Crónicas de un viaje a Sri Lanka (2): El Buda de Aukana y las Cuevas de Dambulla

P1190855Serendip es el nombre que los árabes le dieron antiguamente a esa Isla del Índico llamada Sri Lanka. Cuando el cuento persa de «Los tres príncipes de Serendip»,  cayó en las manos del británico Horace Walpole, nacía una nueva palabra, hermosa en su pronunciación y más aún en su significado: Serendipia. Dicho cuento narra la historia de estos tres príncipes que siempre descubrían, por accidente o por sagacidad, cosas que no estaban buscando pero que les aportaban un nuevo conocimiento de mayor trascendencia que en lo que realidad requerían sus pesquisas. El término, por tanto, define a esas coincidencias no buscadas en las que se realizan descubrimientos inesperados. Serendipidad, sería entonces la capacidad del sujeto para encontrar soluciones a temas que ni si quiera se había planteado. A Newton, por ejemplo, se le cayó una manzana en la cabeza y fue absolutamente esencial para poder conocer la Ley de la Gravedad. No lo andaba buscando, pero era una persona con curiosidad que supo transformar la suerte o la casualidad en un nuevo descubrimiento.

Sri Lanka, hace justicia a su neologismo, dado que es pura «serendipia». Día a día, minuto a minuto, el viajero realiza descubrimientos maravillosos que uno no se espera por mucho que haya podido leer o le hayan podido contar. Tomarle el pulso a la isla es un acto de curiosidad innata con un resultado siempre sorprendente que lleva a adentrarse en lugares fantásticos que parecen no ser reales sino recreaciones vivientes de un escenario sólo posible en los libros de aventuras. La búsqueda, el azar, la realidad… el tesoro como final feliz. Así es Sri Lanka, que posee momentos y rincones que en un viaje no tenemos más remedio que traducirlos como hallazgos increíbles.

La Serendipia viajera de este capítulo viene de la mano de un Buda gigante esculpido en una montaña solitaria (Aukana) y de una red de cuevas en la localidad de Dambulla en las que los monjes transformaron lo inhóspito en Arte hace más de dos mil años, creando un lugar mágico e irrepetible.  Dentro de una de estas cuevas dudé si lo que tenía frente a mí formaba parte de la realidad o si era un sueño del que no me quería despertar. Y lo mejor de todo es que aún no lo sé con certeza. Leer artículo completo ➜

Crónicas de un viaje a Sri Lanka (1): Anuradhapura y «el choque»

Una de las cosas que más disfruto de los viajes es lo me gusta llamar «el choque». Con esta palabra me refiero a cambiar un mundo por otro en cuestión de horas. Pasar de la rutina de la ciudad a jugar en un tablero de juego con unas reglas completamente distintas. No cabe duda que entre España o cualquier país occidental y Sri Lanka, hay más diferencias que las horarias. Bajarse del avión nos trasladó en un santiamén a un scalextric de tuk tuks, bueyes invadiendo la carretera, un 90% de humedad, monjes resguardándose en sus paraguas naranjas, niños bañándose en el río al caer la tarde, un mar de palmeras y cierto olor a curry. Un constraste apasionante que se vio reflejado en el que sería nuestro primer campamento base en la vieja Ceilán: Anuradhapura. En la primera de las capitales de un Reino antiquísimo (nacido en el Siglo V antes de Cristo) se expandió el Budismo a la isla. Muchos son los restos arqueológicos de más de dos milenios de vida dispersos entre estanques y lagunas invadidas por las garzas. Casi a partir del esqueje del árbol en que Buda obtuvo la iluminación, vino a nacer una ciudad en la que la religión se encuentra implícita en todas partes, tanto como el blanco que hace relucir a las dagobas que esconden algo más que reliquias.

El fervor de un pueblo que entrega su fé a los símbolos y a estatuas de piedra es el cultivo de Anuradhapura y de otras ciudades Patrimonio de la Humanidad de Sri Lanka en los que la arqueología tiene que ver mucho con la religión. Iniciábamos una etapa en un nuevo país dentro de lo que se conoce como el Triángulo cultural, el alma vestido de raíces dentro de la sugerente lágrima derramada por India. Se puede decir que probablemente todo comenzó en este lugar donde creímos mejor dar nuestros primeros pasos y vivir ese «choque». Leer artículo completo ➜

