Nuestro viaje a Colombia de la A a la Z

Un mes viajando por Colombia da para mucho, ya lo creo. Por lo menos para que se te meta en la sangre y se convierta en uno de los destinos más queridos y sorprendentes de tu vida. Éste es un país muy maltratado por los medios de comunicación y una historia reciente realmente dura que se está destacando como un destino maravilloso para viajar y salir a descubrirlo sin prejuicios. Una vez nos quitamos la venda de los ojos nos encontramos con esa Colombia deseosa de abrirse a los demás, con una gente increíblemente amable y unos parajes de belleza extraordinaria. Uno no sabe si mirar a las playas, las selvas, las montañas, los muchos pueblos con encanto o esas ciudades que no paran de crecer. En realidad lo es todo, cada detalle y cada sabor, los que componen ese lema tan acertado que dice que «El riesgo es que te quieras quedar».

Paisa colombiano

Para describir uno de los mejores meses que he pasado en este viaje de Mochilero en América se me ha ocurrido contarlo de la A a la Z. Letra a letra, palabra a palabra, daremos una vuelta por aquellos aspectos que han formado parte de un paso por un país del que puedo decir en voz alta que se ha convertido en uno de mis predilectos. Leer artículo completo ➜

Cuando el Paraíso se llama Tayrona

Imaginad un manto de árboles bajando de las montañas creando una selva tropical tan cerrada que cuesta ver más allá de su espesura. Imaginad que esta jungla primorosamente verde se funde con las aguas turquesas de un Mar como el del Caribe a través de una lengua de arena fina que forma las playas de vuestros sueños. Por la mañana uno se ve engullido por el canto de los pájaros y los monos aulladores, por la tarde la brisa de las olas la aprovecha un grupo de intrépidos pelícanos. Y de noche sólo habla la Naturaleza salvaje que campa alrededor, amén de un techo de estrellas tan reluciente que no hace falta en absoluto ningún tipo de luz artificial. Ese Paraíso existe, y no sólo dentro de nuestra imaginación, ya lo creo. Durante este viaje pudimos dejarnos llevar por la magia de este asombro natural. Paisajes rotundamente perfectos, de puro ensueño, tapizan el Parque Nacional Tayrona, el orgullo de Colombia y una de las más bellas porciones de Naturaleza que he visto jamás en mi vida. Aquí precisamente nos vinimos a perder por unos días, desechando la esclavitud de un reloj, olvidándonos de todo lo demás que no fuera realmente importante.

Senderos para observar la vida salvaje, playas majestuosas de arena blanca, atardeceres hermosos que producen incredulidad, secretos indígenas escondidos en lo más oculto de la selva y un mar que se retuerce entre barreras de coral. El Tayrona se convirtió en el protagonista de nuestros pasos, de nuestros sueños y nuestra dicha.

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El sabor de las hormigas culonas en Colombia

Muchas veces cuando viajamos nos damos cuenta que hay ciertos aspectos de la gastronomía de un país que la convierten, a nuestro parecer, en algo un tanto exótico, saltándose los cánones de la ortodoxia o, mejor dicho, de lo que estamos acostumbrados. Ciertos platos nos pueden parecer más o menos raros, pero podemos acoplarnos a los gustos locales para, al menos, tratar de probarlos. En el Departamento de Santander, en Colombia, tienen un gran auge las hormigas culonas tostadas. Son aladas, del tamaño de una abeja, y los lugareños cuentan que su sabor tiene cierta semejanza al del cacahuete o maní, aunque mejorado notablemente. Estando en Barichara, la cuna de la hormiga culona, surgió la posibilidad de degustarlas en uno de los rincones gastronómicos de referencia en la región y cuyo nombre es, precisamente, Color de hormiga. Mi cabeza y, sobre todo, mi paladar se batieron en un gran combate para tomar una decisión menos fácil de lo que parecía.

