Crónicas de un viaje a Indonesia 2: Los Templos de Prambanan

6 de julio: LOS TEMPLOS DE PRAMBANAN, MARAVILLAS HINDUISTAS EN LA ISLA DE JAVA

Java es poseedora de dos joyas arquitectónicas sin igual, dos diamantes bien pulidos entre los volcanes y la selva que invocan esa dualidad Budista-Hinduista con la que han estado marcados sus Reinos a lo largo de la Historia, salvo este último periodo en que el Islam es la religión con más adeptos entre sus ciudadanos. Borobudur es la estructura budista de mayor tamaño en el mundo. Y el Conjunto de Prambanan es la más importante construcción hinduista del país. Ambos, más ancianos que un milenio, se encuentran en el centro de la isla, a una distancia relativamente cercana de Yogyakarta. Y probablemente son los monumentos que más interés despiertan entre los viajeros que acuden a Indonesia. Yo diría que con toda la razón del mundo.

Ese día, martes 6 de julio, nos dedicaríamos por entero a los templos de Prambanan y a otros muchos que les rodean. Y disfrutaríamos de una deliciosa conjunción cuya simetría apunta al cielo entre la vegetación, que guarda una Leyenda y mil secretos, muchos de los cuales se los llevó la tierra enfurecida. Pero el estremecer de terremotos y volcanes no lograron arrebatar su envidiable belleza, ni ese misterio sugerente grabado a fuego en la piedra.

Estos templos, por si solos, son un motivo más que loable para visitar la isla de Java. Sólo de esa forma se podrá agradecer a Shiva, Brahma y Visnú que los salvaran de ser un mar disperso de polvo y cenizas, de convertirse un cuento repleto de fantasía e irrealidad. Porque, por fortuna para el mundo, Prambanan continúa en pie esperándonos. Leer artículo completo ➜

Crónicas de un viaje a Indonesia 1: Llegada y Yogyakarta

2 de Julio: PISTOLETAZO DE SALIDA A UN GRAN VIAJE

Tres, dos, uno…cero!! Se terminó una cuenta atrás que había arrancado el mes de marzo cuando compramos los billetes de avión destino Indonesia. Cualquier mínimo tema laboral dejaba de tener sentido para mi. Al menos, hasta que pasaran 24 días muy pero que muy lejos de cualquier atisbo de normalidad y rutina. El padre de Rebeca pasaba por casa para acercarnos al aeropuerto. A partir de ese mismo instante sólo teníamos un baluarte que defender hasta morir, la mochila. Desde que jurara lealtad a la misma que me llevé a los campamentos con catorce y quince años, nunca nos hemos separado. Parafraseando a Mel Gibson en Braveheart “Podrán quitarnos la vida, pero jamás nos quitarán…LA MOCHILA !!!!!”. Bueno, en la película no se dice eso exactamente, pero viene al pelo.

El viaje de Madrid a Jakarta prometía ser largo. Para ir casi de una punta a otra del mundo teníamos previsto lo siguiente: Ir a Londres y hacer noche ese viernes. El sábado a la hora de comer tomar un avión de Emirates a Dubai, hacer escala de cuatro horas en su aeropuerto y marchar definitivamente a la capital de Indonesia a la que llegaríamos el domingo a eso de las cuatro de la tarde (hora local). Muchas horas subidos a un avión, muchos miles de kilómetros bajo nuestros pies, y un objetivo muy claro…INDONESIA. Hacia allá íbamos con ilusión y fervor, e incluso con cierto enloquecimiento. Ya se había dado el pistoletazo de salida, y la meta era aún lejana. Leer artículo completo ➜

Planes, preparativos y expectativas del viaje a Indonesia

* Fecha de inicio del viaje: 2 de julio de 2010
* Fecha de fin del viaje: 25 de julio de 2010
Viajeros:  Rebeca y Sele
* Destino: Indonesia (Java, Borneo, Bali, Flores y Komodo); 2 días en Londres entre ida y vuelta.
* Medios de transporte a utilizar: Avión, autobús, rickshaw, automóvil, bemo, tren, klotok y lancha

