Ostrava, un viaje a la Revolución industrial

Ostrava se encuentra en el limbo fronterizo de República Checa con Polonia. Como un polo opuesto a Praga, esta ciudad perteneciente a la región de Moravia-Silesia, posee una silueta gobernada por las fábricas y las chimeneas de ladrillo, con un aspecto que, a priori, nos lleva a los tiempos de esa antigua Checoslovaquia que fuera manejada por los hilos del comunismo. Primero parte en la Ruta del ámbar y después, en el Siglo XIX, punto clave en la Revolución Industrial vivida en muchos países de Europa. La presencia de numerosas minas de carbón y los altos hornos fue el motor de la economía basada en la industria siderúrgica durante buena parte del Siglo XX. Debido a la escasez de carbón y el cierre de gran parte de la cuenca minera y las fundiciones en los años noventa, al poco de caer el telón de acero, quedó totalmente abandonada una poderosísima infraestructura industrial. Pero Ostrava no ha querido dar la espalda a esa parte tan importante de su pasado y ha reconvertido minas y factorías en atractivos turísticos y culturales. Lugares como las Minas Michal y la siderurgia de Vitkovice tienen sus puertas abiertas para todos aquellos interesados en fotografiar escenarios fantasmagóricos que recuerdan a esa visión futurista que se tenía en el cine de los ochenta.

Mina Michal (Ostrava)

Hoy Ostrava es un punto esencial en la conocida como ruta del Patrimonio industrial europeo, por conservar minas, factorías y maquinaria tal cual quedaron tras su cierre. Y por dejar que los viajeros se acerquen a ellas y se sientan dentro de una película…

En el nordeste de República Checa y absolutamente alejada de los focos que se encienden en Praga, Karlovy Vary, Český Krumlov u otros rincones de Bohemia se sitúa Ostrava, con casi cuatrocientos mil habitantes. El eje industrial checo es también un nudo de comunicaciones, con el paso del ferrocarril por aquí de camino a ciudades como Cracovia (Polonia), Bratislava (Eslovaquia) o incluso Viena (Austria). Yo, sin casi saberlo, pasé por ella hace años en un tren nocturno que me llevó junto a dos amigos más a tierras polacas. Quién me iba a decir que alguna vez tendría la oportunidad de conocerla y salir a fotografiar una de las minas más antiguas de la región y una siderurgia en la que el tiempo parece haberse paralizado.

Vitkovice (Ostrava)

En mi último viaje a República Checa uno de los objetivos consistía en salirse de los lugares más típicos y descubrir rinconcitos en Moravia y Moravia-Silesia (también algunos en Bohemia) que no fueran del todo protagonistas en guías y literatura de viaje en papel o en su versión digital. Ostrava formaba parte de un trayecto en busca de «decorados» reales, abandonados casi a su suerte, y con un aspecto futurista y tétrico ideal para perderse en ellos y hacer fotografías. Algo que ya hacía en mi juventud en búnkers o en la cárcel abandonada de Carabanchel, a la que me colaba con mis amigos por ventanas rotas y agujeros hechos en la pared de ladrillo. Lástima que en aquella época ni la calidad de mi cámara de fotos ni la destreza personal me acompañaban. Aquello lo veía más como una aventura, un quebranto de las normas con el que conocer parte de la Historia de mi país antes de que fuera derruída de forma cobarde y alevosa.

Pasillo de uno de los edificios de las minas Michal (Ostrava)

La ciudad de Ostrava tiene un aspecto decadente que me gusta. Saberse alejada de las hordas turísticas hacen que las paredes desconchadas en muchas de sus calles aviven una decrepitud visual interesante. A pesar de su origen medieval no cuenta con casco histórico finísimo y multicolor como sí se da en otras ciudades históricas checas. El peso de la industria ha sido más fuerte con el tiempo, y eso se nota. Por eso, en vez de darle la espalda al sector que les ha empujado económicamente durante decenios, los habitantes de Ostrava prefieren mostrar con orgullo el verdadero motor de Chequia.

LA MINA MICHAL: FOTOGRAFIANDO LAS HUELLAS DE LOS MINEROS

Son muchas minas las que merodean Ostrava. Una de las más interesantes es la Mina Michal (Ostrava-Michálkovice), declarada monumento nacional y dentro de la ruta del Patrimonio cultural Europeo por su historia y la preservación ejemplar de las instalaciones y equipamiento. De hecho data de 1843, cuando Moravia-Silesia era parte del Imperio Austro-húngaro. El paso del tren por la ciudad de la Northern Ferdinand Railway Company desde 1862 en su recorrido entre Viena y las minas de sal de Cracovia fue uno de los hitos que marcó el posterior desarrollo de este lugar.

