El castillo de Zafra, soberbio escenario de Juego de Tronos en Guadalajara

¿Quién hubiera imaginado que una de las localizaciones más extraordinarias de Juego de Tronos tendría lugar en la fría y solitaria Sierra de Caldereros de Guadalajara? ¿Y que el castillo de Zafra se convertiría en un icono soberbio de toda esta historia? Situado en un lugar absolutamente despoblado, de inviernos siberianos y silencios ventosos, el considerado entre los castillos más hermosos y desconocidos de cuantos existen en España atrajo al equipo de la famosa serie de la HBO para trabajar en importantes escenas de la sexta temporada. Sin duda no es de extrañar que les llamara tanto la atención tanto la fortaleza como este entorno situado en el extremo oriental de la provincia de Guadalajara, a pocos kilómetros de territorio aragonés. Lo raro es que tanta gente de este país no supiera de su existencia antes.

Castillo de Zafra (Guadalajara). Es la Torre de la Alegría de Juego de Tronos

Dentro de una ruta por el corazón del Señorío de Molina en la que visitamos Molina de Aragón o el Barranco de la Hoz, nos desplazamos hasta el castillo de Zafra para disfrutar a solas de un increíble escenario capaz de trasladarnos a la Edad Media y que corresponde en la ficción a la Torre de la Alegría de Juego de TronosLeer artículo completo ➜

Un paseo por Irlanda del Norte (8 imprescindibles que ver en Irlanda del Norte)

Cuánto me gusta y me inspira el aroma a hierba mojada. Qué sugerente me parece caminar por una calle a la que le ha golpeado la lluvia, con finura pero con insistencia, o admirar un castillo al que la niebla se ha empeñado en engullir sin, tan siquiera, pedir permiso. Y lo hermoso que resulta asomarse a un acantilado de cuya frontera el único responsable es el océano. Con un panorama de rocas pedregosas y oscuras osando perturbar un oleaje furibundo. Horizonte de islotes anónimos nacidos por un antiquísimo vertido de lava donde tan sólo las aves marinas son capaces de mediar. ¡Vaya, no me doy cuenta y ya estoy de nuevo viajando con los ojos cerrados! ¿Por qué será que la imaginación me ha traído algunas de esas estampas que pude disfrutar en una ocasión en Irlanda del Norte? ¿Quizás es porque estamos en la víspera de San Patricio y el color verde me ha cegado con tréboles de tres hojas? Me da que esto debe ser obra de un Leprechaun, ese duendecillo travieso con sombrero de copa alta que se ha sentado junto a mi mesa y me está recordando el paseo que dimos juntos en Irlanda del Norte buscando escenarios de la serie Juego de Tronos, los mejores ángulos para disfrutar de la Calzada del Gigante, las huellas del Titanic en Belfast y un sinfín de perspectivas de vértigo en uno de esos territorios que convierten una escapada en algo grande.

Paisaje de Irlanda del Norte (Qué ver en Irlanda del Norte)

¿Qué ver en Irlanda del Norte? ¿Cuáles son esos imprescindibles para hacer durante un viaje al plató real de Invernalia? Os propongo, en esta ocasión, dar un breve paseo conmigo (y con el Leprechaun) para contaros esos lugares que deberíais tener en cuenta si en algún momento tenéis pensado viajar a Irlanda del Norte. No importa cuándo porque cualquier época del año es buena para descubrir las esencias de la Irlanda más septentrional. Incluso aunque seáis como yo y no os guste la cerveza. Aunque, eso sí, no lo digáis muy alto.  Leer artículo completo ➜

Los placeres de viajar a Noruega en invierno

Siempre he pensado que Noruega es un destino que merece la pena todo el año. Y, aunque la cantidad de horas de luz hacen tremendamente atractivos a la primavera y el verano, debo reconocer que me apasiona sobremanera viajar a Noruega en invierno. Porque cuando permanece cubierta con un grueso manto de nieve da la sensación de que los paisajes, los tejados y los instantes se tornan en pura magia. Quizás se pueda explicar por esas reconstituyentes chimeneas en una idílica cabaña de madera o porque cuanto más arriba nos desplacemos surge en los cielos el suave caminar de las auroras boreales.

