Pero entonces llegaste tú... - El rincón de Sele

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Pero entonces llegaste tú…

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Los templos de Petra tornándose rosas al atardecer y los de Angkor abrazados por la fiereza de la selva. La Navidad en un mercadillo alemán, Bagan desde un globo o ser testigo de cómo una manada de leones caza su almuerzo en el corazón de BotswanaMachu Picchu entre neblinas, un baño en las aguas termales en Karlovy Vary o ese tiro de moneda a la Fontana di Trevi como garantía de un regreso soñado. No puedo compararlos con un segundo a tu lado. Ni tan siquiera amanecer sobre una duna en el Namib o nadar junto a una tortuga en las Galápagos. Nada es comparable al momento en el que tú naciste y a lo que vivo contigo y con tu madre cada día. Y es que llegaste tú y desde entonces mis sueños únicamente los puedo consultar en esos ojos convertidos en mi propio oráculo de Delfos. Sólo pienso en cómo me enternecen tus primeras sonrisas y esa forma en la que tienes de mirarme cuando te echo a la cuna. Ahora para mi todos esos amaneceres increíbles, ese iceberg a medio derretir y esas ruinas del antiguo Egipto las busco y las encuentro en ti, Unai.

Unai

Suena a tópico pero es increíble cómo te cambia la vida cuando sucede algo así. Es como si tu mente se reconstruyera por completo, de los cimientos al tejado y desapareciera por completo la primera persona del singular. Pero entonces llegaste tú y sólo existe lo que vivo junto a vosotros cada día.

Antes una misión irreemplazable era recorrer todos y cada uno de los países del planeta. Ahora es verte crecer. Antes era yo, y yo y sólo yo. Ahora eres tú y tú y nada más que tú. El futuro es tu futuro y saborear el presente y todos los avances tuyos que disfrutamos tu madre y yo cada día son el primer, segundo y tercer premio. Porque cada día nos subimos a lo más alto del podio contigo para colgarte todas las medallas.

Sele, Rebeca y Unai

Llevas apenas dos meses en nuestra vida y has revolucionado el universo en el que creíamos estar. Y, aunque soy consciente de que tardarás unos años en leer este pequeño escrito (si es que los blogs siguen existiendo), sólo espero que hayamos sido capaces de estar a tu lado cuando nos has necesitado, de haber jugado contigo hasta las tantas y que algún día puedas decir que hemos sido buenos padres. No tengo mayor deseo que ese, Unai. De que viajemos juntos y sigas queriendo hacerlo siempre. De que nos lo cuentes cuando te encuentres mal y compartas con nosotros esos momentos en los que te sientas el rey del mundo.

Sele y Unai en Halloween

Ahora mismo te estoy viendo dormir sobre la pequeña hamaquita que te regaló tu abuelo y soy incapaz de concentrarme para trabajar. De hecho estás succionando un biberón invisible porque has comido ya hace un rato. Pero cuando no es durmiendo es jugando en tu manta de actividades, bailoteando en el cambiador de tu habitación o soltando gorgoritos ininteligibles y monosilábicos tipo Gui, Lao, Upu o Abu. ¡No quiero ni pensar cuando empieces a hablar!

Unai en su manta de actividades

Mucha gente nos dice a tu madre y a mi que seguro que vas a ser un gran viajero. ¡Menuda responsabilidad! No tienes ni setenta días de vida y ya te han colocado el sombrero de Indiana Jones y una brújula. Para que te hagas una idea mi primer gran viaje fue con veinte años…  Todavía no sabemos cuál va a ser nuestra escapada inaugural en familia. Supongo iremos poco a poco para que te acostumbres tú y, sobre todo, para que nos acostumbremos nosotros a ti. Toca ir más despacio, ser muy flexibles y pensar que cuando viajemos los tres los ritmos cambiarán. Es necesario también adaptarse a tus gustos, aunque con la edad intentaremos que te adaptes tú también a los nuestros. Yo empecé con tu abuelo Pepe viendo castillos y me enamoré de la Historia. Y a partir de ahí todo me llevó a soñar con viajar por todo el mundo. ¿Qué le vamos a hacer? Tengo ansia de viajar. Y me encantaría que tú también la tuvieras algún día, aunque si la padeces prepárate para ser un inconformista nato y no dejar de hacer planes (y planos).

Unai con sus padres

En un rato tengo que hacer la maleta. Debo salir de viaje unos días, pero esta vez no puedes venir. Y no te imaginas cuánto te echaré de menos. No sé las veces que le he dicho a tu madre que me da miedo que no me recuerdes cuando regrese. ¡Pero si te vas una semana! Claro que no se va a olvidar de ti – me repite siempre. Porque, aunque seas un bebé, me da la sensación de que reconoces mi voz cuando te hablo y que tu mirada es capaz de dibujar mi cara cuando te doy el biberón y tus ojos se clavan fijamente en mí.

Unai

Todavía me suena raro cuando me dicen que soy papá. ¡De hecho no me lo creo! Yo que tenía tanto miedo de atarme a ciertas responsabilidades… Pero entonces llegaste tú y ahora me siento incapaz de entender el mundo sin verte sonreír.

Eres lo mejor que me ha pasado nunca. Y te aseguro que a tu madre, también…

Sele

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