El otro Gijón III (La buena vida)

Tras hablar en anteriores capítulos de algunas facetas un tanto “extraurbanas” del concejo de Gijón como, por ejemplo, formar parte de una de las ramas más interesantes del Camino de Santiago, así como acariciar el mar en el extremo septentrional de la Vía de la Plata o guardar en su territorio estupendas muestras de románico popular. Y de rastrear su increíble pasado a través de sus yacimientos arqueológicos más importantes, veo el momento de detenernos para saborear la buena vida gijonesa atrapando aromas y sensaciones profundas en el paladar o mediante la simple y llana contemplación sin prisas del entorno que nos rodea. Il dolce far niente expresado de distintas formas.

Barrica de Sidra de Casa Trabanco y el Valle de Lavandera (Gijón)

Propongo, en esta ocasión, liberarnos de cualquier tipología de stress que pueda invadirnos con remedios naturales como un bucólico paseo (libro en mano) en un jardín de época, asistir a una exposición de pintura en una mansión indiana, probar los mejores platos de la gastronomía asturiana en restaurantes con solera, espichar una barrica de sidra en un llagar y encontrarnos con nosotros mismos en un hotel rural con encantoLeer artículo completo ➜

Los pueblos más bonitos que ver en Castilla-La Mancha

Me apasiona el turismo de interior, con esas escapadas en coche o en cualquier medio que se precie las cuales se planifican con poco tiempo de antelación y terminan siendo un soplo de aire fresco con el que romper con el día a día. Viviendo en Madrid suelo recurrir bastante a Castilla-La Mancha, un territorio suficientemente amplio como para no terminarlo nunca y suficientemente atractivo como para mostrar orgullosa ese rostro bien perfilado por Cervantes en su carácter, sus paisajes y sus pueblos. Precisamente sobre este último aspecto, los pueblos, me gustaría incidir hoy por medio de una selección de “bellezas” que aviso está cargada de subjetividad. Tras recorrer en múltiples ocasiones esta comunidad autónoma creo poder estar en disposición de contaros cuáles son, bajo mi humilde punto de vista, los pueblos más bonitos de Castilla-La Mancha y en los que he tenido la suerte de estar.

Selección de los pueblos más bonitos de Castilla-La Mancha. En la foto una calle de Villanueva de los Infantes

¿Cuáles son los pueblos más hermosos y llamativos que ver en Castilla-La Mancha? No os perdáis esta lista de quince recomendaciones rurales que pueden merecer una visita y para los que no cabe decepción alguna.  Leer artículo completo ➜

12 cosas que ver y hacer en Sevilla (Guía para primerizos)

Arturo Pérez-Reverte en La piel del tambor describía Sevilla como “una superposición de historias, de vínculos imposibles de explicar unos sin otros” y como un “rosario de tiempo, y sangre, y rezos en lenguas diferentes bajo un cielo azul” donde resulta fácil abstraerse de todo para escuchar incluso hablar a las piedras supervivientes de una historia sin igual. La primera vez que uno ve Sevilla con sus propios ojos no sabe dónde mirar o con qué escena quedarse, si con un mar de tópicos del sur volcados en los ajimeces de la Giralda, con un toque de guitarra retumbando en un callejón estrecho de la judería o con una frontera entre dos mundos en mitad del puente de Triana. Si de Toledo dicen que fue la ciudad de las tres culturas, de Sevilla habría que añadirle una cuarta, la del arte impregnado de alegría, la de la música y el vocerío a deshoras y, en definitiva, la cultura de vivir la vida como si fuera cada día el último.

