La magia de un otoño boreal en Laponia sueca - El rincón de Sele

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La magia de un otoño boreal en Laponia sueca

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Esta es una historia de los tiempos donde la palabra lejos alcanza un significado aún más legendario. Jamás hubiera pensado que 2020 fuese a desembocar casi al final de su recorrido en un gran viaje al norte de Suecia. Ni salir en busca de esas auroras boreales que se dedican a pintar de verde y rojo las noches mientras se columpian en el arco imaginario donde se establece el Círculo Polar Ártico. Laponia sueca me lo confirmó. Lo de que los sueños se hacen realidad es cierto. Incluso cuando la oscuridad parece ensombrecerlo todo, siempre existe la posibilidad de que una luz de colores ilumine tu camino cuando más lo necesitas. Y no me refiero sólo la de las auroras.

Viendo auroras boreales en un viaje a Laponia Sueca

El otoño boreal en Laponia sueca se puede definir como un perpetuo amanecer reflejándose en una laguna helada y solitaria, un bosque donde se cuelan los últimos rayos de sol o un lienzo impresionista capaz de captar la luz que lo gobierna todo, las mañanas cortas y las largas noches. Esa luz.

Renos en Laponia Sueca

Debo reconocer que le tomo prestado el concepto de otoño boreal a mi amigo Roberto, artífice de este viaje de autor anunciado con premeditación, alevosía pero muy pocos días de antelación. Suecia era entonces (y lo continúa siendo) uno de los pocos países europeos donde no existían restricciones a los viajeros provenientes de España. Y ante un vaivén de medidas y contramedidas hallamos un hueco, la semana perfecta para efectuar una breve pero intensa expedición a tierras escandinavas. Así que convocamos a quien deseara acompañarnos, formamos un equipo apenas cuarenta y ocho horas antes de la partida y, sin comerlo ni beberlo, nos vimos descendiendo de un avión en Gällivare ante una nevada de recibimiento que nos supo a gloria.

Aeropuerto de Gällivare (Suecia) con nieve en la pista

Fue entonces cuando nos convertimos no sólo en cazadores de auroras boreales, nuestro objetivo primordial, sino también en recolectores de momentos, de sensaciones adormecidas por una pandemia donde las secuelas psicológicas también hieren. Aquello no era volver a viajar. Era volver a emocionarse, a sacar a pasear adrenalina pura. Y, por qué no, suponía dar un salto atrás en el tiempo y rememorar lo que un día se nos arrebató de repente. Lo estábamos tocando con la yema de los dedos. No era un sueño, aunque lo pareciera.

La magia de un viaje a Laponia sueca en otoño contada en diez momentos excepcionales

El viaje tenía un plan, pero dentro del mismo el epígrafe principal consistía en improvisar y dejarnos llevar por las condiciones climatológicas, el cielo y las ganas. Por supuesto ver auroras boreales teñía nuestro horizonte. Pero sabíamos que no sería fácil. Además, ya que en otoño aún quedan horas de luz (a principios de noviembre hay entre seis y cinco horas entre la salida del sol y el atardecer), aprovecharíamos al máximo el tiempo del que disponíamos. De un modo u otro, perseguir la luz, diurna o nocturna, de un intenso otoño boreal marcó nuestro viaje en una furgoneta con la que indagamos en valles profundos donde la naturaleza salvaje se dibujaba en huellas sobre la nieve.

Vehículo de transporte por el que nos movimos en Laponia Sueca

Este escrito no pretende ser una guía. Sino una recopilación de momentos, escenas y lugares que hicieron el de Laponia sueca un viaje que nadie de este equipo con Roberto, Mónica, Bárbara, Laura, Miguel, Jorge y este juntaletras que os escribe… podremos olvidar.

Los picos y las islas lacustres del Parque Nacional Stora Sjöfallet.

