De Chachapoyas a Ecuador por una frontera poco convencional

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De Chachapoyas a Ecuador por una frontera poco convencional

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Hay distintas fronteras terrestres que unen Perú con Ecuador, siendo la de Tumbes/Huaquillas la más utilizada y, a su vez, más conflictiva. Se dice que incluso es la que posee un mayor grado de peligrosidad en Sudamérica, no siendo pocos los casos de robos y estafas aprovechando la concurrencia y descontrol en dicha línea fronteriza. En principio era la que tenía pensado utilizar, regresando desde Chachapoyas a Chiclayo y tomando desde allí un largo bus nocturno a Guayaquil. Pero fue en la propia Chachapoyas donde me enteré de una forma más rápida, económica, segura e interesante de llegar al Ecuador sin tener que pasar por Chiclayo ni atravesar la polémica frontera de Tumbes. Es una ruta que requiere de diversas combinaciones en transporte local, ya sea en minivan o en automóvil, y que a priori parece compleja, pero después de hacerla estoy convencido de que merece la pena y el viajero termina agradeciéndolo.

Creo que puede resultar útil ofrecer información práctica de cómo ir desde Chachapoyas al Ecuador relatando una experiencia propia en la que detalle cómo ir, tiempos, precios y algunos consejos, amén de las clásicas anécdotas de una de las fronteras más solitarias y extrañas que he cruzado nunca.

LA HOJA DE RUTA DE UN RUTA POCO USUAL ENTRE PERÚ Y ECUADOR

A continuación podréis ver un mapa que contiene la ruta que realicé desde Chachapoyas a Ecuador y que señala las distintas paradas que uno debe realizar a día de hoy para conseguir este propósito.

En principio puede parecer demasiado complicado al requerir numerosas combinaciones y tener que tomar más medios de transporte de lo normal, pero una vez se lleva a cabo uno comprueba que no es ninguna odisea. Simplemente hay que conocer los pasos y pasar de un lado a otro hasta haber cumplido un viaje entretenido con el premio de ir recorriendo paisajes increíbles y poblaciones muy rurales y, por supuesto, compartiendo asiento con gente local que suele tener mucho que contar.

Para ello lo mejor es detallar uno por uno todos los pasos y que toméis nota si en alguna ocasión lleváis a cabo esta ruta.

PASO Nº1: DE CHACHAPOYAS A BAGUA GRANDE

La salida de Chachapoyas ofrece una única y sencilla opción de transporte, un vehículo que hace el servicio muy de seguido hacia la localidad de Bagua Grande (no confundir con Bagua Chica, que está en otro sitio). Preguntando en el propio Chachapoyas se llega a la parada (la gente local lo llama “paradero”) de donde salen estos coches prácticamente a cada rato. Suelen esperar a estar completos para partir, pero no es algo difícil puesto que es una ruta muy solicitada. El precio ronda los 23 soles (aprox 8€) y el tiempo de duración del viaje a Bagua Grande es de 2 horas.

Este fue uno de los recorridos más movidos de este viaje hacia el Ecuador, no por la zigzagueante pero apasionante carretera de Chachapoyas que muestra un panorama escarpado repleto de acantilados, sino porque a la izquierda me acompañaba una dama de unos 200 kilos que apoyaba su cabeza en mi hombro para dormitar, y a la derecha una niña no paraba de vomitar en una bolsa que llevaba consigo. Ciertamente no era un panorama demasiado esperanzador salvo por el paisaje que nos acompañaba, pero era el daño colateral de este viaje a Bagua Grande. Hubo que parar unos minutos en una farmacia (en Perú aún se las denomina con la vieja pero encantadora acepción de “boticas”) para que la niña tomara algo para el mareo, pero aún así cumplimos a rajatabla las dos horas previstas para este viaje.

Cuando llegamos a Bagua Grande le pedí al conductor me dejara en el Paradero de autos y combis a Jaén, que era el siguiente objetivo. Accedió y de esa forma inicié el segundo paso.

PASO Nº2: DE BAGUA GRANDE A JAÉN

Al igual que con el paso número uno frecuentísimos vehículos (furgoneta/combi o automóvil de 5 plazas) salen del paradero de Bagua Grande a Jaén. Se llenan enseguida, por lo que inician su ruta con muy poco tiempo de espera. En este caso el precio por una plaza es de 10 soles (aprox 3€) y la duración del viaje es de una hora.

Fue el trayecto más veloz de todos los que realicé durante la jornada. Nada destacable salvo que el panorama seguía siendo delicioso, con la imponente presencia de arrozales y palmerales a ambos lados de la carretera. Y que llevábamos a dos señores sentados en el maletero… lo normal, claro.

En este caso el conductor no me dejó en el paradero correspondiente, por lo que debí tomar un mototaxi (un rickshaw como los de la India, muy usuales en Perú) al mismo debiendo pagar un monto de 2 soles.

