN BUDA DE AUKANA

El camino a Aukana, que no fue largo en absoluto, nos trajo algunas que otra escena curiosa, como la de Nimal deteniéndose a rezar ante una figura del Dios elefante Ganesh. A pesar de ser una deidad hindú, en Sri Lanka los budistas respetan, creen y veneran a otras entidades divinas que no forman parte de su religión. Nimal nos explicó que Ganesh protege a los viajeros y a la gente que se desplaza de un lado a otro, y que como conductor que era debía rogarle a este Dios protección en la carretera para sí mismo y para quienes ocuparan su vehículo.

En un trayecto como este dio para ver campos de arroz, tropelías camufladas de adelantamientos e incluso pasar por un Lago artificial de enormes dimensiones, Kala Wewa, que un Rey mandó construir en el Siglo V d.C. Hicimos una parada para ver el tremendo paisaje que nos regalaba el propio lago y los palmerales que había al otro lado, en la que se sobresalían las estupas pertenecientes a templos budistas ocultos tras la vegetación.

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Dejando atrás el Kala Wewa, tomamos una carretera secundaria muy estrecha que nos llevó hasta Aukana, población minúscula que aparece en los mapas por otro de esos descubrimientos importantísimos que se vinieron haciendo en la isla entre los siglos XIX y XX por parte de los ingleses: El Buda de Aukana (también se puede ver escrito como Buda de Avukana).

Nimal nos dejó en un aparcamiento semiembarrado junto a unos establecimientos donde vendían comida. No había absolutamente nadie alrededor. Nos indicó que debíamos subir por un sendero y que de esa forma llegaríamos al Gran Buda en no más de cinco minutos. Así lo hicimos, mientras los langures saltaban por encima nuestro para ir de una rama u otra y sacudían los arbustos que teníamos a izquierda y derecha. Los langures de cola larga son tan habituales en India y Sri Lanka que ya forman parte del paisaje y cuando te has hecho a ellos, lo consideras algo normal, como el que ve a perros y gatos en la calle (aunque con algo más de mala uva cuando quieren).

Pasamos por una caseta donde tuvimos que dejar los zapatos y caminamos hasta un saliente que por fín nos dejó ver claramente la hermosísima figura de Buda de pie que fue esculpida en la Roca en el Siglo V de nuestra Era, en tiempos del Rey Dhatusena. Durante unos segundos nos quedamos parados frente a ella, a unos veinte metros como máximo, sin saber qué decir. Quizás porque impresiona de primeras, porque maravilla de tal manera que hay momentos en los que conviene mantener el silencio y disfrutar de la escena sin más.

El Buda de Aukana está considerado como uno de los mejores ejemplos, sino el mejor, de figuras de Buda en pie que se han esculpido jamás. El artista modeló su obra a partir de la roca y tan sólo el pedestal que hay bajo los pies se talló a parte. La espalda de la estatua permanece unida a la propia roca, lo que demuestra que se erigiera in situ.

La escultura mide 13 metros de altura, lo que te hace sentir minúsculo cuando te vas aproximando a ella. Con suerte se llega a superar el pedestal, pero el resto hay que verlo doblando el cuello hacia arriba. Pablo, con sus casi 2 metros, era como un mosquito comparándolo con el Buda, por lo que yo no debía a aproximarme ni si quiera a ser una pulga. La pose del Buda de Aukana es la conocida como Asisa Mudra, que es la de la bendición levantando la mano derecha. Con la otra sostiene su túnica, dividida en una infinidad de pliegues tan perfectamente modelados que podemos incluso apreciar su suavidad, haciéndonos olvidar que son piedra maciza y no una tela sedosa que se escurriría fácilmente en las yemas de los dedos.

Su rostro adivina cierta placidez, acompañada de firmeza y seguridad que se ven auxiliadas por la rigidez del cuerpo. Por encima del pelo rizado sobresale unaP1190849 llamarada de piedra que representa el estado “iluminado” del que fuera príncipe y se conviertiera en Buda. Este “tocado” precisamente fue lo que dio pie a que hace más de un siglo un británico descubriera la estatua de forma fortuita cuando pasando muy cerca en un viaje en tren apreció cómo sobresalía de unos arbustos y unas enredaderas lo que parecía ser algo más que una piedra de extraña forma. Su curiosidad le llevó a detenerse y demostrar que arrebatándole los “ropajes” compuestos de enredaderas y hojarascas permanecería inalterable una de las estatuas más grandiosas del arte budista. Y nada menos que del Siglo V, lo que le convierte en un ejemplo “único en su especie”.

Parecía como si en cualquier momento los trece metros de escultura fuesen a soltarse definitivamente de la roca para ponerse a caminar. El gigante de piedra, de largos lóbulos, labios carnosos y ojos inexpresivos gobernaba todos nuestros impulsos, nuestras palabras huecas, nuestra impresión aún no asimilada ante semejante poder. Costaba comprender si teníamos su bendición o nos retaba desde su pedestal de piedra ahumado por el humo de las velas encendidas por los peregrinos.

