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Un minuto en el Monte de El Pardo

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Ocho kilómetros separan la madrileña Puerta del Sol del Monte de El Pardo. De una urbe capitalina densamente poblada a uno de los mejores bosques mediterráneos de España y de todo el continente europeo hay apenas un paso. Pero todo un mundo les separa. Ni los propios residentes de la villa y corte son o somos conscientes de que alrededor de un cuarto de la superficie total de Madrid corresponden a este antiguo cazadero real tapiado y del cual tan sólo una mínima parte (un 5%) es de acceso público. El resto está protegido, cercado y, por tanto, alejado de las miradas curiosas. Decenas de miles de encinas, pinos carrascos, olmos y una variedad ingente de vegetación sirven de hogar a ciervos, gamos, jabalíes, gatos monteses y más especies de aves de cuantas podamos asimilar. El Pardo continúa siendo un secreto ajeno a la inmensa mayoría. Sólo en reducidísimos tramos, quienes nos enamora su foresta vertebrada por un río Manzanares aún sin domesticar, podemos disfrutar de su esencia. Y en ocasiones, lo más inverosímil puede suceder en tan sólo un minuto.

Gamo cruzando el Manzanares en El Pardo

Esta es la radiografía de un instante vivido en el Monte de El Pardo en un día cualquiera de un otoño cualquiera. Una muestra de la riqueza medioambiental de este corazón verde de la Comunidad de Madrid donde la vida salvaje se muestra imparable.

El Monte de El Pardo desde el Puente de la Marmota

Todo sucedió en el extremo norte de este paraje natural, lejos de la popular zona palaciega, de la Colonia Mingorrubio o del Cristo de El Pardo. De hecho accedí al área desde el término municipal de Colmenar Viejo, lo que puede dar muestra de la grandiosidad y los dominios que atesora de este gran bosque mediterráneo tapiado sujeto a la gestión de Patrimonio Nacional. El objetivo por mi parte no era otro que alcanzar el tapial más septentrional de esta zona natural en pleno otoño, escuchar el final de la la berrea (y los comienzos de la ronca) y observar el vuelo de las grandes aves. No iba con más pretensiones que caminar y perderme por aquellos parajes no demasiado transitados, sobre todo fuera del fin de semana. Para ello debía llegar a pie (no se puede de otro modo) al conocido como Puente de la Marmota, el cual alienta el límite de este enclave natural desde mediados del siglo XVIII cuando fue construida esta esta estructura de granito que salta sobre el curso del Manzanares.

Un cañón natural por el que discurre el Manzanares

Al sur del propio Colmenar Viejo, pasado el polígono industrial surge una pista sin asfaltar (Camino del Pardo) a la cual hay que seguir hasta que se pueda (o el vehículo diga basta). Es estrecha, tiene baches y no se recomienda en absoluto en días de lluvia o lo cuando lo ha hecho recientemente. Requisitos que se cumplían aquella mañana en la que a horas tempranas mi único planteamiento era improvisar y disfrutar de un entorno natural que parece querer mostrar el descenso de un Manzanares aún indomable.

Camino al puente de la marmota (Colmenar Viejo)

Una vez dejé el coche aparcado en un costado fui bajando un sendero que me permitía escuchar el agua correr aunque no verla. Como si de una grieta se tratara, corresponde a un cañón natural que sirve de plataforma a un río que desciende con cierto ímpetu desde su trono en las alturas de la Sierra de Guadarrama. Tras veinte minutos sin cruzarme con absolutamente nadie alcancé el famoso puente de la marmota, llamado así no porque haya o hubiera marmotas en la zona sino por un cerro próximo que viejos documentos se referían al mismo como Cabeza de Mamotar, cuyos accidentes fonéticos se trasladaron a este curioso topónimo.

Puente de la Marmota (Colmenar Viejo, Madrid), límite septentrional de El Pardo

Érase la vida salvaje en el Monte de El Pardo (Colección de instantes)

Fue en aquel lugar donde en apenas un minuto, si bien pudieron ser tres o cinco, presencié varias escenas de fauna de seguido que pueden resumir a la perfección la hermosa excepcionalidad del Monte de El Pardo. Asomado desde el puente de la Marmota al tapial no tardé en escuchar el eco de varios ciervos berreando. La silueta de uno de ellos se apreciaba tras unos matorrales pero se fue perdiendo lentamente tras un pequeño cerro. Quien no se movió un centímetro del sitio fue un gamo de gruesa cornamenta agazapado bajo una encina. Su porte era majestuoso, cual monarca y líder absoluto de un harén de no pocas hembras que se alimentaban muy próximas a la orilla. Él miraba justo al lado opuesto de donde ellas se hallaban, erigiéndose en el sagrado benefactor de su grupo. Casualmente coincidía el final de la berrea con los comienzos de la ronca, la llamada de los gamos en un cortejo que también ofrece el otoño.