PASO Nº3: DE JAÉN A SAN IGNACIO

La localidad peruana de Jaén, cuya comparación con la blanca y hermosa ciudad andaluza es pura coincidencia, está ya enfilada mirando hacia el norte. Al igual que en los otros lugares, los autos y las combis esperan a llenarse para partir, cosa que es cuestión de minutos, ya que los conductores se ocupan de buscar clientes activamente. El precio de la plaza para viajar a San Ignacio es de 20 soles (aprox 6 €) y la duración del trayecto ronda las dos horas.

Recuerdo que mientras esperaba la salida coincidió con los himnos del esperado estreno de la Selección española de Fútbol contra Italia en la Eurocopa 2012. Varios conductores desde unas sillitas de tipo guardería observaban pacientemente toda la parafernalia de esta competición, aunque en realidad hacían tiempo antes del comienzo del partido de Perú contra Uruguay, clasificatorio para el Mundial Brasil 2014. La afición peruana por el fútbol es total y su selección es sencillamente lo máximo.

Al conductor del vehículo que me llevó a San Ignacio le apodaban “el abuelo” por superar con creces los 65 años. Aunque, como se suele decir, más sabe el diablo por viejo que por diablo, resultando ser un auténtico Fitipaldi con muchos reflejos para manejar lo que le dieran.

Hicimos una parada de cinco minutos a una aldea minúscula en la que aprovechamos a beber un jugo y comprar algo para picar. Y no porque fuera de rigor sino porque un pasajero así lo solicitó.

Al igual que en Jaén, no me dejaron en el paradero correspondiente, pero un señor que hizo el viaje conmigo resultó tener una mototaxi de su propiedad esperando en la puerta, ofreciéndome amablemente a hacer dicho traslado sin coste alguno. Todo un detalle que no es extraño ver en algunas gentes de estas tierras.

PASO Nº4: DE SAN IGNACIO A LA BALSA, EN LA FRONTERA

El paradero de San Ignacio a la Balsa, en el norte de la ciudad, contaba al menos con un pequeño restaurante en el que pude comer algo rápido (por 2 soles una hamburguesa) mientras esperaba la salida del último vehículo peruano hacia la frontera con Ecuador. Pagué por adelantado 17 soles y cuando ya estuvimos todos marchamos hacia La Balsa en un coche al que le costaba cerrar las puertas.

La carretera estaba completamente en obras, aunque tuve suerte de ir en domingo y evitar que hubiera obreros dando prioridad a los automóviles de un sentido u otro. En condiciones normales esta ruta se hace en una hora y cuarenta minutos, aunque en días de trasiego se puede extender una hora de más. Depende del tráfico y de la intensidad de las obras. Aunque cuando éstas finalicen se podrá cubrir el trayecto San Ignacio – La Balsa en mucho menos.

Aproximadamente a las 15:30 de la tarde ya estaba en el paso fronterizo peruano-ecuatoriano, unas siete horas después de mi partida desde Chachapoyas. Era el único pasajero que acudía a dicha frontera y, de hecho, no me encontré con un solo extranjero a mi llegada.

PASO Nº5: TRÁMITES FRONTERIZOS DE SALIDA DE PERÚ Y ENTRADA A ECUADOR

La frontera no era más que la veloz corriente del Río Canchis. En realidad La Balsa es como se le llama a las cuatro casas y oficinas que hay a un lado y otro. Un puente en el que se deja secar el cereal es la única vía para pasar caminando tranquilamente de Perú a Ecuador y viceversa. Aunque antes hay que realizar los clásicos trámites con el pasaporte para que le sea sellada la salida de un país y la entrada a otro.

A diferencia de otras fronteras, la de La Balsa es una de las más relajadas que he visto en mi vida. En el puesto de inmigración todo fueron sonrisas y preguntas de curiosidad por parte de un aburrido funcionario poco acostumbrado a las visitas. Después el sello de la policía fue algo más surrealista, ya que tuve que esperar a que el hombre que se ocupaba de esos trámites terminara de ducharse. Su compañero no tenía demasiado interés en levantarse de la cama, aunque estuviese a apenas cinco metros del matasellos. Simplemente debía tomarme las cosas con paciencia y esperar a que me atendieran. Como ya dije, es un puesto tan poco concurrido que las cosas merecen su calma. En estos casos la prisa no sirve de nada.

Con mi sello de salida no tuve más que caminar unos metros por el puente del Río Canchis y dirigirme a La Balsa ecuatoriana. Unos niños jugaban al fútbol frente a las dependencias de la policía, mientras que un grupo de gente más variopinta presenciaba con interés el partido Ecuador – Colombia que estaban dando en la televisión. El policía que me puso el sello de entrada hacía lo propio, pero con la comodidad de tener televisión en la propia oficina, sin necesidad alguna de tener que salir de ella.

