El arte de perderse (o dejarse perder) en Bangkok

He tardado un mundo en ir a Tailandia. Quizás demasiado. Y creedme, no comprendo el porqué de semejante eternidad. Tuvo que ser en una larga escala de varios días antes de partir a Myanmar para eliminar de una vez por todas pretextos vacuos y así poder por fin mirar a los ojos a una ciudad como Bangkok. El mero hecho de viajar a la capital thai ha permitido que me perdiera entre callejones y khlongs, caminar entre estatuas de Buda y pinturas del Ramayana en las paredes, asomarme a grandes rascacielos y navegar a cualquier hora en una barca larga por los últimos recodos del Chao Phraya, el conocido como río de los reyes. He de reconocer que jamás en la vida me hubiera imaginado que una ciudad pudiera absorberme tanto el seso hasta olvidarme incluso de quién era. Porque Bangkok me ha seducido por completo. Y deduzco que para siempre.

Gran Palacio Real en Bangkok (Tailandia)

El arte de perderse (o dejarse perder) en Bangkok es la razón de ser de una de las experiencias viajeras más hilarantes y menos sujetas a tu propio control. Cuando te quieres dar cuenta de las cosas, la ciudad de los mil mundos se ha instalado en tu azotea. Leer artículo completo ➜

50 consejos útiles para viajar a Myanmar

Sin duda Myanmar, el mismo que fuera llamado Birmania hasta hace muy poco, se trata todavía de uno de los grandes desconocidos del Sudeste Asiático. Un rincón del mundo capaz de regalarnos una colección extraordinaria de templos y pagodas, de escenas costumbristas que poco o nada han cambiado en siglos y con una gente maravillosa que trata al forastero como si fuese de su propia familia. Tras regresar de un inolvidable viaje a Myanmar y tomar muchas anotaciones me gustaría compartir un reportaje cargado de información práctica que pueda serle provechoso a todos aquellos que estén interesados en conocer por su cuenta este país. Gracias a todas estas notas he podido documentar una lista de 50 consejos útiles para viajar a Myanmar, los cuales pueden servir de ayuda a los futuros viajeros ansiosos por disfrutar de un destino en alza que se resiste a perder su singular pureza.

Mujer Pa-O en Kakku (Myanmar)

¿Qué no debe faltar en la maleta? ¿Cuál es la mejor época para ir a Myanmar? ¿Cómo moverse por el país? ¿Dónde cambiar kyats?  ¿Qué tal se come? ¿Cuales son lugares que ver sí o sí?  ¿Es seguro? Son muchos temas de interés los aquí expuestos que conviene tener en cuenta a la hora preparar un viaje a un país que se está abriendo cada vez más. Tomad papel y lápiz, que aquí viene una pila de consejos prácticos aplicables en un viaje a MyanmarLeer artículo completo ➜

Myanmar, un país que camina descalzo

Ha pasado muy poco desde que regresáramos de un viaje muy especial a Myanmar, la vieja Birmania. Un país de países que se columpia entre la Bahía de Bengala y el Mar de Andamán en el costado noroccidental del Sudeste Asiático. Y que empieza a caminar descalzo en un incipiente proceso democrático hacia un nuevo futuro sin cadenas amarradas a los pies. Lo viajeros que visitamos Myanmar y que nos descalzamos para pisar todo espacio sacralizado en templos, pagodas o santuarios, nos marchamos del lugar con la sensación de haber inhalado las sonrisas más puras de Asia, el elixir de una autenticidad aún presente en las calles, los mercados y los campos arados todavía por bueyes. Quizás sea por eso que mi corazón aún no ha vuelto de allí y se ha quedado, como preveía, prendado de sus gentes, de los templos milenarios de Bagan resurgiendo de los árboles, del dorado de las grandes pagodas y del sonido de los remos en el Lago Inle.