Por una parte deseaba probarlas pero por otra me dejaba llevar por su aspecto, por pensar que cómo demonios me iba a comer un insecto, y además tan grande. Y mientras me preguntaba, ¿a qué sabrán las hormigas culonas? ¿Y si resultan estar buenas? Leer artículo completo ➜

La buena vida de Barichara

Barichara, la niña de los ojos de Colombia, tiene el aroma a calidad de vida, eso a lo que tantos aspiramos hacer nuestro en algún momento. En este pueblecito tricentenario considerado por muchos, y con razón, el más hermoso del país, el tiempo no vuela sino que pasa lentamente, el clima no es bueno sino que es mejor, y la gente te embriaga con una hospitalidad sincera y diría que innata. Los días aquí pasados me han mostrado el que podría considerar un retiro soñado en el que una colorida hamaca de tela sería mi bandera, los sonidos inconfundibles de la Naturaleza en la noche la banda sonora original y los jugos de mil frutas tropicales el elixir de la vida eterna. Escondida entre montañas, pastos y cielos azules de rotundidad, vive esta linda localidad orgullo del Departamento de Santander y de todo colombiano que ame su país. Barichara significa en el antiguo lenguaje de los guanes «Lugar para el descanso». No me imagino en absoluto un nombre más apropiado para definir su pose, su ritmo y sus múltiples posibilidades para acoger en sus senos a las almas cansadas o hastiadas de rutinas y días grises. Aquí todo es color, sonrisa y piar de colibríes cada mañana, senderos de piedra enlazando casas blancas y ventanas de madera, y saludos de buena gente ante un lento paseo sin rumbo. Ingredientes que mezclados nos hablan de la buena vida en un lugar único.

Barichara, probablemente el pueblo más bello de Colombia

Escribo estas líneas cuando la noche suena de forma natural, con el rumor embriagante que posee el bosque cuando se apagan las luces. Desde lo alto de un monte en los aledaños de Barichara tengo el atrevimiento de vivir mientras escribo y escribir mientras vivo. Leer artículo completo ➜

El barco que nunca llegó a Isla Magdalena

Fue durante este viaje, en mis primeros días en Chile. Me encontraba en Punta Arenas, la ciudad más importante de la Región de Magallanes, dispuesto a navegar por el Estrecho del mismo nombre para llegar a Isla Magdalena, un área únicamente poblada por pingüinos magallánicos. Era una excursión de una tarde que parecía se iba a orientar por cauces normales, pero el destino quiso gastarnos una broma y jugar con nosotros en un barco pesquero que, aunque parezca mentira, nunca llegó a atracar en el islote. Os presento la divertida y mareante historia de El barco que nunca llegó a Isla Magdalena. Un vídeo que resume un conglomerado de circunstancias disparatadas, el movimiento alocado de las olas, las chisposas ocurrencias de la tripulación y las divergencias de un pasaje que aseguro nunca olvidará esta experiencia.

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Este es un claro ejemplo de que en los viajes no todo sale a pedir de boca, que a veces dependemos de factores que se nos escapan, pero que aún así es siempre posible dibujar una sonrisa y tomarnos las cosas con buen humor.

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Otavalo en día de mercado II

En el último post contaba el jaleo que se formaba cada sábado en Otavalo, Ecuador, por ser Día grande de mercado. Centrándome más en el tempranero Mercado de los animales, hablaba de ese desfile de gentes indígenas venidas de distintos puntos de la región para comerciar con ganado que criar en granjas o llevarse directamente al plato. Pero en esta ocasión deseo mostar el otro mercado, el principal, que hace de Otavalo su fortín, conviertiendo calles, avenidas y plazas en el más grande centro comercial no sólo del país sino probablemente de un extremo a otro de la Cordillera de los Andes. No cabe duda de que los sábados otavaleños son pura gloria para quienes gustamos de presenciar rincones auténticos de la geografía de un páis, la rutina convertida en una obra de arte modelada por distintos pueblos a lo largo de muchos siglos de historia. De hecho un itinerario por tierras ecuatorianas no debe pasar por alto este lugar, que resulta asombroso incluso para quienes no sean de impresión fácil. Aunque si no se llevan expectativas previas, termina siendo incluso mejor. Otavalo y su mercado están cubiertos no solamente de la piel de un país fabuloso llamado Ecuador sino además de todos y cada uno de los pueblos originarios de América Latina.