Lentamente, después observar la entrega de ofrendas y los rezos que unas muchachas jóvenes dejaban a los pies del ídolo de Aukana, nos fuimos marchando de allí, con la sensación extraña del que deja atrás algo que sabe nunca va a olvidar.

INFORMACIÓN PRÁCTICA: Para ver el Buda de Aukana tuvimos que pagar 500 Rs (aprox 3€) en concepto de entrada, no siendo válido el Ticket del Triángulo Cultural.

LAS CUEVAS DE DAMBULLA

Tras bebernos litro y medio de agua sin pestañear del calor que estaba empezando a hacer volvimos al coche para iniciar más pronto que tarde el camino hacia Dambulla. Salvo unos minutos en que nos detuvimos frente al Kala Wewa para tomar unas fotos y ver zarpar a los pescadores con estrechísimas canoas de madera, el viaje fue directo. Pasamos por la pequeña ciudad de Kekirawa donde pudimos tomar la carretera A9, más amplia y en mejor estado que la secundaria de Aukana. En total ni una hora necesitamos para llegar a Dambulla, un poco más sofisticada y preparada que la anterior, ya que recibe a turistas tanto locales como extranjeros que no se pierden la visita a las cuevas más famosas de Sri Lanka.

Cuando accedimos al parking desde el cual se sube a las cuevas nos quedamos realmente alucinados con una estatua dorada posada sobre un templo moderno (del 2001), de apariencia más china, japonesa o coreana que cingalesa. Mide unos 15 metros o más, y es una aportación de los japoneses para el recinto desde el que se sube a las cuevas. Está en posición sedente y su cuerpo está recubierto de pintura que imita al oro. Aunque no es una obra artística antigua, el propósito de impresionar al que pasa por delante lo cumple con creces.

En el Complejo más moderno del Golden Temple encontramos también una biblioteca y un museo del budismo, pero no fueron objeto de nuestro interés. Lo que queríamos era iniciar cuanto antes el camino de subida hacia la pared rocosa de la montaña que nos prometía tesoros del Siglo I. Aunque antes tuvimos que pasar por caja y abonar las 1200 Rupias (aprox 7´5€) que nos costó la entrada con la que a la postre accederíamos a las cuevas (Tampoco es válido aquí el Cultural Triangle Round Tikect que compramos en Anuradhapura). Mucha gente comete el fallo de pensar que las taquillas están arriba y se dan cuenta que no es así cuando les piden los tickets y tienen que dar media vuelta, haciendo un doble trayecto en balde. Así que conviene tener muy en cuenta que las entradas se adquieren abajo, en unas oficinas que hay junto al parking.

P1190942Por delante teníamos unas empinadas y “ardientes” escaleras de piedra cuya cantidad de escalones parecía quintuplicarse a cada paso debido, sobre todo, al calor. El Sol golpeaba fuerte, demasiado fuerte, y ni los simpáticos monitos, ni la colección de quiromantes, falsos guías y vendedores de artesanía y demás souvenirs, nos dieron las fuerzas suficientes para no soñar con cien mil litros de agua fría cayendo sobre nosotros. A nuestro alrededor, el oasis de una selva turbia por la combustión de una mañana corriente en este punto central de Sri Lanka, iba bañando de verde una subida que por poco no nos deshizo en aquellas rocas. Aunque la gente local no iba con esa historia, ya que la incandescencia del suelo era inapreciable para quienes suelen caminar normalmente descalzos. Como si sus pies fueran de cuero…

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Una vez llegamos arriba y nos descalzamos, como era ya costumbre, entregamos nuestros tickets al vigilante de turno y accedimos a una zona de grandísimas rocas que parecían estar resistiendo en su sitio por la más pura de lasP1190936 casualidades. Estas moles de piedra dura tan abultadas eran los techos y, a la vez, las cáscaras de esa red de galerías que, poco después de que entrara el budismo a la isla albergaron a monjes durante más de veinte siglos. Las cuevas de Dambulla no son sólo las más numerosas (van descubiertas 80) sino las más espectaculares de Sri Lanka, y probablemente a uno y otro lado del Índico. De ellas, cinco, las que teníamos delante de nosotros y que eran en esos momentos las únicas visitables, aglutinan aproximadamente 150 estatuas de Buda y cientos de pinturas perfectamente conservadas que se incluyeron desde el Siglo I de nuestra Era hasta el Siglo XVIII, habiendo pasado por los períodos en auge de Anuradhapura, Polonnaruwa y Kandy.

