El castillo de Trakai, orgullo medieval de Lituania

Entre lagos y verdes arboledas, sostenido por las aguas como si fuera un milagro, nace y se refleja el castillo de Trakai, del que nadie duda se trata de la fortaleza medieval más hermosa de Lituania. Sus muros y torreones de ladrillo son accesibles a pie tras surcar dos puentes de madera en un entorno tan idílico que parece de cuento. Los cisnes y patos confunden sus siluetas con los de los pequeños botes de pesca que rodean el símbolo patrio por antonomasia de todos los lituanos. Trakai es el recuerdo de una historia compartida con otros pueblos y de fondo la figura de Vytautas el Grande, que logró en la Edad Media que las fronteras de Lituania se extendieran nada menos que del Mar Báltico al Mar Negro, con las tropas mongoles del gran Tamerlán acechando un paso. El propio Vytautas, nacido en el castillo, es el héroe nacional que ondea en las banderas del subconsciente lituano, que se siente tremendamente orgulloso e identificado con sus raíces.

Castillo de Trakai (Lituania)

A poco más de media hora de distancia de Vilna se encuentra el castillo de Trakai, que se ha convertido en una de las visitas más interesantes e imprescindibles que se pueden hacer en Lituania. Llegar y asomarme al lago que lo sustenta fue uno de esos momentos que recordaré siempre de mi paso por tierras lituanas dentro de un fabuloso viaje a las Repúblicas Bálticas. La nostalgia vive en ese castillo que esconde aún demasiadas historias que merecen ser contadas. Leer artículo completo ➜

La colina de las cruces de Lituania: Resistir es vencer

Érase en Lituania una pequeña colina rodeada de prados y pastos. Se cuenta que allí durante la Edad Media aparecieron de la nada cruces de madera y hierro para recordar los muertos en la batalla con los Caballeros Teutónicos que habían conquistado aquella tierra. Mucho tiempo después, cuando Rusia expandió sus dominios hacia el Báltico en el Siglo XIX, se repitó lo que se pensaba había sido una Leyenda popular y varias cruces fueron clavadas en aquel lugar solitario. La colina se convirtió en un símbolo silencioso ante la opresión foránea, aunque nada comparable a lo que sucedería con posterioridad a la II Guerra Mundial. Con Lituania dentro de la URSS decenas de cruces brotaron cada noche en la hierba, con la consiguiente desaprobación de los rusos que no dudaron en retirar de inmediato lo que consideraron afrentas del pueblo contra el régimen. Éste, que además es un país con unas creencias católicas muy férreas, protestaba ante los soviéticos de esa manera y puso todas las noches más y más cruces. A raíz de una revuelta en los años 60, a la Fe se le machacaba a base de fuerza y los militares rusos hicieron lo posible por acabar con semejante icono de resistencia. Se incendió la colina varias veces, los tractores rompieron incluso la forma natural de la colina, se arrojó basura para convertirla en vertedero, se declaró falsamente el lugar como zona con rabia y se prohibió terminantemente el paso. Pero nada sirvió porque las decenas se conviertieron en cientos y éstos en miles. Se planteó incluso construir una presa y, de ese modo, inundar por completo aquellos parajes, aunque finalmente el tiempo se detuvo en la Unión Soviética y Lituania logró su independencia en 1991. La colina de las cruces ha visto llover miles de cruces más desde entonces y erigirse como un lugar sagrado en el que, de una forma u otra, nació un país libre.

Hoy en día más de cien mil cruces se abalanzan ante la mirada del viajero, convirtiéndose en el mayor reclamo de peregrinos y turistas que ponen sus pies en Lituania. Dentro de mi viaje a los Países Bálticos tenía la premisa indiscutible de verlo con mis propios ojos y así lo hice. Me fui a perder en este laberinto tan enigmático y cargado con el alma de quienes una vez comprobaron que resistir es sinónimo de victoria. Leer artículo completo ➜

Resumen y Guía de un viaje a las Bálticas: Estonia, Letonia y Lituania

En las Repúblicas Bálticas nos encontramos tres pequeños países que formaron parte de la URSS hasta el año 91 y que ahora vuelan solos mirando hacia atrás lo justo y necesario. Pocos pensaron que se fueran a soltar tan rápido de la mano de la potencia que las absorbía y tuviesen un avance semejante para incorporarse de pleno a la Unión Europea. Con muchas ganas, de la mano y, sobre todo, con mucho trabajo, Estonia, Letonia y Lituania se abrieron al mundo orgullosas de su Historia, su cultura, su naturaleza y su gente. Desde ese momento el crecimiento del turismo en los países Bálticos progresó tanto que se convirtió en una de las mejores noticias para los viajeros que poco antes debían recurrir a la burocracia para obtener sus permisos de entrada. Ahora apenas queda rastro de los tiempos grises y se considera normal la absoluta libertad y facilidad de acceder a ciudades maravillosas como Tallinn, Riga o Vilnius (las tres capitales son Patrimonio de la Humanidad), recorrer profundos bosques o el litoral bañado por el Mar Báltico, y conocer pueblos verdaderamente auténticos con los que tocar la tradicionalidad con las yemas de los dedos.