Cuando le pregunté a qué hora salía el transporte hacia Zumba, la primera población real (La Balsa no lo es), me contestó que el conductor tenía pensado marchar cuando finalizara el encuentro futbolístico de Ecuador. Buena respuesta, sí señor.

Realmente la ranchera a Zumba, que es como llaman a un camión con un container adaptado para llevar gente, tiene tres salidas diarias: 12:30, 17:30 y 19:30. Afortunadamente el partido no sobrepasó en demasía las 17:30, por lo que la espera no se hizo demasiado larga. Aproveché a ver el fútbol con la gente, a comprar agua y cambiar a dólares (la moneda de Ecuador) unos pocos soles que me quedaban. Los dos o tres comercios de La Balsa se dedican eminentemente a eso. Puede ser útil para contar con un poco de metálico con el que arrancar, pero no conviene cambiar demasiado dinero ya que no utilizan el tipo más favorable para el viajero.

PASO Nº6: LA BALSA – ZUMBA

La ranchera que comunica La Balsa con Zumba (precio 1´75 dólares) parecía más bien un vehículo para hacer safaris en África. El pasajero iba totalmente al descubierto, aunque tenía cierto encanto, sobre todo para disfrutar de los ondulados valles que quedaban a izquierda y derecha. La carretera no es tal. Es un serpenteante sendero de tierra que debe complicarse cada vez que llueve. Aunque ese día estábamos de suerte y la ruta no se demoró más de una hora y media.

Las únicas paradas que iba haciendo era para recoger gente que aparecía de los lugares más inspospechados y dejar que otros se marcharan. Si alguien quería decir que deseaba bajarse no tenía más que dar unos golpecitos contra el lateral, que el condutor se daba por aludido y detenía el vehículo de forma inmediata.

Era divertido y, sobre todo, mostraba una entrada amable a Ecuador. Todos eran o locales o peruanos, salvo mi caso. Curiosamente varias personas me preguntaron varias veces si era peruano o ecuatoriano, quedándose sorpendidos cuando les explicaba que, en realidad, era español.

La ranchera terminó su viaje en la Terminal terrestre de Zumba, una modesta estación de autobuses donde debí decidir cuáles iban a ser mis próximos pasos. Aquí el viajero tiene la opción de viajar en bus a Vilcabamba (5 horas) o a Loja (6 a 7 horas), como muy lejos, destinos con cierto interés turístico (a Vilcabamba se le conoce como “El Valle de la Longevidad” y muy cerca de Loja está el muy recomendado Parque Nacional Podocarpus). En realidad la travesía por Ecuador empieza aquí.

Yo decidí marcharme en un bus nocturno a Loja (7´5 $), para enlazar otro a Cuenca (7´5$), ciudad virreinal y Patrimonio de la Humanidad que tenía especial interés en conocer. Acababa de dar mis primeros pasos en un país nuevo para mí y que me iba a servir de transición hacia Colombia.

CONCLUSIÓN…

Como dije al principio, lo que parece complicado resulta muy sencillo si se sigue cada paso de forma adecuada. Al final lo que es seguro que en un día se puede pasar de estar en Chachapoyas (Perú) a empezar a moverse por Ecuador (y viceversa). Y no sólo uno se beneficia de una frontera extremadamente tranquila y segura sino que se ahorran costes (76 soles en total, aprox 23€), tiempo (las 12 horas que invertí en ir a Zumba son las mismas que necesitaría únicamente para regresar a Chiclayo) y se pueden disfrutar unos paisajes imponentes en compañía de la gente del lugar.

Para mí escribir de viajes es, por supuesto, hablar de experiencias y sensaciones, sin olvidar dar algunos consejos prácticos que puedan resultar útiles a otros viajeros. Me parecía interesante contar esta ruta alternativa entre Perú y Ecuador y espero este escrito lleve a muchos aventureros a buen puerto. O mejor dicho, a buena frontera…

NOTA IMPORTANTE: Nos comunica Jordi, que recientemente cruzó la frontera que añadamos un inciso útil: Es crucial llevar dólares encima o cambiarlos en La Balsa, a pesar del mal cambio (o a una mala soles) si se piensa pernoctar en Zumba y para pagar el bus. En Zumba los cajeros solo operan con tarjetas locales (nada de Visa, MasterCard, etc), y no hay casas de cambio. Ni siquiera las oficinas de los bancos aceptan euros. Tuvimos que pedir al señor del bus que nos fiara el viaje hasta Vilcabamba, donde corrí a un cajero a por dólares para pagarle.”

Sele

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* Recuerda que puedes seguir todos los pasos de este viaje en MOCHILERO EN AMÉRICA

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