12 cosas que ver y hacer en Córdoba (Guía para primerizos)

Escribiría Luis de Góngora sobre su Córdoba natal que “nunca merezcan mis ausentes ojos ver tu muro, tus torres y tu río, tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!”. Los restos de este gran jugador del lenguaje, cuyos versos de filigrana y oro alcanzaron la cumbre de las letras españolas, reposan en una capilla de la Mezquita-Catedral, pasando desapercibidos y durmientes en esa foresta de más de un millar de columnas y trescientos sesenta y cinco arcos de herradura en dos colores. Córdoba está repleto de ilustres. Además de Góngora podemos hablar de Séneca, Maimónides, Averroes, Almanzor, el Duque de Rivas, Julio Romero de Torres y muchos otros que dieron lustre a la ciudad andaluza. Su esencia permanece, de una forma u otra, en ese laberinto que representa su hermosísima judería, en los cientos de patios floridos y perfumados tras recios portones, en el puente romano y las viejas murallas, de la puerta de Almodóvar a la cuesta del Bailío, en la algarabía de la Corredera y en el brindis surgido en sus mil tabernas típicas o en el aroma de los naranjos. Siempre con la mezquita como testigo, con la determinación de saberse uno de los edificios religiosos más maravillosos e impactantes de todo el mundo, donde el arte un día tocó techo y sus visitantes se sienten precisamente cómodos en esa cima.

Mezquita-catedral de Córdoba (Qué ver en Córdoba)

Resulta difícil no enamorarse de Córdoba, de no hacerla tuya aunque hayas nacido a cientos o miles de kilómetros. Recuerdo que, aún siendo adolescente, cuando recorrí la ciudad por primera vez y entré a la mezquita, pensé que no volvería a ver nada parecido, que aquello era insuperable y alcanzable por muy pocos lugares. Hoy, veinte años más tarde y con casi un centenar de países en la mochila de recuerdos, me reafirmo de aquello. Precisamente dedicada a personas como yo, de flechazo y enamoramiento fácil, he preparado una guía rápida para primerizos con lo mejor que ver y hacer en Córdoba en una escapada de dos o tres días días. Con todos esos lugares que nos llevan a los ojos ausentes de Góngora y a unos alrededores que bien merecen una visita.  Leer artículo completo ➜

Tembleque y su fabulosa Plaza Mayor porticada

Cuando viajo por carretera me gusta imaginar qué hay detrás de todos esos cartelones vestidos con nombres de lugares y números sucesivos donde es probable que nunca me detenga. En el caso de Tembleque debo reconocer que pasé en incontables ocasiones viajando de Madrid a Andalucía o a Castilla-La Mancha, pero sin detenerme en este pueblo manchego, como con otros muchos. Como curiosidad, siempre viví cerca de la calle Tembleque en el barrio madrileño de Aluche, repleto de topónimos toledanos en su callejero, pero jamás me planteé cómo era ni qué guardaba el municipio. No sería hasta que, viajando en busca de los lugares más emblemáticos de la ruta de Don Quijote de La Mancha, por fin tomara la decisión de comprobar con mis propios ojos cómo era el pueblo, si había mucho o poco que ver en Tembleque y así solventar todas mis dudas. Una persona, de hecho, regresando de ese viaje me habló de este lugar.  Qué sorpresa la mía cuando de repente me vi caminando por una de las plazas porticadas más hermosas y, a la vez, desconocidas de España.

Plaza Mayor de Tembleque (Castilla-La Mancha, Toledo)

Con suelo de arena como en los cosos taurinos, columnas de granito sosteniendo dos filas de corredores de madera y el símbolo de la Orden de San Juan de Jerusalén se da una suma en positivo que no hace sino aportar galones a la Plaza Mayor de Tembleque, un escenario que entusiasma y sorprende al que la visita, pues en ella se posan los reflejos del mejor barroco popular del siglo XVII. Leer artículo completo ➜