¿Qué tal si recorremos juntos las calles de Otavalo para disfrutar de su delicioso trasiego? Leer artículo completo ➜

Otavalo en día de mercado I

A escasas dos horas de Quito se encuentra la localidad de Otavalo, célebre por acoger el que probablemente sea el mejor de los mercados tradicionales en Sudamérica. Cada sábado se reúne la comunidad indígena venida de distintos pueblos de la zona para venir a comprar, a vender e incluso a hacer trueque de distintos productos que requieren para su día a día. En un mercado se puede ver y sentir lo que es una ciudad, una región e incluso un país. Pero en el de Otavalo se ve reflajado el alma de los países andinos, de antiguas culturas que sobreviven a todo por medio de costumbres y una forma de vida que se resigna a cambiar. Las cosas funcionan a la antigua usanza y por ello no quise perderme un sábado en este interesante pueblo ecuatoriano para ver dos mercados diferentes pero que tienen lugar a un escaso kilómetro de distancia el uno del otro. En primer lugar (por ser más temprano) el Mercado de Animales de las afueras, una inmensa e improvisada feria de ganado a la antigua usanza. Y en segundo lugar, todos los demás productos, desde artesanía a alimentos, expuestos en el propio Otavalo cuyas calles pasan a ser un genuino centro comercial en el que no cabe un alfiler.

Otavalo, negociando por unos cuys

En este artículo, el primero de los dos que tendrán que ver con Otavalo, os pretendo a mostrar el Mercado de Animales que comienza cada sábado a las seis de la mañana y termina cuando no queda nada que comprar. Un lugar de los que uno piensa que ya no existen pero que en esta población se mantiene inalterable desde hace siglos. Leer artículo completo ➜

Caminando entre dos hemisferios… en la Línea del Ecuador

La línea del Ecuador divide el Planeta en dos mitades llamadas Hemisferios. Es un trazo imaginario pero realmente significativo por todo lo que comporta. La latitud 0º 0´0´´ marca el punto intermedio entre los dos polos geográficos, siendo el paralelo original del que parten todos los demás. Pero su importancia no sólo fue apreciada por los científicos franceses y españoles que en 1736 identificaron con exctitud cuál era la mitad del mundo, sino también por los nativos que en la zona hacían sus ofrendas al Sol. Obviamente Ecuador como país (Oficialmente República del Ecuador) debe su nombre a esta línea invisible que pasa inexorablemente por su territorio. Muy cerca de Quito, a escasos 13 kilómetros dirección norte un obelisco señala este punto. Justo aquí el Norte y el Sur permanecen separados por una tímida línea amarilla que delimita simbólicamente la cremallera del Planeta Tierra. Allí uno puede caminar entre los dos hemisferios o, simplemente, mantener el equilibrio…

La conocida como Mitad del mundo es una visita ineludible para quienes visitamos Ecuador, sobre todo por lo que simboliza. En este largo viaje me dispuse a cruzar frontera geográfica invisible y a hacer un poco el payaso, tampoco hay que engañarse. Leer artículo completo ➜

De Chachapoyas a Ecuador por una frontera poco convencional

Hay distintas fronteras terrestres que unen Perú con Ecuador, siendo la de Tumbes/Huaquillas la más utilizada y, a su vez, más conflictiva. Se dice que incluso es la que posee un mayor grado de peligrosidad en Sudamérica, no siendo pocos los casos de robos y estafas aprovechando la concurrencia y descontrol en dicha línea fronteriza. En principio era la que tenía pensado utilizar, regresando desde Chachapoyas a Chiclayo y tomando desde allí un largo bus nocturno a Guayaquil. Pero fue en la propia Chachapoyas donde me enteré de una forma más rápida, económica, segura e interesante de llegar al Ecuador sin tener que pasar por Chiclayo ni atravesar la polémica frontera de Tumbes. Es una ruta que requiere de diversas combinaciones en transporte local, ya sea en minivan o en automóvil, y que a priori parece compleja, pero después de hacerla estoy convencido de que merece la pena y el viajero termina agradeciéndolo.