Ya está aquí, ya llegó…el GRAN VIAJE DEL VERANO DE 2010. Nuevamente nos echamos la mochila a la espalda, le damos brillo a las cámaras, sacamos el inglés del baúl de los recuerdos y volvemos a retomar el camino del viajero. Nuestro nuevo reto se llama Indonesia, por el cual con toda la ilusión del mundo transitaremos durante las próximas tres semanas. Fueron muchas las opciones barajadas para ser “el destino del verano”, pero la idea de visitar el Archipiélago de las dieciocho mil islas, fue la que comenzó a latir primero.

Por muchas razones Indonesia me llama poderosamente la atención: Es uno de los países con mayor biodiversidad del Planeta, poseedor de un buen número de especies endémicas, de extensos bosques, arrecifes de coral y volcanes por doquier. Es una mezcla de culturas y religiones como fruto de su agitada Historia. Islamismo, Hinduísmo, Cristianismo y tradiciones puramente animistas a las que se aferran las múltiples etnias que viven en el país. Esto lo podemos trasladar, por tanto, al Arte y la Arquitectura, ya que en Indonesia se encuentran Templos y Conjuntos Monumentales sobresalientes y Patrimonio de la Humanidad. Sus precios son de los más bajos del Sudeste Asiático y, por tanto, del mundo. El clima es muy benévolo en estas fechas, ya que Indonesia se salva de los clásicos monzones veraniegos que aguan otros países más septentrionales. Y… qué demonios, que el de Asia es un amor platónico. 

 Hoy se abren las puertas de otro sueño del que espero poder regresar con un sinfín de experiencias y, sobre todo, con una sonrisa de oreja a oreja. Pero no es momento de pensar en el regreso, es el momento de enfundarse la mochila, tener bien amarrado el pasaporte y empezar a caminar. Leer artículo completo ➜

Crónica de un viaje a Camboya y Singapur: Final en Mondulkiri

31 de marzo: TREKKING EN ELEFANTE POR LA SELVA DE MONDULKIRI

Es apasionante entrar en la selva y perderse en la frondosidad de una vegetación infinita que esconde el origen mismo de la vida. Dentro de ella se plasma la verdadera esencia del mundo, la Naturaleza virgen, de la cual todos y cada uno de nosotros procedemos. Los bosques de Mondulkiri abrazan esta idea albergando todavía especies animales tales como tigres, osos o leopardos, que se ocultan tras la espesura y ya apenas se dejan ver. En realidad deben ser muy pocos los que quedan, y quienes los siguen están convencidos de que estos tratan de aferrarse a la vida como pueden, y por ello huyen a lo más profundo de su mundo para no saber nunca más del hombre, causante de todos sus males. Nadie conoce mejor estos bosques que los Pnong, que desde tiempos ancestrales han confraternizado con la Naturaleza, la cual además les proporcionó un amigo fiel para toda la vida, el elefante.

Entonces, ¿qué mejor manera de penetrar la selva de Mondulkiri que hacerlo con quienes mejor la conocen y a lomos de un elefante? Esa fue precisamente la aventura que tuve la oportunidad de vivir, gozar e incluso en algunos momentos maldecir. Porque un viaje tiene mucho de todo eso, de bendito y de maldito, me tocó probar ambos elixires en un sendero de ida y vuelta al interior de la Naturaleza más pura de Camboya. He aquí pues un espisodio inolvidable de una historia que iba llegando a su final. Leer artículo completo ➜

Crónica de un viaje a Camboya y Singapur: Capítulo octavo (Delfines del Mekong y Koh Trong)