Giralda de Sevilla

Me entusiasma Sevilla. Me temo que no soy sospechoso de lo contrario. Para compartir una de mis pasiones con otros viajeros he preparado una guía rápida para primerizos con lo mejor que ver y hacer en Sevilla en una escapada de un par de días. Se trata de una suma de lugares y momentos dignos de vivir en la capital andaluza. Volver ya será otra historia porque la vieja Híspalis nunca se termina de conocer nunca…  Leer artículo completo ➜

Combarro, el pueblo marinero con más hórreos de Galicia

No soy objetivo ni con Galicia ni con mi pasión desenfrenada por las Rías Baixas a las que regreso, al menos, una vez al año desde la niñez. Ahora que he formado mi propia familia y me toca ejercer de pater cicerone por esos rincones cargados de encanto que abundan en la zona, existe un lugar por el que tengo absoluta predilección y que no puede faltar bajo ningún concepto dentro de la ruta que hagamos. Y ese es Combarro. La razón para rendirle una visita es manifiesta. Probablemente se trate del pueblo costero más bonito de Galicia. Imaginad, una aldea marinera con estrechas calles de granito que se suceden paralela y perpendicularmente a la ría de Pontevedra. Poseedor de varias decenas de hórreos, muchos de ellos tan próximos al agua que sus pilares llegan a verse inundados con la llegada de la marea alta. A través de los espigados cruceiros de piedra se van orientando los paseantes que acuden a este lugar donde no faltan las leyendas de meigas y que huele a crema de orujo, cáscara de mejillón, pulpo a feira y buen albariño.

Hórreos en Combarro (¿Qué ver y hacer en Combarro?)

Si bien hablamos de un pueblo pequeño, con un casco viejo compacto e ideal para visitar pie, unas horas dan bastante de sí. Y no por lo poco o mucho que ver en Combarro sino por todo lo que se puede sentir en un destino familiar, amable, acogedor y repleto de rincones de una fotogenia increíble.  Leer artículo completo ➜

Mota del Cuervo, molinos quijotescos en el balcón de La Mancha

Cuando los viejos molinos de viento de Mota del Cuervo mueven sus aspas, lo hacen mirando al dilatado horizonte de la llanura manchega. No por nada le llaman el balcón de La Mancha a este singular tesoro conquense situado a escasos kilómetros de Belmonte y su prodigioso castillo medieval. Un escenario que representa como pocos el ideario de paisajes y pueblos cervantinos los cuales no cabe duda hubieran podido inspirar al mayor genio de las letras españolas. Desde la plaza y sus callejones, entre alfarerías y escudos blasonados que adornan con señorío las sobrias fachadas de este pueblo, es posible imaginar a Don Quijote galopando para cercenar la vida de aquellos a quienes creía malvados gigantes. Son cosas de la literatura. Y de un lugar de La Mancha llamado Mota del Cuervo.

Molino de viento en Mota del Cuervo (Guía para una escapada con los lugares imprescindibles que ver en Mota del Cuervo)

Los molinos de viento, la casa de la Tercia, el barrio de las cantarerías, un interesante museo de alfarería y una laguna de agua salada en las proximidades que atrae a flamencos y otras aves acuáticas son algunas de las cosas que ver en Mota del Cuervo durante una visita a la localidad más quijotesca de la provincia de Cuenca.  Leer artículo completo ➜

Postales de Belchite viejo, el pueblo fantasma de la Guerra Civil española

En la provincia de Zaragoza, a escasos veinte kilómetros de la cuna de Francisco de Goya, Fuendetodos, las ruinas del pueblo viejo de Belchite viven en prolongada contienda con su ya único rival, el tiempo. En agosto de 1937 se apagaron todas las luces de un pueblo convertido en un campo de batalla entre sublevados y republicanos. La sangre derramada por ambos bandos (la lista de bajas civiles y militares superó con creces el número cinco mil) es hoy tatuaje imborrable de calles vacías, abandonadas y rotas por los bombardeos o los disparos que, de día y de noche, marchitaron para siempre este enclave con notables huellas del mudéjar aragonés, las cuales se intuyen todavía campanarios y techumbres erguidas de puro milagro.