En los accesos a cada una de las cinco cuevas había unos coquetos edificios de color blanco, de los tiempos de las colonias, con los que se trató de engalanar estas cavidades que durante tiempo habían estado camufladas en mitad de una montaña solitaria. La pintura blanca de columnas y ventanales contrastaban con el gris de unas piedras agrietadas que techaban y sombreaban las puertas al Paraíso artístico de la religión mayoritaria de Sri Lanka.

Las cinco cuevas, habitadas desde la Antigüedad, fueron viendo añadir estatuillas y pinturas durante siglos hasta quedar tal y como las podemos ver hoy en día. Todas son magníficas, aunque es la segunda la gran protagonista. Aún así, para no saltarnos el orden correcto, las recorrimos de la primera a la quinta, deteniéndonos mucho tiempo en ellas para asimilar lo que teníamos delante de nuestros ojos.

Ordenadas desde el acceso principal tenemos entonces:

PRIMERA CUEVA: DEVARAHA VIHARAYA

Su nombre significa “Templo del Rey de los Dioses” y está en total consonancia con las creencias del budismo puesto que la principal estrella es la figura tumbada de un Buda de 15 metros con unos pies gigantescos y decorados con dibujos sobre sus palmas rojas y amarillas. Una vez más y tal como se ve repetido en Dambulla y en muchos templos cingaleses, Buda se encuentra en la denominada “posición del león” en la cual la tradición recoge que éste falleció.

Frente a los pies de esta grandísima estatua, el fiel discípulo Ananda aguarda junto a otra figura de su maestro, en esta ocasión meditando en el Árbol de la Iluminación. Los motivos escultóricos son referidos siempre a la figura de Buda, pero no menos lo son los pictóricos que recubren paredes y techos de la primera cueva de Dambulla.

Al parecer las estatuas, no sólo del Buda sino todas, se iban repintando a medida estas iban perdiendo sus colores originales. Lo que nunca perdieron fueron los rasgos del rostros que capaces de traducir distintas sensaciones anímicas perfectamente comprensibles para quienes las rezaban con pasión.

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Me sorprendió que se permitiera realizar fotografías sin ninguna cortapisa. Son tantos los templos en los que me he tenido que quedar con las ganas (o saltar las normas directamente) que aproveché que llevaba el trípode conmigo para poder hacer las decenas de fotos que traje de vuelta. Todo con tal de recordar que todo aquello había sido de verdad.

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Esta estrecha cueva nos resultó llamativa, pero era tan sólo un aperitivo de la grande que vendría justo después.

SEGUNDA CUEVA: MAHARAJA VIHARAYA

El “Templo del Gran Rey” nos comió el habla durante los primeros instantes que sucedieron al momento en que atravesamos la puerta. Creo que las palabras no podían ser más que estorbos en el que confieso me ha parecido uno de los lugares más mágicos y grandiosos que he tenido la suerte de conocer. La segunda de las cuevas de Dambulla es, también, la más grande, con sus 52 metros de largo, 23 de profundidad y 7 de altura, conviertiendo a las demás en sus hermanas menores. Pero no es su extensión lo sorprendente, sino la atmósfera de paz y solemnidad de un rincón absolutamente vivo en cuanto a personajes y fuerza irrefrenable de mil y un escenas historiadas en las que te ves involucrado.

En aquel universo desplegado en la sala de la gran cueva rompían el silencio las 56 figuras de Buda (treinta y nueve sedentes, dieciséis de pie y una tumbada), dos Dioses hinduístas como Visnú y Saman (este último muy respetado en Sri Lanka debido a que está considerado como el guardián de las montañas y uno de los protectores de la isla) y dos monarcas cingaleses que se cuelan en la escena como los dos únicos seres humanos y no divinos. En total teníamos a un lado y otro a sesenta estatuas, ciento veinte ojos observando la composición tridimensional del mundo budista en una cavidad que posee el frescor ideal para conservar perfectamente todos los colores que allí hay representados.

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Al igual que en la primera cueva, el miedo al vacío de los artistas que las decoraron a lo largo de los siglos hizo que no se dejara un solo centímetro sin pintar. No había que dejar nada al azar que hiciera pensar al visitante que ese lugar algún día fue una cueva hueca y oscura. De hecho la maestría de quienes trabajaron en Maharaja Viharaya llevó a convertir los ásperos y húmedos techos en los más livianos tejidos de seda donde incluir más motivos pictóricos, ya fueran antropomórficos o matemáticos vestidos de geometría y enigma. Hacer de las paredes y techumbres un lienzo finísimo y delicado es uno de los mayores éxitos de quienes desearon alojar al “Gran Rey” en todas sus formas y dimensiones.

El centro de atención en la sala es una estupa rodeada de Budas de tez amarillenta los cuales están en posición de meditación. Dos de ellas llevan tocados originalísimos que corresponden a lo que parece a la cabeza de una cobra o incluso de una naga, esa terrorífica serpiente mitológica que tanto tiende a aparecer en las representaciones artísticas y escultóricas del budismo y el hinduísmo.