29 de marzo: LOS ÚLTIMOS DELFINES DEL MEKONG

Unos dicen que sólo quedan ochenta y cinco mientras que otros estiman que ya se ha llegado a la setentena. Son datos nada alentadores que corroboran una triste evidencia, que los Delfines de Irrawaddy que habitan el Río Mekong se encuentran en las mismas puertas de la extinción. Estos cetáceos están al filo de una desaparición prácticamente segura, de una cuenta atrás sin remedio. Un tramo de río de 190 kilómetros entre Camboya y Laos representa el último hogar para los malogrados delfines que antaño se llegaron a contar por miles. Poder verlos en su hábitat natural es cada vez más complicado. Pero muy cerca de la ciudad de Kratie, en la localidad de Kampi, la probabilidad de estar muy cerca de ellos y ver cómo se asoman a la superficie es algo mayor. Uno de mis objetivos objetivos cuando llegué a Kratie tenía que ver con ellos. Quería surcar las aguas del Mekong, disfrutar de un pedacito de este gran río que nace en Himalaya, y si la suerte me acompañaba, poder ver aunque fuera la sombra de unas aletas que ya han empezado a despedirse.

Pero Kratie y el Mekong son mucho más que sus delfines. Representan, en relidad, una forma de vida muy particular que se nutre de estas aguas. Son las chozas de los pescadores, los niños jugando en la orilla, las canoas cortando el horizonte y la brisa dirigiendo el vuelo de los cormoranes.

El Río Mekong es otro mundo dentro de Asia. Y Camboya, por fortuna, me ayudó a indagar en algunas de sus particularidades. Kratie fue una fecha clave en el viaje, por los delfines y muchas cosas más… Leer artículo completo ➜

Crónica de un viaje a Camboya y Singapur: Capítulo 7º (Angkor III)

27 de marzo: ANGKOR III

Angkor fue un viaje en primera clase a la Fantasía. Un viaje de regreso a una infancia de inocencia y ensoñación permanente, de no distinguir lo real de lo irreal, de volcarse sólo a las ilusiones y volar a través de un mundo fantástico. La aparición de personajes como Indiana Jones o Lara Croft unicamente es posible dejándose llevar. Si se desea traspasar puertas oscuras taponadas por la espesura de la selva y descubrir qué hay más allá de las mismas, se habrá cruzado definitivamente la frontera entre lo posible y lo imposible. Será entonces cuando las piedras cobren vida y resurgan los villanos, las ninfas y el poder de Dioses implacables. Entonces, habrá comenzado la aventura y los límites sólo estarán en tí mismo, en tu imaginación. Lo demás dejará de importar. En los mundos de Angkor no hay momento en que los sueños se detengan.

Después de dos días recorriendo los templos (ruta 1, ruta 2), llegó el momento de llevar a cabo la tercera y última ruta al interior del antiguo Imperio Jemer. En esta ocasión nos alejaríamos bastante de los circuitos ordinarios para conocer Beng Mealea, un templo ubicado a 60 kilómetros al nordeste de Siem Reap, que ha sido literalmente engullido por la selva y que muy poca gente visita. Sería el que mejor sabor de boca me dejara porque recorrerlo fue toda una aventura. Después retornaríamos al lugar en que se inició el Arte de Angkor que todos conocemos, en Roluos. Para el final nada mejor que un atardecer a ritmo de aplauso en lo alto de la colina Phnom Bakheng. Una jornada de campeonato que culminaría la etapa cumbre de un viaje que iba como la seda. Leer artículo completo ➜

Crónica de un viaje a Camboya y Singapur: Capítulo 6º (Angkor II)

26 de marzo: ANGKOR II

Una tormenta de imágenes fascinantes se sucedían constantemente en mi cabeza. Aún no había sido capaz de asimilar todo lo acontecido el día anterior cuando me enfrenté cara a cara con los Templos de Angkor por primera vez. Todo era para mí cúmulo de sensaciones y de sueños cumplidos, un viaje de retorno a una infancia de imaginación y fantasía, que no había tenido tiempo de convertir en “carne de realidad”. Y tampoco lo tendría, al menos ese día porque, sin apenas solución de continuidad, volvería de nuevo a esos senderos que permanecieron siglos enteros escondidos en el bosque. Teníamos planteada una ruta completamente diferente que nos llevaría a conocer otros Templos que también merecen ser admirados tras su largo letargo. 