El condado de Norbotnia o provincia de Norrbotten, la más septentrional de Suecia, es rica en parques nacionales. Sus montañas nevadas y su colección de lagos y bosques constituyen la mejor metáfora de Laponia Sueca. Abrazada al Círculo Polar Ártico, fue el foco de este viaje y el primer día sin más dilación partimos desde Gällivare dirección Porjus – Vietas – Ritsem para serpentear al ras del Akkajaure, un gran lago en la cabecera del río Lule con el objeto de transitar por el Parque Nacional Stora Sjöfallet (al norte del de Sarek), una de las etapas de la ruta real (Kungsleden) que finaliza en Abisko (una de las travesías a pie más increíbles de Europa).

Sele fotografiando en el Parque Nacional Stora Sjöfallet de Laponia Sueca

Los nubarrones y la niebla se despejaron para permitirnos apreciar la grandiosidad y belleza de un territorio bucólico repleto de islas y donde las montañas más altas de Suecia se fueron coloreando de la cándida luz otoñal propia de estas latitudes. Nos apropiamos de diversos escenarios con el Akkajaure como denominador común y tocamos esa nieve que blanqueaba tímidamente los márgenes de la carretera. Eran las primeras horas y el ánimo estaba, como no podía ser menos, en todo lo alto.

Imagen del parque nacional Stora Sjöfallet en Laponia Sueca

Manadas de renos alumbran el camino.

En Storia Sjöfallet no estuvimos solos. Decenas. Qué digo… cientos de renos se dejaron ver aquella mañana. Los pastores de la etnia sami son poseedores de una multitud de ellos, los cuales durante buena parte del año campan libremente por  los bosques y praderas laponas. Parecieron ponerse todos de acuerdo para salirnos a recibir. Aunque el momento más delirante de todos fue cuando un grupo cuantioso de astados decidieron acompañarnos durante casi media hora por aquella solitaria carretera. ¡Fue como si nuestra furgoneta se convirtiera en un gran trineo tirado por renos como el de Papá Noel!

Manada de renos en Laponia Sueca

Renos en Laponia Sueca

Renos en Laponia Sueca

Atardecer rosado en el hielo

Si los amaneceres en Laponia son largos, los atardeceres destilan su esencia multicolor cuando deciden incorporar a la noche en su repertorio. En uno de los instantes en que los cielos tenían al rosa como denominador común bajamos a la orilla de una laguna anónima. Estaba completamente congelada. De hecho el crujir del hielo era el único sonido que desprendía aquel lugar. La luz. Otra vez la luz dictaminó nuestros pasos.

Atardecer en Laponia Sueca

Cambio de planes… ¡Nos vamos a Abisko!

Tras dos noches donde no pudimos ver auroras boreales, no por falta de actividad sino porque el cielo estaba encapotado en el entorno de Gällivare donde nos encontrábamos, decidimos modificar los planes y subir antes de lo previsto al norte, ya que en la zona de Abisko las previsiones parecían mejores. Lo de las auroras no es cosa fácil porque dependes de muchos factores, pero si nos habíamos erigido como cazadores de auroras, debíamos intentarlo todo. Y teníamos un buen pálpito. Así que partimos por la mañana rumbo a Kiruna (a poco más de una hora de Gällivare), no sin antes detenernos a visitar el hotel de hielo de Jukkasjärvi (vale casi 30€ la visita, dormir más de 200€ la noche) para después, eso sí, marchar al Parque Nacional de Abisko. Probablemente el lugar donde más posibilidades de avistamiento de auroras boreales puede haber en el mundo (en la línea de Lofoten-Vesteralen-Tromso de Laponia Noruega).

Lago Tornetrask, próximo al Parque Nacional de Abisko en Suecia

Su carácter montañoso es capaz de originar su propio microclima y engañar incluso a las más avezadas previsiones meteorológicas. Y, por lo que parecía mientras nos dirigíamos a este lugar, nuestra intuición no nos llevaría a equívoco.