Mina Michal

La mina Michal, que fue ampliada a lo largo del siglo XX, fue una de las minas de carbón más importantes de la región hasta su cierre en el año 1993. Durante la visita que pude hacer a la misma, el objetivo era hacer la ruta que los mineros seguían durante todo este tiempo, desde que fichaban y se vestían, hasta que entraban a las profundidades de la tierra en vagonetas. Lamentablemente las galerías interiores no son visitables en este momento puesto que no son aún seguras. Pero los edificios, vestuarios y salas de máquinas (algunas con más de un siglo y funcionando a la perfección) son parte de este seguimiento fotográfico a las huellas de los mineros que se jugaban la vida cada día.

Mina Michal (Ostrava)

Los edificios de ladrillo y una torreta con ascensor desde el cual los trabajadores se dirigían a las galerías subterráneas son parte de un paisaje en el que el tiempo parece no haber corrido. Salvo la falta de trasiego de los cientos de personas que allí trabajaban, me daba la sensación que aún estaba en funcionamiento y no prácticamente abandonada salvo para las visitas (en su mayoría locales).

Uno de los lugares más increíbles de estas minas son los vestuarios con colgadores provenientes del techo en los que los mineros dejaban sus autendos normales y tomaban sus uniformes, cascos, cinturones y botas de trabajo. Están tal cual quedaron el último día de funcionamiento de la mina, allá por 1993.

Mina Michal (Ostrava)

Después pasamos por duchas y, tras unos largos corredores, advertimos una pequeña habitación con camilla que se utilizaba para las urgencias médicas que pudieran tener.

Mina Michal (Ostrava)

Carteles que pedían a los mineros responsabilidad y el cumplimiento de todas las medidas de seguridad marcadas, así como la continua prohibición de fumar en las instalaciones, se repetían continuamente. Incluso allá donde se surtían de lámparas de carburo o linternas necesarias para desempeñar su labor en la oscura profundidad de la mina.

Candiles en la Mina Michal (Ostrava)

Justo al otro lado de una puerta metálica la ruta se fue haciendo más interesante aún si cabía. Un puente cubierto de madera, que me traía a la mente el escenario de muchos videojuegos, comunicaba el edificio de ladrillos con el lugar en el que los mineros descendían bajo tierra. En realidad no sabía si me encontraba en la nave de Alien, el octavo pasajero, o en una simple mina de más de siglo y medio de antigüedad. Esa ambigüedad entre imaginación y realidad hace que los lugares abandonados como este me enloquezcan.

Mina Michal (Ostrava)

Fotográficamente hablando las minas Michal están cargadas de detalles dignos de congelar para siempre. Y por eso este recorrido satisfizo todas mis expectativas.

Vagoneta en la mina Michal (Ostrava)

Otra cosa fue comprobar in situ el funcionamiento de enormes máquinas y motores que el guía se ocupaba tan sólo de engrasar con aceite. Esa es una de las razones por las que estas minas forman parte del Patrimonio industrial europeo. Habiendo pasado dos décadas del último día de trabajo en el lugar, la conservación del equipamiento parece un auténtico milagro.

Mina Michal (Ostrava)

La duración de la visita a las minas es de algo más de una hora, tiempo en el que tuve encendida la cámara fotográfica. En realidad ese es uno de los grandes regocijos de llegar a sitios así. Pero claro, aún no había visto Vitkovice.

Mina Michal (Ostrava)

VITKOVICE, UNA SIDERÚRGICA CON TINTES FUTURISTAS… DE LOS OCHENTA

El área baja de Vitkovice es, en realidad, el centro de la ciudad de Ostrava. Una siderúrgica fundada nada menos que por un cardenal (Rodolfo, Arzobispo de Olomouc) en 1828 con la particularidad de que todo el proceso de obtención del metal se llevaba cabo in situ, en dichas instalaciones. Fue, por tanto, una factoría mastodóntica que invadió la urbe resistiendo hasta el año 93 en que empezó a decaer con el cierre sucesivo de gran parte de la industria local. Se calcula que de trescientos habitantes en la zona de Vitkovice (antes no era parte de Ostrava) se superó los veinte mil a principios de siglo. Y esto fue mucho mayor durante el régimen comunista de la vieja Checoslovaquia.