Aprovechando que al regreso del viaje a Uzbekistán hacíamos escala en Riga pude prolongar esta «parada técnica» más tiempo y así realizar una ruta en coche de alquiler que no estaba en absoluto planificada. 2000 kilómetros después me gustaría mostraros en qué consistió dicho viaje de una semana por los Países Bálticos (Estonia, Letonia y Lituania), cuáles fueron los lugares que visité, así como algunas claves y consejos prácticos para quien desee vérselas con este trío de Repúblicas tan particulares como fascinantes. Leer artículo completo ➜

Regresar, soplar velas y seguir soñando

Esta historia va de un regreso, de un cumpleaños y de una ilusión que sigue intacta e imparable. El regreso ya suponéis que se trata del último viaje a Uzbekistán y las Bálticas, cuyo olor sigue impregnado en la mochila, sin deshacer todavía. Demasiados recuerdos hermosos de estas semanas se han venido conmigo. Llamar a las puertas del corazón de la ruta de la seda en Samarkanda no se hace ni se disfruta todos los días. O emocionarse frente al Minarete Kalon de Bukhara, formar parte del cuento de Khiva e incluso sentir el calor de una yurta en mitad de una noche desértica en la que vuela la arena por todas partes. Qué decir sobre deslizarse en bosques verdes y profundos con aromas a Mar Báltico y gozar de la inquietud y la belleza de ciudades como Riga, Tallin o Vilnius. En efecto, he vuelto a sentir la magia del viaje, de este mundo que sigue destapándose y en el que sólo me cabe seguir aprendiendo de él.

Esta mañana he amanecido de nuevo en Madrid, mi casa. Y me veo reincorporándome a mi vida en la ciudad celebrando además que son 31 años los que me acompañan en el camino. Una vela más y nuevos deseos, nuevos sueños con los que no dejar de mirar hacia delante con pasión y optimismo. Leer artículo completo ➜

Uzbekistán y Repúblicas Bálticas: Comienza el espectáculo

Centellean las cúpulas de Samarkanda, se oyen los cantos en los minaretes de Bukhara, las murallas de Khiva parecen más fuertes que nunca y los pastores se alejan del calor del desierto con sus rebaños para que pasten junto al Río Oxus, ahora Amu Daria. Ahora sí que sí, el Gran Viaje del verano ha comenzado. Uzbekistán, el corazón de la Ruta de la Seda, late con la sangre de los Marco Polo, Tamerlán, Ibn Battuta, y se pasea con el alma de las caravanas y camelleros que un día surcaron ese camino en el que se hicieron transfusiones de sabiduría tanto o más que de mercancías. Nuestros pies buscan también posarse sobre este lugar que se rompe en la Historia del mundo mezclada en este lejano rincón de Asia Central. Pero no todo acaba allí, ya que la emoción de bifurcará en una última semana recorriendo las Repúblicas Bálticas, esos países de la ex-Unión soviética que brillan con luz propia que siempre se pronuncian al unísono y en el mismo orden: Estonia, Letonia o Lituania. Dos viajes, dos aventuras y mil retos viajan en el interior de nuestras mochilas.

No sabéis qué alegría me da deciros que esta es una realidad, que hasta que termine el mes de julio no se hablará de regresar sino de aprender de otras personas, de otros modos de vida,  de lo que supone perderse dentro de las huellas de la propia Historia. Leer artículo completo ➜

Este verano nos vamos a… Uzbekistán y a las Repúblicas Bálticas

Dos viajes en uno. Dos aventuras muy diferentes con las que echarle en guante a un verano que se presume caliente. Repartiremos tres semanas para viajar en primer lugar a Uzbekistán (11-24 de julio), donde indagaremos en esta perla de Asia Central involucrada en el fenómeno de la Ruta de la Seda y, en segundo lugar, a tres pequeños países bañados por el Mar Báltico como son Estonia, Letonia y Lituania (24-31 de julio), con sus elegantísimas capitales declaradas Patrimonio de la Humanidad. Sensaciones y retos distintos sin solución de continuidad, unidos por las mismas ilusiones y unas mochilas que esperan volver llenas de experiencias mágicas en unos destinos que pueden aportarnos un viaje puro e intenso.

Hace tiempo que tenemos los billetes de avión y que comenzó la fase de lectura y repaso de la documentación existente, sobre todo, en la red. Las ideas son aún mentales y faltan por plasmar en un plan establecido, pero para eso contamos con las próximas semanas. Tenemos hasta el mismo día 10 de julio para llevar a cabo los preparativos con los que sacar un mayor partido a estos destinos. Quienes lo tienes más claro que nosotros son los lectores de elrincondesele.com que, a partir de las pistas dejadas en el último post, acertaron cuál iba a ser el viaje del verano. Aunque sólo hay un ganador, el más rápido y certero en sus resupestas. Leer artículo completo ➜