Ruinas de Belchite Viejo

La visita a Belchite viejo, el pueblo fantasma de la Guerra Civil española, permite tocar la aldaba de una puerta que se abre directa a la memoria de un momento turbio y doloroso de la historia de un país extenuado y repleto de cicatrices del ayer. Viajar, al fin y al cabo, es recordar. Y compartir una serie de instantáneas del tiempo detenido en este rincón zaragozano, la misión del presente artículo/serie fotográfica con la que regresar a lo ha quedado de aquellos días.  Leer artículo completo ➜

Las Barrancas de Burujón, un paisaje de anuncio en Toledo

A veces no hay que irse demasiado lejos para viajar a paisajes deslumbrantes que uno imaginaría en países remotos. Cuando contemplé por primera vez Las Barrancas de Burujón , apenas a treinta kilómetros de la ciudad de Toledo, con motivo de una escapada corta de media tarde a este rincón de la provincia, me vinieron a la mente las semejanzas de lo que tenía delante. Por una parte los colores dorados del Gran Cañón del Colorado, por otro la forma caprichosa de las montañas que miran al Mar Muerto e incluso algún que otro áspero escenario del Death Valley californiano. Pero a su vez resultaba tan diferente, tan especial y, sobre todo, desconocido para lo que era capaz de transmitir que muy pronto me olvidé de parangones y me dediqué a disfrutarlo sin más.

Barrancas de Burujón (Toledo)

Las Barrancas de Burujón representan a uno de esos rincones de naturaleza deslumbrantes que tenemos a dos pasos y los cuales a veces pasan desapercibidos de puro milagro. En este caso aparecer fugazmente en un anuncio de Coca-Cola rodado en España hace varios años le sacó del anonimato. Lo que para muchos nos parecía el Gran Cañón resultaba estar en Toledo. Y eso tenía que verlo con mis propios ojos.  Leer artículo completo ➜

Medinaceli y el arco del tiempo en Soria

Sobre un cerro asomado al valle del Jalón surge un reino en piedra cincelado durante milenios por celtíberos, romanos, árabes y cristianos viejos. Todavía la soriana Medinaceli sigue recibiendo a sus visitantes por su arco de tres puertas que en tiempos del Emperador Domiciano (siglo I d.C) servía como acceso a esta ciudad situada en la calzada romana que comunicaba Emerita Augusta (Mérida) con Caesar Augusta (Zaraguza). El gran arco de Medinaceli sería algo así como un gran portón desde el que poder llevar a cabo un viaje en el tiempo a través de uno de los pueblos más encantadores y sugerentes de la provincia de Soria.

Arco romano de Medinaceli

A escasas dos horas en coche desde Madrid, Medinaceli nos regala un casco histórico excepcional y armonioso donde, por supuesto hay mucho que ver, por lo que os propongo nos demos juntos un paseo por esta villa sin igual.  Leer artículo completo ➜

El otro Gijón II (Neolítico, astur, romano y medieval)

Utere felix domum tuam reza una inscripción latina a carboncillo sobre la superficie de un ladrillo hallado en en el yacimiento arqueológico de la villa romana de Veranes, en el corazón del concejo de Gijón, por la que pasa además la celebérrima Vía de la Plata. Su traducción sería algo así como “Que uses felizmente tu casa” o, más coloquial y al grano, “disfruta de tu casa”. Este hallazgo en forma de buen deseo puede ser una manera entrañable de comenzar un nuevo capítulo de “El otro Gijón” dedicado, en esta ocasión, a dar luz a algunos restos memorables de su pasado más lejano. Manteniendo, por supuesto, la línea de tratar de desentrañar otras parroquias que forman parte de Gijón, olvidándonos de la ciudad por unos instantes y, de ese modo, buscar motivos para recorrer un territorio que abarca un sinfín de rincones dignos de conocer.

