Conques, probablemente el pueblo más bonito de Francia - El rincón de Sele

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Conques, probablemente el pueblo más bonito de Francia

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Aparece atrapada en la ladera de una montaña una sucesión de casas con entramados de madera y paredes parduzcas, coronadas con tejados de pizarra tintados de un verde que sólo puede imprimir el musgo. Humeantes chimeneas se funden con la humedad de las últimas lluvias esparciendo un aroma delicioso que incita a pensar en un hogar imaginario. El empedrado, aún mojado, no es tan capaz de hacerme resbalar como el primer momento en que miro por primera vez a Conques. En el Aveyron, dentro de ese recodo de Midi-Pyrénées con esas historias de valerosos caballeros y devotos peregrinos que se detuvieron aquí para hacer el Camino de Santiago, he podido encontrar lo que había venido a buscar, el pueblo más bonito de Francia.

Conques, probablemente el pueblo más bonito de Francia

Entiendo que semejante afirmación pueda calificarse como exagerada y caprichosa, pero después de aproximadamente quince viajes a Francia realizados de todas las maneras posibles no ha habido lugar que me haya provocado más palpitaciones arrojándome directamente al saco de las emociones y el convencimiento. Conques es un lugar que ver en todo viaje al sur de Francia que se precie donde el objetivo principal sea disfrutar de un pueblo de cuento que nos lleve directamente a la Edad Media. Hay muchos, es cierto, pero ninguno tan bello. O, al menos, eso creo…

Conques, parada con encanto e historia en el Camino de Santiago francés

Mapa de situación de Conques (Aveyron, Francia)

El porqué de Conques como pueblo de gran importancia en la Edad Media tiene que ver con una reliquia capaz de atraer a los feligreses de una cristiandad europea aferrada a las huellas de un santoral que no dejaba de crecer. El robo de los restos óseos de la jovencísima Santa Fe (Sainte-Foy), martirizada con la hoguera y la decapitación con apenas 13 años de edad en Agen (Aquitania) en el año 303 d.C por defender ante a los romanos sus creencias cristianas, supuso un antes y un después en Conques. Un monje llamado Ariviscus se apropió de la santa reliquia para beneficio de la abadía de Conques. Hoy día se vería como una auténtica acción de marketing para atraer creyentes a una causa. Y es que desde entonces Conques no dejó de recibir peregrinos deseosos de rezar ante los restos de la santa para proseguir su largo camino a Santiago de Compostela. Semejante reclamo permitió que creciera este emplazamiento situado a nueve días a pie desde Le Puy como parte esencial de la famosa Via Podensis.

Conques (Midi-Pyrnénés, Francia)

Poco parece haber cambiado el decorado de Conques desde la Edad Media. El tiempo se ha evaporado hasta del diccionario y los peregrinos siguen llegando a este pueblo del Aveyron, aunque mezclados con turistas y curiosos que quieren ver con sus propios ojos si lo que cuentan de este lugar es real. Afortunadamente la temporada baja es más larga que la alta, lo que permite al viajero más indisciplinado con el calendario disfrutar prácticamente a solas de esta joya inscrita dentro de la prestigiosa lista de Les plus beaux villages de France (Los pueblos más bellos de Francia).

Nosotros logramos arribar a Conques dentro de una ruta en coche por varios de los departamentos de la inabarcable región de Midi-Pyrénées (Mediodía Pirineos) que tenía como objetivo salir a buscar algunos pueblos con encanto y trasladarnos (a motor) a esta especie de Edad Media congelada. Tras dos horas conduciendo bajo la lluvia desde la indescriptible Rocamadour y dejar el coche en el parking que quedaba a las afueras del pueblo, a dos minutos a pie del centro, nos quedamos perplejos tras contemplar una imagen casi celestial del pueblo. Nada había sido en balde. Francia siempre nos ha dado cosas buenas, pero lo de Conques podía considerarse un abuso. Pocas veces un lugar había logrado atraparnos de semejante manera. Nunca un recibimiento bajo la lluvia nos había hecho tan dichosos.

Conques (Aveyron, Francia)

¿Qué ver en Conques? Los lugares clave en el pueblo más bonito de Francia

La Abadía de Santa Fe

Quién iba a decir que el tráfico de reliquias, da igual si verdaderas o falsas (se cuenta que si se juntaran todos los restos de la cruz de Cristo expuestos en iglesias y catedrales se podría construir un barco como el Titanic), pudiera reportar tanta riqueza a un lugar. A Conques tener a Santa Fe le otorgó algo más precioso que el dinero. Le regaló la inmortalidad, recibir la admiración medida en suspiros y no pocos latidos robados que se escuchan cada día en el suelo empedrado que tanto se empeña en resbalar en los días de lluvia. Las casonas, con las venas de madera a la vista en las fachadas, han sido testigos del paso de cientos de miles de personas, puede que millones, a lo largo de los siglos. Hoy se vertebran a ambos lados de la Rue Henri Paraye y de las cuestas que parten de Rue du chamaine Bénazech donde se encuentra la Oficina de turismo.