Pagodas en el Lago Inle (Myanmar)

Myanmar, que guarda bajo llave su inocencia, se trata de uno de esos destinos de los que no terminas de regresar del todo. Todavía hoy siento el calor en los pies de sus azulejos al sol y cuando cierro los ojos durante la noche, contemplo con entusiasmo aquel paisaje humano y monumental que convierte a esta tierra en un privilegio para los sentidos. Leer artículo completo ➜

La tumba de Humayun en Delhi, una premonición del Taj Mahal

He oído en más de una ocasión que cuando se viaje a la India hay que escapar de Delhi cuanto antes, salir en el primer avión, tren o rickshaw a cualquier otro lugar menos caótico, ruidoso, contaminado y deprimente.  Son insensateces porque, aunque es cierto que la capital de India es anárquicamente confusa (y confusamente anárquica), posee lugares que merecen realmente la pena. Uno de ellos, que incomprensiblemente se escapa como celebridad inexcusable, es el mausoleo mogol sobre el que se soñó el Taj Mahal para rematar la perfección más absoluta. La joya de mármol tiene un antecesor digno en la Tumba de Humayun, donde yace el segundo monarca del Imperio Mogol. Como en forma de premonición, adelanta un estilo que halló la exquisitez en Agra décadas más tarde.

Tumba de Humayun (Delhi, India)

Resulta extraño que la Tumba de Humayun no haya recibido demasiados focos ni atenciones. Pero también es verdad que eso me permitió en una ocasión entrar a solas por sus puertas arqueadas y sentarme frente al monumento para quedarme atónito contemplando aquel sueño de arenisca y mármol. Leer artículo completo ➜

Una postal desde la bella Myanmar

Hay lugares que sólo evocarlos permiten esbozar casi sin querer una sonrisa ingenua, normalmente acompañada de una mirada soñadora. Hasta hace poco una de mis obsesiones se llamaba Bagan, tierra de templos en la antigua Birmania (oficialmente Myanmar desde hace unos cuantos años). En una llanura inmensa de selva árida donde no mucho tiempo atrás moraban tigres y elefantes surgen algo más de dos mil construcciones religiosas que forman parte de un reino en parte olvidado. Lo que Angkor es a Camboya, Bagan es a Myanmar. Toda una delicia de la arqueología que estos días me ha permitido volver a ser niño y a seguir soñando con ser por unas horas un tal Indiana Jones.

Postal de los templos de Bagan e Myanmar

Me ilusiona compartir esta postal viajera recién salida de Myanmar. Se trata de una de las muchas estampas que he traído de Bagan y que he
empezado a revisar en un marco excepcional llamado Lago Inle. Un instante de un viaje a uno de esos destinos que están empezando a reinventarse
a sí mismos pero que aún gozan de la autenticidad y pureza que los hace únicos y muy especiales.  Leer artículo completo ➜

Rumbo a Myanmar (con larga escala en Bangkok)

Cerrar los ojos ante el preludio de un invierno largo y gris. Y de repente abrirlos y rendirnos a los colores, los aromas, el gentío, la espiritualidad y, por qué no decirlo, al caos más divertido. Una vez más salimos rumbo al Sudeste Asiático para vivir y sentir un viaje donde el choque cultural te golpea en la cara nada más aterrizar. Objetivo Birmania, la película protagonizada por Errol Flynn, se convierte en un amigable «Bienvenidos a Myanmar» con una ruta marcada por la improvisación y las decisiones a corto plazo en la que gozaremos desde un globo de los templos de Bagan, navegaremos por el Lago Inle o caminaremos por los verdes arrozales en Kalaw. La vieja pero reformada Rangón, así como Mandalay, serán nuestros puntos de entrada a este país de países, a un conglomerado de etnias y tradiciones que lo hacen único. Pero antes el aperitivo lo disfrutaremos en un stopover buscado y ganado a pulso, Bangkok. Un primer mordisco en Tailandia nos pondrá sobre la pista con las energías suficientes para experimentar esos pedacitos asiáticos que siempre nos han sabido reconfortar.

Monje budista en un monasterio

Me marcho con Rebeca ya mismo, este sábado, a conocer Myanmar así como la inclasificable Bangkok durante las próximas semanas. Cambiamos por un tiempo los colores del otoño europeo por los rigores de la época seca recién estrenada en el sureste de Asia. Regresamos por fin a nuestro continente preferido.  Leer artículo completo ➜

