10 razones para viajar a Belice, un país entre selva y Caribe

Hace varios años tuve la oportunidad de visitar Belice en el marco de un largo viaje por América (De Buenos Aires a Nueva York) al que me marché con un solo billete de ida y tantas preguntas como ilusiones fundadas. Me quedé realmente prendado por lo mucho que tiene para ofrecer el pequeño país centroamericano de piel negra y habla inglesa donde la jungla se empeña al máximo en tocar las aguas cristalinas del mar Caribe. Pero Belice se siente cómodo en esta dualidad, en el fondo una gran ventaja, puesto que en cuestión de kilómetros (o minutos) uno puede estar visitando una antigua ciudad maya abrazada por la tupida vegetación tropical y ser observado por el esquivo jaguar para después estar buceando entre tiburones en la segunda barrera coralina más larga del mundo en longitud.

Blue Hole en Belice

¿Por qué viajar a Belice? Una cuestión donde las respuestas hablan por sí solas en este peculiar enclave entre Guatemala y la Riviera Maya donde lo difícil es decidir entre lo mucho que se puede hacer en este destino de sangre caliente que tiempo atrás enamoró a Jacques Cousteau. 



Belice: Mar, selva y mundo maya.

Belice se halla encajada entre las selvas del Petén de Guatemala y el corredor del Yucatán en México. La que fuera colonia británica hasta 1973 ve cómo muchos de sus visitantes entran por tierra bien desde Guatemala o Riviera Maya (hay varios autobuses diarios desde Cancún, Playa del Carmen, Tulum o la guatemalteca Flores), mientras que existen conexiones aéreas con Belize City, su ciudad más poblada (la capital es Belmopán), desde numerosos puntos de los Estados Unidos, Panamá, Honduras, El Salvador, etc. También son recurrentes los trayectos en barco bien desde México o desde Honduras, que queda al sur.

Mapa de situación de Belice

Se trata de un destino excepcional para buceadores (expertos o en aprendizaje, incluso para quienes no se quieren complicar la vida y hacen sólo snorkeling), aficionados a la arqueología, amantes de la curiosa cultura garífuna o de transitar por indómitos parajes naturales donde la biodiversidad es marca de la casa. En realidad Belice lo tiene todo. Pero aún así sigue siendo una gran desconocida.

Tiburones gato en Belice

¿Por qué viajar a Belice? 10 razones para decantarse por el pequeño país centroamericano

1. Submarinismo de categoría en The Great Blue Hole, la joya más preciada del Caribe por los buceadores.

Si pones Belice en Google Imágenes da por seguro que van a aparecer infinidad de fotografías aéreas del Blue Hole o Gran Agujero azul situado a un centenar de kilómetros de la costa. Se trata una sima o cenote completamente inundado al final de la Edad de Hielo con unas dimensiones trescientos metros de diámetro y ciento veintitrés de profundidad donde la presencia de animales marinos es tan abundante que el propio Jacques Cousteau, quien no dudó en estudiarlo y filmarlo en una de sus aventuras en el Calypso, considera que se trata de uno de los mejores lugares del planeta para la práctica del buceo.

Se halla en el atolón Lighthouse Reef y los buceadores, aunque también es muy bueno para hacer snorkeling, se desconectan del mundo para conectar con una estructura submarina de estalactitas y estalagmitas, arrecifes de coral y más especies de tiburones de los que uno creería incluso que existieran.


Breve vídeo del Canal Discovery donde se explica el origen y las peculiaridades del Gran Agujero Azul de Belice

Se trata de una excursión recurrente desde Cayo Ambergis o incluso Cayo Caulker. Requiere para aproximarse al mismo una navegación por mar abierto durante dos o tres horas. Otra posibilidad para los que deseen admirar el gran agujero azul desde el cielo, es hacer una excursión en avioneta. ¡Las fotos desde arriba son alucinantes!

