Así será el plan de ruta para el viaje a Santo Tomé y Príncipe

Ya quedan unas pocas plazas para completar el equipo de viajeros y viajeras junto al que marcharé a recorrer ese pequeño gran paraíso africano llamado Santo Tomé y Príncipe. Un viaje cuyo inicio está marcado del 4 al 12 julio de 2020 donde trataremos de llevar a cabo una aventura al considerado como uno de los países más desconocidos y sorprendentes del planeta. Entre la selva y el océano, de ritmos alegres y la vida desplegada en una larga sonrisa. De aves de vivos colores revoloteando entre los árboles, aroma al mejor cacao y ese cosquilleo de saberse en un lugar insólito y poco explorado.

Paisaje de Príncipe (Santo Tomé y Príncipe)

Pero, ¿qué haremos en Santo Tomé y Príncipe? ¿Cuál es el plan de ruta previsto para nuestra aventura en este conjunto de islas e islotes varados en el Golfo de Guinea?  Leer artículo completo ➜

Vente conmigo de viaje a Santo Tomé y Príncipe en julio de 2020

Te propongo venir conmigo al último paraíso africano, a recorrer un archipiélago en el que todo es selva virgen, donde coleccionan playas de anuncio y plantaciones de cacao y café. Un pedacito varado en las aguas del Golfo de Guinea donde quienes aman el noble arte de viajar se sienten bien recibidos, se sienten seguros. Te animo a emocionarte con los paisajes de Parque Jurásico, pero bajo el son de los tambores y la danza de un pueblo descendiente de esclavos que fala portugués y sonríe a las primeras de cambio. O con el vuelo de decenas de aves de colores y el caminar lento de una tortuga antes de enterrar sus huevos en la arena. Allá donde los troncos dilatados de los baobabs reciben el soplo de la brisa marina y las palmeras hacen reverencias al sol cada atardecer. Quizás se convierta en la sorpresa de tu vida como lo fue de la mía. Quizás te apetezca venirte conmigo de viaje a Santo Tomé y Príncipe.

Pico Cao Grande (Santo Tomé y Príncipe)

Una única salida en julio de 2019 y muy pocas plazas para ponerle color a un viaje muy especial. Vamos a formar un equipo en el que son bienvenidas todas aquellas personas que disfruten de rincones del mundo poco transitados y que tengan ganas de caminar por el profundo bosque nublado, bañarse en aguas turquesas, ver desovar a inmensas tortugas marinas y gozar de paisajes de otro planeta mientras saborean una deliciosa taza de café. Y todo sin prescindir de la confortabilidad de un alojamiento acogedor y el sabor de la buena mesa con amalgama de frutas tropicales y pescado fresco. ¿Te apuntas?  Leer artículo completo ➜

El instante viajero XXIII: Ahumadoras de pescado en Cotonou

Ahumando pescado en un mercado de Cotonou

Cotonou no está entre las mil ciudades más bellas de África. Ni entre las más armoniosas. Definiría más bien a la capital de Benín como un inagotable mercado al aire libre donde el trasiego de gentes se fusiona con el claxon de los coches. Una ciudad que da la espalda al mismo mar que durante siglos se tragó a muchos de sus hijos envueltos en cadenas y tristeza. Pero que mira al futuro con una sonrisa por tener la suerte de vivir en paz, que no es poco en los tiempos que corren y, sobre todo, en libertad. De Cotonou no cabe esperar monumentos, ni tan siquiera restos en pie de su pasado colonial que sí guardarían Ouidah y Porto Novo, esta última a un tiro de piedra de la frontera con Nigeria. Aunque sí un marco infinito de postales humanas teñidas de realidad. Como la de aquel lugar al que ahora mismo no sabría ir (salvo que el bueno de Euloge me llevara con él de nuevo) donde las mujeres ahumaban pescado desde primera hora de la mañana hasta la puesta de sol. Un laberinto destartalado de madera y a cubierto donde el humo incesante se convertía en un transeúnte molesto que a cualquier mortal irritaría los ojos en un solo segundo.  Leer artículo completo ➜

La noche de las tortugas en Praia Inhame (Santo Tomé y Príncipe)