Crónicas de un viaje a Sri Lanka: Introducción y Guía Práctica

El poder de una sonrisa es extraordinario. Cuando es de verdad se sumerge en el interior de la persona que la recibe como un regalo en lo más profundo del alma. Sri Lanka es un mar de sonrisas, en cada paso, en cada mirada, en cada gesto. Durante un viaje a la Isla siempre te acompaña como el ave que sobrevuela P1200336selvas, ríos y océanos, convirtiendo las barreras en suelo firme y llano donde tan sólo hay que poner los pies. La gente de este país es la esencia de la más deliciosa taza de té bebida a sorbitos en las tierras altas tras un largo viaje en tren de juguete. Una taza humeante que nos invita a olerla una y otra vez, a embriagarnos del puro reflejo de los ojos de quien lo recolectó con sus suaves manos. La cuchara removiendo los campos verdes e infinitos será la causante de que frente a tí aparezca el cuerpo fino y moteado de un leopardo observándote desde lo alto de su árbol, de que sientas emerger una dagoba milenaria de un lago silencioso, de que penetres en el interior de una cueva con mil tesoros y de que el viento vuelque las palmeras para sombrear la arena blanca de una playa desierta. Incluso de que no dejes de sorprendente nunca, de que te contagies del espíritu de lo que de verdad importa, ser testigo directo de que la vida florece con cada una de las sonrisas con las que te encuentras.

Reconozco que Sri Lanka nos ha dado mucho. En realidad nos lo ha dado todo. Su naturaleza radiante, su Historia grabada en piedra de luna, su voluntad por seguir adelante a pesar del dolor sufrido o, simplemente, tener la voluntad de mostrarse tal y como es ante nuestra mirada foránea. La mochila nunca fue una carga sino un medio más para llegar hasta ella, caminar a pie, a bordo de un tembloroso tuk tuk, de un tren de tiempos lejanos e incluso en elefante. En ella traigo miles de momentos increíbles. Es justo entonces que trate de enseñároslos con la misma ilusión y pasión con que los disfruté yo. Empezaremos con una Guía práctica que resuma muchos de los aspectos de este viaje, con la que podáis viajar a Sri Lanka y resolver algunas de las muchas preguntas que se hace todo el que alguna vez desee emprender una aventura en esta preciosa isla del Índico. ¿Qué ver en Sri Lanka? ¿Qué ruta podemos hacer de un par de semanas? Os animo, si os apetece, a que hablemos de la vieja Ceilán con una taza de té en la mano y la mejor de nuestras sonrisas. Leer artículo completo ➜

Planes, preparativos y expectativas del Viaje a Sri Lanka

* Fecha de inicio del viaje: 16 de abril de 2011
* Fecha de fin del viaje: 02 de mayo de 2011
Viajeros:  Sele y Pablo
* Destinos (países): Sri Lanka y Qatar

¡LA AVENTURA HA COMENZADO!

Qué lentos han pasado los últimos días pero ahora sí… por fín podemos decir que el viaje a Sri Lanka ha echado a andar. Aún recuerdo cómo hace unos tres meses nació la idea de perdernos en esta gran isla que se dejó caer de la India como una lágrima al amparo del Océano Índico y mecida por el Golfo de Bengala. Teníamos mucho que hacer, que pensar, que leer y que preparar. Pero no hay tiempo para más, sólo para disfrutar de verdad de un lugar del que tenemos grandes esperanzas. Sri Lanka, antes conocido como Ceilán, es un país con una densidad histórica, cultural y natural difíciles de asimilar en un tamaño diez veces menor al de Francia o nueve al de España. Y es que este viaje tendrá de todo: Templos y pagodas ocultas entre el ramaje de la selva, arrecifes de coral donde poder asomarnos a una explosión de colores increíble, altas montañas con campos de té que por las que se adentran las viejas locomotoras de vapor, una maraña de bosques con escurridizos leopardos acechando en la espesura y elefantes barritando en una charca, ceremonias budistas o hinduístas en las que no falta el colorido que aporta la gente. Y todo ello en una sola isla. Pero tampoco hay que olvidar que realizaremos una incursión express a Qatar en una capital como Doha que no deja de crecer en altitud y lujo a golpe de petróleo.