Caminando por la nieve. Un clásico de viajar a Noruega en invierno

La presencia de las luces del norte, una travesía en trineo de perros en Laponia o la posibilidad de dormir en un hotel de hielo son algunos de los placeres que se vuelven posibles cuando realizas un viaje a Noruega en invierno. A continuación podéis ver algunas ideas para sacarle partido a uno de esos destinos del mundo en los que se puede disfrutar (y mucho) del frío.  Leer artículo completo ➜

Ruta por las maravillas de Campo de Calatrava (Ciudad Real)

Siempre que puedas, dame carreteras secundarias por las que vagar sin rumbo. Las autopistas son demasiado aburridas, demasiado previsibles. Me apasiona viajar en coche y perderme por los vericuetos del interior de España para buscar la sorpresa, disfrutar de ciertos escenarios costumbristas que aún permanecen vivos (y no sólo en los recuerdos de los largos trayectos de infancia), tomar desvíos improvisados y aprender sobre lo mucho que esconden ciertos destinos. Para eso reconozco que La Mancha siempre me ha parecido un filón, por lo que su llanura, que no es eterna puesto que la región también goza de montañas y estupendos humedales, se ha convertido en uno de mis destinos predilectos para escapadas, a menudo solitarias, donde el kilometraje sumado es lo de menos. Últimamente estoy muy volcado con Ciudad Real, una provincia que merece muchos más capítulos de los que obtiene en los medios de comunicación turísticos. Siempre que puedo, repito. No hace demasiado pude llevar a cabo un recorrido apenas planificado en la comarca histórica y ciudadrealeña de Campo de Calatrava que me hizo recordar las palabras de la poetisa francesa Anne Hébert quien aseguraba que no había que preguntarse a dónde llevan las carreteras, sino que es por el trayecto por lo que se emprende el viaje. Llámalo Ítaca, llámalo “un lugar de La Mancha”, pero ahí está dibujada la clave de quienes viajan por pura pasión y terminan encontrando lo que no sabían que estaban buscando.

Grullas en las Tablas de Daimiel (Ciudad Real)

Hoy me gustaría compartir una ruta medio improvisada a través de algunas de las maravillas que pude ver en Campo de Calatrava, así como en lugares aledaños la comarca. Y, como es debido, utilizando esas kilométricas y solitarias carreteras secundarias que se pierden en el horizonte manchego donde suceden lagunas volcánicas, formidables castillos medievales que sirvieron de lanza y escudo a la Orden de Calatrava, la cual da nombre a la comarca. O la hermosa plaza porticada de Almagro, una de las construcciones prehistóricas más inverosímiles de la Península Ibérica como es Motilla del Azuer o ese humedal de humedales conocido como las Tablas de Daimiel convertido en refugio de miles de aves acuáticas.   Leer artículo completo ➜

12 cosas que ver y hacer en Córdoba (Guía para primerizos)

Escribiría Luis de Góngora sobre su Córdoba natal que “nunca merezcan mis ausentes ojos ver tu muro, tus torres y tu río, tu llano y sierra, ¡oh patria, oh flor de España!”. Los restos de este gran jugador del lenguaje, cuyos versos de filigrana y oro alcanzaron la cumbre de las letras españolas, reposan en una capilla de la Mezquita-Catedral, pasando desapercibidos y durmientes en esa foresta de más de un millar de columnas y trescientos sesenta y cinco arcos de herradura en dos colores. Córdoba está repleto de ilustres. Además de Góngora podemos hablar de Séneca, Maimónides, Averroes, Almanzor, el Duque de Rivas, Julio Romero de Torres y muchos otros que dieron lustre a la ciudad andaluza. Su esencia permanece, de una forma u otra, en ese laberinto que representa su hermosísima judería, en los cientos de patios floridos y perfumados tras recios portones, en el puente romano y las viejas murallas, de la puerta de Almodóvar a la cuesta del Bailío, en la algarabía de la Corredera y en el brindis surgido en sus mil tabernas típicas o en el aroma de los naranjos. Siempre con la mezquita como testigo, con la determinación de saberse uno de los edificios religiosos más maravillosos e impactantes de todo el mundo, donde el arte un día tocó techo y sus visitantes se sienten precisamente cómodos en esa cima.

