El instante viajero XVI: La mirada de los moáis

Moáis de Isla de Pascua

Hay que ver lo que cuesta sostenerle la mirada a un moái. Cuando te sientas frente a un grupo numeroso en el altar más impresionante de Isla de Pascua, Ahu Tongariki, con el océano a sus espaldas y a miles de kilómetros las costas chilenas, te das cuenta de que allí únicamente mandan ellos. Los moáis elaborados con piedra volcánica arrancada al Rano Raraku parecen recrear la figura de los ancestros de una aldea o tribu determinada. A pesar de que la isla es bien pequeña, había diversos grupos que no debían estar muy bien avenidos entre ellos, razón por la cual cuando el primer europeo llegó a Rapa Nui se encontró con todos los moáis (y eran cientos) tirados al suelo como si fuesen los últimos muertos de una guerra perenne.

Si uno profundiza en el hieratismo de su postura recta y un rostro serio puede dar la impresión de que son incluso algo malhumorados. Sus caras recuerdan que ellos son los dueños absolutos de la isla. Y es que en Rapa Nui ellos son los únicos guardianes, los soldados de un cielo nocturno iluminado de estrellas en el confín más remoto del Océano Pacífico. Su objetivo fue y es vigilar su aldea, la isla que les acogió siglos antes tras llegar de lejanas islas de la Polinesia y establecer esos lazos de protección con los habitantes que siguen habitando el que se dijo durante mucho tiempo era “el ombligo del mundo”.

Estos vestigios de piedra esconden numerosos misterios, muchos de los cuales se quedarán con ellos para siempre. O con los huesos que tienen justo debajo del altar que les aúpa. Las preguntas son muchas. ¿Cómo fueron trasladados los moáis desde su origen en el volcán Rano Raraku para hacer varios kilómetros si pensaban hasta ochenta toneladas? ¿Cómo demonios fueron levantados? Y esos tocados o sombreros llamados pukaos, que los hay de más de diez toneladas, ¿cómo fueron colocados en lo alto de la cabeza de estas grandes estatuas? ¿Cuál fue la razón exacta por la que ni uno solo se mantuvo en pie?

Sele en Isla de Pascua

El día que en pleno siglo XIX los barcos de negreros se llevaron a gran parte de la población como esclava a diversas islas peruanas para recoger guano hasta la extenuación se cortaron de raíz los lazos de una de las civilizaciones más asombrosas de nuestro planeta. Murieron todos aquellos que podían leer y escribir los jeroglíficos rongo rongo, desaparecieron quienes conocían el porqué de los moáis y los orígenes de esa Isla de Pascua habitada por estrictos designios divinos. Es ahora el turno de la arqueología la que va iluminando de hipótesis y certezas lo sucedido en el ombligo del mundo.

Los viajeros sólo podemos ser testigos de su existencia, sostener con dificultad la mirada de los moáis. Llegar a Isla de Pascua fue una de las cosas más bonitas que me han sucedido en la vida. Y no sé qué, pero algo tiene Rapa Nui que cuando la pisas por primera vez eres sabedor de que has quedado atrapado para siempre. Su voz cuenta en voz alta muchos secretos, pero en una lengua que nadie conoce ni será capaz de descifrar jamás…

Sele

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3 comentarios en “El instante viajero XVI: La mirada de los moáis

  1. Hola, vi tu articulo en twitter y me detuve a leerlo. Me pareció bien resumido, con un aire poético, aunque eché de menos que hablaras del mana, de que en el Rano Raraku existe un único moai femenino tallado o que los moais son también una estatua en honor a un personaje fallecido del clan que, a su vez, toma rebites religiosos tal como los santos para los católicos.
    Bueno, te digo todo esto porque soy chileno y he estado dos veces en Isla de Pascua, por lo que tuve el privilegio de conocer de manera cercana y presencial la historia de la cultura Rapa Nui.

    De todas maneras, te felicito por promover la Isla.

    Saludos.

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