Aún con su magia prácticamente intacta, habían dejado de estar ocultos tras la espesura. Siempre a la sombra de Angkor Wat, Bayon y compañía, pero en absoluto simples retazos el Imperio Jemer. Al contrario, son continuadores de la línea de grandiosidad y perfección, de la vida entre las piedras y de representar al Universo idealizado. Por ello continuamos con nuestro viaje a los Templos de Angkor, para seguir esta estela, para seguir escalando los picos del mítico Monte Meru y llamar a la puerta de los Dioses que los habitan. Leer artículo completo ➜

Crónica de un viaje a Camboya y Singapur: Capítulo 5º (Angkor I)

25 de marzo: ANGKOR I

Hace mucho, mucho tiempo, tanto como pueden ser mil años, existió en Indochina un Reino realmente poderoso, donde sus monarcas eran venerados como Dioses y en el que se construyeron inmensos Palacios y Templos que no tenían igual. El insuperable esplendor de estos magníficos tesoros tuvo su núcleo en Angkor, dentro de la actual Camboya, capital del dominante Imperio Jemer. Viajeros de la época nos dejaron escritos contando cómo las ninfas se contoneaban en muros y ventanas, los rostros impasibles de los Reyes se convertían en piedra para ser eternos, y las torres se alzaban buscando las estrellas. Se había logrado recrear el Paraíso, un mundo paralelo, la morada de los Dioses en la Tierra. La ciudad de Angkor, que tuvo más de un millón de habitantes, gozó de una prosperidad inusual en la época, arrebatando protagonismo a otros reinos lejanos y a la vez enemigos. Sus templos eran la muestra más palpable de las posibilidades de un Imperio destinado a pervivir para siempre.

Pero como nos ha enseñado continuamente la Historia, hasta el Imperio más fuerte ha terminado sucumbiendo con el tiempo. Lo hizo Egipto, lo hizo Babilonia, lo hizo Roma… Y, obviamente, el Jemer no fue P1130127menos que ellos. Derrotado y arrasado en más de una ocasión por la vecina Siam (Thailandia) cayó en el olvido de casi todo el mundo. Sus fabulosos templos quedaron relegados en el más absoluto abandono. Pero contaron con una aliada que les ayudaría a sobrevivir, la Selva. Fue la Madre Naturaleza la que abrazó los muros con las ramas de sus árboles, la que taponó puertas y ventanas con las raíces más gruesas y duras, la que cubrió por completo de verde los pasillos, los patios y las salas que un día se dedicaron a los Dioses. Los escondería hasta que llegaran tiempos mejores, hasta que pudieran volver a brillar para asombro de quienes ni hubieran oído jamás hablar de ellos. Al principio fueron una historia más, después un mito, y por último una Leyenda. Permanecieron ocultos tras la espesura de la selva durante siglos, hasta bien entrado el XIX cuando Camboya no existía como tal e Indochina era una colonia francesa.

