El otro Gijón II (Neolítico, astur, romano y medieval)

Utere felix domum tuam reza una inscripción latina a carboncillo sobre la superficie de un ladrillo hallado en en el yacimiento arqueológico de la villa romana de Veranes, en el corazón del concejo de Gijón, por la que pasa además la celebérrima Vía de la Plata. Su traducción sería algo así como “Que uses felizmente tu casa” o, más coloquial y al grano, “disfruta de tu casa”. Este hallazgo en forma de buen deseo puede ser una manera entrañable de comenzar un nuevo capítulo de “El otro Gijón” dedicado, en esta ocasión, a dar luz a algunos restos memorables de su pasado más lejano. Manteniendo, por supuesto, la línea de tratar de desentrañar otras parroquias que forman parte de Gijón, olvidándonos de la ciudad por unos instantes y, de ese modo, buscar motivos para recorrer un territorio que abarca un sinfín de rincones dignos de conocer.

Villa romana de Veranes (Concejo de Gijón)

Caminaremos sobre los túmulos neolíticos del Monte Deva y avistaremos las siluetas pétreas del castro cilúrnigo de la Campa Torres frente al Cantábrico donde Roma dejó también su impronta. Y del que puede ser considerado el origen de la hermosa villa asturiana de Gijón subiremos a la parroquia de Cenero para rebuscar el modo de vida romano en Veranes y las ajadas torres señoriales de dos de las familias más importantes en la Asturias del medievo. Si te apuntas, mejor déjate el reloj en casa, que el tiempo precisamente hoy no lo vamos a medir con horas, minutos y segundos.  Leer artículo completo ➜

El otro Gijón I (El románico y los senderos milenarios)

Gijón es mucho más que una ciudad de Asturias, la más poblada, bañada por las olas del mar Cantábrico. Su faceta urbana, de sobra conocida, nos lleva al encantador barrio de pescadores de Cimavilla, a pasear por playa de San Lorenzo y asombrarnos con el elogio del horizonte que proyectó Chillida, a entrar al Museo Jovellanos, a escuchar cánticos en el Molinón o a disfrutar de sus termas romanas como parte de un valiosísimo yacimiento arqueológico. A estudiar la inmensidad de la Laboral o a atreverse a surfear en cualquier época del año. Pero muchos visitantes desconocen que la villa es poco más del 10% de un concejo en el que es posible palpar la verdadera esencia asturiana. Un Gijón que, a espaldas de su entramado urbano, convierte al visitante en peregrino por senderos milenarios. Donde el románico se topa con una humildad arrebatadora para otorgar todo el protagonismo a radiantes y ondulados paisajes de valles y montañas cuyo color verde astur le aporta a las pomaradas el ingrediente necesario para crear la mejor sidra del mundo. Territorio de hórreos, paneras y merenderos al aire libre, de alardes medievales, túmulos prehistóricos y oscuros tejos junto a los pórticos de las iglesias. De carbayeras que sobrepasan su propio mito, cocinas donde a fuego lento borbotean fabadas sublimes y alojamientos rurales con encanto donde se convive con el silencio y el entorno natural más privilegiado.

Iglesia románica de San Miguel de Dueñas (Santurio-Bernueces, Gijón)

Ese es el Gijón adonde pretendo llevarte en esta ocasión a través de una serie de tres relatos. Y para los cuales te advierto no vamos a pisar ciudad. Propongo me acompañes allá donde confluyen el camino de Santiago de la costa y la Vía de la Plata romana para conocer esas otras muchas cosas que ver en Gijón, las cuales se alejan de enredos urbanitas para contemplar su faz más natural y, sorprendentemente, desconocidaLeer artículo completo ➜

Saboreando Gijón en 48 horas y 12 imágenes

De los muchos pecados y faltas que tengo en mi vida uno los que más me pesaba era no haber estado en Asturias. Y hablo en pasado porque hace algunas semanas tuve la ocasión de enmendar semejante error pasando un fin de semana estupendo en la ciudad de Gijón. Junto a otros amigos blogueros traté de aprovechar al máximo el tiempo y sacar partido a muchas de las opciones que ofrece este balcón asturiano que se asoma al Mar Cantábrico. ¿Queréis que saboreemos juntos Gijón en 48 horas y 12 imágenes? Porque hubo mucho que ver y mucho qué hacer, pero, sobre todo, mucho hueco para la sorpresa y darme cuenta de que gran parte de su valor, su gran secreto, está en la forma de ser de su gente.

Cartel de Gijón en el puerto

Gijón me ayudó a escribir una primera vez en Asturias que reconozco estaba deseando que llegara. Otra cosa no, pero me abrió el apetito a seguir recorriendo esta tierra paso a paso, culín de sidra a culín de sidra. Leer artículo completo ➜