Ruta por el Valle del Alagón en Cáceres

Desde que nace el río Alagón en la salmantina Frades de la Sierra hasta que se fusiona con el Tajo en Alcántara (Cáceres) sus aguas fluyen a través de meandros imposibles, secundan el vuelo de rapaces y aves carroñeras, surcan por igual arboledas y viñedos, a la vez que traspasan puentes de piedra con la memoria de los siglos. También le entrega su nombre a una notable comarca cacereña. El Valle del Alagón es territorio de vegas y un verdor que no escatima en tonalidades. Universo de encinares y olivos, de artesanos de hoy siguiendo las premisas de los maestros de antaño. Posee prominentes castillos, ciudades monumentales y tradiciones que se escapan a cualquier registro documental. Con Coria a la cabeza se erige como una de las escapadas más interesantes que se pueden vivir en Extremadura. Sin trampa ni cartón, con aroma a migas, caldereta y perrunillas de postre. El dulzor del otoño tiñendo la ribera de amarillos y ocres, sigue aguardando la espesura de las neblinas que se empeñan en acompañar cada amanecer.

Atardecer en el Valle del Alagón desde el mirador de la catedral de Coria (Cáceres, Extremadura)

Hoy te propongo una ruta por esta comarca, en coche, moto, bicicleta o incluso barco, tocando los mejores rincones y escenarios que ver en el Valle del Alagón. A continuación va una sucesión de ideas para plantearse una escapada centrada en el valor cultural, histórico e incluso natural que acompaña a uno de los afluentes que más hacen engordar al Tajo poco antes de cruzar la frontera. 

Valle del Alagón, un corredor cultural

El valle del Alagón no es, en realidad, un valle propiamente dicho. Más bien convendría emplear el término de “vegas” para describir un territorio donde el curso del río no cuenta con montañas flanqueándolo sino, más bien, una zona llana muy aprovechable para el regadío. De hecho, en muchas ocasiones, se escucha más decir “Vegas del Alagón” que lo de valle. Sea como fuere se trata de un territorio comparable en tamaño a la isla de Gran Canaria con poco más de 7000 kilómetros cuadrados compuesto por 27 municipios y con una población de cerca 40.000 personas. Sólo en Coria viven más de 12.000 y es considerada la única ciudad de la comarca así como, por supuesto, su enclave más importante. De cara al turismo es quizás la base más utilizada para quienes desean moverse por el Valle del Alagón, como fue nuestro caso, puesto que en sí misma es un tesoro con un montón de atractivos para ser considerada IMPRESCINDIBLE en cualquier visita que se precie a la zona.

Al norte del Valle del Alagón están Sierra de Gata y Tierras de Granadilla. Al oriente Plasencia o la comarca de Monfragüe. La Mancomunidad Tajo-Salor (donde se encuentra Alcántara) se abraza a ella por el sur y suroeste, mientras que Portugal le pone límites en Zarza la Mayor.

¿Qué ver y hacer en el Valle del Alagón? Ideas para una ruta por la comarca cacereña

A continuación podrás leer una serie de consejos (con lugares y razones) para disfrutar del Valle del Alagón en una escapada perfecta para dos o tres días. Coria y alrededores prácticamente se lleva uno, eso hay que tenerlo en cuenta. Y es que existen múltiples posibilidades para llevar a cabo una ruta de más tiempo por este territorio repleto de historias, paisajes y costumbres ancestrales. Aquí van unas pinceladas en forma de idea:

Recorre Coria, la ciudad más monumental del Valle del Alagón

Sin duda es la joya de la corona, el lugar donde dejar los bártulos y ponerse a caminar a cualquier hora por sus calles estrechas y blanquecinas porque se trata, de largo, de una ciudad a la que la Historia le ha dejado innumerables huellas de gran valor. Conserva más de un kilómetro de murallas romanas (con retoques puntuales dados por los árabes y cristianos) envolviendo el casco histórico de la legendaria Caurium (ese fue el nombre que recibió como una de las ciudades importantes de la provincia romana de Lusitania). Su catedral cristiana observa con altivez el Valle del Alagón en un equilibrio que la sitúa entre los últimos instantes del gótico plateresco y el barroco churrigueresco, el cual es responsable del embellecimiento de la fachada con motivos ornamentales y multitud de angelotes y medallones. Este lugar sagrado guarda además una reliquia mayúscula como es el mantel sagrado que la tradición sitúa como el utilizado por Jesús y sus discípulos en la Última cena, lo que provocó que Coria se convirtiera en un destino atractivo e indispensable para multitud de peregrinos durante la Edad Media y hasta entrado el siglo XVIII con deseos obsesivos de tocar con sus manos este tejido. Hay que estar atentos al balcón que hay a un costado de la entrada por la plaza, puesto que aquí era extendido y mostrado a los fervorosos devotos.

