Diario de la Expedición Kamal al Desierto en Egipto V: La cueva de las bestias

Uno de los mejores momentos vividos en el viaje a las profundidades del desierto en Egipto fue la visita a la conocida como cueva de las bestias, algo así como la Capilla Sixtina del arte rupestre en el Sáhara. Descubierta por fortuna hace apenas una década cuenta con más de cinco mil imágenes y quinientas manos o pies reflejados en negativo. Sorprende la presencia de nadadores y, sobre todo, de bestias sin cabeza que la Arqueología aún están tratando de interpretar. Un conjunto pictórico único y relevante para intentar comprender la prehistoria en un lugar que se convirtió en un desierto tras cambiar el clima de forma radical.

Wadi Sura 2 (Cueva de las bestias) en Gilf Kebir (Desierto Líbico, Egipto)

La cueva de las bestias, oficialmente conocida como la cueva Mestikawi-Foggini, presenta una conservación asombrosa a pesar de contar con más de siete mil años. La Expedición Kamal no sólo tuvo la ocasión de fotografiarla centímetro a centímetro sino que además tuvimos la ocasión de compartir hipótesis in situ con arqueólogos que llevan años estudiándola.  Y es que Altamira también existe… en Wadi Sura, el Valle de las imágenes del Desierto Líbico en Egipto.

21 de marzo de 2014: Día 9º

Continuamos explorando Wadi Sura

Un nuevo día comenzó hoy en el Wadi Sura, el Valle de las imágenes. Con los nadadores en mi cabeza, el último atardecer y las rocas jugando a disfrazarse en lo que nuestra imaginación les diga, he despertado en un campamento algo alterado por una noche de viento fuerte que no ha permitido descansar bien a casi nadie. Debe ser que me estoy acostumbrando a esto pero he dormido perfectamente hasta que ha salido el sol.

Wadi Sura en Gilf Kebir (Desierto Líbico, Egipto)

Si decía que el día anterior la cueva de los nadadores que descubriera Almásy ocho décadas antes me había desilusionado un poco, hoy he recuperado de golpe todo mi entusiasmo. Incluso podría decir que he tenido motivos para justificar que alguna lágrima se escapara en el momento de darme cuenta en que estaba en uno de los lugares más fascinantes e irrepetibles que he conocido en mi vida. Y es que hasta hoy no había podido disfrutar de Wadi Sura 2, la cueva de las bestias…

Cueva W-35

Antes de llegar a dicha cueva nos hemos asomado a otro hueco en la piedra denominado oficialmente W-35, con pinturas bien conservadas muy similares a otras que habíamos visto antes. Más interesante me ha parecido caminar por el lecho seco de un río y sentirme minúsculo delante de las rocas que había tenido a bien derramar una montaña destinada a convertirse en arena del desierto.

Cueva W-35 de Wadi Sura (Gilf Kebir, Desierto Líbico, Egipto)

La cueva de las bestias, la Capilla Sixtina del neolítico en el Sáhara

Hemos regresado a los coches y siguiendo un camino más o menos señalado nos hemos detenido frente a una montaña que en la parte más alta dejaba entrever una cueva bastante evidente. Se trataba de lo que muchos nos habían comentado ayer cuando la cueva de los nadadores no había sido lo que esperábamos, que no dijéramos nada hasta entrar a la cueva número 2. Y ahora lo entiendo perfectamente. La subida torpe por una cuesta de arena blanda y piedras con un calor terrible ha sido la antesala para llegar al corazón de la prehistoria en el Desierto de Libia y no me equivoco si digo que de todo el Sáhara. No hacía falta buscar los detalles, el lugar hablaba por sí solo.

Wadi Sura 2 (Cueva de las bestias) en Gilf Kebir (Desierto Líbico, Egipto)

La cueva de las bestias, llamada así por la presencia numerosísima de estas figuras sin cabeza y sin explicación, es algo así como la Capilla Sixtina del arte rupestre. Probablemente no haya nada comparable en el mundo salvo quizás Altamira, Lascaux y pocas más. En tamaño hablamos de un saliente de la montaña (por tanto, no es una cueva cerrada) de unos 17 metros de ancho por 6 de altura. Todo, absolutamente todo, repleto de imágenes unas superpuestas con las otras, de una nitidez asombrosa y que, como la de Almásy, dispone de sus propios nadadores.

Cueva de las bestias (Wasi Sura, Egipto)

Más de 5000 imágenes en la cueva de las bestias

La cantidad de figuras humanas, animales o sin explicación es tan numerosa que, al parecer, supera con creces el número 5000. Pero eso no es todo, ya que ninguna otra cueva en el mundo posee tantas manos en negativo (incluso pies y objetos redondos que no se sabe qué son). Quien se ha puesto a contar este tipo de expresión artística común en la prehistoria de todos los continentes asegura son más de 500 manos las que hay en esta cueva situada en Wadi Sura, el valle de las imágenes de la meseta de Gilf Kebir.