P1190916Nos atrapó la fuerza de aquellas miradas tan rotundas, las sonrisas sugeridas que reflejaban la sabiduría de quienes se erguían como algo más que meras figuras. Todo en Dambulla estaba impregnado de un perfume de incienso capaz de seducir a quienes nos mueve el ansia de observar lugares de un mundo diferente o lejano a lo que vemos cada día. Emocionarse con estas cuevas es aceptar que las fantasías pueden hacerse realidad y que no hay mejor satisfacción que conocer el momento exacto en que la magia toca tu hombro. Suele avisar, pero a veces no nos damos cuenta. Aquí, por fortuna, es difícil no darse por enterado. Quien lo ve, lo sabe.

TERCERA CUEVA: MAHA ALUT VIHARAYA

“El nuevo gran templo” parece una continuación de la segunda cueva, aunque algunos añadidos pertenecen al período kandyano, ya que durante el Siglo XVIII fueron añadidas algunas pinturas y estatuas, como por ejemplo la del monarca Kirti Sri Rajasinha que se mezcla, anacrónicamente, con las figuras del maestro Buda. En total son 50 las esculturas, en su mayor parte puestas en pie, aunque una nueva imagen del Buda reclinado aparece gobernando la escena. Los ornamentos de su almohada son magníficos, al igual que el gesto pensativo y no tan dulce como el de las otras esculturas del mismo tipo.

Tengo que decir, además, que la iluminación tanto de esta como de las otras cuatro cuevas, es excelente. Ni muy fuerte ni muy débil, la ideal para potenciar esa atmósfera tan especial que encontramos en estos templos excavados en la roca.

CUARTA CUEVA: PACHIMA VIHARAYA

De las cinco cuevas, probablemente sea la más diminuta. Destaca una dagoba encajonada entre Budas sentados que no se conserva tan bien como la de la Cueva nº2 debido a tiempo atrás unos ladrones creyeron custodiaba un tesoro y la rompieron. No se sabe si encontraron joyas, pero el mejor tesoro es el que tenían a su alrededor y, por fortuna, quedó intacto. En el momento de pasar a ella un grupo de mujeres acompañadas de niños pequeños susurraban sus rezos frente a este conjunto escultórico más tranquilo que los tres primeros.

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QUINTA CUEVA: DEVANA ALUT VIHARAYA

Es el “Segundo nuevo templo” según nos indica su denominación en cingalés, aunque en realidad se cuenta que fue utilizada como almacén durante muchos siglos. Las pinturas, así como las figuras, son más recientes que las que uno puede encontrar en las cuevas anteriores. Aunque, al igual que en la cavidad nº4, al no ser tan “impresionable” y estar alejada de otras más concurridas, uno puede asegurarse la tranquilidad en la misma y no escuchar un solo flash de cámaras fotográficas. Al Buda le acompañan además figuras hindúes como Visnú o Katagarama, lo que nos indica nuevamente esta veneración compartida en algunos casos por cingaleses y tamiles.

Cinco cuevas, cinco sorpresas…cinco mundos. Lo mejor de que Sri Lanka no sea tan popular turísticamente hablando es por cosas como esta, que uno se presenta en Dambulla como si tal cosa y se queda perplejo por estar, de seguro, en un de los lugares más fascinantes que se pueden ver en el mundo. Cierto es que me considero una persona fácil de emocionar e impresionar, pero alcancé un sentimiento realmente especial dentro de estas cuevas que aún me pone el vello de punta.

Pero ya digo que no hace falta si quiera ser un amante de la Historia o del Arte para gozar de Dambulla. Porque hasta el paisaje que lo nutre puede resultar un motivo sensacional para disfrutar de las vistas que hay desde arriba y olvidarse del calor agobiante. Es lo mejor de Sri Lanka, que hay para todos los gustos y momentos. Lo de que es uno de los países más completos del mundo no es una frase que se pueda decir a la ligera. Es real, no hay más que verlo.

¿QUÉ HAY DE COMER? RICE & CURRY MADE IN SRI LANKA

La bajada la hicimos con menos esfuerzos que la subida, sobre todo porque nos paramos unas cuantas veces a comprar alguna cosa que otra. Yo, por ejemplo, me traje una caja que sólo la puede abrir el que conozca el truco para hacerlo, porque está diseñada para volver loco al que lo intente. Empezaba a tener ya cosas que guardar a la mochila, y era sólo el principio.