Noche de auroras en Laponia Sueca (el corazón de Abisko)

Las distintas páginas web que ofrecen pronósticos a corto plazos sobre auroras boreales indicaban un KP3 para esa noche. Así como que a las 19:00 horas comenzaría la fiesta. Los cielos despejados casi por completo empezaban a darnos la razón, por lo que buscamos una localización ideal para el momento en que llegaran las míticas luces del norte, ese sendero luminoso por el que los difuntos viajan al otro mundo según las creencias sami y también inuit (algo de lo que habíamos hablado semanas antes en El Galeón de Manila dedicado precisamente a las auroras boreales).

Tras hacernos con suficientemente avituallamiento para pasar unas cuantas horas a la intemperie e investigar, encontramos una cabaña abierta para las noches frías laponas en un área llamado Bessešjohka a orillas del Lago Torneträsk, con visibilidad orientada al norte y oeste (la mejor). Y las previsiones acertaron. A las siete en punto de la tarde un arco se empezó a hacer visible sobre nuestras cabezas. Los fotógrafos mientras apuraban el enfoque de sus cámaras determinaron que lo que llegaba no era un espejismo sino la mismísima aurora boreal.

Viendo auroras boreales en un viaje a Laponia Sueca

Desde allí y durante alrededor de cuatro horas nos deleitamos de la danza de luces verdes y rojas sobre el cielo de Abisko. Aquello fue un juego de reflejos, suspiros y clics de cámara fotográfica. A una temperatura de entre 0º y -2º las manos no echaban de menos los guantes. Era como si aquel espectáculo calentase nuestros ánimos y nos hiciese obviar el tapiz de nieve por el que rondábamos.

Los kilómetros habían merecido la pena. Aquella tarde de lluvia en Madrid intentando buscar una salida dio sus frutos en aquel paraje silencioso de Laponia sueca coloreados por millones de partículas cósmicas atraídas por los polos de la Tierra. Todos felices. Lo habíamos logrado a la tercera noche. No sabíamos si volveríamos a verlas, por lo que absorbimos aquellos instantes como si fueran los últimos.

Sele viendo auroras boreales en Laponia Sueca

Nos trasladamos a otra localización, un lago helado apenas a cinco minutos de donde habíamos pasado las horas. Y allí los reflejos en el hielo fueron más evidentes. Sentados sobre una barca de madera, saludamos a las Valkirias que acompañan a los guerreros cuyos escudos se reflejan en noches como aquella según la tradición vikinga.

¿Dónde, cómo y cuándo ver auroras boreales?

El fenómeno de las auroras boreales se da en las latitudes más altas, sobre todo una vez pasada la línea invisible del Círculo Polar Ártico. Sobre dónde ver auroras boreales, cuándo es el mejor momento y algunos trucos para retratarlas os hablo largo y tendido en este artículo dedicado expresamente a las luces del norte.

Aurora boreal en Laponia Sueca
Gracias a Bárbara García por la imagen.

NOTA: Por la crisis del coronavirus la Sky Station, a la que se puede subir en telesilla, permanecía cerrada. Al menos nos quedaba la posibilidad de saber qué sucedía cada noche a través de su webcam. Es la mejor chivata que existe para saber si hay auroras boreales o no.

El sendero de Nikkaluokta

Si miramos un mapa, las coordinadas de Nikkaluokta se establecen en un punto intermedio entre los parques nacionales de Abisko y Stora Sjöfallet. En un valle prácticamente plano con montañas flanqueándonos a ambos lados, iniciamos una ruta a pie de casi seis kilómetros hasta una laguna helada (Ladtjojaure). En condiciones climatológicas normales se hace fácil, pues se transita por un terreno bastante llano sin apenas elevaciones. Aunque con nieve y, sobre todo, con hielo, la cosa se complica. Aunque no lo suficiente para dejar pasar la oportunidad de atravesar este territorio donde se van alternando bosques y páramos o meandros con lagunas. El llegar a Ladtjojaure (con algunas cabañas que se suelen abrir para el verano) es lo de menos. Mirar al fondo al valle de Tarfala, que esconde majestuosas lenguas glaciales, en medio de la ventista constituye el premio, un aperitivo para quien decide adentrarse aún más.