Conques (Aveyron, Francia)

Entre el castillo de la familia Humières, aún vivo, y el cementerio asomado al desfiladero desde el que se puede escuchar la corriente de L´Ouche, el río que pasa por Conques, surge la reina de todas las miradas, la enorme Abbatiale Sainte-Foy, receptáculo de los restos de la santa martirizada en plena pubertad por los romanos poco tiempo antes de que el Emperador Constantino abrazara la religión cristiana. Considerada una de las iglesias abaciales más grandes del románico, conviene apreciarse rodeándola por completo antes incluso de entrar. Si el día es soleado pueden verse en acción las vidrieras modernas de Pierre Soulages que imprimen distintos colores en función de la luz que sea capaz de reflejar el Sol.

Iglesia abacial de Santa Fe de Conques

Buscamos la entrada principal rodeados de casas medievales a cada cual más hermosa. De ese modo dimos con el tímpano policromado del siglo XII con nada menos que 124 personajes que narran el Juicio Final y son capaces de trasladarnos del cielo azul al infierno rojo bajo la mirada de un Cristo desproporcionado que levanta su mano. En los adentros del averno se advierte al visitante con una inscripción en latín que dice “O PECCATORES TRANSMUTETIS NISI MORES JUDICIUM DURUM VOBIS SCITOTE FUTURUM”, que viene a significar “Pecadores, si no reformáis vuestras costumbres, sabed que padeceréis un juicio temible”. El Demonio, cuyo rostro grabado en piedra ha sido reproducido hasta la saciedad en libros de arte, parece ser consciente de que aquel tímpano era un apartado más en la Biblia de los iletrados durante la Edad Media. Los mismos que eran capaces de comprender los mensajes con tan sólo leer las esculturas. La fe y el miedo van de la mano en uno de los mejores pórticos románicos del sur de Francia.

Tímpano de la abadía de Santa Fe (Conques)

El interior de la iglesia abacial no es menos impresionante. Y no por ser recargada, adjetivo que no cumple bajo ningún concepto. Sino por sus dimensiones, la sobriedad de sus líneas y una altura que supera los veinte metros en la cúspide. Al igual que la muchas iglesias levantadas a lo largo del Camino de Santiago, dispone de una ancha nave central con corredores a los lados que liberaban espacio para acoger los peregrinos que acudían a orar ante la reliquia de Santa Fe, el centro del tesoro de Conques. Tuvimos la suerte de poder subir a las tribunas laterales y recorrer la iglesia desde una visión de altura, indispensable para acercarse a varios capiteles policromados y perseguir las historias narradas en la piedra con figuras grotescas tan propias del románico. Esta visita sólo se puede hacer de forma guiada contratándola en la Oficina de Turismo (precio 2015: 4´50€). Y bien merece la pena.

El demonio del tímpano de Conques (Midi-Pyrénées)

En el altar principal, que se puede rodear por el deambulatorio, se guardó durante siglos el tesoro. Se trataba de las reliquias de Sainte Foy y de otros santos cristianos que fueron aumentando la atracción por Conques. Incluso de los regalos de Carlomagno, con una enorme “A” con la que obsequió a esta iglesia abacial que tanto admiraba. Todos estos restos y objetos se protegían con un enrejado que aún sigue a la vista el cual fue fabricado con las cadenas que sirvieron para apresar y encarcelar a los infieles musulmanes capturados durante las Cruzadas  y donde Francia jugó un papel muy destacable. Pero dentro del altar apenas queda nada, ya que todo se ha guardado a mejor recaudo, y más desde la Revolución francesa en que los habitantes del pueblo salvaron como pudieron (arriesgándose a esconder los tesoros en sus casas, huertos y cuadras) una de las mayores colecciones de orfebrería y reliquias de la época.

El tesoro de Conques

Hoy día para ver las reliquias de Sainte Foy, así como de otros santos y objetos de oro de un valor incalculable, hay que salir de la iglesia abacial y entrar desde los restos de un claustro semidestruido al museo que protege Le Trésor de Conques (6´20 euros), el mismo que los habitantes del pueblo ocultaron en sus viviendas y jardines tras la Revolución francesa en que los soldados mandaban a fundir el oro de cualquier objeto eclesiástico que se encontraran. Allí tras una cámara acorazada surge un corredor flanqueado por vitrinas llenas de objetos finamente tallados con oro, plata y piedras preciosas durante los tiempos de Carlomagno y Pipino II de Aquitania. Pero es al final del mismo donde se halla la reliquia con mayúsculas que venían a adorar los peregrinos en su largo viaje a Santiago, la gran estatua de oro de Sainte Foy o Santa Fe.