En el parking nos esperaba Nimal, a quien le dijimos de ir a buscar un sitio para comer tranquilamente y bebernos todo el agua posible porque veníamos secos. Muy cerca de allí (ni un kilómetro), en la carretera a Matale nos paramos en Saman´s Restaurant & Guesthouse donde pudimos comer el mejor Rice & Curry que probamos en Sri Lanka (800 Rs incluyendo cuatro botellas de agua). Y no es precisamente un plato raro porque quizás no exista restaurante que no lo ofrezca en su carta. Aunque como cada maestrillo tiene su librillo, es complicado probar dos iguales. Casi como la paella en España pero sin tantos ingredientes que añadir. La cuestión fue que en el Saman´s nos pusieron acompañando al arroz lo menos seis platos de verduras, carnes y frutales, con lo que jugar a hacer combinaciones fue tan agradecido como comerse hasta el último grano.

Cierto es que a lo largo de un viaje este plato puede llegar a resultar algo cansado. En nuestro caso acabamos oliendo curry hasta donde no lo había. De hecho creo que ocurre como en India, que se queda incluso pegado a la ropa.

LA TURISTADA DE LOS SPICE GARDEN

Ya en la comida Nimal empezó hablarnos de la posibilidad de hacer una “interesante parada” a un Spice Garden de camino a Sigiriya. Recordando otras experiencias en Asia, me sonaba mucho a jardín tropical con plantaciones de especias y los respectivos productos hechos con las mismas. Es decir, una oportunidad de negocio de cara al turista, puesto que hay miles de estos jardines repartidos en todo Sri Lanka con las típicas tiendas a la salida. Insistió bastantes veces en la conveniencia de hacer esa parada y, aunque ya me imaginaba que era un sacacuartos de la que él se llevaba comisión, dado que habíamos cumplido nuestros objetivos del día, aceptamos pero sin ningún compromiso de compra.

Entre Dambulla y Sigiriya no debe haber ni media hora de viaje. Justo en el término medio nos detuvimos en uno deP1190951 estos Spice Gardens, donde nos recibió un personaje muy amable que nos introdujo a las plantaciones de la finca. Allí había de todo, piña, canela, la planta del cacao, aloe vera, semillas de nosequé planta que tratándola se consigue un tratamiento eficaz contra la calvicie, los granos o la impotencia… La verdad que es curioso conocer de cerca el aprovechamiento que se tiene de las plantas bien como especia para los alimentos, como perfume, crema o pastillas para las migrañas.

La otra cuestión es que teníamos nulo interés por comprar nada y sabíamos que P1190952después de enseñarnos la plantación, vendría hacia nosotros el muestrario con su carta de precios. Y así fue, con el consiguiente agasaje de un buen té de yerbabuena y unas pastitas. Pablo me decía “Sele, tío, va a haber que comprarle algo a este señor” y yo le respondí tajantemente (por partida triple) que de ningún modo estábamos obligados a hacerlo. Era algo que habíamos puesto en sobreaviso y en cuanto quisiéramos nos podíamos marchar. Entonces se puso a llover, y no a cuentagotas sino al más puro estilo Sri Lanka, rompiendo la tierra y con el sucesivo temblor de montañas con potentísimos truenos. Cogimos los paraguas que nos habían dejado y nos fuimos rápidamente hacia el coche. Delante de nuestras narices un hombre con bigote trató que accediéramos a una “farmacia natural” por la que había que pasar sí o sí, pero preferimos mojarnos y escapar definitivamente de un spice garden que no logró sacarnos una sola rupia.

En todos los viajes se da alguna que otra turistada. Esta, no cabe duda que lo fue, aunque a sabiendas. Al menos salió gratis y pudimos tomarnos un té de sobremesa que nos supo excelente. Ya podíamos partir definitivamente a Sigiriya.

MONTAMOS LA BASE EN SIGIRIYA

Dado que queríamos subir la Roca de Sigiriya por la mañana lo más temprano posible (se puede acceder a partir de las 7:00 horas), ya que el calor aprieta y convierte el ascenso en algo insportable, teníamos decidido que debíamos dejar nuestros bártulos lo más cerca posible de ese lugar. Alojamientos había un buen número desde Dambulla, pero no queríamos perder ni siquiera diez minutos en llegar hasta el acceso principal, ya que para el día siguiente no teníamos planteado únicamente la visita a Sigirya sino otros cuantos objetivos que podían llevarnos bastante tiempo.

Con Nimal fuimos en busca de un hotel con las tres “B”: Bueno, bonito y barato, pero no era tarea sencilla porque son ingredientes prácticamente imposibles en este área. Así por ejemplo preguntamos en el Nilmini Lodge que recomendaba Lonely Planet, pero las habitaciones que nos mostraron nos parecieron una cochambre. Eso sí, era barato (una B de tres). Después lo hicimos unos metros más adelante en el Sigiriya Rest House que parecía algo más decente, pero que nos pedían 6500 Rupias por habitación doble (aprox 40€ total para 2) sin incluir el desayuno (dos de tres B). Como se nos iba de presupuesto hicimos un último intento en un pequeño hotelito estilo rural (LakminiImagen Lakmini Lodge Lodge) al que se accedía desde la carretera principal de los alojamientos, tomando un camino que salía a la altura de una pequeña estafeta de correos y una tienda de alimentación llamada Muthubanda Stores. Era un establecimiento tipo “motel” con no más de cinco o seis habitaciones que tenía dos B y una A. Las B de Bonito (ubicado dentro de un bosque con fabulosas vistas de la roca de Sigirya) y Barato (3500 Rs la doble con desayuno incluído, aprox 10€ pers/noche). Bueno, tampoco nos vamos a engañar, no era bueno, puesto que sus habitaciones, aunque amplias, no eran el ejemplo de limpieza y se hacía más que imprescindible la mosquitera puesto que se colaban bastantes bichos desde fuera. Pero su dueño, Chandi, fue tan amable con nosotros, que decidimos no buscar más y quedarnos allí.