Las playas paradisíacas de Santo Tomé y Príncipe durante los meses de octubre a febrero, aunque sobre todo en diciembre, son una larga alfombra roja para las tortugas marinas que acuden a ejercer la propia supervivencia de su especie. Es decir, vienen a desovar al mismo sitio donde nacieron años atrás. Su misión, poner tantos huevos como les sea posible y enterrarlos en un hoyo que con cierta meticulosidad logran escavar en la arena utilizando unas aletas más acostumbradas a las corrientes oceánicas que a labores terrestres. Si logran esquivar las muchas amenazas de una solitaria noche cerniéndose sobre ellas y marchar de nuevo al agua, habrán logrado su propósito. Sólo faltaría que el nido quede a salvo para que alrededor de un par de meses después, de aquellos huevos salgan raudas al mar decenas de pequeñas tortugas guiadas por su propio instinto natural. Pero eso sus madres jamás lo sabrán. Tras una noche de trance y un esfuerzo titánico, se sabrán recompensadas por el mero hecho de haber sobrevivido al desove. Algo que, por desgracia, no siempre sucede.

Tortuga marina en pleno desove en Santo Tomé y Príncipe

En una noche cualquiera del mes de diciembre nos hallábamos en el lugar idóneo y en el momento más oportuno. Al sur de la isla grande de Santo Tomé, en concreto en Praia Inhame, aguardábamos en la arena de la playa que se alinearan los astros y poder asistir al desove de las tortugas, uno de los motivos del viaje que estábamos llevando a cabo en Santo Tomé y Príncipe. Antes de que pudiéramos imaginarlo estábamos siendo testigos de uno de los mayores espectáculos que la naturaleza es capaz de ofrecer.  Leer artículo completo ➜

Marruecos, el más cercano de los viajes lejanos

Cuando cierro los ojos y pienso en Marruecos se activan de repente los cinco sentidos, destacando al máximo el del olfato. La memoria de los olores suele ser una compañera eficaz a la hora de resucitar vivencias y sensaciones. De repente entran a la palestra multitud de aromas sencillos de reconocer y diseccionar. Como el de las hojas de menta sumergidas en el fondo de una tetera color plata o el de una tienda de pieles recién curtidas en el zoco. Podría recorrer ahora mismo con la mente el laberinto de la medina de Fez y perderme en sus recodos parándome a escuchar la llamada a la oración junto a la tumba de un antiguo rey. Dejarme llevar por el espectáculo diario de la Plaza Jma el-Fna de Marrakech o destapar un suculento tajín asomado a una de las calles azules de la vieja Chaouen. Ya estaría listo para dar un salto al Rif y al Atlas cambiando el rumbo y verme surcando los caminos polvorientos de la ruta de las kasbahs hasta arribar al mar de dunas del desierto de Merzouga y esperar a ver cómo las estrellas brillan más que en cualquier lugar.

Meknès (Marruecos)

Marruecos está tan cerca, pero resulta tan remoto a la vez… De hecho siempre lo he considerado entre mis destinos predilectos porque me aporta la manera más próxima de viajar muy lejos. Y soñar, soñar bien alto. Porque, aunque no lo parezca, al otro lado del estrecho está aún todo por hacer.  Leer artículo completo ➜

Danzas, tambores y máscaras en una ceremonia Gelede en el corazón de Benín

Quien piense que una máscara africana es un simple un trozo de madera tallado con mayor o menor acierto que, colgada en la pared o sostenida por una peana de metal, puede servir como un curioso elemento decorativo… se equivoca. Cuando se observa una máscara en un museo, una tienda de artesanía o en una casa, por supuesto que se trata de un objeto desnaturalizado. Tanto como la cabeza disecada de un león de la que no sobrevive la más mínima expresión y energía de una criatura que una vez en la sabana rugió y prendió a sus presas son sus afilados colmillos. Es in situ, en el África negra, en el olor de la tribu, entre ruidos de tambores, palmas, timbales, polvareda y el trance de los danzantes que la portan cuando una máscara encuentra todo el sentido. Esa pieza tallada de un árbol es entonces un ser tan vivo como tú y como yo, captadora de las esencias, formas de vida, miedos y deseos de una tradición cuya antigüedad no entiende de fechas sino de devoción. De una fe imposible de quebrantar.

Máscara Gelede en Benín durante una ceremonia.