De ruta por las Tierras del Jiloca y Gallocanta

Las Tierras del Jiloca y Gallocanta hermanan las provincias de Zaragoza y Teruel en un espacio común pero a la vez sumamente diverso. Por un lado combinan parajes esteparios con sabinares milenarios, lagunas saladas y altiplánicas que atraen como un imán a decenas de miles de grullas cada invierno junto a profundas hoces horadadas por un río de piedra cuyo curso helado viene acompañado por el planeo de buitres y alimoches. La solidez de imponentes torres mudéjares como faros de un medievo que reunión a tres culturas muy diferentes y pueblos de cuento secundando una vereda solitaria. El aroma del azafrán, de la trufa o de los secaderos de jamón se ocupan de envolver para regalo un sinfín de sabores y tradiciones que por sí solas son capaces de explicar un territorio que siempre sirvió como cruce de caminos donde a los transeúntes son guiados por robustos peirones de piedra así como por los cielos más rasos y limpios que se puedan imaginar.

Sele en el castillo de Peracense (Tierras del Jiloca y Gallocanta, Aragón)

Tras varios días recorriendo la zona con el coche me gustaría proponer a continuación una ruta por las comarcas del Jiloca (Teruel) y Campo de Daroca (Zaragoza). Un itinerario no falto de propuestas con las que se demuestra que en esta parte de Aragón la sorpresa tiene cabida. Que es rica en rincones históricos formidables, espectáculos naturales al alcance de todos y la bondad de los lugareños que provocan que el frío invernal se pueda contrarrestar con la más cálida hospitalidad.  Leer artículo completo ➜

Expedición Kamchatka 2019: ¿Quieres formar parte de esta aventura?

Hoy estamos de enhorabuena. Ya podemos anunciar que habrá Expedición Kamchatka en 2019. Todo está perfilado y bien hilado para llevar a cabo un asombroso viaje al extremo oriental de Siberia donde recorreremos parajes volcánicos y salvajes, accederemos a cuevas de hielo, surcaremos bosques petrificados por la lava y tendremos la oportunidad de ver y fotografiar enormes osos pardos en plena temporada del salmón. Utilizando vehículos 6×6 para adentrarnos por territorios indómitos de la que para muchos es la “Alaska rusa” pero donde todavía el turismo extranjero resulta casi anecdótico. Con más de una treintena de volcanes activos, la tradición de una tierra mágica que siempre estuviera habitada por los pastores de renos, la presencia de humeantes fumarolas, géisers y una fauna muy notoria en cielo, tierra y mar. Kamchatka es, sin lugar a dudas, uno de los territorios más auténticos e inexplorados de Rusia. Tanto que hasta los años noventa, tras décadas de guerra fría, no estuvo permitido el acceso de ciudadanos no pertenecientes a la Unión Soviética.

Volcanes en Kamchatka

Tenemos fecha de salida, el 9 de agosto de 2019. Un viaje de aproximadamente dos semanas con plazas muy limitadas aptas para quienes ardan en deseos de apuntarse a una de esas citas de una vez en la vida. No todos los días se acampa frente a un gran volcán, ni se vuela en helicóptero para ir a ver osos, ni se baja en barca por un río salmonero ni se mira la vida desde un cráter donde conviven fumarolas y glaciares. ¿Quieres formar parte de esta gran aventura? ¿Te vienes este verano conmigo a Kamchatka? Pues sigue leyendo, que te cuento todos los detalles.  Leer artículo completo ➜

El instante viajero XXII: Amanecer entre grullas en Gallocanta

Grullas al amanecer en la Laguna de Gallocanta

Llegar todavía de noche, con la luna como testigo, pisando con cierta torpeza un campo helado para buscar un rincón donde cobijarme de un frío que cala los huesos y eriza la piel es sólo la previa a uno de los mayores espectáculos que la naturaleza regala cada invierno, aunque siga siendo desconocido para muchos. En un mirador cualquiera a la laguna de Gallocanta, entre las comarcas de Campo de Daroca y del Jiloca, la linde donde se hermanan Zaragoza y Teruel, todo comienza con una sucesión constante de sonidos que recuerdan a los de las trompetas en un festival de jazz. Son las grullas que, a miles y aún refugiadas en sus dormideros acuáticos se preparan para marchar a alimentarse a los campos aledaños o a proseguir con su viaje a latitudes más meridionales en busca de unas condiciones meteorológicas más favorables que las que les aportan los inviernos nórdicos al otro lado del mar Báltico. Cuando las primeras luces del sol se ocupan de dibujan los moldes de los montes aledaños se apelotonan estas estilizadas aves para iniciar su despegue en bandada. Y, como si el alba fuera el silbato definitivo de una carrera, abandonan su cobijo lacustre aleteando y formando tantas filas que da la sensación de que el cielo se convierte en una sucesión de autopistas de viento construidas por el plumaje y la silueta estilizada de unas aves que hacen miles de kilómetros cada invierno y deciden año tras año que Gallocanta es una parada indiscutible para ellas.  Leer artículo completo ➜