Relicario de Sainte-Foy (Conques, Francia)

Acercándonos a la cristalera parece que nos encontramos ante una obra de orfebrería del Antiguo Egipto, pero en realidad se trata de uno de los mayores tesoros del medievo en occidente. Desde el siglo IX, aunque aderezada con piedras preciosas hasta el XIX, recibe con su rostro hierático a las masas devotas que la visitan. Es una de las mayores joyas medievales custodiadas no sólo en Francia sino en Europa. Sentada en un trono y con los brazos extendidos impone respeto a quien le mira a los ojos. En el interior apenas está parte de su cráneo, pero eso supuso a Conques ser parada obligada en los tiempos en que las personas se movían miles de kilómetros persiguiendo su fe. Allí estaba la mártir de la que todo el mundo hablaba, la que hacía milagros y la que protegía a los peregrinos en su largo viaje.

Reliquia de Sainte Foy (Santa Fe, Conques)

Una vez salimos del museo y nos percatamos nuevamente de las columnas del viejo claustro descubrimos en un capitel que los escultores que trabajaron en su construcción se habían retratado en piedra hace ya unos cuento siglos para inmortalizarse junto a la iglesia. Son muchos los detalles que uno puede hallar en las columnas de un claustro. En realidad son auténticos libros petrificados que están todavía por descifrar. Y los capiteles de Conques son especialmente extraordinarios en este sentido.

Capitel del claustro de Sainte-Foy (Conques, Francia)

Hay otro museo sin salir de la Plaza de la iglesia, el Musée Joseph-Fau (incluido en el ticket del tesoro), con objetos, cuadros y tapices rescatados de la antigua abadía. También algunos capiteles más que no pudieron quedarse en pie. Este lugar está bien para profundizar en la Historia de Conques pero estando dentro uno se da cuenta deque lo mejor está al otro lado de los grandes ventanales. Que hay que salir fuera a seguir paseando, a seguir fotografiando, no importando si nieva o diluvia más allá del cristal.

Un paseo por la Edad Media

Podría decir que dentro de la villa fortificada en un cuadrilátero irregular hay que ir a buscar el castillo de los Humières, encontrar los hornos donde la gente del pueblo iba a hacer pan (y que siguen funcionando) o que no nos perdamos la Porte du Barry y su bóveda de medio punto en la que todavía se conserva la casa del guardián. Pero eso sería faltar a la realidad de lo que podemos hacer en Conques. Olvidémonos de los mapas, tiremos los folletos a la basura o, como mucho, guardémoslos en la guantera del coche como recuerdo porque no sirven de absolutamente nada. Conques no se visita como el plano de un museo sino que se vive como la oportunidad única de pasear por el empedrado de uno de los pueblos medievales más hermosos del mundo.

Conques (Aveyron, Francia)

Hay una fotografía en cada esquina. ¡Qué digo! En cada palmo del suelo al que van venciendo nuestros pies. Si hace sol nos deslumbrarán los reflejos de las ventanas de las casas y colorearan nuestra mirada las vidrieras de Soulages. Si está nublado, como fue el caso de nuestra visita, hallaremos un delicioso escenario que uno creería que lo ha diseñado el mismísimo Tim Burton para sus timburtonadas favoritas con cadáveres que cantan y casas encantadas con entramados de madera que parecen cobrar vida propia.

Conques (Midi-Pyrnénées, Francia)

Si buscamos buenas panorámicas habría que tomar una de los caminos que abandonan el parking principal y que nos colocan justo encima del pueblo. Otra opción sería dirigirnos a la Chapelle Saint-Roch, donde van los peregrinos cuando se marchan de Conques, y así poder fotografiar esta joya mayúscula del Aveyron antes de marcharnos hacia otro lugar.

Conques (Midi-Pyrnénées, Francia)

Las tabernas con señales de hierro forjado colgando sobre las puertas, la andadura de peregrinos a los que todavía les queda mucho camino por hacer y no son capaces de dibujar otro gesto en su rostro que no sea de ilusión. Eso es Conques. Un lugar que no podemos creernos se mantenga en pie con la forma que tenía hace más de setencientos años. Uno de los mayores tesoros escondidos de Francia, de esa Midi-Pyrénées ilimitada que se mide en leyendas de autoría anónima y te traslada del papel pergamino de los libros de caballerías a la viva imagen en Full HD de una época tan inspiradora como la medieval.

Calle de Conques (Midi-Pyrénées)

Llevaba mucho buscándote, Conques. Y, por fin, te he encontrado…

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Guía práctica de un viaje en coche a Midi-Pyrénées

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