Tras muchos años estudiando sobre arte africano y su presencia en los rituales de la vida y muerte de innumerables etnias del África Subsahariana tuve en Benín la inmensa suerte de asistir a una ceremonia Gelede y comprobar cómo el fervor del pueblo yoruba convertía a las máscaras en auténticos transmisores vivientes de su cultura y religión.  Leer artículo completo ➜

Almas de Benín y Togo en blanco y negro (Serie rostros y escenas humanas)

Viajar a Benín y Togo es un sueño hecho realidad para los amantes de la fotografía. Y más aún para quienes profesen verdadera pasión por el retrato y, en definitiva, sacar a la luz escenas humanas cargadas de matices. Se capturan instantes para congelarlos en el tiempo, recordarlos, mimarlos y llevarlos con nosotros, pero también para que cada gesto, cada mirada y cada arruga en la piel se encargue de narrar su propia historia. Es justo reconocer que casi en cualquier calle, poblado o sendero de estos países de África Occidental situados en las costas del Golfo de Guinea se gozan de estampas dignas de fotografiar. La sonrisa contagiosa de un grupo de niños que dan patadas a un balón desinflado, esa campesina que camina con un cántaro de leche sobre su cabeza y portando a su bebé a la espalda, los entresijos de un ritual vudú, un rostro ajado por las escarificaciones y los tatuajes. Pedacitos de vida y cultura, de antropología pura. Y es que son más de cincuenta las etnias que comparten territorio en esta parte del mundo. Un ejemplo de la diversidad étnica, religiosa y cultural que abarca posibilidades extraordinarias para quienes que se deciden llegar hasta aquí.

Fotografía en blanco y negro de una ceremonia vudú en Benín

Os he contado muchas cosas sobre el último viaje a Togo y Benín. Tanto momentos inolvidables como recomendaciones a nivel práctico. No es mi intención, ni mucho menos, daros hoy la lata con datos o información densa. La cuestión es que de allí me traje algunos rostros y escenas humanas que me hace ilusión compartir. Pero no a todo color, que en África rebosa, sino en blanco y negro, dentro de una pequeña y modesta serie fotográfica en la que he estado trabajando estos días. ¿Os apetece verla?  Leer artículo completo ➜

Los miradores más superlativos de la isla de Príncipe

Príncipe es mucho más que el segundo apellido insular de un pequeño país africano. Quien lleva a cabo un viaje a Santo Tomé y Príncipe lo sabe. En este lugar situado a 150 kilómetros al noreste de la isla grande de Santo Tomé, a la deriva en las aguas del Golfo de Guinea, emerge un idilio entre selvas vírgenes e impenetrables, un relieve montañoso modelado a capricho, playas salvajes de aguas turquesas y vetustas plantaciones de cacao de la época colonial. Príncipe representa la auténtica isla del tesoro, ese lugar de ensueño que supera las expectativas de tu propia imaginación. Y cualquiera de sus ángulos ofrece una vista a cada cual más sensacional.

Vistas de Príncipe desde el mirador de Sao Joaquim

Los visitantes que llegan a este remoto lugar suelen salir a la búsqueda de las vistas panorámicas de mayor espectacularidad desde las que contemplar y fotografiar la isla. Para ellos va dedicada esta selección de los mejores miradores con los que ver Príncipe a todo color.  Leer artículo completo ➜

20 consejos prácticos para viajar a Benín y Togo

¿Por qué viajar a Benín y Togo? ¿Qué sorpresas puede deparar una aventura de este tipo? ¿Dónde están los lugares más interesantes que ver en estos dos países? ¿A cuántas etnias se puede tener acceso? ¿Es fácil moverse por allí? ¿Son destinos seguros? ¿Ir por libre o mejor con guía? ¿Qué vacunas son obligatorias? ¿Es posible asistir a una ceremonia vudú o a una danza mágica de una de las muchas tribus animistas que habitan este territorio de África Occidental? Surgen numerosas preguntas a la hora de preparar un viaje a Benín y Togo al que sacar el máximo partido, el mayor número de experiencias de las que aprender de un conglomerado multiétnico que convierte a esta parte del Golfo de Guinea en objeto deseado para entusiastas de la antropología y la diversidad cultural y religiosa más extrema. Responderlas es básico para asimilar y atinar con la planificación de un viaje muy diferente a cualquier otro que nada tiene que ver con ir de un punto a otro o visitar monumentos y que requiere tener en cuenta múltiples aspectos.