Catedral de Coria (Cáceres)

Coria, así como buena parte del valle, formó parte de los gigantescos dominios de la Casa de Alba. Y además de un palacete junto a la catedral donde luce su escudo ajedrezado, hay un espléndido castillo mandado construir por el I Duque de Alba, Don Álvarez de Toledo, a finales del siglo XV. Destaca su torre del homenaje almenada con planta pentagonal (aunque no se puede visitar su interior) y es tremendamente fotogénico.

Sele en el castillo de Coria (Cáceres)

Aunque lo mejor de Coria pasa por dejarse perder por la ciudad vieja o ir siguiendo el curso de sus gruesas murallas romanas que todavía dejan ver estelas funerarias utilizadas como sillares. O buscar qué sobrevive de la antigua judería, puesto que fue aljama, y probar las deliciosas pastas que las monjas venden en el convento de la Madre de Dios (Calle de las Monjas). Muy cerca se puede pasar un rato en la Cárcel Real (literal) mandada construir en el siglo XVII y que funcionó hasta los años ochenta. Sus celdas, conservadas estupendamente, albergan un museo histórico y cultural que además no cobra entrada.

Murallas romanas de Coria (Cáceres)

Si se quiere pernoctar en Coria uno puede hacerlo en el hotel histórico que fuese palacio del obispo durante siglos (AHC Palacio de Coria) y que mira a la cara a la catedral. Amanecer contemplando cómo despierta el Valle del Alagón (o las Vegas del Alagón) o despedirlo desde el puente de piedra por el que ya no pasa el río (su cauce se desvió hace siglos, probablemente a causa de desbordamientos y el temible terremoto de Lisboa) es algo extraordinario.

Un consejo, para probar los mejores platos de la comarca muy recomendable el Mesón San Juan (Alcalde Francisco Lomo, 31, tel 927 50 15 82) y, si es posible, merece la pena considerar hacer la visita guiada por parte de uno de los miembros de Guías-Historiadores de Extremadura que conocen Coria y la provincia de Cáceres como la palma de su mano.

Víctor Encinal cocinando dulces en el Mesón San Juan (Coria, Cáceres)

InformaciónSi quieres saber qué ver en Coria en una visita de un día no te pierdas el artículo publicado en este blog. Un escrito que enumera y describe uno por uno los lugares indispensables de la ciudad, así como un montón de información práctica para sacarle todo el partido a la antigua Caurium.

Haz el camino de ronda por las murallas medievales de Galisteo

A mitad de camino ( aproximadamente 20 km) entre Plasencia y Coria por la novísima autovía EX-A1 llama poderosamente la atención una villa completamente amurallada de la que sobresale una pirámide bastante alargada (conocido como la picota) por encima de la torre del homenaje de un castillo. Bajo ningún concepto lo pases de largo y acércate. Se trata de Galisteo, un lugar realmente interesante y fotogénico bañado por las aguas del río Jerte (y no del Alagón, a pesar de pertenecer a la comarca Valle del Alagón) y rodeado de fuertes murallas que muchos atribuyen a los musulmanes pero que no pocos historiadores niegan tal posibilidad por el la manera inusual en que fue construida. Y es que está levantada casi por completo con cantos rodados de la ribera del Jerte y no sigue las premisas de las fortificaciones típicas de entonces, por lo que parece probable que la muralla de Galisteo sea ya de época cristiana.