Mezquita-catedral de Córdoba (Qué ver en Córdoba)

Resulta difícil no enamorarse de Córdoba, de no hacerla tuya aunque hayas nacido a cientos o miles de kilómetros. Recuerdo que, aún siendo adolescente, cuando recorrí la ciudad por primera vez y entré a la mezquita, pensé que no volvería a ver nada parecido, que aquello era insuperable y alcanzable por muy pocos lugares. Hoy, veinte años más tarde y con casi un centenar de países en la mochila de recuerdos, me reafirmo de aquello. Precisamente dedicada a personas como yo, de flechazo y enamoramiento fácil, he preparado una guía rápida para primerizos con lo mejor que ver y hacer en Córdoba en una escapada de dos o tres días días. Con todos esos lugares que nos llevan a los ojos ausentes de Góngora y a unos alrededores que bien merecen una visita.  Leer artículo completo ➜

Tembleque y su fabulosa Plaza Mayor porticada

Cuando viajo por carretera me gusta imaginar qué hay detrás de todos esos cartelones vestidos con nombres de lugares y números sucesivos donde es probable que nunca me detenga. En el caso de Tembleque debo reconocer que pasé en incontables ocasiones viajando de Madrid a Andalucía o a Castilla-La Mancha, pero sin detenerme en este pueblo manchego, como con otros muchos. Como curiosidad, siempre viví cerca de la calle Tembleque en el barrio madrileño de Aluche, repleto de topónimos toledanos en su callejero, pero jamás me planteé cómo era ni qué guardaba el municipio. No sería hasta que, viajando en busca de los lugares más emblemáticos de la ruta de Don Quijote de La Mancha, por fin tomara la decisión de comprobar con mis propios ojos cómo era el pueblo, si había mucho o poco que ver en Tembleque y así solventar todas mis dudas. Una persona, de hecho, regresando de ese viaje me habló de este lugar.  Qué sorpresa la mía cuando de repente me vi caminando por una de las plazas porticadas más hermosas y, a la vez, desconocidas de España.

Plaza Mayor de Tembleque (Castilla-La Mancha, Toledo)

Con suelo de arena como en los cosos taurinos, columnas de granito sosteniendo dos filas de corredores de madera y el símbolo de la Orden de San Juan de Jerusalén se da una suma en positivo que no hace sino aportar galones a la Plaza Mayor de Tembleque, un escenario que entusiasma y sorprende al que la visita, pues en ella se posan los reflejos del mejor barroco popular del siglo XVII. Leer artículo completo ➜

De ruta por las Tierras del Jiloca y Gallocanta

Las Tierras del Jiloca y Gallocanta hermanan las provincias de Zaragoza y Teruel en un espacio común pero a la vez sumamente diverso. Por un lado combinan parajes esteparios con sabinares milenarios, lagunas saladas y altiplánicas que atraen como un imán a decenas de miles de grullas cada invierno junto a profundas hoces horadadas por un río de piedra cuyo curso helado viene acompañado por el planeo de buitres y alimoches. La solidez de imponentes torres mudéjares como faros de un medievo que reunión a tres culturas muy diferentes y pueblos de cuento secundando una vereda solitaria. El aroma del azafrán, de la trufa o de los secaderos de jamón se ocupan de envolver para regalo un sinfín de sabores y tradiciones que por sí solas son capaces de explicar un territorio que siempre sirvió como cruce de caminos donde a los transeúntes son guiados por robustos peirones de piedra así como por los cielos más rasos y limpios que se puedan imaginar.