Cueva de las bestias (Wasi Sura, Egipto)

Wadi Sura 2 (Cueva de las bestias) en Gilf Kebir (Desierto Líbico, Egipto)

Al parecer fue descubierta de forma azarosa por una expedición italiana en 2002, cuando ya la cueva de los nadadores había sufrido daños irreparables. De repente, sin imaginarlo, unos viajeros habían sido testigos miles de años después de una conjunción de expresiones pictóricas sin parangón en miles de kilómetros a la redonda. Y, aunque tampoco está protegida como se debiera (la única suerte es que apenas llega gente a la zona), se ha mantenido durante más de ocho mil años prácticamente intacta. El sol, aunque se acerca, nunca llega a tocar sus paredes, lo que ha ayudado a que hoy día podamos verla tal cual la dejaron sus moradores en tiempos en los que el desierto era un vergel lleno de vida.

Wadi Sura 2 (Cueva de las bestias) en Gilf Kebir (Desierto Líbico, Egipto)

Wadi Sura 2 (Cueva de las bestias) en Gilf Kebir (Desierto Líbico, Egipto)

Preguntas, emociones y tiempo de asimilar un lugar semejante

La cueva de las bestias nos ha dado para estar varias horas sin movernos de ella. He tratado de escudriñarla lentamente, centímetro a centímetro, haciéndome un buen número de preguntas que no tienen respuesta posible. ¿Qué significado tenía para aquellos hombres la bestia descabezada? ¿Cómo han podido plantar los pies en negativo a más de tres metros de altura? ¿Por qué hay representado un pulpo a casi mil kilómetros del Mar Mediterráneo? ¿Qué es esa figura que parece un alienígena con antenas y todo? ¿Durante cuánto tiempo se estuvo pintando la cueva? ¿Son realmente nadadores algunas de estas figuras? Con tal cantidad de escenas las hipótesis son realmente variadas y ni los arqueólogos que estaban con nosotros eran capaces de darnos una sola certeza.

Wadi Sura 2 (Cueva de las bestias) en Gilf Kebir (Desierto Líbico, Egipto)

Wadi Sura 2 (Cueva de las bestias) en Gilf Kebir (Desierto Líbico, Egipto)

Tumbado en el suelo, avanzando a una velocidad ínfima, retornando a cada una de las escenas… así ha sido el tiempo que ha visto romper todos los relojes para regresar al pasado. Me he emocionado como en las grandes ocasiones de mi vida viajera, como con Angkor, el Taj Mahal o Abu Simbel. No tengo duda de que hay lágrimas que vale la pena derramar y aventuras que no hay que titubear a la hora de salir a emprenderlas. Porque después viene un resultado de lo más satisfactorio cuando notas que algo te ha acariciado el corazón y te ha hecho perder la noción de las cosas.

Wadi Sura 2 (Cueva de las bestias) en Gilf Kebir (Desierto Líbico, Egipto)

Hoy sí me he visto en la cima del Everest de este viaje al desierto, de esta expedición que se está grabando para siempre como una de las mejores experiencias vividas. En la cueva de las bestias, en la rugosa y adorable Wadi Sura, he entendido que hay oportunidades que no hay que dejar pasar y que la vida es mucho más maravillosa cuando se conocen lugares así. No puedo dejar de sentirme afortunado y feliz de encontrarme aquí, sabiendo que hace más de una semana no nos cruzamos con nadie en el vasto e inabarcable desierto Líbico.

Wadi Sura 2 (Cueva de las bestias) en Gilf Kebir (Desierto Líbico, Egipto)

Rumbo al Aqaba Pass, la cicatriz de Gilf el Kebir

Con la cueva de las bestias nos hemos despedido de Wadi Sura para entrar a la cicatriz que parte Gilf Kebir prácticamente en dos, el paso de Aqaba. Así que hemos emprendido un nuevo viaje hacia el sur con el objeto de encontrar ese corredor estratégico con el que Almásy tomara ventaja frente a sus rivales en la II Guerra Mundial, obligados siempre a rodear este gran altiplano.

Se puede considerar al Aqaba Pass como la llave maestra de Gilf Kebir. Almásy lo sabía y lo dejó muy claro en sus escritos. ¿Para qué bordearlo si uno puede atravesarlo? Un avistamiento casual en un vuelo en su avioneta hizo le picara el gusanillo para probar a entrar con vehículos. Y le funcionó. Vaya si le funcionó.