2. Conocer in situ la “Isla bonita” a la que cantó Madonna.

Son ciento veintisiete las islas varadas en Belice, auténticos paraísos tropicales con playas dignas de postal o de fondo de pantalla en el ordenador. Pero sólo a una le dedicó Madonna, la diva del Pop, uno de sus éxitos más sonados. La “isla bonita” donde la tentación rubia desea estar disfrutando de “la brisa tropical” y la “naturaleza salvaje y libre” se trata, en realidad, de Cayo Ambergis, mientras que la localidad que menciona es San Pedro. Cayo Ambergis es la isla más grande y próxima a México del país, muy bien comunicada por barco desde Cancún y la Riviera Maya. Posee cuarenta kilómetros de norte a sur pero sólo 1,6 de anchura, por lo que se trata de un magnífico corredor de las típicas playas de palmeras, con buenos hoteles en los que las ganas de quedarse no son sólo un capricho de Madonna. Es la pura realidad.

Manta raya en Belice

La excursión más recurrente desde Ambergis (también desde Cayo Caulker) es la reserva marina de Hol Chan, un auténtico paraíso para el buceo.

3. Hacer snorkeling junto a manatíes, tiburones, rayas y tortugas en Cayo Caulker.

A tan sólo tres cuartos de hora en barco desde Belize City está Cayo Caulker (también llamado Caye Caulker), uno de los principales objetivos de los viajeros que llegan a Belice. Se trata de la versión minúscula de Ambergis, aún mucho más estrecha que la anterior. Destino mochilero por antonomasia, el cual sirve de punto de partida para las mejores excursiones de snorkeling de Belice. Tanto a Hol Chan como a otros tesoros de coral. Y es que conviene no olvidar que las aguas de Belice forman parte de la segunda barrera coralina más larga del mundo (la primera está en Australia), de ahí que el buceo/snorkeling sea lo que la gente va buscando.

Tiburones gato en Cayo Caulker (Belice)

Uno de los grandes atractivos de Cayo Caulker es que tiene buenos manglares, lo que atrae la atención de los manatíes, esas simpáticas “vacas marinas” que los marineros de antaño confundían con sirenas. De ahí que se trate de uno de los mejores lugares del mundo (junto a Crystal River en Florida) para poder sumergirse y toparse con estos adorables mamíferos de media tonelada de peso. Particularmente la considero una de las experiencias con animales en su estado salvaje más gratificantes que he podido vivir.

Así fue nuestra experiencia (en vídeo) bajo las aguas cristalinas de Cayo Caulker:

VIAJER@S RESPONSABLES 

 

Observa la vida marina, pero siempre con respecto, manteniendo las distancias y no molestando a los animales. Sé testigo de privilegio de uno de los mayores espectáculos con los que puede premiarte la naturaleza.

 

Manatí en Belice

Con el snorkeling en Hol Chan es tremendamente fácil nadar junto a decenas de peces gato, tortugas marinas y numerosas especies más.

4. Sentirse Indiana Jones/Lara Croft en las fabulosas ruinas mayas que esconde la selva.

Cuando se habla del mundo maya a uno le da por pensar rápidamente en México y la fabulosa Chichen Itza, Uxmal, Tulum o Calakmul, incluso en esa Nueva York de pirámides en mitad de la selva del Petén que es Tikal en el norte de Guatemala. O la mítica Copán de Honduras. Pero hace dos mil años había casi el triple de población en Belice con respecto a la que hay ahora (más de un millón sobre los trescientos mil actuales) la cual vivía en una de las regiones donde mayas tuvieron una mayor presencia. Se calcula que hay más de novecientas ruinas de la cultura maya en todo el país, pero destacan quince ciudades o reservas arqueológicas que se pueden visitar. Algunas de las cuales, como El Caracol, a cuarenta kilómetros al sur de San Ignacio, fueron inmensos centros de poder. Al igual que Xunantunich o Lamanai. Lugares que se tragó la selva y que para llegar a ellos hay que transitar por unos parajes extraordinarios para vivir una de las mejores experiencias arqueológicas de todo el mundo maya. Con una décima parte, o menos, de los turistas que van detrás de las principales ciudades mayas de Guatemala o México.