Murallas medievales de Galisteo en el Valle del Alagón (Cáceres, Extremadura)

A Galisteo se puede acceder por tres puertas diferentes como son la del Rey, la Puerta de la Villa y la Puerta de Santa María (obviamente el coche mejor fuera). Y permite bordear este municipio por encima de las propias murallas, por lo que es posible hacer el camino de ronda cual centinela de la Edad Media. El pueblo, sin mantener un equilibrio urbanístico excesivamente notable, tiene cierto encanto. Muy especial es la iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, la cual destaca, sobre todo, por su asombroso ábside semicilíndrico de ladrillo considerado uno de los mejores en estilo mudéjar en la provincia de Cáceres. Y a las afueras el puente de piedra de siete arcos y un templete que guarda la figura de San Marcos se convierte en uno de los escenarios más fotogénicos de la villa de Galisteo.

Ábside mudéjar de Galisteo (Cáceres, Extremadura)

Conoce las ermitas y la técnica del enchinado de los alfareros de Ceclavín

Nos vamos a más de 30 km al suroeste de Coria por la CC-49 atravesando vastas dehesas y llegamos a Ceclavín. De este pueblo blanco de poco más de 1800 habitantes llama la atención un dato. Entre los siglos XV y XVIII se levantaron en la villa nada menos que 17 ermitas y, aunque en la actualidad sólo se conservan 9, es posible asegurar que la densidad de templos religiosos es de las mayores que hay en España. Lamentablemente muchas de ellas no tienen horarios de apertura definidas. Destacan la iglesia de Nuestra Señora del Olmo o la ermita de la Virgen del encinar, a las afueras del pueblo. Son probablemente las dos más fotogénicas.

Ermita en Ceclavín (Cáceres, Extremadura)

Callejuelas estrechas conducen durante un paseo realmente agradable a una plaza mayor en cuya granítica torre del reloj destaca el escudo en piedra del rey Felipe II. Bajo los soportales algunos ancianos rinden pleitesía a los rigores de un tiempo que pesa más incluso que la recia empuñadura de sus bastones. Ceclavineros de pro, herederos de quienes en 1755 se amotinaron contra los soldados que vigilaban el contrabando con Portugal. Se cuenta que más de 600 personas armadas echaron de la villa a estos guardias. Eso sí, a no mucho tardar aparecieron los refuerzos (nada menos que 1300 soldados) quienes trataron de escarmentar a la población por su atrevimiento contra el poder establecido.

Anciano en Ceclavín (Cáceres, Extremadura)

En Ceclavín, además del vino de pitarra que se dice encandilaba al mismísimo Carlos V durante su retiro en Yuste (entre la cerveza traída de Flandes, los vinos y la carne de caza día sí y día también parece lógico que su estancia en La Vera fuera corta), es famosa la técnica del enchinado en la alfarería. Y es que el barro enchinao de Ceclavín exige la decoración de diversas formas (florales, estrelladas, etc.) mediante la incrustación de minúsculos pedazos de cuerzo blanco. A pesar de ser una tradición en clara decadencia es posible hacer una visita al artesano Andrés Amores en su taller de la calle San Miguel número 18 para conocer mejor de qué se trata el típico enchinao de Ceclavín, así como verle su peculiar visión del trencadís, la nueva ola en la que está apostando firmamente. Si él está trabajando dentro, sus puertas siempre están abiertas, aunque no haya señal alguna.

Barro enchinao de Ceclavín (Valle del Alagón, Cáceres)

Duerme en los bujíos astronómicos: Las estrellas desde la dehesa

 

En la Dehesa boyal, a un par de kilómetros a las afueras de Ceclavín, existe un concepto de alojamiento realmente original. Se trata de los “bujíos astronómicos”, que son chozos abovedados de una o dos habitaciones que proveen de telescopio para mirar las estrellas en el considerado como uno de los cielos más limpios de España. El mero hecho de poder dormir en mitad de la dehesa, sin contaminación lumínica y poder disfrutar de una noche estrellada es un lujo asequible, aunque conviene reservar con antelación porque hay pocos bujíos. Se trata de una instalación de carácter municipal y no privado, por lo que para su uso conviene llamar al 927 39 30 02 o informarse en la web del ayuntamiento de Ceclavín. Una excelente idea, sin duda, para los amantes del turismo astronómico, aunque también de descansar en mitad de la naturaleza.

