Viaje a Japón y las 2 Coreas: Capítulo 2

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2 de Julio: EN BUSCA DEL GRAN BUDA DE KAMAKURA

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Kamakura, al igual que Nikko, que visité la jornada anterior, es un destino más que apropiado para hacer una excursión de un día desde Tokyo. Su cercanía (50 km sentido suroeste), su fácil comunicación (JR Yokosuka Line desde Tokyo Station, 50 min.) y, sobre todo, su agitada Historia reflejada en la construcción de importantes centros religiosos, hacen que este lugar sea otro de esos «imprescindibles» para quien tenga el tiempo suficiente. En bastantes ocasiones los viajeros dudan a la hora de decantarse si visitar ésta o Nikko. Si así fuera y alguien me preguntara mi opinión le diría, ¿Y por qué no las dos?

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Viaje a Japón y las 2 Coreas: Capítulo 1

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27-29 de junio: ESTO PARECE QUE EMPIEZA…

Mis casi dos días de «escala voluntaria» en París me permitieron disfrutar tranquilamente y conocer un poco mejor la ciudad del Sena antes de subirme en el Aeropuerto Charles de Gaulle a ese avión de JAL que en 13 horas me dejaría en la ciudad de Nagoya. Fue en ese mismo avión donde se cambió el chip de raíz para darme de bruces con el País del Sol Naciente. Pura tecnología, palillos para la comida y curiosas miradas rasgadas hacia a mí como uno de los pocos occidentales que allí se encontraban. La aventura no había hecho más que empezar..

Del pulcro y nublado Aeropuerto de Nagoya me sorprendió que a pesar de haber tanta gente, se oía menos ruido del normal. Más bien había silencio, limpieza, y orden, mucho orden. Las indicaciones gestuales de las femeninas policías con sombrero de bombín fueron suficientes para coger el metro (Línea Meitetsu) que en 30 minutos me dejara en la Estación de Trenes, donde debía validar mi Japan Rail Pass y reservar mi primer tren bala (Shinkansen) con dirección a Tokyo. En la Oficina de JR (siglas de la compañía Japan Rail) conseguía mi salvoconducto para moverme veloz por el país nipón, y en una ventanilla de reservas reservé un asiento para salir en media hora hacia su capital. En realidad no es necesario reservar, ya que hay varios vagones en que te puedes subir y tomar un sitio, pero si se tiene tiempo no está de más hacerlo, y más en temporada alta. La propia Estación de Nagoya estaba atestada de gente que iba de un lado para el otro, pero era como si con un mando a distancia se le hubiera bajado el volumen a la gente. Numerosos trajes y corbatas se cruzaban a escasos centímetros pero nunca se veía que chocaran entre ellos. Orden en la multitud, algo usual en Japón.

Mi primer Shinkansen llegó a eso de las dos y media de la tarde, cumpliendo estrictamente con la premisa de la P1100868puntualidad, virtud inequívoca de la que me aprovecharía durante los quince días que duraría mi estancia en el país. Los asientos están tan separados entre sí que te permiten estirar las piernas, la gente habla poco o nada, y el ruido que origina el tren es mínimo. Si a eso le sumamos la velocidad (que puede llegar a 300 km/h), es comprensible que se pueda disfrutar de un viaje cómodo en el que en menos de tres horas uno se planta en Tokyo. Llovía bastante, y es que nos encontrábamos en plena temporada de lluvias. Había que ir haciéndose a la idea de que el agua me acompañaría durante todo el viaje. Ni por asomo podía imaginar que los chaparrones y las tormentas se engancharían mínimamente a mi mochila para vivir uno de los veranos más secos a este lado de Asia. Librarse de las lluvias torrenciales en pleno julio se puede considerar casi un milagro.

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Viaje a Japón y las 2 Coreas (INTRODUCCIÓN)

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INTRODUCCIÓN

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La lluvia virulenta que golpea en la ventana de mi pequeño y desordenado cuarto de Seúl me da a entender que mi último día de viaje tendrá más de reflexión que de aventura. Observando mudo la precuela de un tifón que se aproxima a la Península de Corea me vienen a la mente recuerdos ya de por sí imborrables.

Tres semanas dan para mucho, y más cuando se trata de lugares tan remotos y diferentes como son los del Lejano Oriente. Fueron apenas unos días después de volver de mi periplo californiano cuando tomé la decisión de escoger Japón y Corea como destinos veraniegos. Suelen ser muchas las dudas y opciones que dibujan EL GRAN VIAJE DEL AÑO.. Aunque era plenamente consciente de que el cuerpo me pedía Asia. El precio más económico de lo normal del billete a Nagoya (Japón) con vuelta a Madrid desde Seúl (Corea del Sur) me hizo decantarme por estos países antes que por Thailandia o India, serios candidatos y que tendrán que esperar un poco más.

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Otra particularidad para este viaje que pone su rúbrica el 20 de julio estaba en que iba a marchar yo solo. No era la primera vez que lo hacía pero en esta ocasión la duración sería mayor que los anteriores (Balcanes, Provenza, Marruecos y País Cátaro). Y queráis que no, impone un poco, aunque no tuve problemas en encontrar compañeros transitorios tanto nacionales como internacionales que formaran parte de algunos de los mejores capítulos de mi travesía oriental. Para ese aspecto, internet es todo un lujo.

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Diario del Viaje a Oriente Medio y los Balcanes 2006

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Tres meses después de mi vuelta del Gran Viaje a Oriente Medio y Los Balcanes, en que tuve el privilegio de recorrer países como Turquía, Siria, Líbano, Jordania y Egipto (junto a mis amigos Kalipo, Alicia, Chema y Pilar) o como Serbia, Bosnia, Montenegro, Croacia, Eslovenia y el norte de Italia (esta vez en solitario), tengo el honor de presentaros el Diario del mismo. He incluido una compilación de relatos ordenados cronológicamente  pertenecientes a 31 días en los que expongo mi visión personal de dicho viaje, acompañados de algo más de 900 fotografías comentadas. He necesitado muchas horas de trabajo para poner por fin a disposición de todos las interesantes historias, vivencias y anécdotas ocurridas durante este período.

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Transiberiano 2005

Si hay un viaje que supuso un antes y un después a mi voraz ansia de conocer mundo, éste es el denominado Transiberiano que llevé a cabo junto a mis amigos del barrio en el verano de 2005. Y no sólo cambió mi ambición viajera sino que influyó en mi forma de mirar las cosas, de establecer objetivos y de saber marcar el camino a una temporada que no había sido fácil. Quizá por inesperado, por las fantásticas personas con las que lo hice, por el momento de mi vida en que me encontraba y por ser un recorrido tan excitante como llamativo, puedo decir que fue el viaje de mi vida. Superarlo supone una dificultad casi extrema, aunque por supuesto, no cesaré en mi empeño de sentirme igual de feliz, igual de vivo… Me abrió los ojos y desde entonces no los he vuelto a cerrar.

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