Pirámide maya en Belice

Esa, la del desconocimiento global, es una de las grandes bazas que te puedes encontrar en Belice. Y lo mejor de todo es que aún hay mucho por descubrir. ¡Sólo apto para amantes de las grandes aventuras!

Escalera maya

5. La increíble experiencia de caminar por la densa jungla de los jaguares.

Es curioso cómo de Belice se conocen las aguas cristalinas de sus playas y los cayos que persiguen la barrera coralina mesoamericana. Pero si partimos de la base de que aproximadamente un 60% del territorio beliceño es selva virgen, es fácil darse cuenta de que estamos ante un paraíso de la biodiversidad. Belice es el hogar del puma, el jaguar, el tapir o el cocodrilo, de varias especies de monos, del armadillo, de infinidad de tipos de reptiles, anfibios y arácnidos. Y cuyo cielo lo sobrevuelan más de 600 especies de aves, algunas de ellas endémicas.

Mono araña

Uno de los parajes naturales más impresionantes de Belice es Crooked Tree Wildlife Sanctuary, un área de lagos y humedales considerados la versión centroamericana del Pantanal de Brasil o las Pampas del Yacuma en Bolivia. Pero lo que no conviene perderse en absoluto es la Reserva natural de Cockscomb, cuyo territorio cuenta con una densidad de jaguares única en el mundo. Allí acuden biólogos y naturalistas para filmar al escurridizo felino. El Parque Nacional Mayflower Bocawina, en cambio, es un bosque lluvioso donde se practica la tirolina o el barranquismo, por lo que es uno de los preferidos de los aficionados al turismo activo.

Jaguar (En Cockscomb, Belice, se encuentra la mayor densidad de jaguares del mundo)

Belice tierra adentro es verde, la prolongación de ese pulmón natural que es el continente centroamericano.

6. Un destino ideal para ornitólogos. ¡Más de 600 especies de aves!

En total se calculan que en torno a 604 especies de aves, entre las que viven de manera permanente en el territorio o migratorias, se pueden ver en Belice. El tucán picoiris, ave nacional y símbolo del país, es uno de los muchos pájaros que los aficionados a la ornitología vienen a buscar. Guacamayos, jabirús, piqueros de patas rojas, flamencos, espátulas, ostreros, charranes, colibríes y un largo etcétera (ver lista completa aquí) ponen color a los cielos, manglares, junglas y humedales del país centroamericano.

Loro verde

Crooked Tree Wildlife es probablemente el lugar preferido de los ornitólogos que viajan a Belice puesto que en sus pantanos encuentran una representación asombrosa de las aves de Centroamérica. Hay cientos de especies en un mismo lugar.

7. La cultura garífuna presente en el corazón beliceño.

La comunidad afrocaribeña de Belice tiene a la cultura garífuna como su mayor aliada. Danzas, tambores y tradiciones ancestrales acompañan a los que se consideran los supervivientes del naufragio de un barco esclavo procedente de Nigeria que tuvo lugar en San Vicente y las Granadinas allá por el siglo XVII. O al menos eso es lo que se cuenta. Sea como sea, la fusión de ritmos de África occidental y el Caribe, no sólo musicales sino también en cuanto a creencias o rituales, vive instalada en Belice. Los conocidos como “Caribes negros” (también presentes en Honduras, Guatemala o Nicaragua) tienen a su lengua (descendiente de la de los arawak con palabras de otros idiomas) o a su música y bailes (la punta) dentro de la lista del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad que elabora la UNESCO, lo que habla de una peculiaridad cultural digna de la máxima de las protecciones.

Pero en Belice no sólo hay garífunas. También hay amplia presencia de la cultura criolla, que se observa en la deliciosa cocina del país, de los nativos descendientes de los mayas, mestizos latinos y nos menonitas. Estos últimos serían algo así como los amish que se ven en los Estados Unidos, devotos cristianos también anclados en el siglo XIX y que hablan un cerrado dialecto alemán, los cuales viven del campo prescindiendo de la tecnología de los últimos cien años. Hay más de 10.000 en todo el país y se les encuentra, sobre todo, en el distrito de Orange Walk. Y, en concreto, en pueblo de Blue Creek.