 

Navega por el río Alagón hasta los Canchos de Ramiro

No hay que irse muy lejos para tomar un barco y hacer un crucero por el río Alagón. Junto al puente que se utiliza para ir desde Ceclavín a Zarza la Mayor la empresa “Barcos del Tajo” organiza desde hace muy poco rutas fluviales hasta los Canchos de Ramiro (Zona ZEPA, es decir, ideal para ver aves), probablemente uno de los mejores paisajes en los que se fusiona el río Alagón. Un viaje de varias horas a través de desfiladeros, viendo un buen número de buitres y otras especies que sobrevuelan el valle. Flanqueados por las paredes rocosas que protagonizan uno de los cruceros fluviales más interesantes que se pueden hacer en España.

Canchos de Ramiro (Valle del Alagón, Cáceres)

Por otro lado, añadir que dentro de la comarca el embalse de Portaje (entre Portaje y Torrejoncillo) es de una relevancia extraordinaria de cara a observar aves acuáticas. Sus humedales poseen un gran valor ornitológico, sobre todo durante los inviernos cuando lo utilizan miles de aves migratorias (aunque para grullas en concreto resulta más adecuado el embalse de Gabriel y Galán en las cercanas Tierras de Granadilla).

Conoce la fiesta de las carantoñas en Acehúche

A 13 km al oeste de Ceclavín por la carretera Ex-372 se encuentra Acehúche, un pueblo de poco más de 800 habitantes y que no posee un bagaje monumental del que presumir. Pero cuenta con una fiesta interesantísima de origen pagano (y adaptada a posteriori al cristianismo) conocida como “las carantoñas” en que cada 20 y 21 de enero (cuando es San Sebastián) algunas personas del pueblo se visten con ropajes (generalmente de seis piezas) hechos con pieles de animales, así como con una careta y, de ese modo, convertirse en una de las bestias que según cuenta la leyenda adoraron milagrosamente en el bosque a un malherido San Sebastián. Ahora acompañan al santo en procesión. Y no de cualquier manera, siempre a cierta distancia, haciéndole reverencias y arrastrando su támara (unas ramas secas) mientras hacen un ruido gutural con el que tratan de imitar a un animal salvaje.

Sele vestido de Carantoña en Aceúche (Cáceres)

Según el Diccionario de la RAE una de las acepciones de carantoña es: “careta de cartón de aspecto horrible y feo”. Pues te aseguro que la fealdad nunca ha sido tan hermosa como la de esta festividad que, si puedo, no me pienso perder en su próxima edición (también tengo pendiente el Jarramplas en Piornal, Valle del Jerte). De hecho tuve el inmenso honor y orgullo de vestirme de carantoña (ayudado por varias personas). El de las fotos soy yo… Así que imaginad veinte o treinta carantoñas por las calles del Acehúche. ¡Todo un espectáculo!

AVISO A LOS AMANTES DEL BUEN QUESO DE CABRA

 

Por cierto, el queso de Acehúche tiene bastante reconocimiento. En el pueblo hay varias queserías de prestigio (El Acehucheño, Silva Cordero, etc.) y además organiza la Feria Ibérica del Queso de Cabra (en 2018 se vivió su 14ª edición). Esta festividad a la que acuden numerosos visitantes y que se lleva a cabo durante el fin de semana coincidente con el Domingo de Ramos (inicio de Semana Santa) trae a expositores tanto de quesos como de embutidos. Momento ideal para probar los mejores quesos de la península ibérica, tanto en degustaciones como en visitas guiadas a las queserías de la zona. Es un fin de semana de mucho movimiento.

Admira el castillo medieval de Marmionda en Portezuelo

A 20 kilómetros al sur de Coria (o 14 km al este de Acehúche) reclama nuestra la atención el castillo de Portezuelo, más conocido como castillo de Marmionda. Encima de una colina, vigilando el puerto con el que se llega a Coria (y cobrando impuestos), puede considerarse a este edificio como uno de los edificios militares más importantes del Valle del Alagón durante la Edad Media junto al de Peñafiel en Zarza la Mayor. Su origen fue, al parecer, almohade, aunque también fue ocupado por los caballeros templarios y, con posterioridad, por la Orden de Alcántara. Hoy no queda más que el esqueleto de sus murallas y almenas. Por dentro está prácticamente vacío. Si bien, se puede acceder al mismo libremente e imaginar su glorioso pasado mientras se disfrutan de unas de las mejores vistas de la comarca.