P1190955Lo mejor del Lakmini Lodge, además de su gente, estaba en una plataforma elevada y techada de madera con una mesita y sillas desde la cual se podía uno tomar un buen té, cervezas o lo que surgiera, con la Roca de Sigiria de fondo y el sonido envolvente de los pajarillos (es un lugar perfecto para que un ornitólogo pase las horas). No perdimos el tiempo y compartimos una bebida con Nimal, a quien le estábamos cogiendo bastante aprecio puesto que se estaba portando muy bien con nosotros y se podía hablar con él de absolutamente todo. Gracias a este simpático gordinflón aprendimos mucho acerca de los cingaleses, la cultura y la religión de Sri Lanka. Siempre estaba pendiente de que nos encontrásemos bien y que estuviésemos disfrutando de nuestra estancia. Además no ponía pegas a ninguno de nuestros planes.

P1190965El simple sonido ambiental y la sombra de las nubes soplando un apacible frescor redondeo aquellos minutos “sobre la plataforma”. Después tomamos un té con un chico francés muy parco en palabras que viajaba en solitario, y nos marchamos a dar una vuelta por los alrededores, evitando acercarnos a la carretera principal de Sigiriya. Aprovechando que no llovía pero que en cualquier momento podía chafarse la tarde, fue inevitable salir a perdernos a un camino de tierra para observar la naturaleza, a la gente que volvía del trabajo, los niños que nos saludaban y respirar aire puro. Sin rumbo fijo ni más intención que caminar. Quien sabía dónde podíamos ir a parar…

Aunque este tipo de paseos “porque sí” suelen traer buenas cosas. Como por ejemplo nos sucedió en esta ocasión, que sin pretenderlo nos fuimos a topar con un precioso lago en el que se bañaban algunos niños que vivían en chozas cercanas. El lugar era increíble, hechizante y, quizás por inesperado, nos pareció la mejor meta posible en la que rematar un día soberbio.

Sitios así, tan solitarios, tan desconocidos, tan inexistentes en mapas y reportajes, son los que logran darme las energías necesarias para seguir enamorado de esta pasión llamada “viajar”. No me canso de ellos, de sus silencios cómplices, de sus guiños de ojos reflejados sobre el agua paralizada, simplemente porque son la muestra más fehaciente de que el mundo esconde rincones maravillosos.

La roca de Sigiriya, perdida en el desbarajuste de una frondosidad incontrolable, reunía más nubes negras de las que íbamos a ser capaces de soportar como no volviéramos cuanto antes hacia el Lakmini. Toda la fuerza de una tormenta brutal se acumulaba pacientemente para soltar toda su furia. Sigiriya dio el aviso, y por apenas un par de minutos la lluvia no descargó sobre nosotros.

Llegamos a tiempo al hotel. Sería en “la plataforma” donde presenciásemos la batalla campal de rayos y truenos retumbando en nuestros oídos. Esta se había convertido en la caseta del árbol que todo el niño sueña con tener, P1190977aunque poco a poco fue ganando adeptos refugiándose de la lluvia. En primer lugar una pareja de australianos que sabían de “puros viajes” y con los que tuvimos una entretenida conversación. Y después el bueno de Nimal y sus amigos cingaleses con una botella de arrak (un licor que tiene gran éxito en Sri Lanka) bajo el brazo quienes no tardaron demasiado en ponerse contentos y amenizar la tormenta con cánticos típicamente cingaleses. Aunque probablemente fuese la tormenta la que amenizara sus vaivenes musicales. Nada se puede decir, eso sí, de su entrega su pasión. Quizás el arrak, quizás el talento de los Panchos de Sri Lanka, pero nos divertimos mucho. Vaya si lo hicimos.

Se fue incluso la luz, siendo los relámpagos los responsables de iluminar cada pocos segundos varios kilómetros a la redonda, la roca incluida, y de dar color a una noche de perros. Como si con nosotros no fuese la historia, hicimos de ese oscuro y vehemente cielo rompiéndose en plena tormenta eléctrica, un escenario ideal para hablar de viajes, canturrear y conocer un poco mejor ese contexto en el que estábamos metidos.