Asia es uno de mis amores, de mis obsesiones más confesables. Pero este viaje será (es) diferente a cualquier otro y lo viviré (vivo) como si fuera el primero que haya hecho (estoy haciendo) en mi vida. El barco ha zarpado hacia un mar de experiencias del que espero pescar grandes momentos. Leer artículo completo ➜

Crónicas de un viaje a Indonesia 11: Los dragones de Komodo

ESPECIAL SOBRE LOS DRAGONES DE KOMODO

Antes de verte sabe perfectamente dónde estás. Aunque se encuentre  a varios kilómetros de tí puede olerte, seguir tus pasos, sentir tu miedo. Conoce cómo eres y tiene calculado el tiempo exacto que necesitaría para inmovilizarte, capturarte y comerte vivo. Primero comenzaría desgarrando tus extremidades con el objeto de impedir que pudieras escapar. Ya cuando te tuviera en el suelo, paralizado por el miedo y dolorido por las mordeduras, trataría de saborearte lentamente. Si estuviera solo él te auguraría una muerte lenta y quizás tardarías varios minutos en perder la consciencia antes de de que empezara a digerirte. En el caso de ser varios los que quisieran compartir el botín podrías darte por satisfecho porque tu agonía no sería demasiado larga, ya que entre todos te habrían descuartizado en segundos para asegurarse su parte. Al terminar se marcharían a un lugar apartado con sombra para reposar la comida sintiéndose orgullosos de no haber fallado y haber dejado claro que no hay depredador más fuerte y temido en su Isla. Pongamos que hablo de Dragones y que existen más allá de nuestra imaginación…

Los lugareños conocen a esta especie como Ora, los investigadores como Varanus Komodoensis, su nombre científico. Pero el apelativo que gente utiliza más para denominar a esta criatura es el de Dragón de Komodo. Cualquiera que sea su nombre su presencia es absolutamente real dentro de una serie de islas remotas de Indonesia pertenecientes a la vertiente Oceánica de la Línea trazada por Alfred Russell Wallace en el Siglo XIX. El considerado como el mayor reptil del Planeta habita únicamente las Islas de Komodo, Rinca, Padar y una pequeña parte de la costa occidental de Flores. Sus cerca de tres metros de longitud, sus colmillos afilados, sus fuertes garras y su lengua bífida son algunos rasgos de su temible estampa.

Nunca creí que fuera a tener tan cerca no uno sino varios dragones de Komodo. Viajamos en un barco de pescadores hasta su guarida con objeto de observar sus movimientos y retratarlos, algo que garantizara que jamás olvidaríamos que los vimos con nuestros propios ojos. Aunque en ocasiones mi mente me impida creer que todo aquello fue de verdad. En este post, el último de una larga serie con la que he tratado de narrar nuestras andanzas por Indonesia, conoceremos mucho mejor este animal de tintes mitológicos. No se me ocurre mejor broche para cerrar estas Crónicas… Leer artículo completo ➜

Crónicas de un viaje a Indonesia 10: Los Ngadas de Flores

 

18 de julio: NOS ADENTRAMOS EN LOS POBLADOS TRADICIONALES NGADAS

Uno de los mayores tesoros de la Isla de Flores se mide en valores eminentemente antropológicos. Porque aún es posible visitar poblados tribales en los que tanto la forma como el fondo tratan de ser impermeables a los influjos de la Globalización y los Tiempos modernos. Muchos de los Ngadas que decidieron no irse a vivir a ciudades como Bajawa aún conservan muchas de sus tradiciones en el interior de pequeñas aldeas en las que existe concepción de tribu y se puede percibir toda una serie de particularidades que los definen como Pueblo. Las chozas de paja y bambú, los altares a los ancestros, los amuletos y reliquias colgando de los quicios de unas puertas que nunca se cierran, los ikats de abstractos diseños, los monumentos funerarios o los terraplenes donde se realizan los sacrificios en sangrientos rituales se mezclan con las sonrisas auténticas tanto de niños como de ancianos que aún se sorprenden de los forasteros que penetran en sus dominios.

Acometer una ruta a hermosas aldeas Ngada como Bela, Luba, Bena y Wogo, a la sombra del Volcán Inerie, supuso sumergirnos en lo más remoto y elemental del Ser Humano. Al fin y al cabo viajar es penetrar en la mirada de los demás, conocer sus maneras de vivir y darnos cuenta que en realidad lo que estamos haciendo es aprender de nosotros mismos. Leer artículo completo ➜

