Así fue nuestro viaje a Benín y Togo: Etnias, cultura, naturaleza y vudú

No me resulta sencillo en absoluto narrar el último viaje a Benín y Togo. Al menos con cierta lucidez y precisión. En realidad no sé cómo ni por dónde comenzar, así que pido disculpas de antemano si no empleo las palabras adecuadas y me pierdo en divagaciones varias. En estos momentos se me amontonan las imágenes y no soy capaz de hilar fino. Veo pasar de manera constante una secuencia tras otra. Sin orden, sin sentido. Retumba en mi cabeza el ruido de tambores y surgen cánticos ininteligibles, mantras a deidades de las que desconocía incluso su existencia. Pero algo sí tengo muy claro. Vengo de esa África de tradiciones y ritos ancestrales, de danzas mágicas y máscaras de madera con vida propia, de chozas de adobe e incluso de hojas de palmera. He visto esa versión del continente con la que llevaba soñando desde niño. Porque conocer distintas etnias que viven amarradas al orgullo de pertenencia a una cultura singular que no dudan en tatuar e incluso escarificar en su negra piel, supone, al fin y al cabo, viajar con una mirada inocente y antropológica, convertir al ser humano en el único protagonista de una función teatral donde, pase lo que pase, nunca cae el telón.

Tata Somba en Togo (Mujer y vivienda tamberma en Togo)

Un viaje a Benín y Togo no es un mero qué ver y hacer. Llegar aquí es como poner sobre la mesa un sendero de tierra roja hacia los orígenes del vudú y el animismo más atávico. Significa dormir acunado con el rugido de un león a media noche y despertar en un mundo donde los colores, la gratitud a la naturaleza (con los dioses que actúan en ella) y el recuerdo al pasado, en ocasiones amargo y en otras dulce, nutre cada etapa. Así ha sido nuestra aventura en estos dos pequeños países situados en el Golfo de Guinea. Una sucesión permanente de imágenes impactantes que aún estoy tratando de digerir. Aunque me temo que no existe digestión para una experiencia que jamás podré olvidar.  Leer artículo completo ➜

Rumbo a Benín y Togo, las raíces africanas de la religión vudú

Ya tengo el equipaje preparado. El pasaporte se ocupa de proteger la cartilla de vacunaciones. La cámara de fotos con todas sus baterías cargadas y tantas tarjetas de memoria que me daría para todo un año. Salgo con la ilusión comparable a quien realiza su primer viaje. Porque África es, sencillamente, otra cosa. Porque esta vez el rumbo tomado me llevará a dos pequeños países subsaharianos clavados en el occidente del gran continente negro. Benín y Togo. Togo y Benín. Una pareja cuyos nombres inspiran reinos olvidados, tribus que conservan sus tradiciones ancestrales, el poso del vudú en tradiciones y danzas ininteligibles que traspasan la propia conciencia, el apego a la naturaleza, a lo que emerge de la tierra, ese recuerdo omnipresente hacia los antecesores. Viajo, y en buena compañía, en busca de las raíces de una religión que traspasó el Atlántico hasta tocar a América. Porque en aquellos barcos de oscuridad, podredumbre y miedo que se dirigían a las plantaciones, iba a bordo una semilla muy poderosa cuyo fruto está hoy más presente y arraigado que nunca.

Mujer en un mercado de África occidental (Rumbo a Togo y Benín)

Está a punto de arrancar (ya cuento las horas para aterrizar) un viaje a Benín y Togo con un buen amigo y de la mano de anfitrión de lujo que nos introducirá a escenarios que jamás hubiésemos podido imaginar. Él será la llave que nos abrirá las puertas de lugares asombrosos, de los poblados y, por supuesto, de sus ceremonias.  Leer artículo completo ➜