Hoy día sus puertas están abiertas para ser re-descubiertos de nuevo por la gente, para que sus ninfas vuelvan a bailar y los ojos todopoderosos de los antiguos Reyes puedan seguir aceptando clemencia. La Selva nos los ha devuelto, aunque con algo de recelo y desconfianza, dando otra oportunidad a la Humanidad. Pero sus miedos, justificados por los actos del Hombre, están haciendo que cada día, poco a poco, los Templos de Angkor vuelvan a ser solo suyos. Y esta vez se los llevará para siempre… Leer artículo completo ➜

Crónica de un viaje a Camboya y Singapur: Capítulo cuarto

23 de marzo: PHNOM PENH, UNA PERLA QUE VUELVE A RELUCIR

Durante mucho tiempo a la capital de Camboya se la conoció como “La Perla de Asia”. Dicha denominación fue P1120861retirada de todo uso cuando los Jemeres Rojos la transformaron en una ciudad fantasmagórica y triste, cubriendo de negro cualquier brillo que pudiera tener. Afortunadamente todos sus fantasmas fueron abandonando paulatinamente los distritos, calles y rincones hasta llegar a hoy donde parece que esta perla aún no ciega con su fulgor, pero que cada día, cada hora, cada minuto centellea para recordar al mundo que es capaz de resurgir de sus cenizas. Normalmente muchos viajeros prescinden de ella en sus itinerarios o le otorgan una mera función de escala para ir a Siem Reap o regresar de la ciudad más próxima a los fantásticos Templos de Angkor. Pero Phnom Penh, la capital que emergió de una colina sagrada a los pies del Tonlé Sap, tiene muchos motivos para ser un punto fuerte más de Camboya. Más allá de su etapa de infausto recuerdo posee grandes atractivos para quedarse y disfrutar de su rutina para nada ennegrecida.

El día anterior había visitado las huellas de uno de los mayores Genocidios de toda la Historia de la Humanidad junto al esplendor de un pasado no tan lejano como parece en la que fueron capaces de levantar los Palacios y Templos más suntuosos. Durante esta jornada de martes haría un recorrido variado que tocaría lugares sacros como Wat Phnom, el lugar donde nació esta ciudad tras una bella historia, Wat Ounalom, que es el baluarte del Budismo en Camboya, Mercados tradicionales donde uno se encuentra “de todo” por muy extraño que pueda parecer, para finalmente ver caer el Sol en una pequeña barca de madera surcando el Río Mekong y observar otros modos de vida en la orilla opuesta a la ciudad.

En este post pretendo dar a los futuros viajeros a Camboya más motivos para no pasar Phnom Penh por alto. Poderosas razones que estoy desgranando poco a poco entre el capítulo anterior y este que ahora comienza. Y es que le pese a quien le pese, la perla vuelve a relucir…

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Crónica de un viaje a Camboya y Singapur: Capítulo tercero

22 de marzo de 2010: ENTRADA A CAMBOYA POR PHNOM PENH, UNA CIUDAD CON LUCES Y SOMBRAS

No tomaba un rickshaw desde hacía un año cuando viajé por primera vez a la India. Esa especie de motocicleta con carruaje detrás forma parte de la idiosincrasia de muchas ciudades de Asia, inundando carreteras y rasgando el sonido con sus ruidosos tubos de escape. En Camboya esto no es menos, y junto a las motos, son los vehículos que más se ven a lo largo y ancho de toda su geografía. Por tanto qué mejor manera que ir desde el Aeropuerto al hotel que había reservado en Phnom Penh junto a la venerada colina de Wat Phnom que en este medio de transporte eficaz y, sobre todo, económico. Es tan loco que resulta incluso divertido ver cómo el conductor sortea mil kamikazes que circulan a contracorriente, a un peatón cruzando sin mirar o a un perro callejero que no teme al peligro. Pero el ser incauto no significa perecer en el intento, por lo que lo que uno debe hacer es santigüarse, agarrarse bien fuerte y no quitar ojo de todas esas escenas urbanas que se despliegan ante tí.

Adoro el caos y Phnom Penh es caos. Una ciudad que tiene lo peor y lo mejor de Asia, que mucha gente obvia como un mero paso intermedio a Angkor, pero que es capaz de deslumbrar por sí misma y mostrar al mundo sus maravillas…y también sus miserias. Ambos contrapuntos son la definición más evidente de esta ciudad, rodeada de claros y sombras que reflejan sus dos pasados, el más glorioso y el más ruín. El primero están comenzando a ensalzarlo y el segundo a dejarlo atrás lo antes posible, aunque para esto aún hace falta tiempo.