Vitkovice (Ostrava)

Varios altos hornos en un espacio de quince hectáreas fueron y son parte de la silueta de una ciudad llamada a ser una de las bases de la Revolución Industrial no sólo en República Checa sino también en Centroeuropa. El último horno se apagó en 2008, pero aquel adiós marcó un nuevo renacer para la ciudad. ¿Para qué terminar con aquel laberinto de acero si se le podía dar otro uso? Entonces nació el proyecto Vitkovice en pos de la conservación y regeneración del lugar.

Vitkovice (Ostrava)

La de la vieja siderúrgica es la visita estrella de Ostrava. En un inmenso pabellón hay un museo de la industria, con los primeros inventos que dieron energía hasta aquellos que hicieron mover desde trenes hasta submarinos. Es algo así como una recopilación de invenciones que marcaron la evolución del hombre a lo largo de los siglos, incidiendo en mayor medida en los cambios generados en los últimos doscientos años, durante los cuales el tejido industrial de las ciudades afectó a la vida diaria de todos y cada uno de sus habitantes.

Vitkovice (Ostrava)

Dentro de Vitkovice una de las grandes apuestas fue el conocido como Gong. Éste fue un contenedor de gas desde los años veinte reconvertido nada más y nada menos que en un centro cultural y sala de conciertos habilitado para más de 1500 personas. Cuando estuve haciendo la visita no podía imaginarme que lo que parecía un pabellón deportivo había contenido gas. Es el ejemplo más evidente de la innovación y la reutilización del Patrimonio industrial para poner en el mapa a la ciudad de Ostrava. Gracias, sobre todo, a la imaginación al poder del checo Josef Pleskot, que vio su sueño hecho realidad el 1 de mayo de 2012 cuando la fábrica de Vitkovice abrió sus puertas a un público que poco o nada tenía que ver con el trabajo en unos altos hornos.

Vitkovice (Ostrava)

Vitkovice dio de sí un largo paseo fotográfico por las instalaciones. A pie de obra o incluso subido en una torreta desde la cual se veía toda Ostrava y muchos kilómetros más allá, empecé a revolver mi memoria con películas ochenteras tipo Blade Runner, Robocop o incluso Terminator. En la segunda parte de esta última, ya en los noventa, el robot encarnizado por el actor Arnold Schwarzenegger pronunciaba un «Sayonara baby» (en la versión origial dice «Hasta la vista, baby») en una fundición de este tipo. También le encontré similitudes a la fábrica en la que el Joker de Tim Burton protagonizado por un magistral Jack Nicholson caía en una piscina de ácido color verde. Creo que si le damos vueltas a la imaginación encontramos en Ostrava un posible decorado de películas de ciencia ficción de las que veíamos hace ya unos cuantos años.

Vitkovice (Ostrava)

Captar detalles de un extraño «Regreso al futuro» fue el leit motiv de situarme en uno de los rincones más alejados de República Checa, dentro del lugar en el que fundían el acero a más de dos mil grados centígrados no hace demasiado tiempo. A la vista de muchos puede parecer cualquier cosa menos atractivo. Pero a veces conviene no dejarse llevar por puras razones estéticas para valorar un sitio y tener muy claro donde se va.

Vitkovice (Ostrava)

Ostrava no es Praga, ni aunque nos volvamos completamente locos de repente. Pero es un lugar que se siente orgulloso de lo que es reivindicando lo que siempre ha sido. Un ejemplo de que incluso una ciudad repleta de chimeneas de fábrica puede ser interesante a ojos de viajeros que no se limitan a buscar edificios barrocos por el centro de Europa. Aquí la Historia se ha vestido de carbón y hollín, y no tiene por qué esconderse.

Vitkovice (Ostrava)

En mi caso tengo que decir que disfruté de un largo día en Ostrava. Reviví aquellos paseos por lugares abandonados que alguna vez hice y muchas veces soñé.

Sele

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7 comentarios en “Ostrava, un viaje a la Revolución industrial

  1. Qué pasada! Me encantan estos lugares abandonados aunque bien conservados, para hacer fotos es impresionante!
    Creo que te puedes hacer una idea de las ganas que me han entrado de ir allí 😀
    Un abrazo!

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