Ladtjojaure (Laponia Sueca)

En aquella travesía que hicimos aprovechando las horas de luz con que contábamos fue cuando nos dimos cuenta lo salvaje del norte sueco. Nos topamos casi constantemente con huellas de oso pardo y de alce. La nieve era testigo del corredor que supone para la gran cantidad de animales que habitan este territorio salvaje, una Alaska en plena Escandinavia (se calcula una población de casi 3000 osos en Suecia). Un lugar donde además hay además renos, linces boreales, lobos, glotones, martas, armiños y urogallos.

Huellas de oso sobre la nieve en Nikkaluokta (Laponia, Suecia)

Deslizándonos por el cañón de Abisko

Volvimos, por supuesto, a Abisko, pero para disfrutarlo durante el día. Un espacio de naturaleza radiante que no sólo vive de las auroras boreales. También del ya mencionado camino real (Kungsleden), sus posibilidades para el esquí y otras actividades invernales. Aunque se trata de un parque digno de visitar en cualquier época del año. Un buen ejemplo lo encontramos junto a la Turiststation (donde se detiene el tren que comunica Kiruna con la noruega Narvik). A uno y otro lado de este coqueto apeadero de madera pintado de rojo es posible perseguir los últimos coletazos del río Abiskojokk antes de difuminarse en la inmensidad del lago Torneträsk. Lo hace además desparramándose con velocidad por un cañón de piedra con unas pasarelas que lo van bordeando por su curso más impetuoso.

Cañón de Abisko (Laponia Sueca)

Dado que no llevábamos ni raquetas de nieve ni crampones nuestro desplazamiento por el mismo fue lento. Pero nos permitió avanzar lo suficiente para degustarlo con lenta satisfacción. Durante no pocos minutos permanecimos sentados sobre unas rocas contemplando cómo se incendiaba por ese sol empeñado en no marcharse antes de tiempo.

Sele en el cañón de Abisko (Laponia sueca)

El camino a la frontera con Noruega

Entre Abisko y la frontera noruega hay poco más de treinta y seis kilómetros por carretera. Pero el trayecto roza lo abrumador como si fuera un regalo. Casi uno parece tocar con la yema de los dedos algo semejante a los picos puntiagudos que le esperan a los viajeros en el archipiélago de las Lofoten pero dentro este corredor de interior que se despide de Suecia en la localidad de Riksgränsen. El extremo norte del Torneträsk al final de Björkliden nos pareció magistral a la hora de tomar fotografías.

Paisaje en Abisko (Suecia)

La luz del Ártico cuando llega el otoño

Otros lagos de menor tamaño se avecinan hasta llegar a Riksgränsen y la frontera con Noruega (buena parte de 2020 cerrada). Cabañas de madera rojas y otras amarillas como parte de la enseña sueca, salpican las caudalosas orillas. Durante nuestro paso la luz ártica volvió a jugar un papel fundamental. E imaginar estar dentro de una stuga (cabaña en sueco, en plural stugor) calentándonos las manos junto a una hoguera se convirtió en una idea alentadora. No parecen muy diferentes de los rorbuer noruegos, salvo los pilotes de madera que sostienen a las famosas casitas de pescadores que jalonan buena parte de la otra Laponia que teníamos al otro lado pero que no podíamos pisar por razones sanitarias. La sencillez tornándose hermosa en su máxima expresión.