Tras las huellas del lince ibérico en la Sierra de Andújar

Ni el leopardo de las nieves, ni el tigre de Bengala, ni tan siquiera el siberiano. Realmente el lince ibérico se trata de una de las especies de felino más amenazadas de todo el planeta. Las medidas conservacionistas durante la última década lo sacaron del limbo de su inminente extinción, aunque muchos expertos aseguran que su final es cuestión de tiempo. Incluso las buenas cifras de los últimos años en cuanto a población siguen atisbando una difícil situación para la vida en estado salvaje de este pequeño y hermosísimo depredador convertido en el emblema mayúsculo de la fauna de la Península Ibérica. Pero, ¿dónde se encuentra realmente el felino de las orejas pinceladas? ¿Dónde se puede ver el lince ibérico en libertad o, al menos, rastrear sus huellas? La respuesta nos lleva, sobre todo a Andalucía, tanto al Parque Nacional de Doñana como al Parque Natural Sierra de Andújar, aunque también se reconocen poblaciones de menor tamaño en el Valle de Alcudia, ya en Ciudad Real, o itinerando en los Montes de Toledo. Algunos miembros vagan como fantasmas buscando fortuna en buena parte del país y sólo las fotos de trampeo los delatan, pero si existe una posibilidad más o menos certera de poder observar a este animal, hay plantearse buscarlo bien en Doñana o, como fue mi caso, en la Sierra de Andújar. Y es que en los parajes jienenses se dan las condiciones ideales para que se pueda declarar a esta porción de Sierra Morena como el auténtico territorio del lince ibérico.

Sierra de Andújar (Dónde ver al lince ibérico)

Antes de planear mi estadía en la Sierra de Andújar me hubiera conformado con toparme con unas huellas del depredador de pelaje moteado. O incluso con escuchar el maullido de una hembra en pleno celo invernal. Siempre di por hecho que la misión sería un quiero y no puedo, un imposible o más bien una ensoñación. Pero cuando se juntan los ingredientes más adecuados con el dónde, el cómo, el cuándo y el con quién, puede dar la casualidad de que aparezca la suerte para cocinarlos todos a la vez y, cuando menos te lo esperes, salte la sorpresa. O en este caso, una preciosa familia de linces jugueteando en unas rocas.  Leer artículo completo ➜

Gaasbeek y Beersel, flamantes castillos del Brabante Flamenco

Se oye mucho hablar de las ciudades de cuento de Flandes, de esas grandes plazas públicas donde el gótico flamea en cada fachada, de los canales y los puentes que los cruzan, de sus campanarios civiles, las tiendas de chocolate con sus atractivos escaparates y los encantadores beaterios donde refugiarse incluso del tiempo. Se narran historias de la Adoración del Cordero Místico en Gante, la Madonna de Miguel Ángel en Brujas salvada in extremis del expolio nazi y de cómo Amberes fue el caballete al que mejor partido sacó Rubens. De los mercadillos de Navidad, la imprenta de Plantino, las huellas de Carlos V y los famosos Tercios. Pero, ¿y los castillos de Flandes? Porque los tiene, y no son pocos precisamente. Son muchas las personas amantes de lo medieval y de historia de las grandes familias europeas, de reyes y reinas que no necesariamente portaban corona. Y es entonces cuando se topan de repente con maravillas solitarias y casi escondidas como Gaasbeek o Beersel, flamantes castillos situados en el Brabante Flamenco, en esa campiña verde trasladada a los cuadros grandes genios de la pintura como, por ejemplo, Brueghel el Viejo, para hacerla inmortal.