Camión Chevrolet de la II Guerra Mundial

Yendo hacia el paso de Aqaba nos hemos topado con otro camión Chevrolet de la II Guerra Mundial que conservaba sus cuatro ruedas. Se sabe que perteneció a las Fuerzas sudanesas, aunque se desconoce la razón por la que fue abandonado. Quizás pudo ser uno de los automóviles que el propio Almásy saboteó durante la Operación Salam en la que dos espías alemanes fueron introducidos a El Cairo tras un largo viaje por el desierto lleno de obstáculos. O quizás fuera producto de una avería sin más. Avería que en un lugar como este podía resultar mortal a sus ocupantes si no iban acompañados o custodiados por otro vehículo.

Camión Chevrolet de la II Guerra Mundial en el Desierto Líbico (Egipto)

Realmente las huellas de la II Guerra Mundial son constantes, sobre todo cuando se está bordeando el lado más occidental de Gilf Kebir. Basta con fijarse en los bidones de gasolina perfectamente colocados en línea en una improvisada carretera.

Camión Chevrolet de la II Guerra Mundial atrapado en el desierto Líbico (Egipto)

Los tres castillos, la base de operaciones de Lázló Almásy

De pronto tres montículos que de lejos se asemejaban a las tres pirámides nos indicaba que estábamos en “los tres castillos” que le sirvieron de base de operaciones y sabotajes a Almásy tal como se puede leer en el último capítulo de “La cueva de los nadadores”. Dichas montañas absolutamente naturales y tan erosionadas como cualquiera en el desierto Líbico aparecen constantemente mencionadas por el húngaro en los papeles de la Operación Salam. De hecho aquí era donde cambiaban las ruedas de los coches, las baterías o aguardaban a que no hubiera británicos a la vista.

Los tres castillos (Desierto Líbico, Egipto)

Muy curioso es el capítulo de este libro en el que el propio Almásy, el Paciente inglés, confiesa que en 1933 guardó numerosos bidones de agua en una de las cuevas de “los tres castillos” que encontraría de nuevo y bebería en el 42. Y que, según él, salvaría la vida de una persona cuando sufrió la inoportuna avería de su vehículo. Así se explica que encontráramos ruedas, bidones y un número tremendo de latas de conservas, algunas de ellas envasadas nada menos que en Australia. Basura de la II Guerra Mundial que no se ha movido un centímetro en los últimos setenta años.

Latas de comida de la II Guerra Mundial en el desierto Líbico (Egipto)

Atravesando el Aqaba Pass

De los tres castillos al paso de Aqaba hay poco más de veinte minutos. No es nada fácil dar con esta apertura inimaginable si no se conoce, aunque menos aún es que los vehículos suban sin problemas. Nos hemos tenido que enfrentar a un desnivel de aproximadamente 300 metros de arena sobre los cuales nuestros conductores lo han pasado realmente mal. Hemos tenido que desocupar los vehículos para quitarle peso y, por tanto, caminar hasta lo más arriba del que es un enorme altiplano.

Paso de Aqaba en la meseta de Gilf Kebir (Desierto Líbico, Egipto)

Tras los obstáculos y un atardecer inminente ha sido glorioso ver a todos nuestros coches surcando la planicie de Gilf Kebir como si fuese una caballería. Sin desgaste, con unas finas nubes dibujando el humo de los tubos de escape y bien rodeados de montañas, hemos surcado velozmente las alturas de la meseta rocosa que da sentido a este largo y alocado viaje en el que está sucediendo de todo.

Paso de Aqaba en la meseta de Gilf Kebir (Desierto Líbico, Egipto)

Digo que no ha sido fácil llegar puesto que hoy ha sido el turno de que nuestra pick up de nombre Inch Allah reventara una de sus ruedas. La trasera izquierda pasa ser más exactos. Por fortuna contamos con repuestos y la ayuda de otros todoterrenos, por lo que ha supuesto perder apenas diez minutos entre la parafernalia de quitar la mala, desinflar un poco la buena y colocarla de nuevo. El bueno de Mohammed, que ha salvado a unos cuantos vehículos en este viaje, le ha tocado ver cómo esta vez era el suyo el que necesitaba ayuda.

Paso de Aqaba en la meseta de Gilf Kebir (Desierto Líbico, Egipto)

Hemos establecido el campamento en lo alto de la meseta y, aunque las vistas son magistrales, el frío se deja notar por el aumento de altura. Desde el interior de mi tienda y tras ver una película en blanco y negro de 1929 con Almásy como protagonista en un viaje en automóvil de Mombassa a Viena, reconozco estoy bastante destemplado y ya no sé con qué taparme más. Lo mejor será que me meta en el saco de dormir y me ponga a soñar con una playa del Caribe, una ducha calentita y con quien me está esperando en casa.

Paso de Aqaba en la meseta de Gilf Kebir (Desierto Líbico, Egipto)

Madrid continúa estando lejos, pero menos. Mañana seguiremos avanzando y de lo que no tengo duda es que nos están esperando aún muchas aventuras.

Sele

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4 comentarios en “Diario de la Expedición Kamal al Desierto en Egipto V: La cueva de las bestias

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