Sele en el castillo de Peracense (Tierras del Jiloca y Gallocanta, Aragón)

Tras varios días recorriendo la zona con el coche me gustaría proponer a continuación una ruta por las comarcas del Jiloca (Teruel) y Campo de Daroca (Zaragoza). Un itinerario no falto de propuestas con las que se demuestra que en esta parte de Aragón la sorpresa tiene cabida. Que es rica en rincones históricos formidables, espectáculos naturales al alcance de todos y la bondad de los lugareños que provocan que el frío invernal se pueda contrarrestar con la más cálida hospitalidad.  Leer artículo completo ➜

Expedición Kamchatka 2019: ¿Quieres formar parte de esta aventura?

Hoy estamos de enhorabuena. Ya podemos anunciar que habrá Expedición Kamchatka en 2019. Todo está perfilado y bien hilado para llevar a cabo un asombroso viaje al extremo oriental de Siberia donde recorreremos parajes volcánicos y salvajes, accederemos a cuevas de hielo, surcaremos bosques petrificados por la lava y tendremos la oportunidad de ver y fotografiar enormes osos pardos en plena temporada del salmón. Utilizando vehículos 6×6 para adentrarnos por territorios indómitos de la que para muchos es la “Alaska rusa” pero donde todavía el turismo extranjero resulta casi anecdótico. Con más de una treintena de volcanes activos, la tradición de una tierra mágica que siempre estuviera habitada por los pastores de renos, la presencia de humeantes fumarolas, géisers y una fauna muy notoria en cielo, tierra y mar. Kamchatka es, sin lugar a dudas, uno de los territorios más auténticos e inexplorados de Rusia. Tanto que hasta los años noventa, tras décadas de guerra fría, no estuvo permitido el acceso de ciudadanos no pertenecientes a la Unión Soviética.

Volcanes en Kamchatka

Tenemos fecha de salida, el 9 de agosto de 2019. Un viaje de aproximadamente dos semanas con plazas muy limitadas aptas para quienes ardan en deseos de apuntarse a una de esas citas de una vez en la vida. No todos los días se acampa frente a un gran volcán, ni se vuela en helicóptero para ir a ver osos, ni se baja en barca por un río salmonero ni se mira la vida desde un cráter donde conviven fumarolas y glaciares. ¿Quieres formar parte de esta gran aventura? ¿Te vienes este verano conmigo a Kamchatka? Pues sigue leyendo, que te cuento todos los detalles.  Leer artículo completo ➜

El instante viajero XXII: Amanecer entre grullas en Gallocanta

Grullas al amanecer en la Laguna de Gallocanta

Llegar todavía de noche, con la luna como testigo, pisando con cierta torpeza un campo helado para buscar un rincón donde cobijarme de un frío que cala los huesos y eriza la piel es sólo la previa a uno de los mayores espectáculos que la naturaleza regala cada invierno, aunque siga siendo desconocido para muchos. En un mirador cualquiera a la laguna de Gallocanta, entre las comarcas de Campo de Daroca y del Jiloca, la linde donde se hermanan Zaragoza y Teruel, todo comienza con una sucesión constante de sonidos que recuerdan a los de las trompetas en un festival de jazz. Son las grullas que, a miles y aún refugiadas en sus dormideros acuáticos se preparan para marchar a alimentarse a los campos aledaños o a proseguir con su viaje a latitudes más meridionales en busca de unas condiciones meteorológicas más favorables que las que les aportan los inviernos nórdicos al otro lado del mar Báltico. Cuando las primeras luces del sol se ocupan de dibujan los moldes de los montes aledaños se apelotonan estas estilizadas aves para iniciar su despegue en bandada. Y, como si el alba fuera el silbato definitivo de una carrera, abandonan su cobijo lacustre aleteando y formando tantas filas que da la sensación de que el cielo se convierte en una sucesión de autopistas de viento construidas por el plumaje y la silueta estilizada de unas aves que hacen miles de kilómetros cada invierno y deciden año tras año que Gallocanta es una parada indiscutible para ellas.  Leer artículo completo ➜