Castillo de Beersel en el Brabante Flamenco (Flandes, Bélgica)

Durante mi último viaje a Flandes, con Lovaina o Lier en la lista de prioridades, dediqué parte del recorrido a conocer dos hermosos castillos brabantinos muy diferentes entre sí. Gaasbeek y la elegancia de una residencia romántica en un entorno bucólico de bosques y estanques o Beersel, la estampa de una fortaleza que nunca modificó su función militar y cuyas ruinas permanecen ancladas en la Edad Media. Ambos distintos pero superlativos. Y a una distancia ridícula de Bruselas, en pleno corazón del inagotable Brabante Flamenco.  Leer artículo completo ➜

12 cosas que ver y hacer en Lovaina, capital Cum laude del Brabante Flamenco

Dicen que si observas detenidamente la fachada gótica del ayuntamiento de Lovaina sientes que como si estuvieses frente a uno de esos libros que no puedes dejar de leer ni un minuto. Es, en realidad, similar a una caja de música repleta de detalles, de historias narradas a golpe de cincel e ingenio capaz de engancharte antes de que te des cuenta. Donde en torno a doscientas figuras y capiteles delicadamente esculpidos se encargan de contemplar los pasos o pedaladas de las personas que tienen a bien transitar la gran plaza del mercado. No pasa desapercibida en absoluto la joya más reconocible de una ciudad perfumada con el elixir de eterna juventud gracias al lozano público de alumnos que acuden atraídos por el prestigio de su antiquísima universidad. La misma en la que impartieron clase personajes ilustres tales como Erasmo de Rotterdam, Vesalius, Mercator o Lemaître, impulsor de la famosa teoría del Big Ben. En Lovaina nació en papel hace más de 500 años la isla “Utopía” de Tomás Moro. Una ciudad culta, fresca, vivaz y gloriosa, con aroma a buena cerveza, capaz de custodiar los secretos de los grandes pintores flamencos y a la que no le falta razón cuando se erige como poseedora de uno de los beaterios más hermosos, sino el que más, de toda la región de Flandes.

Grote Martk y ayuntamiento gótico de Lovaina por la noche (Flandes, Bélgica)

Lovaina está a tiro de piedra, o mejor dicho, de tren rápido desde Bruselas. Ni veinte minutos la separan de la capital belga. A cambio obsequia a quienes la visitan de un coqueto casco histórico, de buenas lecciones con las que galardonar ese bagaje de saberes y, en definitiva, con una deliciosa y sorprendente escapada a la capital del Brabante flamenco. Para conocer cómo sacarle el mejor partido a esta ciudad he recopilado unos cuantos consejos sobre qué ver y hacer en Lovaina en uno o dos días y, de ese modo, marcharse con las mejores sensaciones tras una visita considerada como altamente recomendable.  Leer artículo completo ➜

Postales de Hervás, uno de los pueblos más bellos de Extremadura…y de España

Cobijado en el valle del Ambroz, una de esas poesías donde los paisajes se recitan a sí mismos cada otoño, sobrevive al tiempo un lugar llamado Hervás. Sus casas de adobe y madera de castaño, con prominentes voladizos, riegan las callejuelas estrechas con una alargada sombra. Día a tras día el ruido de unos zapatos sobre la piedra y el chisporroteo de las chimeneas en este pueblo laberíntico de Cáceres recuerdan al mundo que está más vivo que nunca. Su barrio judío, uno de los más especiales de toda España, sigue contando los días que han pasado desde 1492 cuando muchos de sus vecinos tuvieron que elegir entre marcharse para proseguir con su fe o convertirse a una nueva religión y permanecer en el hogar. Las huellas de aquel tiempo permanecen e incluso hay quien, como Abigail, todavía hornea jalá, el pan del Shabat, o endulza el paso de los oriundos y visitantes con los mejores dulces sefardíes bajo la premisa de recetas ancestrales que aprendió de su abuela. Mientras tanto el río Ambroz no deja de correr para aportarle notas al pentagrama de la banda sonora original de una de las mejores películas que ver en Extremadura.