Tan sólo harían falta unos minutos para comprobar esta impactante dualidad y sumergirme en una nueva ciudad, un nuevo país y una nueva forma de ver la vida. El viaje tomaba una nueva dimensión. Subido a un tuk tuk , como se le llama oficiosamente a los rickshaw, iniciaba un apasionante aventura en Camboya. Leer artículo completo ➜

Crónica de un viaje a Camboya y Singapur: Capítulo segundo

21 de marzo de 2010: VIAJE A LA JUNGLA TROPICAL Y URBANA DE SINGAPUR

Se suele identificar siempre a Singapur con muchas cosas como sus rascacielos, las calles abarrotadas, los templos de distintas religiones, los pubs y discotecas más fashion, las tiendas de marca, los food center, el visitadísimo Merlion Park y las luces nocturnas de los Teatros de la Bahía. Son más o menos las señas de identidad de una ciudad grandiosa que para seguir creciendo no tiene más remedio que robarle espacio al mar. Pero nadie o muy pocos recuerdan que la Isla de Singapur fue hasta hace un siglo una isla cubierta de vegetación propia de climas tropicales húmedos. Un P1120543bosque en toda regla con una destacada variedad de flora y fauna. Había, por ejemplo, una amplísima población de tigres que tenían atemorizados a los locales que vivían en las áreas costeras y no se atrevían a adentrarse en las espesura. A pesar de ser una isla separada de la península malaya por el Estrecho de Johor, la representación de animales, árboles y plantas de las áreas más tropicales Sudeste asiático era más que evidente. Un arca de Noé viviente que se ocuparon de vaciar los británicos a su llegada cartucho a cartucho, disparo a disparo. Y así fue muriendo lentamente este mar verde de raíces bien arraigadas hasta eliminar de la lista a decenas de especies que habitaban la isla. De hecho el último tigre fue abatido en 1902 en las proximidades del Raffles Hotel. A partir de ahí surgió algo bien distinto, un conglomerado urbano que invadió cielo, mar y bosque con todos esos elementos que enumeraba en las primeras líneas de este capítulo. Singapur desde entonces es otra cosa. Pero, ¿queda algo de todo aquello que fue?

La respuesta es que sí. Aún resta en el centro de la isla un resquicio de biodiversidad que ha sobrevivido al tiempo y a la especulación. Son 163 hectáreas en torno a una colina tapizadas de puro bosque primario del que se asegura que hay más especies de árboles y plantas que en toda Norteamérica. Obviamente ya no hay tigres, pero sí que hay rastro de algún leopardo revoltoso que no se resigna a desaparecer. La Reserva Natural de Bukit Timah, que significa en lengua malaya “Colina de estaño”, representa al último guerrero que habita la Isla de Singapur desde hace millones y millones de años. Y ese viaje a la selva aún es posible. No es demasiado conocido para los turistas, pero sí para los singapurenses que quieren huir del stress y el olor a asfalto. A tan sólo 10 kilómetros del bullicio reside la paz, el silencio importunado por los chillidos de los macacos y el aleteo de los pájaros e insectos que se esconden del sol. No es el Amazonas, pero sí la única oportunidad de desprenderse del ruido de una ciudad y sentir por un instante que estás en una selva húmeda donde no hace tanto nadie se atrevía a pasar.

Mis planes del día pasaban, por tanto, por conocer, sin solución de continuidad, dos facetas de Singapur. Su pequeñísima “jungla vegetal” de Bukit Timah, y regresar a la “jungla urbana” de Orchard Road, el paraíso de las compras más exclusivas, para terminar la jornada en el Barrio Chino “más chino” del mundo. Al fin y al cabo Singapur es todo eso y mucho más. Leer artículo completo ➜