Gamo (macho) en El Pardo

Gamos alimentándose en El Pardo (Madrid)

Hembra de gamo en El Pardo (Madrid)

Aquella escena se tornó aún más bucólica si cabe cuando de pronto otra hembra, unos metros más adelante, se dispuso a cruzar el río Manzanares en un tramo poco profundo que apenas logró empapar más allá de sus delgadas patitas. Sus tímidos movimientos los procesé a cámara lenta, como si algo tan hermoso a la vez que cotidiano en la naturaleza lo estuviese contemplando como el que lo hace con un documental.

Gamo cruzando el río Manzanares en el Monte de El Pardo (Madrid)

¿Y qué fue lo siguiente que podía pasar? – me pregunté a mí mismo. Con la sonrisa aún encajada en el rostro apareció de la nada una gran ave que parecía aprovecharse de las corrientes de aire para tomar altura. Un buitre leonado, supuse. Pero sus grandes alas rectangulares similares a las de un avión y su pico oscuro lo delataron. Caí rápidamente caer en la cuenta de que aquello que volaba tan cerca era nada menos que un buitre negro. Hablamos del ave con mayor envergadura del continente europeo y entre las más voluminosas de cuantas existen en el planeta. Especie, además, amenazada y mucho más esquiva que su familia “leonada”. Precisamente en esta parte de Madrid, entre el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares y el Monte de El Pardo viven varios ejemplares del considerado como uno de los Big Five o cinco grandes de la fauna ibérica.

Buitre negro volando sobre el Monte de El Pardo (Madrid)

Mientras el buitre negro empezaba a volverse diminuto, pues ya estaba a una distancia considerable, empezaron a dejarse ver otros buitres, en este caso leonados, cuyo vuelo vigilante buscaba clavarse en la carroña que pudieran encontrar. Volviendo al río una pareja de garzas esperaban pacientes su oportunidad para pescar en un Manzanares recién entrado en meseta a poca distancia del gran embalse. Por cierto, obra que se podría tildar de atentado ecológico pero que se ha convertido en un refugio de numerosas especies de aves acuáticas. De hecho llegan a venir a grullas desde mediados de octubre hasta finales de febrero (o bien de paso o algunas, las menos, residentes durante la temporada invernal). Y, aunque no se quiere decir muy alto, tiene alguna que otra pareja de cigüeña negra. Pero esta parte, el corazón más profundo del Monte de El Pardo ni se mira ni se toca. Está fuera del alcance de la mayoría de la gente de a pie, como el 95% de este área natural que, repito una vez más, ocupa más de una cuarta parte del municipio de Madrid. Aunque muy pocos parecen saberlo.

Garzas en el río Manzanares a su paso por El Pardo

Garzas en el río Manzanares a su paso por El Pardo

Un gruñido de jabalí, no en El Pardo sino en el lado del puente donde me encontraba, sirvió de acicate para emprender el camino de regreso. Al llegar a casa me puse a revisar las fotos de unos instantes de encuentro cara a cara con la naturaleza más espléndida. A muy pocos kilómetros de mi hogar me había sentido tan lejos, que ni saberlo me había ido de viaje a un pequeño paraíso sin salir tan siquiera de la ciudad en la que vivo.

Paisaje de El Pardo

¿Por qué el Monte de El Pardo es, en su mayor parte, inaccesible?

A todo esto lanzo al aire varias preguntas para quien sepa o desee responder. ¿Es justo que un 95% de el Monte de El Pardo tenga un veto a los visitantes? ¿En cierto modo se ha salvado este maravilloso paraje al estar bajo la gestión de Patrimonio Nacional? ¿No podría hacerse como en el Hayedo de Montejo, que exista un cupo máximo de personas que lo puedan visitar diariamente (y de manera guiada)? ¿Algún día disfrutaremos de lo que hay al otro lado de vallados y tapiales?

Garza en el río Manzanares (Monte de El Pardo)

Son cuestiones que me hago a mí mismo como un auténtico “desconocedor” de la situación real. De lo que sí creo ser consciente es de que en Madrid tenemos un tesoro medioambiental de un valor incalculable.

Gamo en el Monte de El Pardo

Hay vida salvaje apenas a un paso…

Sele

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