Hechicero taneka en Benín

Tras recorrer durante dos semanas a ambos países y, con objeto de que pueda resultarle útil a quienes estén interesados en realizar un viaje de este tipo, he preparado una lista de preguntas y respuestas con las que conocer un poco mejor esta parte del mundo. En ella se puede leer una recopilación de consejos para viajar a Benín y Togo desde un punto de vista práctico. Y así sumergirse de lleno en un mundo de etnias diversas, una cultura poco conocida, los últimos santuarios de la naturaleza salvaje en África Occidental y, por supuesto, a los orígenes del vudú en su lugar de nacimiento.  Leer artículo completo ➜

Así fue nuestro viaje a Benín y Togo: Etnias, cultura, naturaleza y vudú

No me resulta sencillo en absoluto narrar el último viaje a Benín y Togo. Al menos con cierta lucidez y precisión. En realidad no sé cómo ni por dónde comenzar, así que pido disculpas de antemano si no empleo las palabras adecuadas y me pierdo en divagaciones varias. En estos momentos se me amontonan las imágenes y no soy capaz de hilar fino. Veo pasar de manera constante una secuencia tras otra. Sin orden, sin sentido. Retumba en mi cabeza el ruido de tambores y surgen cánticos ininteligibles, mantras a deidades de las que desconocía incluso su existencia. Pero algo sí tengo muy claro. Vengo de esa África de tradiciones y ritos ancestrales, de danzas mágicas y máscaras de madera con vida propia, de chozas de adobe e incluso de hojas de palmera. He visto esa versión del continente con la que llevaba soñando desde niño. Porque conocer distintas etnias que viven amarradas al orgullo de pertenencia a una cultura singular que no dudan en tatuar e incluso escarificar en su negra piel, supone, al fin y al cabo, viajar con una mirada inocente y antropológica, convertir al ser humano en el único protagonista de una función teatral donde, pase lo que pase, nunca cae el telón.

Tata Somba en Togo (Mujer y vivienda tamberma en Togo)

Un viaje a Benín y Togo no es un mero qué ver y hacer. Llegar aquí es como poner sobre la mesa un sendero de tierra roja hacia los orígenes del vudú y el animismo más atávico. Significa dormir acunado con el rugido de un león a media noche y despertar en un mundo donde los colores, la gratitud a la naturaleza (con los dioses que actúan en ella) y el recuerdo al pasado, en ocasiones amargo y en otras dulce, nutre cada etapa. Así ha sido nuestra aventura en estos dos pequeños países situados en el Golfo de Guinea. Una sucesión permanente de imágenes impactantes que aún estoy tratando de digerir. Aunque me temo que no existe digestión para una experiencia que jamás podré olvidar.  Leer artículo completo ➜

Rumbo a Benín y Togo, las raíces africanas de la religión vudú

Ya tengo el equipaje preparado. El pasaporte se ocupa de proteger la cartilla de vacunaciones. La cámara de fotos con todas sus baterías cargadas y tantas tarjetas de memoria que me daría para todo un año. Salgo con la ilusión comparable a quien realiza su primer viaje. Porque África es, sencillamente, otra cosa. Porque esta vez el rumbo tomado me llevará a dos pequeños países subsaharianos clavados en el occidente del gran continente negro. Benín y Togo. Togo y Benín. Una pareja cuyos nombres inspiran reinos olvidados, tribus que conservan sus tradiciones ancestrales, el poso del vudú en tradiciones y danzas ininteligibles que traspasan la propia conciencia, el apego a la naturaleza, a lo que emerge de la tierra, ese recuerdo omnipresente hacia los antecesores. Viajo, y en buena compañía, en busca de las raíces de una religión que traspasó el Atlántico hasta tocar a América. Porque en aquellos barcos de oscuridad, podredumbre y miedo que se dirigían a las plantaciones, iba a bordo una semilla muy poderosa cuyo fruto está hoy más presente y arraigado que nunca.

Mujer en un mercado de África occidental (Rumbo a Togo y Benín)

Está a punto de arrancar (ya cuento las horas para aterrizar) un viaje a Benín y Togo con un buen amigo y de la mano de anfitrión de lujo que nos introducirá a escenarios que jamás hubiésemos podido imaginar. Él será la llave que nos abrirá las puertas de lugares asombrosos, de los poblados y, por supuesto, de sus ceremonias.  Leer artículo completo ➜