Castillo de Marmionda (Valle del Alagón, Cáceres)

Marmionda hace referencia a la leyenda en que una bella dama musulmana, hija del temido alcaide del castillo, se enamora de un caballero cristiano que había permanecido secuestrado en las dependencias de Portezuelo. Durante éste tiempo ambos viven un romance secreto, pero al ser liberado éste tiene que marcharse. Tiempo después la pobre Marmionda se ve obligada a casarse con un musulmán elegido por su padre. Pero el caballero cristiano vuelve justo a tiempo para reclamar la mano de su amada y el alcaide ofendido, así como su pretendiente, mandan combatir contra él y su séquito. Los enfrentamientos son duros y Marmionda observa al caballero cristiano yaciendo en el el suelo. La pena puede con ella y se arroja por la ventana. Rueda hasta el cuerpo del amor de su vida y muere. Pero éste no estaba muerto sino malherido y cuando despierta y comprende lo que ha sucedido se clava una espada en su vientre para dejar esta vida y acompañar a la siguiente a su amada.

Castillo de Marmionda (Portezuelo, Valle del Alagón)

Visita guiada con un historiador

 

Una iniciativa fabulosa con la que nos topamos en este último viaje a tierras cacereñas es la de hacer las visitas guiadas de la mano de historiadores. Coria y el Valle del Alagón, el Valle de Ambroz o Tierras de Granadilla las recorrimos de la mano de auténticos profesionales relacionados con la Historia que se han unido para mostrar sus conocimientos a los visitantes por los distintos puntos de Extremadura. Su proyecto se llama GUÍAS-HISTORIADORES DE EXTREMADURA y la web para informarse y ponerse en contacto con ellos es http://guiashistoriadorex.com/. El Valle del Alagón, por ejemplo, tuvimos la suerte de visitarla con el historiador Antonio Cancho, un gran conocedor de la provincia de Cáceres y que incide en un montón de aspectos que de otra manera nunca hubiésemos conocido.

Visita a la última artesana que realiza la gorra de Montehermoso

Para llegar a Montehermoso hay que desplazarse unos 20 km al nordeste de Coria (carretera CC-13.7). Se trata de una localidad habitada por más de 5.000 personas, lo que la convierte en el segundo núcleo de población más importante del Valle del Alagón. Si bien es visitada por los turistas por los valiosos yacimientos megalíticos (hay tres dólmenes en magnífico estado en la Dehesa Boyal), no es la prehistoria la que la llevado su nombre muy lejos, sino más bien algo mucho más simple como es una gorra. No, tus ojos no te engañan, estás leyendo bien. Una gorra. Desde que hace casi un siglo saliera a la luz el cuadro de Sorolla “El mercado” dedicado a Extremadura, la gorra de Montehermoso alcanzó una dimensión inusitada. En esta obra pictórica posan varias personas montehermoseñas donde destacan sus mujeres llevando en la cabeza unas curiosas y coloridas gorras (detestan que se refieran a ellas como sombreros o gorros, puesto que éstas llevan una pequeña visera en la parte delantera).

Cuadro de

Hoy día todo lo relacionado con la gorra de Montehermoso se ha convertido en parte del folclore de Extremadura. En el orgullo de un pueblo que no conoce con exactitud a cuándo se remonta exactamente esta tradición pero que sabe que las mujeres no sólo cubrían su cabeza con esta gorra para actos importantes sino también para trabajar en el campo. De hecho había tres tipos de gorras. La de las jóvenes solteras, la de las mujeres casadas y la de las viudas.

Gorras de Montehermoso (Valle del Alagón, Cáceres)

Pero la gorra de Montehermoso corre un grave peligro. Y es que son sólo las manos de Maria José González las únicas en tejer con paja de centeno esta prenda tan característica. Esta joven, la cuarta generación de una familia que ha perpetuado una tradición 100% montehermoseña, dedica su esfuerzo y pasión a seguir con lo que aprendió de su madre (y su madre de su abuela, y su abuela de su bisabuela). Pero no quiere ser la última. Mientras tanto sus gorras han desfilado (con diversas versiones) en la Fashion Week de Madrid gracias al diseñador Miguel Becer y por ello se ha abierto un hueco en el mundo de la moda. De hecho, la prestigiosa revista Vogue escogió una modelo con el traje típico y gorra montehermoseña para promocionar la exposición de su trigésimo aniversario.