El fin de la tormenta coincidió con la cena. Tallarines, que no arroz, con curry y un pollo con apariencia de todo menos de pollo, fue nuestra comida (y la de los insectos que nos acompañaron a la mesa). Nos acostamos después, sin ser muy tarde, dejando a Nimal y a sus compañeros a lo suyo, y evitando con las mosquiteras no ser devorados por quienes suelen estar siempre dispuestos a unirse a la fiesta. A pesar de ello, los mosquitos intentaron vulnerar los puntos débiles de una red no demasiado uniforme.

El ventilador del techo no fue impedimento hacia el calor de una noche en la que “velamos armas” antes de subir temprano a la Roca de Sigiriya y marchar al primer safari del viaje. Teníamos sueño y necesitábamos coger fuerzas para lo que teníamos al alcance de nuestra mano en tan sólo unas horas. Nos esperaban grandísimas e inolvidables aventuras.

CONTINÚA EN EL CAPÍTULO 3…

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14 comentarios en “Crónicas de un viaje a Sri Lanka (2): El Buda de Aukana y las Cuevas de Dambulla

  1. Otro capítulo genial, Sele!

    Jolines, tío… Tendré que visitar Sri Lanka pronto, pues en muchas cosas me recuerda a Laos, un país que como sabes me encantó. Cada vez que publicas algo sobre la lágrima del Índico las ganas de conocerla se acrecentan mucho! Es fantástico!

    Me han gustado mucho las cuevas de Dambulla, de las que conocía poco. Sobretodo la segunda cueva, la más grande me ha parecido brutal.

    Ah! Y qué curiosa experiencia la de la noche, un espectáculo de cánticos con arrak incluido eh! hehe

    Un fuerte abrazo, amigo, que ahora ya si puedo decirlo, en breve vuelo hacia Madrid!

    Blai.

  2. ¡Embajador!

    Como siga leyendo capítulos así me voy a ir a Ceilán nadando.Lo de las cuevas me tiene francamente maravillado. ¡Cómo me encantaría dormir en una de ellas!

    La roca de Sigiriya me recordó mucho al Monte Popa de Birmania. Échale un ojo a ver qué te parece.

    Un abrazo compañero y gracias por el currazo de escribir que te pegas!

  3. Holaaa!!!

    Que bonitas las cuevas. me encantan las figuras y el colorido que tienen. Como dice Antonio sería genial dormir en una de ellas. La verdad es que habéis hecho un viajazo.
    Blai dentro de poquito nos vemos.

    Un besote,

    Rebeca

  4. Impresionante las fotos de las cuevas,las desconcia pero tu como siempre abriendo mundo para futuros viajeros.
    Y la serenata …… Jajaja, tenias que haber compartido alguna de Héroes .
    Saludos desde Canarias
    Javier y Deborah

  5. Que preciosidad de país y que desconocido todavía. no se si podre seguir leyendo los capítulos de este viaje y ya como hables mucho de el en la charla me dará algo, jejeje
    Estamos mirando posibles destinos pero los billetes de avión de Sri Lanka se nos escapan un poco.

    1. Hola a tod@s!!!

      De verdad puedo decir que me entusiasmaron las cuevas de Dambulla. No sé cuántas veces le pude decir a Pablo lo que me gustaba ese sitio. Estuvimos muchísimo tiempo, entrando en varias ocasiones a las cuevas. Era como si no quisiera despedirme de ellas. El próximo capítulo, que apenas he escrito unas líneas, resumirá uno de los días más increíbles del viaje. Ya veréis. Aunque antes sacaré un par de cosillas, para no indigestar demasiado sobre Sri Lanka y hablar de otros sitios también.

      Contesto a quienes habéis comentado:

      + Blai: Tú ya tienes un curso acelerado de Sri Lanka entre lo que has leído y te he contado por teléfono. A partir del viernes que viene, en persona, podremos seguir hablando de este país… y muchos. Creo que en el finde de Labastida daremos mil vueltas al mundo entre todos!

      + Antonio: Pues sí, tiene un cierto parecido al Monte Popa, aunque creo que Sigiriya es más “arqueológico”, ya que lo que hay en la cima son ruinas. Pero hay unas pinturas en la roca sólo comparables a las de Ajanta, en India. Ya lo verás en el próximo capítulo. Por cierto, ánimo, que estás en la recta final de los exámenes. Cuando estés libre quedamos, eh!

      + Rebeca: Ya nos hubiéramos quedado a dormir en las cuevas de Dambulla, pero es totalmente imposible. Están bastante protegidas, ya que aunque son lugares de culto, son uno de los tesoros más grandes del Triángulo cultural cingalés.