Tras las huellas del lince ibérico en la Sierra de Andújar

Ni el leopardo de las nieves, ni el tigre de Bengala, ni tan siquiera el siberiano. Realmente el lince ibérico se trata de una de las especies de felino más amenazadas de todo el planeta. Las medidas conservacionistas durante la última década lo sacaron del limbo de su inminente extinción, aunque muchos expertos aseguran que su final es cuestión de tiempo. Incluso las buenas cifras de los últimos años en cuanto a población siguen atisbando una difícil situación para la vida en estado salvaje de este pequeño y hermosísimo depredador convertido en el emblema mayúsculo de la fauna de la Península Ibérica. Pero, ¿dónde se encuentra realmente el felino de las orejas pinceladas? ¿Dónde se puede ver el lince ibérico en libertad o, al menos, rastrear sus huellas? La respuesta nos lleva, sobre todo a Andalucía, tanto al Parque Nacional de Doñana como al Parque Natural Sierra de Andújar, aunque también se reconocen poblaciones de menor tamaño en el Valle de Alcudia, ya en Ciudad Real, o itinerando en los Montes de Toledo. Algunos miembros vagan como fantasmas buscando fortuna en buena parte del país y sólo las fotos de trampeo los delatan, pero si existe una posibilidad más o menos certera de poder observar a este animal, hay plantearse buscarlo bien en Doñana o, como fue mi caso, en la Sierra de Andújar. Y es que en los parajes jienenses se dan las condiciones ideales para que se pueda declarar a esta porción de Sierra Morena como el auténtico territorio del lince ibérico.

Sierra de Andújar (Dónde ver al lince ibérico)

Antes de planear mi estadía en la Sierra de Andújar me hubiera conformado con toparme con unas huellas del depredador de pelaje moteado. O incluso con escuchar el maullido de una hembra en pleno celo invernal. Siempre di por hecho que la misión sería un quiero y no puedo, un imposible o más bien una ensoñación. Pero cuando se juntan los ingredientes más adecuados con el dónde, el cómo, el cuándo y el con quién, puede dar la casualidad de que aparezca la suerte para cocinarlos todos a la vez y, cuando menos te lo esperes, salte la sorpresa. O en este caso, una preciosa familia de linces jugueteando en unas rocas.  Leer artículo completo ➜

Gaasbeek y Beersel, flamantes castillos del Brabante Flamenco

Se oye mucho hablar de las ciudades de cuento de Flandes, de esas grandes plazas públicas donde el gótico flamea en cada fachada, de los canales y los puentes que los cruzan, de sus campanarios civiles, las tiendas de chocolate con sus atractivos escaparates y los encantadores beaterios donde refugiarse incluso del tiempo. Se narran historias de la Adoración del Cordero Místico en Gante, la Madonna de Miguel Ángel en Brujas salvada in extremis del expolio nazi y de cómo Amberes fue el caballete al que mejor partido sacó Rubens. De los mercadillos de Navidad, la imprenta de Plantino, las huellas de Carlos V y los famosos Tercios. Pero, ¿y los castillos de Flandes? Porque los tiene, y no son pocos precisamente. Son muchas las personas amantes de lo medieval y de historia de las grandes familias europeas, de reyes y reinas que no necesariamente portaban corona. Y es entonces cuando se topan de repente con maravillas solitarias y casi escondidas como Gaasbeek o Beersel, flamantes castillos situados en el Brabante Flamenco, en esa campiña verde trasladada a los cuadros grandes genios de la pintura como, por ejemplo, Brueghel el Viejo, para hacerla inmortal.

Castillo de Beersel en el Brabante Flamenco (Flandes, Bélgica)

Durante mi último viaje a Flandes, con Lovaina o Lier en la lista de prioridades, dediqué parte del recorrido a conocer dos hermosos castillos brabantinos muy diferentes entre sí. Gaasbeek y la elegancia de una residencia romántica en un entorno bucólico de bosques y estanques o Beersel, la estampa de una fortaleza que nunca modificó su función militar y cuyas ruinas permanecen ancladas en la Edad Media. Ambos distintos pero superlativos. Y a una distancia ridícula de Bruselas, en pleno corazón del inagotable Brabante Flamenco.  Leer artículo completo ➜