8. Conducir por la Carretera colibrí y disfrutar de una preciosa ruta escénica

¿Quién diría que Belice también da para un roadtrip? Al menos, en pequeñas dimensiones, la Carretera Colibrí (oficialmente Hummingbird Highway) es uno de los mejores regalos que tiene este país para quienes les guste conducir, ya sea en coche, moto o bicicleta. Sólo tiene 89 kilómetros, fácilmente asumibles en un par de horas, pero lo importante de esta carretera no son los tiempos sino los escenarios que atraviesa. Para cubrir la Carretera Colibrí hay que pasar por la jungla, los campos de cultivo, aldeas con encanto y las mejores vistas posibles de los Montes Mayas. Se utiliza para unir Belmopán con el distrito de Stann Creek, al sureste del país. Una de esas excusas para conducir y que no importe un bledo ni el punto de partida ni el de llegada.

Carretera Colibrí

No son pocos los conductores que han hecho esta ruta y han visto el cruce fugaz de un jaguar, lo que habla del entorno en el que se encuentra la que para muchos es una de las carreteras escénicas más hermosas de Centroamérica.

9. Una rica y variada gastronomía

Tanta mezcla de culturas es lógico que termine influyendo en la cocina beliceña. La riqueza gastronómica es tan amplia como influencias recibe. De ese modo uno puede encontrar fácilmente tamales, carne guisada o pescado con arroces y frijoles y, por supuesto, la leche de coco que dulcifica multitud de platos caribeños. Los garífunas apuestan fuerte por la sopa hudut, que lleva pescado cocinado en leche de coco, o bundiga, a la que además se le añaden bananas verdes. También se suele encontrar fácilmente en los restaurantes el caldo de pollo, el pollo al curry o el arroz con espinacas. Pura esencia criolla.

Pollo al curry

El desayuno, muy light no es precisamente. Son auténticos devotos de las Fry Jacks, unas tortitas de harina fritas que pueden llevar queso, salchichas, huevos y, por supuesto, frijoles.

Cabe decir que el picante no llega a los extremos de México, ni mucho menos, sobre todo cuanto más cerca de la costa nos encontramos.

10. Perfecto para hacer solo o combinado con otros países

Como ha quedado claro, Belice da para un viaje como único destino, pero su situación geográfica lo hace especialmente proclive a que sea visitado en numerosas ocasiones por quien está viajando por Cancún y Riviera Maya en México o Guatemala. Con ambos países comparte una frontera terrestre fácil de pasar y “blandita” en cuanto a condiciones. Los ciudadanos de la Unión Europea, Estados Unidos, México, Canadá, Costa Rica, de antiguas comunidades británicas (a excepción de India) no requieren visado para acceder a Belice. Basta tener un pasaporte válido para, al menos tres meses después de la fecha de salida prevista de Belice. Y recordar que la no exigencia de visado es para estancias que no superen los 30 días (aunque si se va a superar se puede pedir una extensión a 25$ cada mes).

Sele en Guatemala con una tarántula en la mano

Lo que sí se paga es en la frontera una tasa (39 dólares estadounidenses por carretera y 7 dólares estadounidenses por vía marítima). Permiten abonar dicho impuesto con moneda beliceña o dólares americanos (no aceptan pesos mexicanos, euros o la moneda guatemalteca u hondureña).

Eso sí, el seguro, por si acaso, hay que llevarlo para un viaje de este tipo. Te recomiendo el que yo utilizo (con un 5% de descuento a los lectores):

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Más información sobre Belice en la página web oficial, con información en castellano www.travelbelize.org/es

Imagen de Belice

Algún día regresaré a Belice…

Escribiendo estas razones para viajar a Belice me ha dado por pensar de que conozco una mínima parte del país. Así que me temo que voy a tener que plantearme regresar al pequeño país centroamericano. Lo de los jaguares en Cockscomb me ha absorbido ya el cerebro…

Sele

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