Nani probándose la gorra de Montehermoso (Valle del Alagón, Cáceres)

En la Casa de Cultura de Montehermoso (Ctra. de Plasencia, 40), en el centro del pueblo, se puede saber más sobre la gorra, los trajes e incluso los utensilios típicos de los labriegos de antaño. Pero para saber más sobre el tema lo mejor es visitar la coqueta tienda de Maria José “Artesanía La Gorra” en el número 22 de la calle Diputación y que ella misma te cuente los secretos de una tradición realmente laboriosa que no debe perderse bajo ningún concepto.

En Artesanía La Gorra (Montehermoso, Valle del Alagón)

Entra, si cabes, al monasterio más pequeño del mundo

Desde hace pocos años el monasterio del Palancar no pertenece oficialmente a la comarca del Valle del Alagón sino a Monfragüe. Pero más allá de denominaciones y límites artificiales (de los que el visitante ocasional es ajeno) este lugar situado a las afueras de Pedroso de Acím en un enclave natural extraordinario, es una parada obligada para quienes estén llevando a cabo una ruta por la zona. ¿Y por qué? te preguntarás. Pues porque aquí se levantó (y continúa con vida) el considerado como monasterio más pequeño del mundo. Uno de los cenobios de San Pedro de Alcántara, construido en 1557 con el objeto de pasar sus últimos años de vida en comunidad y donde regía el ideario austero del franciscano. Tanto que consideró que no requerían de más espacio que el necesario. Así que al contrario que en tantos lugares en que se acomodaron en un tamaño medido en hectáreas, aquí bastaron nada más que 72 metros cuadrados para llevar a cabo la vida contemplativa. Destinado para ocho monjes. Y en un lugar suficientemente alejado y tranquilo para esquivar las distracciones y, por tanto, el pecado.

Monasterio del Palancar (Cáceres)

El monasterio fue creciendo y añadiendo dependencias, pero se conserva el cenobio original. Un humilde claustro con columnas de madera y nada de capiteles historiados. Un pequeño almacén, las celdas con camastros de madera y el curioso cuarto donde San Pedro de Alcántar se retiraba a dormir (poco, eso sí). ¿Sabes cuál es? Si haces la visita al monasterio del Palancar encontrarás las dependencias del santo en un pequeño y oscuro hueco bajo la escalera. Apenas cabe una persona. Y mucho menos tumbada. Él lo que hacía era sentarse sobre una piedra y apoyar la cabeza sobre una viga de madera. Un ejemplo más de una vida cargada de mortificaciones para estar más cerca de Dios.

Una de las dependencias del monasterio del Palancar (Cáceres)

Horarios de visita en el monasterio del Palancar

El monasterio más pequeño del mundo se puede visitar de la mano de uno de los monjes que habitan el lugar los martes, miércoles, viernes, sábados y domingos (lunes y jueves está cerrado) a las: 10:00, 10:45, 11:30, 12:15, 13:00, 16:30, 17:15, 18:00 y 18:45. La entrada es gratuita pero se aceptan donativos para el mantenimiento del sitio.

A pocos metros del monasterio (justo antes de llegar por la carretera a mano derecha) se encuentra el restaurante El Palancar cuyos excelentes platos se pueden disfrutar con unas vistas sensacionales del entorno. Y es que los cinco sentidos entran en juego en un lugar que uno sabe cuándo entra pero no cuando sale. Porque dalo por hecho, no querrás marcharte de allí.

Restaurante El Palancar (Cáceres)

El Valle del Alagón trae un buen número de posibilidades para no irse de la comarca precisamente de vacío. Yo, de primeras, regresé con algún kilo de más, un montón de fotos bonitas, buenas experiencias y, por supuesto, con una gorra de Montehermoso como recuerdo de unos días fabulosos en una de las zonas de Cáceres que se me había resistido. Y que combinamos con Tierras de Granadilla y retales otoñales en el Valle del Ambroz, con la bellísima Hervás como destacada.

La provincia de Cáceres no es que tenga mucho. ¡Es que tiene demasiado!

Sele

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