24 horas en Doha: Los Zocos y rascacielos se funden en Qatar

El inmenso desierto arábigo estiró uno de sus brazos hacia las aguas cálidas del Golfo Pérsico para formar la Península de Qatar. Por esta inhóspita y estéril lengua de arena disputada por persas y otomanos pasaron grupos de nómadas beduinos que se dedicaron eminentemente a la actividad pesquera. Su situación estratégica fue bien aprovechada por los británicos para su vasto Imperio hasta casi el último tercio del Siglo XX, ya que sería declarado un Emirato completamente independiente en 1971 y, por qué no decirlo, uno de los países más ricos del mundo gracias a la venta de petróleo y gas líquido. Entonces una villa nómada sin apenas población como era su humilde capital, Doha, vivió a partir de los noventa una transformación radical. Los petrodólares cimentaron los rascacielos más extravagantes y los hoteles de mayor lujo, mientras que yates gigantescos se amarraron a un puerto hasta entonces preparado para balsas y dhows. Su economía se multiplicó exponencialmente gracias, también a una diversificación que fue más allá de la venta de barriles de petróleo. Y a la presencia de un aeropuerto internacional capaz de absorber a un número superior a veinte millones de pasajeros al año y servir de enlace a más de 100 destinos con su compañía de bandera, Qatar Airways. Esa es la clave que ha hecho a Doha abrirse a un turismo antes impensable y seguramente la que nos llevó a conocerla en las casi veinticuatro horas que tuvimos de escala en nuestro regreso a casa desde la lejana Sri Lanka.

Skyline nocturno de Doha (Qatar)

Encontramos en Doha una ciudad capaz de mezclar vientos futuros y pasados en mitad de la arena del desierto. La tradición de sus zocos, sus shishas fumadas al atardecer, las mezquitas llamando a la oración, los vetustos dhows siendo todavía utilizados… junto a un skyline espectacular, islas artificiales, centros comerciales con una selección de productos de todo el mundo, lamborghinis rugiendo por las calles y un mundo de ostentación y derroche. Un lugar interesante para una visita corta pero en la que pudimos sacar muchas conclusiones de un país minúsculo convertido en el Parque de Atracciones de jeques y magnates del petróleo. Leer artículo completo ➜

Historias de un rodaje en Jordania

En mi vida pensé que iba a vivir una experiencia similar. ¿Que alguien iba a grabar mi viaje a Jordania? ¿Realizar un vídeo-reportaje que recogiera mis pasos por este país de Oriente Medio? ¿Contar a los demás su historia, cultura y naturaleza? No me lo pensé dos veces cuando a finales de 2012 me propusieron este reto profesional tan apasionante y con una sonrisa en mis labios me embarqué a una aventura a Jordania muy diferente junto a Albert Merino, un cámara fabuloso con quien ya había trabajado anteriormente en un pequeño documental videográfico realizado en la provincia de Castellón. Con nuestro plan de viaje, nuestro guión de lugares a filmar pero sin olvidarnos de la improvisación y espontaneidad en la mayor medida de lo posible, marchamos al Reino Hachemita para sacarle todo el partido y llevarlo a vídeo narrando grandes lugares cargados de magia, paisajes de otro planeta y las costumbres de sus gentes siempre hospitalarias.

Sele grabando en Jordania

A continuación pretendo desgranar esta vivencia, con las sensaciones muy a flor de piel, las anécdotas y momentos tenidos lugar en una grabación bastante intensa. Así se rodó… mi último viaje a Jordania. Leer artículo completo ➜

9 imprescindibles que ver en un viaje a Jordania

Cuando era pequeño soñaba con ser algún día Indiana Jones. Aspiraba a convertirme en un reputado arqueólogo, vivir numerosas aventuras para descubrir objetos extraordinarios o tumbas importantes y, quien sabe si entrar en un templo oculto tras un desfiladero donde me aguardara el Santo Grial, pongámos que fuera en Petra. Por supuesto no llegué a ser arqueólogo y los hallazgos los sigo haciendo en mi propia casa, pero sí que cumplí uno de esos sueños. Tuve la suerte de viajar a Jordania en distintas ocasiones y caminar por el desfiladero de Petra buscando el Tesoro. También sentí la velocidad y la belleza en el desierto de Wadi Rum, floté en el Mar Muerto como manda la tradición (y la física), aluciné con los pececillos de colores en la claridad de las aguas del Golfo de Aqaba y me enseñaron, como a Moisés, la Tierra Prometida en la cima del Monte Nebo. Obviamente eso no significa ser Indiana Jones, pero tengo que decir que Jordania me ofreció la posibilidad de intentarlo y, sobre todo, de no dejar nunca de soñar.