Calle de la Amistad Judeo-Cristiana en Hervás

Hervás es un deleite que conviene descubrir dejándose llevar. Un destino donde sobran las palabras porque sus calles y sus casas parlotean sin parar. Priman las imágenes y, por supuesto, las sensaciones únicas de uno de esos rincones donde no cabe más que perderse y desconectar de todo para conectar con uno mismo. ¿Te apetece ver unas postales de este hermoso pueblo cacereño? No dudes que si lo haces acudirás a la llamada de Hervás sin remilgos. ¡Allá tú! No me digas luego que no te advertí.  Leer artículo completo ➜

Lier, la ciudad de Flandes donde se celebró la boda de Juana la Loca y Felipe el Hermoso

Resulta cuanto menos curioso que momentos y lugares precisos que marcaron la Historia para siempre, pasen a menudo desapercibidos, e incluso sean olvidados. Una decisión estratégica pero arriesgada de un auténtico juego de tronos entre familias de la realeza, el encuentro apasionado de una pareja de jóvenes herederos de dos importantes territorios que debía contraer matrimonio a la fuerza y del que brotaría un imperio nunca visto. Un amor por consumar, celos enfermizos e intrigas a escondidas de una corte de la que no se puede confiar porque nada ni nadie son lo que parece. Recuerdan a los ingredientes de una gran película o serie basada en hechos reales. Pero sucedió, vaya si lo hizo. Los protagonistas fueron Juana de Castilla, más conocida como Juana la Loca, y el Duque de Borgoña, Felipe el Hermoso. La fecha, el 20 de octubre de 1496. Y el lugar, Lier, una diminuta y tranquila ciudad medieval al norte Flandes, como la insólita e inesperada elegida para celebrar una boda que, de una forma u otra, cambiaría el mundo conocido hasta entonces. Parece exagerado, pero no lo es, os lo aseguro.

Lier (Flandes)

Más de cinco siglos después de aquel magno evento al que acudieron miles de personas, en Lier (y sólo en Lier), se siguen recordando las nupcias de Juana y Felipe, cuyo destino les llevaría a plantar la semilla de un poderosa dinastía. Y, por esa razón, tuve a bien viajar a Lier y descubrir las huellas de aquel enlace y de una constatada y duradera presencia española, buscar respuestas a numerosas preguntas. También, ya de paso, disfrutar de una de las ciudades flamencas más hermosas e injustamente desconocidas a pesar de su innegable importancia.  Leer artículo completo ➜

Ruta por el Valle del Alagón en Cáceres

Desde que nace el río Alagón en la salmantina Frades de la Sierra hasta que se fusiona con el Tajo en Alcántara (Cáceres) sus aguas fluyen a través de meandros imposibles, secundan el vuelo de rapaces y aves carroñeras, surcan por igual arboledas y viñedos, a la vez que traspasan puentes de piedra con la memoria de los siglos. También le entrega su nombre a una notable comarca cacereña. El Valle del Alagón es territorio de vegas y un verdor que no escatima en tonalidades. Universo de encinares y olivos, de artesanos de hoy siguiendo las premisas de los maestros de antaño. Posee prominentes castillos, ciudades monumentales y tradiciones que se escapan a cualquier registro documental. Con Coria a la cabeza se erige como una de las escapadas más interesantes que se pueden vivir en Extremadura. Sin trampa ni cartón, con aroma a migas, caldereta y perrunillas de postre. El dulzor del otoño tiñendo la ribera de amarillos y ocres, sigue aguardando la espesura de las neblinas que se empeñan en acompañar cada amanecer.

Atardecer en el Valle del Alagón desde el mirador de la catedral de Coria (Cáceres, Extremadura)

Hoy te propongo una ruta por esta comarca, en coche, moto, bicicleta o incluso barco, tocando los mejores rincones y escenarios que ver en el Valle del Alagón. A continuación va una sucesión de ideas para plantearse una escapada centrada en el valor cultural, histórico e incluso natural que acompaña a uno de los afluentes que más hacen engordar al Tajo poco antes de cruzar la frontera.  Leer artículo completo ➜