Villa romana de Veranes (Concejo de Gijón)

Caminaremos sobre los túmulos neolíticos del Monte Deva y avistaremos las siluetas pétreas del castro cilúrnigo de la Campa Torres frente al Cantábrico donde Roma dejó también su impronta. Y del que puede ser considerado el origen de la hermosa villa asturiana de Gijón subiremos a la parroquia de Cenero para rebuscar el modo de vida romano en Veranes y las ajadas torres señoriales de dos de las familias más importantes en la Asturias del medievo. Si te apuntas, mejor déjate el reloj en casa, que el tiempo precisamente hoy no lo vamos a medir con horas, minutos y segundos.  Leer artículo completo ➜

El otro Gijón I (El románico y los senderos milenarios)

Gijón es mucho más que una ciudad de Asturias, la más poblada, bañada por las olas del mar Cantábrico. Su faceta urbana, de sobra conocida, nos lleva al encantador barrio de pescadores de Cimavilla, a pasear por playa de San Lorenzo y asombrarnos con el elogio del horizonte que proyectó Chillida, a entrar al Museo Jovellanos, a escuchar cánticos en el Molinón o a disfrutar de sus termas romanas como parte de un valiosísimo yacimiento arqueológico. A estudiar la inmensidad de la Laboral o a atreverse a surfear en cualquier época del año. Pero muchos visitantes desconocen que la villa es poco más del 10% de un concejo en el que es posible palpar la verdadera esencia asturiana. Un Gijón que, a espaldas de su entramado urbano, convierte al visitante en peregrino por senderos milenarios. Donde el románico se topa con una humildad arrebatadora para otorgar todo el protagonismo a radiantes y ondulados paisajes de valles y montañas cuyo color verde astur le aporta a las pomaradas el ingrediente necesario para crear la mejor sidra del mundo. Territorio de hórreos, paneras y merenderos al aire libre, de alardes medievales, túmulos prehistóricos y oscuros tejos junto a los pórticos de las iglesias. De carbayeras que sobrepasan su propio mito, cocinas donde a fuego lento borbotean fabadas sublimes y alojamientos rurales con encanto donde se convive con el silencio y el entorno natural más privilegiado.

Iglesia románica de San Miguel de Dueñas (Santurio-Bernueces, Gijón)

Ese es el Gijón adonde pretendo llevarte en esta ocasión a través de una serie de tres relatos. Y para los cuales te advierto no vamos a pisar ciudad. Propongo me acompañes allá donde confluyen el camino de Santiago de la costa y la Vía de la Plata romana para conocer esas otras muchas cosas que ver en Gijón, las cuales se alejan de enredos urbanitas para contemplar su faz más natural y, sorprendentemente, desconocidaLeer artículo completo ➜

10 cosas que ver y hacer en San Sebastián

En mi vida tengo muchos pecados de los que me toca hacer penitencia y, si tienen arreglo, trato de resarcirme de ellos dándoles la vuelta. Confieso, amigos, que tardé más de treinta años de mi vida en conocer San Sebastián. Y reconozco me sentía culpable por ello, así que busqué remediar semejante error dedicándole una escapada a esa Euskadi que adoro para poder visitar la gran Donostia de la que todo el mundo me aseguraba era una de las ciudades más bellas de Europa. Allí me di cuenta que los consejos no podían ser más acertados. Viajar a San Sebastián me enseñó que no puede haber ciudad con mayor elegancia, un emplazamiento más irresistible y un significado tan apropiado de la definición “calidad de vida”. Y que nunca es tarde si la dicha es buena.

Panorámica de San Sebastián desde el Monte Igueldo

Para quienes no conozcan la ciudad y quieran eximirse de semejante desliz me gustaría compartir una serie de ideas para una escapada con sabor donostiarra. Me gustaría mostraros 10 cosas que ver y hacer en San Sebastián para aprovechar lo mejor posible una visita difícil de olvidar.  Leer artículo completo ➜