Gammelstad, el pueblo más bonito de Suecia bajo la nieve - El rincón de Sele

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Postales de Gammelstad, un precioso pueblo sueco de casitas rojas cubierto de nieve

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En Suecia el municipio de Gammelstad está considerado como uno de los pueblos más hermosos de todo el país. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996, este lugar muy próximo a Luleå, en la provincia septentrional de Norbotnia (oficialmente en sueco Norrbotten), tiene la peculiaridad de ser una de las aldeas-iglesia que mejor nos han llegado hasta hoy. Lo de “aldea-iglesia” viene a ser un concepto que responde a la fusión de las necesidades de los fieles cristianos siglos atrás con las particularidades meteorológicas en Laponia Sueca, conocidas por su extrema dureza, sobre todo en el periodo invernal. Y es que asistir a los oficios religiosos en su iglesia de piedra, cuyo origen responde a finales del siglo XV, se convertía en un auténtico acto de fe para quienes decidían acudían a estas celebraciones desde otras localidades no demasiado próximas. Para soliviantar los rigores del General invierno a estas alturas del Golfo de Botnia se levantaron alrededor del templo numerosas casas de madera, pintada de rojo como es típico en tierras nórdicas, donde se quedaban a pernoctar feligreses y peregrinos a la espera del momento propicio para poder retornar a sus lugares de origen. Así nació este enclave, probablemente el mejor en su especie, donde nos zambullimos en los rigores de un mes como febrero con más de medio metro de nieve cubriendo una de las estampas más icónicas de Laponia Sueca en invierno.

Gammelstad, uno de los pueblos más bonitos de Laponia (Suecia), enterrado de nieve en invierno

Cerca de quinientas casas de madera parten de su iglesia en callejuelas estrechas, auténticas arterias que visten de rojo el corazón más entrañable de este rincón de Suecia. También de blanco, pues en invierno la nieve se encarga de escarchar todo a su paso, como si Gammelstad fuese envuelto por completo de horizonte ártico.

Gammelstad bajo un manto de nieve – La belleza del invierno lapón

Viajar a Laponia Sueca en invierno vuelve tangibles todas esos cuentos y elucubraciones mentales que muchos nos hacemos de un lugar imaginario en una Navidad ideal. Que si trineos de perros, renos por doquier, bosques cercenados únicamente por lagunas congeladas o, como en el caso de Gammelstad, cabañas coloradas colocadas en plena sintonía con las expectativas más entusiastas. Si uno se encuentra en el lado más septentrional del Golfo de Botnia, dentro de los confines de Suecia, a escasos diez kilómetros de la ciudad portuaria de Luleå, no debe faltar a la cita en el que para muchos puede ser el pueblo más bonito e icónico tanto de la región como, por supuesto, del país escandinavo.

Gammelstad (Laponia Sueca)

Gammelstad es la materialización de la belleza de Laponia. El ajetreo de sus floridos veranos contrasta con la soledad y el silencio de sus inviernos donde se disfraza de blanco y convierte en un agradecido esfuerzo caminar por calles donde no existe suelo que se aprecie porque lo que se pisa no es otra cosa que no sea nieve. De hecho es mucha nieve. En ocasiones incluso llegando al metro de espesor. En suelos, tejados, llegando incluso a que parte de las puertas y algunas ventanas vean truncadas sus funciones de manera temporal hasta que lo más duro quede atrás.

Calle de Gammelstad (Suecia)

Esta zona repoblada por suecos emigrados desde el tierras más meridionales en el que siempre había sido territorio sami alcanzó su prosperidad a comienzos del siglo XV gracias al comercio de pieles así como de salmón. Gracias a esto un templo cristiano, diferente al que podemos visitar hoy día, fue construido y consagrado en un año que cambió por completo los renglones de la historia mundial, 1492, aunque en Escandinavia por entonces lo que hiciera o deshiciera Cristóbal Colón en el Nuevo Mundo no fuera algo que no tuviera eco hasta mucho después. La iglesia de Gammelstad, municipio entonces situado en una isla y con salida al mar, pasó a ser no sólo centro espiritual de buena parte de la región sino también un punto de encuentro a nivel social y cultural. Es sabido que ésta abría para los oficios religiosos tanto los domingos como los festivos para una población bastante dispersa de casi medio centenar de pueblos y medio millar de granjas, muchas de ellas alejadas a bastantes kilómetros, lo que dificultaba notablemente que la gente pudiera acudir, ya que se dependían de unas condiciones meteorológicas algo más benignas. De ahí se explica la construcción de casas aledañas, para albergar a los fieles durante el tiempo que necesitaran antes de regresar a sus hogares.

Gammelstad en invierno con nieve (Suecia)

Las cabañas de color rojo salvo las puertas y los marcos de las ventanas, no corresponden a la primera época, ya que éstas se fueron renovando y corresponden, en su mayoría, a los siglos XVIII y XIX. Hospedajes temporales que ahora conforman una especie de museo al aire libre donde se muestra lo mejor de la arquitectura regional del norte de Suecia. Unas más humildes y otras realmente grandes, ya que se fueron estableciendo distintos rangos sociales de aquel tiempo. De hecho si nos fijamos, las viviendas más próximas al templo suelen ser las que cuentan con una mayor prominencia.

Casa rica en Gammelstad (Suecia)

Gammelstad (Laponia Sueca)

La iglesia se erige como un auténtico faro amurallado visible desde cada calle, aunque merece la pena abandonar, al menos de manera breve, las arterias principales para sumergirse por los callejones más angostos, los cuales suelen contar con más nieve y resultan ciertamente fotogénicos. Es desde allí donde uno puede alcanzar la sensación de hallarse en un pueblo enterrado por la fuerza indómita del invierno ártico. Imágenes capaces de detener capaz de detener incluso la noción del tiempo.

Gammelstad (Suecia) bajo un manto de nieve

Gammelstad en invierno

La visita a Gammelstad, no sólo al pueblo sino también al cementerio por el que se pasa antes de acceder a la aldea-iglesia propiamente dicha, fue uno de los momentos que más recordaré de nuestro viaje invernal a Laponia Sueca. Por eso no pude resistirme a dejar en este cuaderno de memorias viajeras unas líneas sobre este lugar tan bucólico, pura esencia de la Suecia más rural. Me considero admirador de la arquitectura popular de otros siglos, tanto como de quienes entonces se embarcaban en grandes obras destinadas a ser eternas. Al fin y al cabo hay también mucha Historia (con y sin mayúscula) en cada trozo de madera sobre el que se alza esta aldea-iglesia avalada por la propia UNESCO por ser el mejor ejemplo existente de un concepto habitacional propio de la región de Laponia. Y que tiene mucho que ver con el frío extremo.

Sele y Roberto en Gammelstad (Laponia Sueca)

Lugares donde los vientos árticos deciden….

Sele

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