Crónicas de un viaje a Indonesia 9: Flores y el Kelimutu

16 de julio: DE BALI A FLORES HAY ALGO MÁS QUE LA LÍNEA DE WALLACE

El galés Alfred Russell Wallace se dio cuenta a mediados del Siglo XIX de que en el Archipiélago malayo (Malasia e Indonesia) había entre islas relativamente cercanas unas diferencias radicales en lo que a orografía y sobre todo, fauna y flora se refería. Entonces plasmó una línea imaginaria que dividía islas a izquierda y derecha de Borneo, Sulawesi y Lombok, y estipuló que en el lado occidental (Java, Sumatra, Bali, etc…) la vegetación y las especies animales eran puramente asiáticas mientras que en el lado oriental (Komodo, Flores, Papúa, Timor, etc …) lo eran más propias de Oceanía. La conocida como Línea de Wallace forma parte de una teoría comunmente aceptada en la que se separa biogeográficamente Eurasia de Australasia. Es una frontera natural, nunca política, debida probablemente a una fosa submarina que pudo ser una barrera impenetrable para especies animales y vegetales autóctonas que evolucionaron por separado. Así Komodo, Flores o Papúa tienen muchas más similitudes a Australia que a la propia isla indonesia de Java. De ese modo cuando uno traspasa esta línea, en realidad está cruzando geográfica y biológicamente Asia y Oceanía.

La Isla de Flores, bautizada así por los portugueses que atracaron sus barcos en ella a principios del Siglo XVI, es un claro ejemplo de este «factor Wallace», de pertenecer a un mundo aparte de lo que habíamos visto durante el viaje. La orografía, las lenguas autóctonas, las creencias, las etnias y razas, las construcciones, las tradiciones e incluso la flora y la fauna son diferencias más que evidentes que nos hicieron comprender que iniciábamos una nueva etapa en nuestra aventura por Indonesia que poco o nada tenía que ver con las anteriores en Java, Borneo y, sobre todo, Bali. Flores, que recorreríamos en coche desde Maumere hasta Labuanbajo, antes de utilizarla como lanzadera marítima a las míticas islas de Komodo o Rinca, se nos mostraría exultantemente bella y en absoluto explotada por el turismo de masas. Su autenticidad no pasó desapercibida para nosotros, que tratamos de implicarnos al máximo para conocer más profundamente unos cambios que denotan que hay de por medio «algo más que la línea de Wallace».

La «Fase de Flores» estaba completamente huérfana de preparación alguna por nuestra parte. No llevábamos planificados los transportes o visitas ni, por supuesto, reservados los alojamientos donde pasar la noche. Teníamos conocimiento de los días con que contábamos, con ciertos lugares que queríamos ir a ver y que en cuanto pusiéramos los pies en la pista del Aeropuerto de Maumere debíamos buscarnos la vida para irnos moviendo en dirección oeste para llegar a las costas occidentales de la Gran Isla. De cómo saliera todo dependíamos absolutamente de la suerte, de lo que Flores estuviese dispuesto a ofrecernos. Que iba a ser mucho, aunque nadie dijo que fuera a ser fácil. Leer artículo completo ➜

Crónicas de un viaje a Indonesia 8: La esencia de Bali IV

14 de julio: EL AZAR QUE SE OCULTA TRAS LAS LLAMAS

La sal de los viajes suele tener que ver en muchas ocasiones con esos momentos que no tenemos planificados de antemano, que acaecen por sorpresa para bien de todos y que, quizás por su condicición de inesperados, son capaces de convertir los errores en aciertos. Un claro ejemplo de todo esto es algo que nos sucedió la mañana del miércoles 14 de junio de este año, cuando nos perdimos por seguir un sendero embarrado de un arrozal que ni sabíamos dónde llevaba y terminamos llegando, de forma totalmente casual, a la celebración de un rito sagrado que se estaba oficiando en un pequeño pueblo a pocos kilómetros de Ubud. Casualidades de vida…y muerte, porque aquel maremágnum de gente, de música de tambores y oraciones al viento se debía a la celebración de un ritual de cremación en la que varios cuerpos depositados en sus respectivos sarcófagos con formas de animales mitológicos estaban preparados para ser convertidos en cenizas. Si no hubiésemos tomado el camino equivocado muy probablemente no hubiésemos asistido a esta ceremonia funeraria en la que no hubo ni lágrimas ni tristeza pero sí mucho colorido propocionado por quienes asumían con suma naturalidad que la muerte es tan sólo parte de un camino hacia la libertad en la que el fuego se convierte en un testigo necesario.