Cabañas de madera (stugor) en Riksgränsen (Laponia sueca)

Laponia Sueca en otoño

Amanecer en los aledaños de Kiruna

Abandonando Kiruna tras una noche gris donde tampoco se dejaron ver las auroras tuvimos que echarnos a un lado cuando el amanecer ofreció un auténtico recital. Junto a un lago aún sólido por las heladas contemplamos la lenta y gloriosa salida del sol. Para algunos, entre los que me incluyo, aquel quedará como el amanecer más hermoso de cuantos hemos podido contemplar en la vida. Sobre un muelle de madera, sostenidos por aquella bendición lumínica, fuimos conscientes del momento y, más bien, el viaje que estábamos a punto despedir. Habíamos sido unos privilegiados dentro de un paréntesis emocional en un año complicado para todos. Pero que nos mostraba su mejor sonrisa, la esperanza de lo que está por venir.

Amanecer en Laponia Sueca (Viaje a Laponia Sueca)

La última noche de caza

Del último día en Laponia podría destacar la llegada hasta las mismísimas puertas del Parque Nacional Sarek, uno de los más bellos de toda Laponia Sueca en un día en el que la nieve desapareció por completo del horizonte. La iglesia de aspecto vikingo en Kvikkjokk fue el límite de la luz solar. De vuelta a Jokkmokk, la ciudad donde se celebra el mayor mercado invernal sami en Escandinavia, no nos perdimos el interesantísimo museo de la última etnia nativa de Europa.

Iglesia de madera de Kvikkjokk estilo vikingo (Laponia, Suecia)

Pero la noche volvió a brindarnos la oportunidad de salir a cazar auroras. Los cielos despejados nos acompañaron para una velada de búsqueda y captura en la que improvisar fue nuestra ley. Nos metimos en caminos donde nos salían liebres árticas, de pelaje completamente blanco, hasta que camino a Porjus dimos con la clave junto a una granja con casas de madera roja desde donde luces como focos retocaban los cielos estrellados. No fueron tan nítidas como las del primer día que las vimos, pero sí sirvió para dejarnos un buen sabor de boca.

Auroras boreales en Laponia Sueca

El silencio tan rotundo del bosque, y algún que otro susto cuando pensé que alguien con una luz venía hacia nosotros, definieron el final de un gran día y, por supuesto, de un gran viaje.

Auroras boreales en Laponia Sueca

Aún de noche, aunque ya próximos a la aurora matinal, nos empezamos a despedir como grupo en el aeropuerto de Gällivare. De vuelta a Estocolmo aprovechamos una escala larga para tomar un autobús (nº 579) desde el propio aeropuerto a Sigtuna, la ciudad más histórica de Suecia, con once siglos a sus espaldas llegando a ser residencia real durante la Alta Edad Media. Sus casas pintorescas, sus iglesias y sus piedras rúnicas nos acompañaron con un viento endiablado durante un día raro en que todos éramos sabedores que era momento de despertar de nuestro sueño.

Sigtuna (Suecia)

¿Habrá más viajes de autor para ver auroras boreales en Suecia?

Estoy convencido de que, si las condiciones son favorables, regresaremos a Laponia Sueca con nuevos viajes de autor (si Pangea y Roberto lo ven con buenos ojos) aunque haremos como la última vez, sacaremos los grupos con poca antelación para minimizar cualquier riesgo y evitar restricciones a nivel país, comunidad autónoma, provincia o ciudad. Entre enero y mediados de marzo estoy convencido de poder llevar a cabo nuevas salidas en las que disfrutar del invierno en estas tierras que semanas antes nos enseñaron el verdadero significado de un otoño boreal en el reino de la luz. Puedes estar informado de las novedades en el espacio del blog dedicado a los viajes de autor. Y ponerte en contacto conmigo si quieres formar parte de alguna de las salidas que organicemos a este destino (u otros, por supuesto).

Viendo auroras boreales en Laponia Sueca

Mientras imagino nuevos viajes a Laponia Sueca, sólo me cabe agradecer a Mónica, Laura, Miguel, Bárbara y Jorge que se embarcaran en esta aventura con Roberto y conmigo. Y decir y desear que nos reencontremos otra vez en el camino.

Reno corriendo por una carretera de Laponia Sueca

Sele

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PD: Las fotos de las auroras boreales donde aparezco tanto yo como el grupo son obra de Roberto López.

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