El Deir o Monasterio de Petra (Jordania)

Jordania sigue siendo ese remanso de paz en Oriente Medio que incita a vivir aventuras únicas, a sentirse un niño de nuevo. Es uno de esos destinos donde siempre recomiendo guardarnos una primera vez. Precisamente para saber cuáles son esos imprescindibles que ver y hacer en Jordania, he preparado una selección y un itinerario que nunca fallan. ¿Me acompañáis, Indianas? Leer artículo completo ➜

La experiencia de dormir en una yurta en Uzbekistán

En los pueblos nómadas de Asia Central existía la tradición de ir con la casa a cuestas. Grandes y complejas tiendas de campaña, forradas en piel y lana, y con una estructura de madera como esqueleto, eran montadas y desmontadas por las familias que encontraban en las estepas y desiertos más inhóspitos un lugar idóneo para pasar una temporada. Preparadas para soportar condiciones meteorológicas extremas, tanto de calor como frío, se convirtieron en un auténtico modo de vida. Se las conoce normalmente como yurtas (en mongol gers), y representan mejor que ninguna otra cosa el nomadismo más auténtico. En países como Mongolia, Kazajistán, Kirguizistán o Tajikistán, y en menor medida en Uzbekistán, todavía es posible encontrarse una o varias yurtas en la inmensidad de un paisaje con el que parece tener cierta simbiosis. Sus estilizadas figuras nos hacen volver a los orígenes del ser humano antes de que nos convirtiéramos en seres sedentarios que nacemos, vivimos y morimos en el mismo lugar. Por ello la yurta es una metáfora del todo cambia y nada permanece, de la vida marcada por el movimiento y la nostalgia de pensar que, en realidad, todos somos nómadas.

Yurtas en Uzbekistán

Durante el último viaje que hicimos a Uzbekistán quisimos probar la experiencia de dormir en yurtas, algo que yo había tenido la suerte de hacer en Mongolia años atrás. Después de días de ciudad en ciudad encontramos el silencio más puro en un auténtico desierto olvidado por el curso del Amu Daria bajo la sombra de Ayaz Qala, una atalaya del antiguo Reino Corasmio (Khorezm) fundida con la colina como si fuera arcilla a punto de derretirse. Uno de los pocos campos de yurtas que existen en el país nos brindó una estancia magnífica en la lejanía de las tierras centroasiáticas. Leer artículo completo ➜

Guía práctica del viaje a Indonesia

Que Indonesia se ha convertido por méritos propios en uno de mis países preferidos es un hecho. Sin duda está entre los países más completos de todos en los que he estado hasta ahora, dado que es capaz de aglutinar todas y cada una de las exigencias que un viajero de la más diversa índole podría tener. Intentaría definir Indonesia con un sinfín de sustantivos y adjetivos con los que terminaría quedándome corto. Selvas, historia, arrecifes de coral, templos, tropical, tribus, arrozales, volcanes, biodiversidad, buceo, trekking o fiestas son los primeros que me vienen a la cabeza. Variopinto y auténtico como pocos, confín de los siete mares y de viejas leyendas de dragones y otras bestias aladas, selva virgen y hogar de etnias casi inaccesibles que imploran su pertenencia a la misma Madre Naturaleza. Al igual que los orangutanes, las panteras o los tigres, que se resignan a ser un mero recuerdo pintado en un lienzo.

Orangután de Borneo (Indonesia)

A lo largo de tres semanas pudimos viajar por Java, Borneo, Bali, Flores y otras islas del archipiélago de Nusa Tenggara como Rinca, Komodo e incluso otras que no son más que una gota de agua en el Océano. Y ahí precisamente quiero que regresemos todos juntos cuanto antes. Es mi intención que podamos revivir nuestra aventura en Indonesia por medio de una guía práctica así como de detalladas crónicas, siempre salpicadas con numerosas imágenes tanto fotográficas como videográficas que pondremos a vuestra disposición. Trataremos de hacer más cortos los miles y miles de kilómetros que nos separan de este paraíso para poder conocerlo mucho mejor y saber qué ver o hacer en Indonesia. Como siempre la intención primera y última de esta recopilación de consejos y relatos busca ayudar a otras almas viajeras que tengan pensado viajar hasta allí más pronto que tarde.

Os animo, por tanto, a que abráis bien los ojos y dejéis sitio en vuestra maleta de sueños a los simpáticos orangutanes, a las noches de eterna sinfonía de Borneo, a las estatuas de Buda cuya mirada se pierde más allá del volcán, a los tejados de paja y bambú de las chozas de los Ngadas, a las afiladas garras de un dragón tan real como la vida misma o a los maravillosos campos de arroz que reverdecen aún más si cabe el paisaje de miles y miles de islas. Muchas veces digo que «Viajar es invertir en vida». Y vida es precisamente lo que Indonesia nos ofrece en su tarro de las esencias.

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