Creo que puede resultar útil ofrecer información práctica de cómo ir desde Chachapoyas al Ecuador relatando una experiencia propia en la que detalle cómo ir, tiempos, precios y algunos consejos, amén de las clásicas anécdotas de una de las fronteras más solitarias y extrañas que he cruzado nunca. Leer artículo completo ➜

No pierdas el Norte en Perú…

Perú es un país absolutamente maravilloso. Posee tal cantidad de atractivos y posibilidades que es difícil enumerar todo lo que el viajero puede tener a su alcance. Pero es evidente que el enfoque turístico está tan dirigido al sur, que en ocasiones se pasan por alto las bondades de todo lo que va de Lima o Cuzco hacia arriba. Basta con fijarse en la mayor parte de las rutas programadas a Perú e incluso de los lugares más mencionados en los medios de comunicación tradicionales o en la propia red. Si uno indaga un poco más se dará cuenta que las opciones de viaje en el norte son infinitas. Por ello no quise dar un salto y olvidarme esta parte sino que traté de detenerme en rincones que no poseen tanto renombre pero a los que no les falta la autenticidad que tanto nos gusta a los viajeros. Lugares con historia, arqueología viva, naturaleza inmensa y la fortuna de no haber sido tocados por la varita del turismo de masas. Me he enamorado irremediablemente del norte peruano, teniendo tiempo para hacer muchas cosas allí y vivir momentos extraordinarios.

Sarcófagos chachapoyas en el norte de Perú

Perú no sólo es Machu Picchu o los incas. Hay mucho más detrás, como las avanzadas y sorprendentes culturas Mochica, Lambayeque, Chimú o Chachapoyas. Como esa ciudad tan llena de color llamada Trujillo, el tercer salto de agua más alto del mundo o auténticas pirámides de barro escondidas por los siglos de los siglos. Para muestra de que no se debe perder el norte en Perú va una relación de los lugares que he podido visitar en esta fase del viaje rotundamente fantástica y que recomiendo encarecidamente. Leer artículo completo ➜

Liberando adrenalina en las Dunas de Huacachina (Perú)

Alrededor de la localidad peruana de Ica todo es un puro desierto. Las dunas forman la silueta del occidente de este país, demasiado alejado de las altas cumbres andinas que sirven de frontera natural a las nubes húmedas procedentes que viajan desde la línea del Ecuador. Allí la arena se desplaza con el viento formando inmensos montículos que parecen olas a punto de romperse. La sequedad del ambiente se deja sentir bajo el calor poderoso en horas centrales del día. Pero cuando llega la tarde se desprende frescura en un diminuto oasis situado a apenas diez minutos de la ajetreada Ica. Y es que, de la nada o mejor dicho de Leyendas antiquísimas que nos hablan de las lágrimas infinitas de una doncella desdichada, surge el Lago de Huacachina como el mejor de los contrasentidos a un entorno desértico. El oasis de Huacachina vive rodeado de dunas tan altas que parecen amenazar esa bondad fértil y casi milagrosa. Aunque para muchos más que una amenaza, conforman el mejor escenario posible para liberar adrenalina y gozar de momentos únicos sobre la arena. Sería allí donde junto a dos buenos amigos como son Víctor y Eva de Mipatriasonmiszapatos.com, lo pasara en grande montando en loquísimos buggies que no parecen tener límites en aquel desierto y deslizándome en la arena por medio de una especie tablas de surf. Allí nuestro buggy y el sandboarding nos marcaron el ritmo regalándonos una tarde divertidísima donde sólo cabía disfrutar de la velocidad y la libertad. Y he traído los mejores momentos vividos en las dunas de Huacachina en un vídeo que refleje este lugar extraordinario y del que apenas había oído hablar en mi vida.

Si no visualizas el vídeo en pantalla pincha aquí para verlo en Vimeo

Los viajes vienen cargados de instantes grandes, siendo aún mejores los inesperados. De Huacachina salimos sonrientes, con ganas de comernos el mundo, o mejor dicho, como si aún no nos hubiésemos bajado de aquellos vehículos que más que correr por la arena, volaban. Leer artículo completo ➜