Siempre he reiterado que la improvisacion y dejarnos llevar por los momentos es un ingrediente esencial para vivir un buen número de instantes únicos, que llenan nuestra historia de experiencias en las que el único culpable es el azar. O quizás el destino. Leer artículo completo ➜

Crónicas de un viaje a Indonesia 7: La esencia de Bali III

13 de julio: EL TEMPLO MADRE DE BALI Y OTRAS LINDEZAS

A Bali se la conoce como la Isla de los Mil Dioses. Las connotaciones religiosas de este hinduísmo adaptado a las creencias ancestrales están presentes en todo lugar y momento. Cada vivienda tiene su santuario y cada pueblo mínimo un templo. De hecho se calcula un número aproximado de 11000 templos, lo que nos indica una extraordinaria densidad de monumentos religiosos, sin contar figuras, pequeños retablos y un largo etcétera de simbología de lo más variopinta. Uno podría viajar cien veces a Bali y no haber visto todo su Patrimonio, por mucha isla que sea y muy manejable que nos parezca. Pero al menos sí que podemos destacar en un solo viaje aquellos lugares imprescindibles para el sentir religioso balinés y, sobre todo, para quien guste admirar centros históricos y artísticos de Fe con los que comprender la forma de vivir y de pensar de este pueblo. En este caso jamás podríamos obviar el considerado como Templo Madre de la Isla de Bali, Pura Besakih, situado a gran altura en la ladera del Volcán Agung.

Pura Besakih, el más grande y más sagrado de los templos balineses, conformaría el corazón de la ruta que realizamos aquel día. Pero en absoluto fue lo único que visitamos ya que también conocimos a su hermano pequeño (Pura Kehen), una aldea tradicional como Penglipuran, o las dependencias palaciegas de la vieja Semarapura para rematar la jornada en Goa Lawah o, lo que es lo mismo, la Cueva de los Murciélagos en la que miles de estos guardianes de la noche moran en un halo de sacralidad sólo entendible en estas tierras lejanas. Leer artículo completo ➜

Crónicas de un viaje a Indonesia 6: La esencia de Bali II

12 de julio: SEGUIMOS DESTAPANDO EL TARRO DE LAS ESENCIAS BALINESAS

El gol de Iniesta, que aún tenía que estar celebrándose en las calles de toda España y parte del extranjero, nos había dejado muy contentos, con una sonrisilla inamovible.  Y para colmo de suerte, teníamos por delante un día apasionante en Bali y, lo más importante, tiempo suficiente de seguir viajando por Indonesia. Aún estábamos en el ecuador de nuestra aventura. Por lo tanto el espectáculo debía continuar. Y debía hacerlo a través de una ruta prevista solo a medias, porque un pequeño elemento con alas nos haría cambiar parte de los planes. Para bien, claro.

El de aquel día fue probablemente el itinerario más intenso y diverso que haríamos en Bali. En un corto espacio divisaríamos el vértigo de arrozales imposibles, templos eternos que flotan en el agua, lagos rodeados de misterio, montañas nubladas que parten en dos el mundo mágico de la isla o un bosque inmortal que esconde la Naturaleza más primitiva.

Que Bali superó todas nuestras expectativas es un hecho. Una isla relativamente pequeña que cuenta con una aglomeración de atractivos difíciles de reunir en otro sitio y que es capaz de saciar las ansias de aventura, diversión o conocimiento de los viajeros de la más diversa índole. Leer artículo completo ➜

Crónicas de un viaje a Indonesia 5: La esencia de Bali I

11 de julio: BALI, UNA ISLA, UN UNIVERSO

Bali es capaz de abarcar gran parte de las necesidades y expectativas de cualquier clase de viajero. Posee una cultura ancestral única y abriga un paisaje de inmensos contrastes que parten de playas eternas para reverdecerse en los arrozales y elevarse hasta la cima de grandes volcanes. Ofrece un amplio abanico de ocio para todas las edades que gusta por igual a los más sibaritas o a los mochileros que miran por un presupuesto milimétrico. Regala un hálito de optimismo y alegría inusual mezclando altas dosis de música y danza, de fiestas y celebraciones, que ayudan a evadirse de los problemas. Vive por y para el Arte que se sitúa no solo en sus fabulosos templos sino también en cada una de las calles, puentes y paseos. Bali es una burbuja aparte entre miles y miles de islas que se agolpan en un mar cálido y rico. Es Indonesia, pero es otra Indonesia.

Su rasgo diferencial en lo que a lo religioso, cultural, artístico o idiomático se refiere, marcó esta nueva etapa dentro del gran viaje a tierras indonesias. La más célebre de las islas menores del Archipiélago de Nusa Tenggara la vivimos plenamente durante una semana. Este post versará de cómo empezamos a echarle el guante y a inmiscuirnos en su particular filosofía, así de la descripción detallada y ciertamente sentida de muchos lugares que parecen provenir de la pluma imaginativa de un novelista de aventuras que recrea mundos paralelos con extrañas criaturas. Leer artículo completo ➜