      + Javier: No te digo nada pero te veo en Sri Lanka en menos de un año. Estás entusiasmado con este país, y no es para menos. La serenata produjo una de las tormentas más grandes de todos los tiempos. No hay más que ver esos gestos de chuzismo generalizado…

      + Mikel: Otro que veré en Labastida la semana que viene… Claro que en la charla saldrán cosas de este país. Tendrá hueco tanto en las fotos como en el coloquio. No es para menos siendo el último gran viaje que he hecho.

      Como he dicho antes, comencé a preparar el siguiente escrito. Llevan bastante tiempo porque trato de hacerlos detallados, pero entre medias voy a sacar, a ser posible este lunes, un artículo fresco sobre una ciudad de la que he hablado poco hasta ahora. Más bien sobre un lugar de “esa ciudad” y de algunas de sus peculiaridades. Este finde me pongo las pilas para tenerlo el lunes como sea.

      Por cierto, se acerca la Exposición y Charla viajera de Labastida. El pueblo ya está empapelado con los carteles y espero mucha gente se anime. De fuera de Euskadi sé que se van a desplazar unos cuantos. Y vuelvo a insistir en que quien no tenga medio de transporte lo comente porque va a haber huecos en los coches que allí vayan. Quienes estéis interesados en ir decídmelo. Y también conviene por las plazas para visitar la bodega…

      Bueno, la semana que viene ya bombardearemos más con este tema. Que es que ya está aquí!!

      Toda la info aquí: http://www.elrincondesele.com/labastida-acogera-en-junio-una-nueva-exposicion-y-charla-de-viajes-de-elrincondesele-com/

      Seguimos en contacto!!

      Sele

  6. Entre el Buda de Aukana y las cuevas, menudo día, sobre todo las cuevas me parecen de lo más increíble que he visto, casí parece que estás inmerso en una película de Indiana Jones y que eres el primero en explorar esa zona, totalmente peliculero el sitio, me encanta.

    El vídeo sin comentarios, que bueno jaja La próxima entrada safari, excelente 😀

    Genial entrada. Saludos!!!!

  7. HOLA SELE, MAGNIFICO RELATO DE LOS PRIMEROS DIAS EN SRI LANKA… NO NOS DEJES CON LA MIEL EN LOS LABIOS Y ALIMENTA NUESTRA MENTE CON LOS DIAS SIGUIENTES, ESTAMOS PEOR QUE ” LAS MARIAS ” CON LAS TELENOVELAS … ESPERANDO EL PROXIMO CAPITULO QUE NOS HECE VOLAR NUESTRA IMAGINACION A LA VEZ QUE LEEMOS TU RELATO DE VIAJE, UN CORDIAL SALUDO VIAJERO INFATIGABLE .GRACIAS.-

    1. Hola Gustavo,

      Gracias por tus palabras. Descuida que muy pronto habrá un nuevo relato de Sri Lanka. Ya sabes que he tenido muchos asuntos entre manos en estas semana, entre ellos la reciente operación de la vista que me ha hecho pararme un poco. Pero pronto volveré a contaros cosas de Sri Lanka. Y probablemente las mezcle con las nuevas historias que surgirán en Uzbekistán muy dentro de poco. Tengo muchas cosas que hablar aún de este viaje.

      Así que mantenéos atentos que irán saliendo cosas estos días. El lunes habrá un post en forma de ranking que seguro os gusta.

      Hasta pronto!

      Sele

  8. Muy bueno el relato y además me sirve como inspiración para crear mi futuro viaje a Sri Lanka.

    Solo un matiz importante en cuanto al Budismo y sus templos. Nunca se le debe dar la espalda a Buddha para sacarse una foto. Lo toman como una enorme ofensa hacia su religión, creencias y costumbres. Tenlo en cuenta la próxima vez que vayas a un lugar de estas características.

    A parte de eso, gracias por las indicaciones!

    Un saludo,

  9. Confiando que ya estes recuperado de la operación Sele,y volviendo a tu viaje
    por Sri-Lanka,no mencionas nada acerca de los famosos masajes ayur-védicos que
    dicen ser estupendos,tambien comentan que deben ser en lugares específicos y buenos,pues de cara al turista occidental hay poca seriedad.
    Un saludo,
    Rosario

  10. Hola, voy en enero a Sri Lanka y vamos a ir de Colombo a Kekirawa en tren para visitar las cuevas de Dambulla y Sigiriya donde se encuentra nuestro hotel. Mi duda es para ir desde la estación de tren de kekirawa a Dambulla y después a Sigiriya, taxi?, bus?, horarios del bus?, puedo alquilar un taxi o tuk tuk, donde?. Gracias de antemano

    1. Hola Pedro,

      Lo mejor es que pilles un coche con conductor cuando llegues a la estación. Negocia con él lo que quieras hacer ese día. Incluso puedes acordar con él que te lleve a Sigiriya después.

      Será lo más cómodo y menos caro de lo que se pueda creer.

      Mucha suerte!!

      Sele

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